Pintura del Cinquecento

Respecto a la pintura del Quattrocento, se ha producido un avance notable. Sigue trabajándose sobre todo temática religiosa, pero se tratan también otros temas. Los pintores ya no se obsesionan con la perspectiva lineal y geométrica, sino que procuran una mayor naturalidad en sus obras. Alcanzan así un clasicismo que expresa un mundo en orden y perfectamente equilibrado entre fuerzas aparentemente contrapuestas como la dualidad entre lo real y lo irreal o el movimiento y el reposo. Rafael y las obras de juventud de Miguel Ángel ejemplifican esta serenidad ideal, buscando el modelo ideal que subyace a las formas naturales del cuerpo humano. El rigor en la composición, con tendencia a adoptar formas piramidales, producen esa sensación de orden y equilibrio. Las figuras se colocan por lo tanto, dentro de un claro triángulo, relacionándose entre ellas por las miradas y las manos. Generalmente, los grandes maestros tienden a dar más importancia al dibujo que al color. Sólo en las pinturas de Leonardo alcanzan también una proporción adecuada el énfasis en uno u otro aspecto; la preponderancia del color sobre el dibujo es típica, sin embargo, de la escuela veneciana…

 Pintura del Cinquecento

Quedan así caracterizados los dos centros pictóricos en torno al año 1500: por un lado Roma donde predomina la preocupación por el dibujo y la forma, que alcanza dimensiones escultóricas y colosales en Miguel Ángel; y por otro lado Venecia, donde se prefiere el color. Florencia pues ha perdido, tras la caída de los Médicis y las prédicas de Savonarola, el papel protagonista que había tenido el siglo anterior. En paralelo, el dibujo va perdiendo preeminencia, a medida que los contornos se van difuminando, con lo que se logra un claroscuro de luces y sombras que permiten modelar suavemente las figuras para que aparezcan más redondeadas. De esta manera se logra una mayor sensación de volumen y, en el paisaje, la profundidad de la perspectiva aérea o cromática, por contraposición a la estricta perspectiva geométrica propia del Quattrocento. Para conseguir este volumen se utilizan, además, otras técnicas, como la de colocar un brazo por delante de la persona retratada, lo que inmediatamente sitúa el tronco del retratado en un segundo plano. Esto se ve en La Gioconda, lo mismo que en el Autorretrato de Durero del Prado.

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La escuela de Atenas, fresco de Rafael en las estancias del Vaticano, es un ejemplo cumbre del Alto Renacimiento. En un marco arquitectónico clasicista, que recuerda a las obras de Bramante, el centro de la composición lo ocupan las figuras de Platón y Aristóteles

Esta característica se relaciona con otra circunstancia que permite diferenciar a los cuadros del Cinquecento de los del Quattrocento: el uso de la luz. En los cuadros de Botticelli, por ejemplo, la luz era directa, resultando un dibujo un poco plano, de manera que parecía vivir siempre en una eterna primavera. En cambio, apenas una generación después, la luz incide de manera distinta, creando sombras que aportan mayor realidad y perspectiva. No son ya escenas vibrantes y luminosas, sino que aparece la neblina o el crepúsculo. Al lograr ese perfecto equilibrio en tan sólo una generación, se cerraban las vías hacia un nivel más alto o una nueva creatividad, porque no era posible mejorar la perfección. De este modo, los altos niveles conseguidos por Leonardo, Rafael y Miguel Ángel no podían mejorarse y sí tratar de imitar una y otra vez, pintando los artistas posteriores a la maniera, esto es, «con el estilo», de esos grandes maestros del Alto Renacimiento, que es lo que se ha dado en llamar el Manierismo o «Renacimiento tardío» entre 1520 a 1600. En esa segunda mitad del siglo XVI el arte se hace caprichoso, se toman temas alegóricos, muchas veces de difícil comprensión. Se pierde la sensación de orden, equilibrio y serenidad, sustituida por otra de nerviosismo y desequilibrio: el Manierismo anticipa claramente el Barroco.

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Vista de la Capilla Sixtina, con parte de la bóveda (1508-1512) y el Juicio Final (1533-1540), obras de Miguel Ángel

Varias circunstancias concurren para acrecentar esa crisis del Alto Renacimiento que hizo surgir el Manierismo. No sólo el agotamiento del modelo en las obras de los grandes maestros, que parece imposible de superar o introducir nada nuevo en ellos. También hay un agotamiento del ideal humanístico, ya que los conocimientos preestablecidos encuentran su contraste en los nuevos descubrimientos, geográficos y científicos. La propia Roma, centro neurálgico del Alto Renacimiento, se ve atacada por los imperiales en el año 1527 (Saco de Roma), lo que produjo una dispersión de los pintores por toda Italia. A ello se le une la progresiva crisis económica en toda Europa. El orden de la Cristiandad, que llegó incluso en el siglo XV a creer posible una unidad con los cristianos de Oriente, se rompe en pedazos con la Reforma protestante, lo que llevó a un repliegue ideológico del sur de Europa a los estrictos principios católicos, el Concilio de Trento y la Contrarreforma en la segunda mitad del siglo. Entre el Alto Renacimiento y el Manierismo se puede situar la escuela veneciana. La crisis económica y espiritual tarda más en afectarle. Pero su sensualidad, cromatismo y luminosidad acaba haciendo de ella también clara antecesora de la pintura barroca…[1]

La Factoria Historica


[1] Pintura renacentista italiana es la pintura realizada en la península itálica en los siglos XV y XVI, representada por artistas como Masaccio, Piero della Francesca, Sandro Botticelli, Andrea Mantegna, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael y Tiziano. El artista que se considera el antecesor del Renacimiento fue Giotto (1267-1337), el cual comenzó a dotar de tridimensionalidad a sus figuras. Manejó de forma magnífica las sombras, los pliegues de las ropas y las expresiones faciales, además que sus cuadros transmiten las diversas emociones que manifiestan. Un poco antes del Renacimiento y después de Giotto, hubo un estilo que actualmente se denomina proto-Renacimiento. Aquí destacaron algunos pintores que comenzaron a cambiar el estilo que había, y aunque no representan el Renacimiento tal y como es, sus pinturas generan una idea muy cercana a lo que sería en pocas décadas. Sus representantes son Duccio di Boninsegna (1255-1319), Simone Martini (1284-1344) y los hermanos Pietro (1280-1348) y Ambrogio Lorenzetti (1290?-¿?). Estos artistas serían los antecesores de los que compondrían el Primer Renacimiento denominado Quattrocento precisamente porque se realizó en el siglo XV.

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