Simón el Mago

Simón el Mago, llamado también Siimón de Gitta fue un líder religioso samaritano, inicialmente gnóstico, posteriormente modificó sus doctrinas, mencionado en la literatura cristiana primitiva. Se encuentran referencias a Simón el Mago en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 8:9-24), en las obras patrísticas de Justino Mártir, Ireneo de Lyon e Hipólito, en los Hechos apócrifos de Pedro y en la llamada “literatura clementina“. No está claro si todas estas fuentes se refieren a un solo personaje o a varios personajes distintos….

Simón el Mago

La referencia más conocida a Simón Mago se encuentra en el capítulo 8 de los Hechos de los Apóstoles. En él se relata que Simón, un mago de Samaria, fue convertido al cristianismo por Felipe el Evangelista. Cuando Pedro y Juan fueron enviados a Samaria, Simón les ofreció dinero a cambio del poder de transmitir el Espíritu Santo, proposición que ambos apóstoles rechazaron escandalizados. De esta propuesta de Simón Mago deriva la palabra “simonía“, que designa el pecado consistente en pagar por obtener prebendas o beneficios eclesiásticos. En el texto cristiano apócrifo de los Hechos de Pedro se narra una de las leyendas más conocidas acerca de Simón el Mago.

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La caída de Simón el Mago, obra de Leonaert Bramer

Cuando exhibía sus poderes mágicos en Roma, volando ante el emperador romano Nerón en el Foro Romano, para probar su condición divina, los apóstoles Pedro y Pablo rogaron a Dios que detuviese su vuelo: Simón paró en seco y cayó a tierra, donde fue apedreado. Cirilo de Jerusalén (346 AD) da otra versión de este incidente en el prefacio de su Historia de los maniqueos: Simón el Mago viajaba por el aire en un carro tirado por demonios, cuando Pedro y Pablo oraron, y sus oraciones lograron que cayera al suelo, ya cadáver. Para el simonianismo, antigua secta gnóstica, Simón Mago era dios en forma humana…[1]

La Factoria Historica


[1] La palabra simonía deriva de un personaje de los Hechos de los Apóstoles llamado Simón el Mago, quien quiso comprarle al apóstol Simón Pedro1 su poder para hacer milagros y conferir, como ellos, el poder del Espíritu Santo, lo que le supuso la reprobación del Apóstol: «¡Que tu dinero desaparezca contigo, dado que has creído que el don de Dios se adquiere a precio de oro!». La simonía fue, realmente, un hecho deshonroso, contrario a la palabra de Jesucristo según el Evangelio de Mateo: Vosotros habéis recibido gratuitamente, dad también gratuitamente. Éste será uno de los muchos reproches dirigidos por la Reforma Protestante a la Iglesia Católica, que intentó, en varias ocasiones, condenar esta práctica de manera formal: Entre 1008 y 1048, tuvieron lugar ocho concilios regionales en Francia, Italia y España, John Wiclef capellan deI rey de Inglaterra, nombrado rector Lutterworth y heraldo del movimiento protestante, expuso ante el concilio la oposición al pago de tributos al papado. Fue llamado a defender los derechos de la corona de Inglaterra con el fin de preconizar las reformas precisas para acabar con el abuso y la disfunción del sistema. Esta práctica fue combatida por distintos reformadores. El Papa Nicolás II (1058-1061) prohibió a los clérigos que aceptaran la entrega de una iglesia por parte de un laico y la obtención de cargos eclesiásticos a cambio de dinero. El principal perseguidor de los “herejes” protestantes Gregorio XI muere poco después de haberles decretado muerte, provocando que los eclesiásticos que se había reunido para el juicio de Wiclef hombre ilustrado en el estudio de las escrituras se dispersaran.

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