El ensueño: el mito de los orígenes para los aborígenes australianos

A lo largo de miles de años, los aborígenes han desarrollado una relación muy íntima con la tierra, siendo todavía hoy el núcleo de sus creencias y costumbres. Aunque existe una amplia variedad cultural dentro de los muchos grupos aborígenes australianos, éstos comparten una creencia en el “sueño” o “ensueño”, que es la base de la creación. Podemos encontrar una notable consistencia en esta creencia a lo largo y ancho del continente.

El ensueño: el mito de los orígenes para los aborígenes australianos

El ensueño, conocido cómo altjiranga por los pueblos aranda de la Australia Central, wongar por los pueblos murgin de la Tierra de Arnhem, burgari por los karadjiri de las Kimberley o njidding por los nyungars, es el dogma central de la cultura y sociedad aborigen.
El sueño se refiere al origen de los pueblos aborígenes, cuando los antepasados espirituales conspiraron para dar orden y forma al universo. El sueño dio origen a las leyes tanto tribales como comunitarias. Fue una presencia espiritual constante manifestada en el entorno físico: las rocas, los ríos, el mar, el desierto, los animales o las plantas. Todas las costumbres y leyes morales de los aborígenes toman sus referencias en éste mezcla entre el universo físico y el universo espiritual. Los vivos son guiados hacia el buen camino por el mundo de los espíritus, quienes son contemporáneos a ellos. Los muertos están presentes en todas partes y los vivos y los muertos son en último término indivisibles. Cuando en un ritual se refleja el tiempo de la creación, los participantes penetran en el espíritu del sueño; es decir, entran y se transforman, se convierten en las figuras espirituales reales de la creación.

Ayers Rock-Uluru
El término aranda altjiranga se refiere a la creación del mundo por los espíritus ancestrales. La frase altjiranga nganbakala, connota la eternidad individual nacida de la espiritualidad colectiva, mientras que el derivativo altjira rama, se refiere a la visualización activa, normalmente en una actuación ritual, del mundo eterno de los espíritus. En consecuencia, el ensueño no es un estado ilusorio o fantástico sino un estado que aunque espiritual en su origen, es plenamente consciente del universo físico. Todos los aborígenes leen el paisaje como una serie de complejos sistemas de signos de los cuales derivarían verdades y significados espirituales. La espiritualidad se refleja en cada rasgo físico, lo cual significa que los diferentes pueblos aborígenes han construido complejas historias y tradiciones tribales a partir de su entorno más inmediato. Por ejemplo, el pueblo wik del golfo de Carpentária han desarrollado ensueños a partir del tiburón y del dingo; o los nyungars del suroeste de Australia han desarrollado ensueños a partir del canguro; los aranda por su parte tienen en el centro de su ensueño la gran roca Uluru (Ayers Rock). Éstos totems proporcionan la continuidad entre el pasado ancestral y el presente espiritual. Los totems significan los vínculos místicos entre miembros tribales, y forman los fundamentos de las leyes que gobiernan los estados tribales, los clanes, y, de manera muy importante, los matrimonios, un proceso altamente selectivo, basado en los pasados ancestrales, por los cuales las familias edifican su identidad actual.

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Contrariamente a otros sistemas de creencias, las leyendas aborígenes no sostienen que antes del momento creación hubiera un vacío físico. Para ellos, existía un mundo físico, pero estaba mancado de rasgos físicos o significado espiritual. La Tierra, para los aborígenes, era un disco plano y flotante debajo del cual habitaban unas formas indefinidas. Tras una gran inundación que barrió todo lo anterior, éstas formas indefinidas tomaron forma humana. Éstos seres, éstos espíritus del ensueño invistieron al mundo terrenal con cualidades espirituales y embellecieron el universo creando y dando nombre a las plantas, animales, las montañas, los ríos, y finalmente a los seres humanos. Ésta etapa, período de creación es la que se conoce cómo el Tiempo del Ensueño.
Los antepasados se encuentran situados dentro de éstas manifestaciones físicas y los tótems son verdades evidentes de la creación. Todas las tribus aborígenes consideran que todos los miembros están conectados, desde su concepción hasta la muerte y más allá, con los espíritus ancestrales, quienes guían los comportamientos individuales y también de grupo. Los bebés nacen de los espíritus, siendo la concepción un acto espiritual, no físico, y la gente vive según las exigencias de su tótem. Cuando una persona muere, lo que se suele decir es que esa persona “se va al campo”.

La Factoria Historica

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