Traducción del libro American Doll Quilts: 5ª parte

América en guerra y los Años Veinte (1914 – 1929):

Después de la Edad Dorada, la costura experimentó de nuevo una disminución. Las dos décadas previas a los años veinte se convirtieron en la época de la independencia para las mujeres – al entrar  al mercado laboral sus deberes no estaban ya tan atados a sus hogares por lo que sus intereses se dirigieron hacia otro lado. Las mujeres americanas obtuvieron el derecho a voto en 1920, y, con éste logro llegó un cierto grado de libertad de los anteriormente estrictos estándares de comportamiento. Hubo quienes vieron más allá de las libertades que las mujeres habían ganado y vieron en el bordar  y la costura cómo una opresión.  Durante ésta época, América también se convirtió en una sociedad de consumo. La moda se apoderó de las mujeres de clase media y bordar y tejer era visto como algo pintoresco, pasado de moda, pasatiempos que eran populares mayoritariamente en las zonas rurales del país.

La Primera Guerra Mundial empezó en Europa en 1914. Cuando los Estados Unidos entraron  en guerra, en 1917, las mujeres una vez más tomaron las agujas para el esfuerzo bélico tal y como hicieron durante la Guerra Civil. Recordando el impacto que sus creaciones habían tenido entonces, muchas mujeres recurrieron a la costura en calidad de respaldar a su país.

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La Cruz Roja animó a las mujeres a coser para recaudar fondos para el esfuerzo bélico; el gobierno federal animó a las mujeres a coser para el hogar para así conservar mantas manufacturadas para los miliares. Como en otros tiempos conflictivos, éste período de la Gran Guerra dio coraje a las mujeres para expresar su patriotismo a través de la costura.

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Cartel de la Cruz Roja animando a coser calcetines para los soldados.

Las mujeres tejieron  banderas rojas, blancas y azules y edredones en forma de estrella para exhibir en sus ventanas y así indicar que algún miembro de su familia estaba sirviendo a su país.

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Otras mujeres cosían para mantenerse ocupadas mientras esperaban a que sus seres queridos volvieran a casa.

Los años veinte vieron el resurgir de la costura  cómo consecuencia directa de un movimiento de renacimiento colonial, una tendencia que provocó un renovado interés por la artesanía americana y el arte folclórico. La gente empezó a interesarse en el coleccionismo de antigüedades y los edredones fueron reconocidos  como un valioso ejemplo de arte americano. El movimiento artístico y artesanal durante esta época mostró  que la artesanía hecha a mano era merecedora de ser llamado arte. Las Escuelas de diseño se establecieron para ofrecer educación y práctica en las artes y se abrieron las puertas para las mujeres a entrar en el mundo de los negocios de una forma nueva y creativa.

Las mujeres continuaron aprovechándose de varias fuentes para sus patrones  de costura. Muchos patrones tradicionales fueron producidos en masa y extensamente distribuidos durante los años veinte. Además de revistas, los periódicos empezaron a imprimir patrones sobre una base regular y algunos de ellos publicaron los patrones favoritos enviados por los lectores. Los equipos para hacer edredones empezaron a estar disponibles a través de los catálogos de venta por correo así como en las tiendas.

Mientras la fabricación de edredones  descendió en la América convencional durante los primeros años del siglo XX, se fue incrementando dentro de la comunidad Amish. Los edredones Amish, que hoy en día son tan coleccionables, fueron hechos durante éste período, y es extraño encontrar alguno hecho durante el siglo XIX. Hay muy pocos estilos tan llamativos  en la historia de los edredones en América como los edredones Amish. Éste estilo tan distintivo parece que estuvo influenciado por los colores oscuros y sombríos de la época victoriana.

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Los Amish tomaron muchos de los cortes de patronaje tradicionales  que habían sido populares hasta éste punto y los combinaron con colores  vivos sólidos cortados con negro.

Los edredones Amish apenas han variado desde los patrones tradicionales en los cuales confiaron muchos años antes. A diferencia de sus vecinas “inglesas” o no Amish, las mujeres Amish no tenían ningún interés en los derechos de las mujeres o en otras cuestiones políticas y pasaban su tiempo refinando las técnicas que utilizaban en el bordado de patrones simples. Eran más propensas a experimentar con las nuevas paletas de colores que ahora estaban disponibles en lugar de probar nuevas tendencias. La sobriedad de algunos de los bordes de los edredones, a menudo revelaban un increíble bordado a mano. Los colores vibrantes y simples, además de unos diseños extraordinarios, transmitían la creatividad de las mujeres Amish, a pesar de una cultura que disuadía cualquier forma de expresión individual.

Para muchos forasteros, la comunidad Amish parece restrictiva. Sin embargo sus tradiciones, fe y simplicidad en su modo de vivir reflejan un mundo que valora la familia y la comunidad por encima de todo.

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Porque la fabricación de edredones es práctico y necesario, es una salida creativa aceptable. En el estudio de los diseños planos Amish, podemos ver evidencias de un grupo remarcable de mujeres fabricantes de edredones que elevaron la simplicidad a un nuevo nivel de arte.

La Factoria Historica

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