La resurrección de Jesús

La denominada resurrección de Jesús es un episodio evangélico y un tema muy representado en el arte cristiano, dentro del ciclo de la Pasión. En la literatura cristiana Jesús es, por antonomasia, “el Resucitado“. Según el Nuevo Testamento, ocurrió al tercer día de que Jesús fuera crucificado, muerto y sepultado en una tumba. El momento preciso de la resurrección no se describe, ni aparece como presenciado por nadie, ni siquiera por los soldados que custodiaban el lugar; sí su consecuencia: las miróforas (tres Marías o santas mujeres) encuentran la tumba vacía, en uno de los evangelios, el de Mateo, en medio de un estruendo causado por la llegada de un ángel, en los demás evangelios también aparecen ángeles, aunque en otra actitud. A partir de ese momento se mencionan varias apariciones de Jesús resucitado en diversas ocasiones, tanto a María Magdalena (Noli me tangere) como a los apóstoles, Tomás, que había mostrado su incredulidad, es invitado por el propio Jesucristo a meter la mano en la llaga del costado, y a otros discípulos, a los discípulos de Emaús y a un grupo de más de quinientos “hermanos“…

 La resurrección de Jesús

La resurrección de Jesucristo se celebra en el calendario cristiano con la festividad del domingo de pascua o de resurrección. El domingo de resurrección se denomina también en los Συναξάριον synaxarion y calendarios litúrgicos de la iglesia ortodoxadomingo de las miróforas con el noble José. Los textos evangélicos datan el descubrimiento de la tumba vacía en el primer día de la semana siguiente a la celebración de la pascua judía, que es la festividad que se celebró en la última cena. La expresión al tercer día, que suscita una curiosa controversia cronológica, menos de cuarenta y ocho horas se cuentan como tres días, es la más utilizada por recogerse en el Credo: resucitó al tercer día, según las Escrituras; y proviene de un fragmento del Evangelio de Lucas: ya van tres días que sucedieron estas cosas (la muerte de Jesús) y, más literalmente, de otro de la primera Epístola de San Pablo a los corintios: os he enseñado lo que asimismo recibí:

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La resurrección de Cristo de Rafael Sanzio

Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras[1]

La Factoria Historica


[1] El Nuevo Testamento es la parte de la Biblia cristiana compuesta por un conjunto canónico (autorizado) de libros y cartas escritas después del nacimiento de Jesús de Nazaret. Se le designa así desde Tertuliano en la Iglesia cristiana. Al contrario con el Tanaj hebreo, llamado por los cristianos Antiguo Testamento, los cristianos, a excepción de los llamados judíos mesiánicos, no tienen el Nuevo Testamento en común con los judíos. El uso del término «testamento» proviene del vocablo hebreo berith (‘alianza, pacto, convenio o disposiciones entre dos contratantes’), a través del griego diatheké, y del latín testamentum. Algunos autores presentan los nombres Antiguo y Nuevo Testamento con que se designa las dos grandes secciones en que se divide la Biblia cristiana como el resultado de un error de interpretación de la palabra diatheké, que significa: ‘deseo’ o ‘voluntad’, y también ‘acuerdo’ o ‘convenio’. Con este criterio diatheké en griego haría referencia al antiguo y al nuevo convenio de Dios con los hombres más que a las Escrituras mismas. Según otros autores, el término «testamento» proviene de la traducción de la Vulgata y del paso del concepto hebreo al griego, y sería el resultado de una búsqueda consciente. Los traductores de la Septuaginta habrían querido evitar que al hablar del berith (la alianza entre Dios e Israel) se entendiera que era un pacto entre iguales. Por eso no usaron el término griego syntheké (que se traduce por ‘alianza’), sino que escogieron diatheké, que se traduce por ‘testamento’ o ‘voluntad’, que es la obligación de uno solo con respecto a otro que solo recibe beneficios. De esta forma destacaron más la disparidad entre las partes (es decir, entre Dios y los hombres). Luego, esa es una de las acepciones de la palabra testamentum, y de la castellana «testamento» (no entendida solo como última voluntad ex mortis, como en el uso coloquial). De allí que las versiones latinas, como la de Jerónimo de Estridón, y la mayoría de las versiones de la Biblia cristiana siguen utilizando el término «testamento» en lugar de «alianza» para referirse al Antiguo Testamento (alianza del Sinaí) y al Nuevo Testamento (alianza en la sangre de Cristo). Aun conviniendo que tales conceptos no hacen referencia a las colecciones de escritos sagrados sino a relaciones entre la divinidad y los seres humanos en la historia religiosa, la mayoría de los erúditos simplemente se remiten al uso popular y coloquial de estos conceptos para referirse a los textos sagrados del canon hebreo y griego cristiano. Las versiones más antiguas de textos del llamado Nuevo Testamento que se conservan están escritas en el griego denominado koiné, la lengua franca en el Mediterráneo Oriental en época romana. La mayoría de los especialistas cree que éste fue el idioma en que originalmente se redactaron, aunque algunos libros puedan haberse escrito primero en idioma hebreo o arameo, la lengua semita hablada por Jesús y su entorno. Aún hoy existen textos manuscritos fechados como desde el siglo V (cercanos a los más antiguos manuscritos griegos completos) en arameo como la Peshita siríaca, la Harclense y la Curetoniana, pero la mayoría de los estudiosos los consideran traducciones del griego.

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