Robert Capa

Robert Capa, en realidad llamado Endre Ernö Friedmann, nació en la ciudad de Budapest en Hungría, un 22 de octubre de 1913, en el seno de una familia judía que gozaba de una buena posición económica. Su madre era diseñadora de moda y su padre un pensador intelectual con influencias aristocráticas. En Hungría era costumbre en aquella época pertenecer a un círculo de índole artístico o político y Endré entró en uno de ellos, en el que recibió el sobrenombre de “Bandi“. Condenado en su adolescencia a vivir vagando por la ciudad por la instauración del taller de sus padres en la casa, después de que éstos perdieran el local a raíz de la depresión económica de 1929. En estas andanzas conocería a una de las mujeres que más influyó en su vida, y se puede decir que, si no hubiera sido por ella no habría llegado a ser un gran fotógrafo. El nombre de esa mujer era Eva Besnyo, quien desde muy joven tuvo un gran interés por la fotografía. Eva era una de esas personas a las que le parecía más productivo tomar fotografías que hacer sus deberes escolares. En su juventud ya tomaba fotografías con su cámara Kodak Brownie. Ella y su especial gusto por este arte motivaron el primer contacto de Endré con la fotografía. Era muy solicitado por sus amigos, ya que se caracterizaba por ser un joven generoso y leal…

Robert Capa

Ya hacia sus florecientes diecisiete años y esperando terminar su vida escolar, Endré conoce a una de esas personas que moldearían su vida, uno de esos buenos amigos que emprendían sus senderos, con excelentes consejos, apoyo económico oportuno, conexiones apropiadas, sugerencias artísticas y concepciones acerca de la vida. Este ilustre personaje se llamaba Lajos Kassák, quien, con tendencias socialistas, se decidió a ayudar a cualquier artista con corrientes constructivistas. Dio a conocer la fotografía como un objeto social mostrando las injusticias del sistema capitalista y presentando trabajos en sus seminarios como los de Jacob Riis y Lewis Hine. En 1929 la situación política iba de mal en peor con la imposición de un gobierno fascista en Hungría, lo que obligó al joven Endré a salir del país junto a la gran masa de jóvenes que se sentían presionados por la falta de un gobierno democrático y garantías económicas. En su caso, el sale del país apenas un año después de instaurado el régimen fascista, en 1930 cuando es capturado y herido por la policía mientras participaba en una protesta contra el régimen, partiría hacia Berlín al día siguiente. Al respecto escribió:

En la plaza del cuartel, el jefe de la policía silbaba la quinta sinfonía de Beethoven mientras golpeaba a muchachos con el cabello muy largo. Yo tenía 17 años y el cabello muy pero muy largo. La mañana siguiente el comisionado llamó a mi madre y le dijo que si abandonaba Hungría en 24 horas, ciertas preguntas no serían formuladas.

A los 18 años abandona Hungría, entonces ya bajo un gobierno fascista. Tras su paso por Alemania, viaja a París, donde conoce al fotógrafo David Seymour quien le consigue un trabajo como reportero gráfico en la revista Regards para cubrir las movilizaciones del Frente Popular. en uno de sus trabajos con la revista, logro mezclarse con unos obreros que verían un discurso de León Trotsky en Copenhague. El fue el único fotógrafo de la revista que había conseguido retratar al exiliado ruso, y las fotos, se hicieron famosas por retratar el intenso carisma de Trotsky. Entre 1932 y 1936, tratando de escapar del nazismo, Endre Friedmann, establecido en Francia, conoce a la fotógrafa alemana Gerda Taro (nacida Gerta Pohorylle) que acabaría siendo su compañera. Para tratar de aumentar la cotización de los trabajos de la pareja a menudo rechazados, se inventan el nombre de un supuesto fotógrafo norteamericano Robert Capa, utilizado ambos indistintamente dicho seudónimo. Este hecho constituye la base de la polémica sobre quién de los dos tomó en realidad algunas de sus fotografías más relevantes.

Robert Capa

Al estallar la Guerra Civil Española en julio de 1936, Capa se traslada a España con su novia para cubrir los principales acontecimientos de la contienda española. Implicado en la lucha antifascista y con la causa de la República, estuvo presente, desde ese lado, en los principales frentes de combate, desde los inicios en el frente de Madrid hasta la retirada final en Cataluña. Siempre en primera línea, es mundialmente famosa su fotografía Muerte de un miliciano, tomada en Espejo, en el frente de Córdoba, el 5 de septiembre de 1936. Reproducida en la mayoría de los libros sobre la Guerra Civil, su autenticidad ha sido puesta en cuestión por diversos expertos. A pesar de que un historiador local de Alcoy puso nombre al miliciano, Federico Borrell García, miliciano anarquista, el documental La sombra del iceberg del 2007 niega tal atribución con testigos, médicos forenses y documentos del archivo local de Alcoy. Asimismo, muestra lo inconsistente de dicha tesis y aporta nuevas fotos de la secuencia del miliciano que avalan la tesis de la puesta en escena, así como la posibilidad de que la instantánea no la tomara Capa, sino su mujer. En enero de 2008 se encontró, según la CNN, una valija perdida por Capa donde están innumerables negativos de tomas que efectuó en la Guerra Civil Española; un tesoro de incalculable valor histórico. Según un artículo publicado en la web de El Periódico, queda de manifiesto que dicho grupo de fotografías fueron tomadas a 10 kilómetros del frente, en la localidad de Espejo, donde tenían en esas fechas las tropas republicanas su cuartel general, según el periódico.

Robert Capa en España (1937), durante la Guerra Civil

Durante la Segunda Guerra Mundial, está presente en los principales escenarios bélicos de Europa, así desde 1941 a 1945 viaja por Italia, Londres y Norte de África. Del desembarco aliado en Normandía, el 6 de junio de 1944, el famoso día D, son clásicas sus fotografías tomadas, junto a los soldados que desembarcaban en la propia playa denominada Omaha en la terminología de la operación. Sobre el desembarco dijo:

“a las 4:00 am nos reunimos en cubierta. Dos mil hombres de pie en completo silencio. Cualquier cosa en la que pensaran debía ser alguna forma de plegaria (…) nos bajamos del bote y comenzamos a andar. entonces vi a los hombres caer y debí empujar sus cadáveres para seguir. Las balas hacían huecos en el agua a mi alrededor y debí ocultarme tras el primer obstáculo de acero que vi. Mis encuadres estaban por completo llenos de humo de mortero, tanques quemados y botes que se hundían. Cada pedazo de mortero chocaba con el cuerpo de algún hombre. Tome foto tras foto enloquecidamente”..

De las 134 fotos que tomo del desembarco, sólo once sobrevivieron al revelado. Que se conocen como Las Magníficas Once. Él fue el único fotógrafo en la primera ola del desembarco, la que recibiría todo el fuego enemigo y tendría más bajas. Plasmó asimismo en imágenes la liberación de París. Huston Hu Riley fue el fotógrafo que retrató ese momento. Con motivo de su trabajo durante este conflicto, fue galardonado por el general Eisenhower con la Medalla de la Libertad. Cuando finalmente se cumplió su viejo sueño de ser un “fotógrafo de guerra en paro” (no por haber renunciado al oficio, sino debido a la ausencia de nuevos conflictos), llevó durante varios años una placentera vida cosmopolita en París. En 1947 creó, junto con los fotógrafos Henri Cartier-Bresson, Rodger, Vandiver y David Seymour, la agencia Magnum Photos, donde Capa realizó un gran trabajo fotográfico, no solo en escenarios de guerra sino también en el mundo artístico, en el que tenía grandes amistades, entre las que se incluían el realizador John Huston, el actor Gene Kelly, Pablo Picasso, Ernest Hemingway y John Steinbeck.

Las fotos del verdadero horror en manos de Robert Capa

También en el año 1947 viajó a la Unión Soviética con John Steinbeck para ilustrar Russian Journal. Al año siguiente visitó Hungría, Polonia y Checoslovaquia con el periodista Theodore H. White, y en 1949 realizó las fotografías de Report on Israel, cuyo texto estaba firmado por Irwin Shaw. En 1954, la editorial Mainichi Press le invitó a viajar a Japón para participar en el lanzamiento de una nueva revista ilustrada, pero finalmente se suspendió el viaje: a finales de abril. Howard Sochurek, el fotógrafo de Life que cubría desde hacía varios meses la guerra de Indochina, tuvo que regresar a Estados Unidos y el editor de la revista convenció a Robert Capa para que le reemplazara en el frente. En la madrugada del 25 de mayo, mientras acompañaba a una expedición del ejército francés junto con dos corresponsales más por una espesa y peligrosa zona boscosa bajo fuego en Jeep. Capa decidió bajarse y adelantarse a pie para fotografiar el avance. Entonces el pelotón escuchó una explosión. pisó inadvertidamente una mina que le voló la pierna y le produjo una grave herida en el pecho. Fue llevado en ambulancia pero murió camino al hospital, siendo el primer corresponsal americano muerto en esta guerra y terminando así una azarosa vida profesional, guiada por una frase que popularizó: Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, es que no te has acercado lo suficiente. Robert Capa nos ha dejado un legado de 70.000 negativos: un testimonio visual extraordinario reunido en tan sólo veintidós años de carrera (1932-1954). Sus imágenes, además de documentar los acontecimientos más importantes del siglo XX, se han convertido en auténticos iconos de la lucha, de la resistencia y de la dignidad humana frente al sufrimiento…[1]

La Factoria Historica


[1] La fotografía de guerra captura imágenes de conflictos armados y de la vida en áreas en guerra. Describe además los terrores de la misma alternados con actos de sacrificio. A diferencia de pinturas y dibujos de la guerra, las imágenes basadas en hechos reales no son fácilmente alteradas en las fotografías. En la Segunda Guerra del Golfo, muchos fotógrafos fueron capturados y ejecutados por terroristas; insurgentes armados también les disparaban. También fueron víctimas de las fuerzas estadounidenses como fue el caso de José Couso. El primer fotoperiodista de guerra reconocido fue Robert Capa. Destaca especialmente su trabajo sobre la guerra civil española y por las únicas imágenes existentes sobre el desembarco de Normandía, en la playa Omaha. Algunos de los carretes expuestos por Capa en aquella batalla decisiva de la II Guerra Mundial, fueron velados en el laboratorio perdiéndose así imágenes de incalculable valor. James Nachtwey es en la actualidad uno de los más importantes. Con decenas de conflictos a sus espaldas tiene una forma de expresar en imágenes el horror con un alto sentido estético sumado a un fuerte impacto visual que hace reflexionar al espectador. Al fin y al cabo esa es la auténtica tarea de un reportero de guerra, pero tan sólo un pequeño porcentaje lo consigue. Santiago Lyon, el director de fotografía de la Agencia Associated Press con base en Nueva York, fue durante años también una destacado fotógrafo de guerra llegando incluso a ser galardonado con el prestigioso World Press Photo. Destacan especialmente las series realizadas en Albania y Kósovo durante el conflicto en los Balcanes y la series sobre Afganistán durante la ocupación de los Talibán. Pese a su juventud, en la actualidad se encuentra retirado haciendo un trabajo de despacho, coordinando todas las oficinas de AP diseminadas por el planeta.

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