Crisis por la abdicación de Eduardo VIII

Se denomina crisis por la abdicación a una serie de conflictos políticos y legales que ocurrieron en el Imperio británico en 1936, causados por el propósito del rey Eduardo VIII de casarse con Wallis Simpson, una celebridad social estadounidense que se divorció de su primer marido y estaba en vías de divorciarse por segunda ocasión. Los gobiernos del Reino Unido y de los dominios de la Mancomunidad Británica de Naciones manifestaron su oposición al matrimonio. Se plantearon objeciones religiosas, legales, políticas y morales. Como monarca británico, Eduardo era el jefe nominal de la Iglesia de Inglaterra, que no permitía que las personas divorciadas se volvieran a casar mientras el cónyuge anterior estuviera vivo; por lo que la opinión más extendida era que el rey no podía casarse con Wallis Simpson y al mismo tiempo permanecer en el trono…

Crisis por la abdicación de Eduardo VIII

La señora Simpson era considerada como una consorte política y socialmente inadecuada debido a sus dos matrimonios fallidos. La presunción generalizada entre el establishment era que la guiaba su interés en el dinero o la posición y no el amor por el rey. A pesar de la oposición, Eduardo declaró que amaba a la señora Simpson y pretendía casarse con ella tanto si los gobiernos aprobaban el enlace como si no. La resistencia general para aceptar a Wallis Simpson como consorte del rey y la negativa de Eduardo a abandonarla condujeron a su abdicación en diciembre de 1936. Es el único monarca británico que ha renunciado voluntariamente al trono desde el periodo anglosajón. Le sucedió su hermano Alberto, quien tomó el nombre de Jorge VI.

Eduardo VIII y Wallis Simpson

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Ver también: El Imperio británico

Tras su abdicación, Eduardo recibió el título de duque de Windsor con el tratamiento de Su Alteza Real y se casó con la señora Simpson al año siguiente. Permanecieron casados hasta la muerte de Eduardo, 35 años más tarde…[1]

La Factoria Historica


[1] Cuando Eduardo visitó las deprimidas aldeas mineras de Gales, su comentario de que «algo debe hacerse [por los mineros desempleados]» causó malestar en los círculos de gobierno y la preocupación de que intentara interferir en asuntos políticos, algo que tradicionalmente evitaban los monarcas constitucionales. Ramsay MacDonald, lord presidente del consejo, escribió acerca de los comentarios del rey: «Estas imprudencias deben limitarse. Son una invasión en el campo de la política y deben vigilarse constitucionalmente». Desde que era príncipe de Gales, Eduardo se refería públicamente a los políticos de izquierda como excéntricos y daba discursos contra las políticas del gobierno. Durante su reinado continuó con su negativa a aceptar consejos de los ministros: se opuso a imponer sanciones a Italia después de que su ejército invadiera Etiopía —que en ese entonces era conocida como Abisinia—, se negó a recibir al depuesto emperador de Etiopía y decidió no apoyar a la Liga de Naciones. Aunque los comentarios del rey aumentaron su popularidad en Gales,[35] se volvió extremadamente impopular en Escocia tras su negativa a inaugurar una nueva ala en el Aberdeen Royal Infirmary, con la excusa de que no podía hacerlo porque estaba de luto por su padre. El día después de la apertura apareció fotografiado en los periódicos mientras disfrutaba felizmente de unas vacaciones: había rechazado el evento público para reunirse con la señora Simpson. Los miembros del gobierno británico estaban consternados ante la propuesta de matrimonio después de recibir información de que Wallis Simpson era una agente de la Alemania nazi. La oficina de relaciones exteriores consiguió misivas filtradas de Joachim von Ribbentrop, embajador alemán en el Reino Unido, que revelaron su firme punto de vista de que la oposición al matrimonio era motivada por el deseo «de derrotar a las fuerzas germanófilas que habían trabajado a través de la señora Simpson». Se rumoreó que Wallis tuvo acceso a documentos confidenciales del gobierno que Eduardo dejó sin protección en su residencia de Fort Belvedere. Mientras el rey abdicaba, los oficiales a cargo de la protección personal de Simpson en su exilio en Francia enviaron informes a Downing Street en los que sugerían que ella podría «largarse a Alemania». Archivos del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de los Estados Unidos, escritos después de la abdicación, revelan una serie de afirmaciones sobre Wallis Simpson. La más perjudicial señala que en 1936, mientras estaba de romance con el rey, al mismo tiempo tenía un amorío con el embajador von Ribbentrop. La fuente del FBI —el duque Carl Alexander de Württemberg, pariente lejano de la reina María que más adelante vivió como monje en los Estados Unidos— aseveró que Simpson y Joachim von Ribbentrop tuvieron una relación y que el embajador le enviaba diecisiete claveles cada día, uno por cada ocasión que habían dormido juntos. Las afirmaciones del FBI eran sintomáticas de los rumores extremadamente dañinos que circulaban sobre la mujer que Eduardo quería convertir en reina.

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