Situación de la empresa europea a principios del siglo XX

En el periodo de entreguerras la estructura y la gestión de las empresas se hicieron cada vez más complejas a medida que aumento su tamaño y diversificación: se amplió el número de departamentos y unidades operativas, aparecieron nuevas técnicas e instrumentos de gestión, todo lo cual requirió de más empleados administrativos y de directivos profesionales. Estos cambios se extendieron a la mayor parte de los sectores productivos, desde la industria automovilística a los grandes almacenes, desbordando el ámbito de la empresa para influir sobre las artes plásticas, el cine y la literatura. No es extraño, por tanto, que durante este periodo tuviera lugar un profundo cambio en el mundo de los negocios. El recurso cada vez más generalizado a la sociedad anónima y a los bancos y mercados de valores para obtener financiación amplió el número de propietarios, pero también contribuyó a separar la propiedad de la dirección, aunque todavía en muchas empresas, y en la mayoría de las pequeñas, un número reducido de familias mantenían un control significativo sobre la propiedad y la alta dirección. Todos esos fenómenos, evidentemente, se produjeron antes y con mayor intensidad en las grandes empresas. No obstante, comenzó a extenderse entre todos los empresarios la opinión de que era necesario prestar una mayor atención a la dirección de empresas y de profesionalizar su gestión, independientemente de si la gerencia seguía estando desempañada por los propietarios o no.[1]

 Situación de la empresa europea a principios del siglo XX

La base del cambio de las empresas se sustentó en el aumento de números de patentes en Europa. Los mayores mercados de patentes fueron históricamente en Europa el Reino Unido, Francia y Alemania. Reino Unido tuvo 23.909 patentes, en Alemania 21.925, en Francia 12.789, en Bélgica 6.943, y en Austria 6,409, quedando el resto de países notablemente por debajo de esas cifras. Según la función de sus respectivos mercados, los países mencionados podían clasificarse en tres grupos. El primero es el de los países que mantuvieron un mayor nivel de patentes de residentes frente a extranjeros y que, además, fueron los mercados grandes, competitivos y disputados. Éstos fueron Estados Unidos, Alemania, Japón Francia y reino unido. El segundo grupo fue el de los mercados de referencia internacional y contrastación del “estado del arte” en las diferentes tecnologías procedentes de toda la comunidad internacional, pero especialmente de los países del primer grupo. Holanda, Bélgica destacaron en este aspecto y en segundo término, Suiza y Austria. En estos países la mayoría de las patentes fueron solicitadas por extranjeros del primer conjunto con el objetivo de informar de su fuerza y capacidad de expansión. Evidentemente, en este segundo grupo influyó el factor “mercado cautivo”. Así, por ejemplo, Canadá operó como una extensión del mercado de Estados Unidos; Holanda, Austria y Suiza lo fueron de Alemania de Alemania, y Bélgica lo fue de Francia.

Trabajo en cadena

Enlace directo: La regularización empresarial en los años veinte

A su vez, los países escandinavos formarían en el siglo XX una especie de “mercado cautivo y de referencia” entre ellos cuatro y de forma conjunta de cara al exterior. Finalmente, en el tercer conjunto estarían los países periféricos, en los que los extranjeros patentaron, superando a los nacionales en gran número, tan sólo para asegurarse la posible expansión potencial de su actividad económica. Estos mercados no fueron utilizados como mercados de información y referencia internacional porque se trataba de economías secundarias. Históricamente, entre los países europeos destacaron Italia, hasta el periodo de entreguerras, España y Portugal.[2]Los cambios en la tecnología afectaron de manera diversa a la naturaleza del trabajo, la cualificación de la mano de obra y las relaciones laborales. En las industrias dominadas por la producción en masa, el cambio tecnológico fue intensivo en capital y materias primas, pero ahorró mano de obra y tendió a descalificar a la mayor parte de los trabajadores. El origen de estos métodos se encontró en Estados Unidos, donde la producción en masa se generalizó antes y con mayor intensidad. No obstante, ejercieron un impacto considerable en países como Francia y la Unión Soviética. Por el contrario, en los sectores donde se mantuvo un sistema de especialización flexible, el cambio tecnológico no disminuyó, es más, muchas veces incrementó la cualificación de la mano de obra, tal y como sucedió en la mayor parte de la industria de Gran Bretaña o Alemania. No hubo, por lo tanto, un patrón único de relaciones laborales.[3] En Alemania más de la mitad de los gerentes de la industria en esas fechas son asalariados sin relación con la propiedad, aunque el % es mucho más elevado en la industria siderúrgica. En este mismo sector en Gran Bretaña solo un 34% eran gerentes asalariados, siendo el 66% restante propietarios (un 15% fundadores y el 51% restante herederos) En resumen, la profesionalización de la gerencia y el crecimiento del número de directivos ampliaron las oportunidades sobre todo para los hijos de los empresarios y directivos ya establecidos, que pasaron a ocupar los puestos de gerentes, directivos y consejeros en otros negocios no necesariamente relacionados con el de sus padres. La movilidad social ascendente, cuando existió, fue de los estratos medios-bajos de la clase media a los más altos.

La publicidad ya fue utilizada por compañias como la Coca Cola desde un principio “no todo el mundo puede comer caviar pero todos beben Coca Cola”

La Segunda Revolución industrial estrechó las relaciones entre ciencia e industria y, en particular, aumentó la intensidad de las inversiones en I+D en numerosos sectores industriales, lo que hizo necesario el empleo de un número creciente de técnicos, científicos e ingenieros. Los sectores donde antes aparecieron laboratorios de investigación fueron la química, el caucho, el petróleo, y la maquinaria y material eléctrico, y su tarea se centró sobre todo en el desarrollo y la investigación aplicada. Los primeros laboratorios de I+D dentro de las empresas surgieron a finales del siglo XIX con el objeto de realizar análisis químicos o controles de calidad, primero en Alemania, en el decenio de 1870, después se extendieron por Estados Unidos y Reino Unido. Los primeros laboratorios de investigación en Alemania surgen en decenios de 1860 y 1870 en la siderurgia, la química y la maquinaria y material eléctrico. Estos dos últimos sectores, junto con el farmacéutico, fueron los que emplearon a un mayor número de investigadores durante el primer tercio del siglo xx. A finales de los años veinte la IG Farben era la primera empresa del mundo por personal investigador con unos mil empleados, continuando en este puesto durante el siguiente decenio. La inversión de industria británica en I+D fue en este periodo mucho más elevada de lo que se ha tendido a pensar. Como en Estados Unidos, la mayor parte de la actividad europea se realizó dentro de las propias empresas. Antes de 1914 más de una veintena de empresas llevaban a cabo actividades de I+D en sectores como la siderurgia, la química, la alimentación o la industria eléctrica. A partir de la Primera Guerra Mundial la inversión en I+D de las empresas británicas se disparó, manteniendo esos niveles durante los años de entreguerras, concentrándose en unas pocas empresas y en sectores como la química y la maquinaria y material eléctrico. En los años treinta, las grandes empresas británicas tenían un número de personal investigador similar o superior al de las empresas alemanas. Esta nueva relación entre ciencia e industria y el crecimiento de la demanda de directivos profesionales fue un estímulo para el desarrollo de un sistema de educación formal superior, provista por las propias empresas y asociaciones profesionales y/o por el Estado. A su vez, el crecimiento de la oferta educativa ejerció un efecto positivo sobre la innovación y la administración de contribuir a incrementar la demanda de titulados.[4]

Judios trabajando para la IG Farben

En Gran Bretaña la respuesta del sistema educativo fue bastante más lenta que en Estados Unidos o en Alemania. Durante todo el siglo XIX el aprendizaje dentro de la empresa con un ingeniero ya experimentado fue el sistema de formación predominante para los ingenieros, y sólo a partir de 1898 el Instituto de Ingenieros Civiles y de 1913 el de Ingenieros Mecánicos iniciaron la práctica de los exámenes. A principios del siglo XX se crearon algunos centros de educación técnica (el de Manchester fue el más importante), pero no fueron capaces de competir ni con los restrictivos colegios privados (public schools) ni con Oxford o Cambridge en ofrecer categoría social. Entre 1890 y 1940 la educación universitaria reemplazó el sistema de aprendizaje en la ingeniería, pero casi todos los futuros titulados fueron combinando el trabajo y el estudio y no a través de la educación formal a tiempo completo. En el periodo de entreguerras, el número de técnicos y científicos empleados en la industria inglesa aumentó considerablemente. El sistema educativo alemán, que privilegió las enseñanzas técnicas, tuvo en cambio un papel muy importante en el desarrollo industrial del país. Ciertamente, el sistema de educación técnica no fue un obstáculo a ese desarrollo. No obstante, su conexión caudal está menos clara. Junto a las escuelas superiores, se creó una red de escuelas técnicas intermedias mejor adaptada a las necesidades de la industria. Los licenciados en estas últimas representaron el 74% de los ingenieros empleados en la industria de Berlín en 1907-1908. Tras las escuelas de ingenieros, surgieron las de negocios: entre 1898 y 1919 creándose nueve escuelas de negocios, convirtiendo a Alemania en el segundo país por número de escuelas creadas tras Estados Unidos. El gasto público alemán en educación fue en este periodo muy superior al resto de países europeos.[5]

El desempleo de 1929 se basó en la política salarial, más del 60% del peso económico norteamericano de la época se sustentaba en los salarios, insoportable para las empresas que desplomó el consumo estadounidense..

Enlace directo: Organización científica: Control obrero en Estados Unidos

El sistema de enseñanza superior en Francia privilegió la educación técnica, especialmente en las remas de ingeniería, donde se formaron los cuadros directivos superiores de las empresas francesas. Los ingenieros se emplearon entre grande áreas de la empresa: la dirección de fábrica, la dirección comercial y la dirección general. En lo que respecta a los empleados y obreros cualificados, el Estado creó una infraestructura educativa a partir de finales de la década de 1870 centrada en 33 tipos de escuelas, las escuelas prácticas de comercio e industria, las profesionales y las de artes y oficios. Entre 1895 y 1913 el número de estudiantes en estos centros se multiplicó por cuatro…[6]

La Factoria Historica


[1] VALDALISO GAGO, Jesús María, Historia económica de la empresa, Barcelona: Crítica, 2007, pág 292-348. [2] VALDALISO GAGO, Jesús María,… pág 292-348. [3] VALDALISO GAGO, Jesús María,… pág 292-348. [4] VALDALISO GAGO, Jesús María,… pág 292-348. [5] VALDALISO GAGO, Jesús María,… pág 292-348. [6] VALDALISO GAGO, Jesús María,… pág 292-348.

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