La situación del mundo global en la pandemia por el Covid-19, 2020-2022

En China, en el 2019, en Wuhan, se produjeron varios casos de neumonía que se bautizó con el nombre de Covid-19 o coronavirus. En pocos meses se convirtió en una pandemia, infectando durante el 2020 a millones de personas, y cientos de miles de muertos. La OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró el 11 de marzo del 2020 el coronavirus como una pandemia global. En muchos países se tomó la decisión de confinar a su población en sus respectivos domicilios, primero fue en enero del 2020 en China, en febrero se confinó el norte de Italia y en marzo le tocó a España. En Abril más de noventa países en todo el mundo confinaron a más de 3.900 millones de personas. A finales del 2022 existen en el mundo 596 millones de infectados y 6,68 millones de fallecimientos (sin contar los datos de China) distribuidos de esta forma en los veinte países más afectados por la pandemia. (Ver gráfico 1)

     GRÁFICO 1: Estadísticas de fallecimientos-infectados por el Covid-19 en el mundo en 2022

       Fuente: Our World in Data (actualizado -agosto del 2022)

Los confinamientos tuvieron diversas consecuencias económicas, como la caída de un 40% de la Bolsa o la interrupción de muchos sectores no esenciales como el desplome en general del 50% de la actividad económica. Esa situación comportó el desmoronamiento del consumo y la cancelación de muchos pedidos y de proyectos de inversión, cierre de empresas, despidos e incremento del paro. Los efectos del coronavirus han sido muy desiguales en los diferentes países en materia sanitaria y económica. En abril del 2020 el FMI predijo que en los países emergentes habría una caída del 1% y en el 2021 esta se incrementaría al 6,6%, en cambio en los países como Italia y España su situación sería más acusada, y variable, por ser naciones muy dependientes del turismo [1]. La frágil recuperación en 2022 de la crisis derivada de la pandemia de Covid-19, y los efectos de la guerra en Ucrania, llevaron al Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU (DESA) a reducir sus perspectivas de crecimiento global para este año a 3,1%, casi un punto porcentual con respecto al 4% que había previsto en enero de ese año que acabarán desencadenando a finales del 2022 una devastadora crisis humanitaria en Europa, aumentando los precios de los alimentos y las materias primas y exacerbando las presiones inflacionarias en todo el mundo [2].

Un colapso anunciado

El origen del Covid-19 se ha asociado a varías causas, desde un error de la seguridad en un laboratorio hasta por culpa de la deforestación, lo que daría lugar a un concepto más humanístico, y no tan causal o premeditado, ya que nos diría lo importante que es la actuación humana en su espacio natural. El efecto del coronavirus no puede ser visto solo como un fenómeno biológico, físico o social, por ello hemos de hacía un pensamiento complejo en el que se pueda entender que el mundo funciona a partir de una serie de interacciones  de diversos factores biológicos, físicos y sociales que, son los que forman la realidad de la vida humana mediante la que se construye las estructuras con las que se formaran su espacio social que tienen que permitir la evolución de la especie de una manera sostenible, a través del tiempo, intentando gestionar la entropía social. Esta percepción, de una realidad observable y gestionable desde la concepción de un mundo global con un desarrollo asimétrico, nos tiene que llevar a entender y tratar las coyunturas sociales de una forma amplía, y compleja, resolviendo de una manera concisa sus elementos problemáticos más caóticos [3]. El setenta por ciento de las epidemias en el mundo surgen de destruir los hábitats naturales. La OMS asegura que las epidemias surgidas en el mundo como el Ébola, el Sida o el propio Covid-19 tienen origen en la perdida de la biodiversidad provocada en gran parte por la deforestación en el que las aves o los roedores que habitan en los diferentes ecosistemas ven desaparecer a sus depredadores porque el bosque en el que viven se ha talado, y con ello empieza a proliferar los patógenos que se convierten en un peligro para los seres humanos. El hecho de entrar en contacto con especies nuevas, que antes vivían aisladas en selvas y junglas que han sido gradualmente taladas, hábitats a los que los humanos acceden al deforestar, es lo que nos exponen a virus nuevos, el SARS por ejemplo tuvo su origen en los murciélagos que, por su consumo, se transmitió a los seres humanos [4]. El origen de cómo se transmitió el coronavirus aún es desconocido pero los científicos sí son conscientes que la perdida de la biodiversidad provoca más zoonosis incentivando más peligros para los humanos. Cada día 150 especies desaparecen, cada año entre 18.000 a 55.000 especies se extinguen, a este ritmo según la secretaria de biodiversidad de la ONU, Elizabeth Mrema, entre el 25 al 40% de las especies que habitan por ejemplo en África van a desaparecer. Los seres humanos han concebido el espacio natural desde un punto antropocéntrico asegurando la supervivencia de algunas especies bajo un efecto parecido al del “Arca de Noé” para nuestro beneficio cuando el 25% de los fármacos contienen derivados de plantas silvestres. Estamos alterando el orden natural y hemos acelerado la entropía del propio planeta de una manera imprudente, lo que nosotros llamamos Cambio Climático, y con ello hemos impulsado la aceleración del tiempo del cambio natural, un ejemplo sería como en los últimos cien años la temperatura media global ha aumentado 0,76 ºC. Once de los doce años más calurosos desde 1850 se concentran entre 1995 y 2006. Esto causará los fuertes aguaceros y las inundaciones que afectarán la infraestructura, la salud, la agricultura, la forestación, el transporte, la calidad del aire y del agua que hará perder a los seres humanos espacios y recursos naturales que nos podrían ayudar en el futuro [5].

La transformación de los hospitales durante la Pandemia

La caótica actuación de la deforestación causada por los seres humanas está motivada por la extensiva práctica de la agricultura y a la expansión de la urbanización, aunque esto sea un proceso, el urbanístico, menor a la expansión agrícola que, en busca de nuevos recursos, con la extensión de la agricultura se intenta satisfacer a una población humana que ocupará el planeta, en el 2100, con cerca de 11 mil millones de personas. En la actualidad, cerca del 40% de la superficie libre de hielos del planeta, está siendo explotada bajo la práctica de la agricultura, en tierras que antes estaban cubiertas por bosques, sabanas y pastorales naturales, por ejemplo entre el 1960 al año 2000. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la población mundial llegó a los 6 mil millones de habitantes al tiempo que la economía global crecía seis veces más. En ese periodo la producción de alimentos se duplicó. En este instante, observando lo intensa que ha sido la expansión de la industria agrícola, habría que preguntarse ¿Quién tiene el control de la mayoría de la producción agrícola en el mundo? En los últimos veinte años, por ejemplo, el mercado de semillas se vio azotado por oleadas de fusiones y adquisiciones de empresas, desde 1996 al 2016, año en el que el proceso de fusión fue más evidente, facilitado por un marco legal más orientado hacia la protección de los derechos de propiedad intelectual que, a la consideración de los pequeños agricultores y a la venta local y tradicional. En el momento que un agricultor de la India planta sus cultivos de algodón existe un 75 % de posibilidades de que las semillas las haya tenido que comprar a una empresa de Monsanto. Si un agricultor rocía insecticidas a sus granos de soja transgénica, es más que probable que los productos químicos se haya vendido por la empresa Bayer o Dupont. Y cuando un granjero africano le pone químicos a su campo de maíz, es probable que, estos productos vengan de la empresa suiza Syngenta. Las fusiones permitirán, y permiten, la concentración de poder, tal como señala Jonathan Tapper, financiero y político obligando a los países adoptar un solo modelo agrícola empobreciendo a los pequeños agricultores. El hambre en el mundo no es culpa del abastecimiento sino de la pobreza, de la ausencia de democracia, y del acceso desigual a la tierra [6].

La Pandemia y otras medidas preventivas

Los pequeños agricultores son el 80-90% de los agricultores en todo el mundo y proveen más del ochenta por ciento de los alimentos consumidos por los países en desarrollo, especialmente en Asia o en la África subsahariana. En el 2018 Bayer cerró la compra de Monsanto mientras que el resto, empresas como ChemChina, Syngenta, Brevant (Dow y Dupont) y BASF facturaron unos 85.000 millones de dólares mientras la propia Bayer pronostica que llegarán a los 120 mil millones en el 2028 dominando el mercado de semillas y agrotóxicos. El mercado de alimentos también está concentrado en pocas manos, cincuenta grupos empresariales facturaron la mitad de las ventas mundiales, empresas como Nestlé o Danone entre las marcas más conocidas que modifican los hábitos alimenticios y los precios en el mercado [7]. El empobrecimiento del pequeño agricultor viene unida a una expansión de la urbanización en el que solo el 20-25% de la urbanización está planificada correctamente según la ONU. Está falta de planificación concurre sobre todo en las zonas más pobres que, sin una administración central que proteja a las personas más desfavorecidas, es lo que provoca el aumento de la desigualdad ante la falta de un aparato normativo que ofrezca servicios públicos, sanitarios y educativos, ni protección legal a los abusos laborales. El Covid-19 reflejó el desarrollo asimétrico de un mundo globalizado en el que, en muchos lugares faltó controles sanitarios lo que facilitó la transmisión de la enfermedad en un sistema social interconectado. La pandemia nos ha hecho entender que la desigualdad, la pobreza, o el hambre, no es una cuestión de una serie de pueblos o países, sino que es un problema que nos conviene a todos los seres humanos problemas que deben ir más allá de un valor cuantitativo. ¿Cuál debe ser el precio del progreso social?

Las vacunas como solución a una Pandemia mortal

La situación del mundo en la pandemia ha fracturado la idea de aldea global por las divergencias aún existentes a nivel económico o social, con unas instituciones frágiles y supeditadas a las necesidades de unos pocos, y no de la mayoría, que cada vez parecen importar menos. El confinamiento no desconectó el mundo pero sí que lo llenó de incomunicación, demostrándonos que no íbamos a salir mejores, que el virus era un reflejo del mundo en el que vivíamos, uno en el que se han levantado muros que han fragmentado una política internacional que tiene una tendencia cada vez más proteccionista y conservadora, unos muros y fronteras que no están hechas de ladrillos, sino que se construyen a partir de nuestros pensamientos y acciones, siendo de esta manera como se escribe la verdadera historia de la especie humana.

La Factoria Historica


[1] AMAT, Oriol…, p. 142-144.

[2] Dato extraído de un artículo de la ONU, “La economía mundial crecerá menos de lo esperado en 2022 a causa de la pandemia y la guerra en Ucrania”, https://news.un.org/es/story/2022/05/1508962, 2022, consultado el 22 de agosto, a las 23:22.

[3] HERNÁNDEZ BONILLA, Juan Miguel, “El 70% de los últimos brotes epidémicos han comenzado con la deforestación”, https://elpais.com/ciencia/2021-02-05/el-70-de-los-ultimos-brotes-epidemicos-han-comenzado-con-la-deforestacion.html, 2021, consultado el 23 de agosto, a las 0:27.

[4] IBÁÑEZ, Isabel, “¿Qué tiene que ver la deforestación con la covid-19?”, https://www.elcorreo.com/vivir/medio-ambiente/deforestacion-covid19-20210303155551-ntrc.html, 2021, consultado el 23 de agosto, a las 0:29.

[5] COSTEAU, Jacques Yves (1910-1997), Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Naciones Unidas, 1992, “IMPACTO AMBIENTAL. EL PLANETA HERIDO”, p. 148.

[6] Datos extraídos de elDiario.es, “Tres grandes empresas están a punto de controlar la mayoría de los suministros agrícolas del mundo” https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/alimentario-grandes-empresas-acaparen-semillas_1_3810847.html, 2016, consultado el 23 de agosto del 2022, a las 15:55.

[7] GOMIERO, Tiziano, y DI DONATO, Mónica, “Megafusiones en el sistema agroalimentario: el caso de Bayer-Monsanto. ¿Qué riesgos hay en Europa?”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, Nº 139 2017, p. 39-53.

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