Howard Phillips Lovecraft

Howard Phillips Lovecraft que nació en Providence, Estados Unidos, un 20 de agosto de 1890 fue un escritor estadounidense, autor de novelas y relatos de terror y ciencia ficción. Se le considera un gran innovador del cuento de terror, al que aportó una mitología propia como los mitos de Cthulhu, desarrollada en colaboración con otros autores y aún vigente. Su obra constituye un clásico del horror cósmico, una corriente que se aparta de la temática tradicional del terror sobrenatural como el satanismo o los fantasmas, incorporando elementos de ciencia ficción como las razas alienígenas, viajes en el tiempo, existencia de otras dimensiones. Lovecraft cultivó asimismo la poesía, el ensayo y la literatura epistolar. El erudito lovecraftiano Rafael Llopis escribió sobre el autor:

«Educado en un santo temor al género humano (exceptuando de éste a las “buenas familias” de origen anglosajón), creía que nadie es capaz de comprender ni de amar a nadie y se sentía un extranjero en su patria. Para él “el pensamiento humano […] es quizá el espectáculo más divertido y más desalentador del globo terráqueo”».

The Penguin Encyclopedia of Horror and the Supernatural recoge sobre el escritor de Providence: Algunos han criticado sus obras por su estilo ampuloso, repleto de adjetivos, pero la armonía y el equilibrio en sus mejores cuentos justifican plenamente esa práctica como deliberada. Se formó a conciencia en este género apropiándose de sus recursos, manipulándolos a su antojo y llevándolos al límite con convincente facilidad…

Howard Phillips Lovecraft

Lovecraft dedicó gran atención a la estética de la literatura de terror, como atestiguan numerosos pasajes de sus cartas. El largo ensayo El horror sobrenatural en la literatura del año 1927, revisado en 1936, representa una exposición competente de los principios del relato sobrenatural, demostrando un dominio exhaustivo de la materia. En él trató de definir el atractivo peculiar de la historia de terror, en la que “debe haber presente una cierta atmósfera de mortal terror inesperado a fuerzas exteriores desconocidas“, y describió la evolución de la novela gótica a través de las obras de Walpole, Radcliffe, Lewis y Maturin.

H. P. Lovecraft, June 1934.jpg

Howard Phillips Lovecraft

En su estudio Danza macabra en el 1981, el escritor de horror Stephen King afirma que Lovecraft es “el príncipe oscuro y barroco de la historia del horror del siglo XX“. Además, por contraposición al mal interno o psicológico, “el concepto de mal externo tiene más alcance, es más impresionante. Lovecraft así lo entendió, y es lo que hace a sus historias de extraordinaria, ciclópea maldad, tan efectivas cuando son buenas. Sus mejores cuentos nos hacen sentir el peso del universo suspendido sobre nuestras cabezas, sugieren fuerzas sombrías capaces de destruirnos a todos solo con gruñir en sueños“. Para su biógrafo S. T. Joshi, Lovecraft “no era un “extraño en este siglo”, como afirma de sí mismo el protagonista de su cuento “El extraño“. Si se estudian detenidamente sus historias se observará en ellas algo más que los sueños escapistas de un anticuario caduco: enseguida encontramos datos como el descubrimiento de Plutón, citado en El que susurra en la oscuridad del 1930, o la entonces todavía controvertida teoría de la deriva continental, en la novela En las montañas de la locura en 1931. Y ahondando más, en la ficción más tardía, nos topamos repetida y significativamente con Albert Einstein, Max Planck y Werner Heisenberg, y también las metáforas sobre el futuro desarrollo estético, político y económico de la humanidad, que se transparentan en las civilizaciones alienígenas que aparecen en La tumba en 1917, En las montañas de la locura en 1931 y En la noche de los tiempos del año 1935. Dos años después, en un 15 de marzo de 1937 Lovercraft murió.

Uno de los padres atormentados de la ciencia ficción

Según la destacada escritora estadounidense Joyce Carol Oates, “la mística identificación de Lovecraft con sus escenarios del Massachusetts rural y las antiguas colonias de Salem, Marblehead y Providence, sugiere un Trascendentalismo paródico en el que el “espíritu” reside en todas partes excepto, posiblemente, en los seres humanos“. Lovecraft, en suma, como ocurre con Edgar Allan Poe desde el siglo XIX, ha ejercido “una influencia incalculable sobre sucesivas generaciones de escritores de ficción terrorífica“. Por su parte, el novelista francés Michel Houellebecq declaró:

Yo descubrí a HPL a los dieciséis años gracias a un “amigo. Como impacto, fue de los fuertes. No sabía que la literatura podía hacer eso. Y, además, todavía no estoy seguro de que pueda. Hay algo en Lovecraft que no es del todo literario”[1]

La Factoria Historica


[1] El estilo de Lovecraft es muy característico e inconfundible, pero no era lo que se dice un “estilista”; se limitaba a conseguir un tono siempre serio y solemne. Comparado, por ejemplo, con otro maestro del género de terror, Montague R. James, carece de ironía, su cultura se muestra impostada y crea atmósferas desde el principio, no como M. R. James, quien las va levantando poco a poco acumulando contrastes y sutilezas hasta el desastre final. Sin embargo, y por el contrario, es el rey del tono; usa demasiadosadjetivos y palabras polisílabas y un tempo narrativo lento y moroso que logra distanciar a un lector acostumbrado a lecturas más rápidas y directas, menos oscilantes y sinuosas, y lo instala en otra órbita en la que se siente perdido. Además, repite machaconamente ciertas palabras que van predisponiendo poco a poco la sensibilidad del lector en el nivel que le interesa (“atávico”, “numinoso”, “inmemorial”, “arcano”…). Como suele narrar desde el punto de vista de un erudito, usa un inglés arcaico y avejentado que le sirve para conferir una falsa autoridad polvorienta y la patina del tiempo a lo que narra, inventándose una bibliografía ficticia de grimorios en latín, árabe o hebreo (el Necronomicón de Abdul Alhazred, De Vermis Mysteriis, el Liber Ivonis aportación de su discípulo Robert Bloch, el Cultes de Goules del Conde D’Erlette etc.). También le ayuda a desorientar y desenfocar el juicio del lector el empleo de la primera persona, que funde lector y protagonista, pero con la argucia de que este último suele ser un solitario sin vida ordinaria ni necesidades sociales ni placeres confesos, ensimismado y cercano al suicidio y la locura, haciendo que asimile su psicología atormentada y acrecentando su miedo. Describe todo con prolijidad… pero nunca, salvo al final de su carrera -y quizá por la reescritura de su testaferro August Derleth- al monstruo, al que deja obrando en un plano abstracto mucho más ominoso. Gusta de esparcir sensaciones vagas e indefinibles que propenden a crear ilusiones de inseguridad y trascendencia, desordenando la realidad espacio-temporal. Su escritura tiende a una especie de religiosidad ritual de ecos paganos pero arreligiosa, pues el autor era ateo: Lovecraft excluye conscientemente la religión, que podría ofrecer algún consuelo ante el horror inevitable

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