The Dark Crystal

El film llamado The Dark Crystal es una película estadounidense del género fantástico dirigida por Jim Henson y estrenada en 1982. Al igual que en otras obras de Henson, creador de The Muppets, los personajes de la película son marionetas. El diseño de personajes y criaturas corrió a cargo de Brian Froud, autor del libro The World of the Dark Crystal (El mundo del cristal oscuro), publicado en el mismo año del estreno de la película. En otro mundo, en otro tiempo… En la época de la fantasía… habitaban el mundo unos seres llamados Urskeks, que vivían en paz y armonía… Hasta que uno de ellos dañó el centro de su mundo, su más preciado tesoro: el Cristal Oscuro. Su mundo cambió a partir de ese momento. Los Urskeks se dividieron en dos razas, los sabios Místicos, que viven en continua meditación apartados de la sociedad, y los malvados Skekses, quienes reinan sobre la tierra, dominando a todas las razas con su crueldad. Místicos y Skekses viven interconectados: cada uno de ellos tiene una contrapartida en la raza opuesta. Así, cuando un Místico sufre una herida su Skekses correspondiente recibe el mismo daño, y cuando muere un Skekses muere un Místico del mismo modo, y viceversa…

 The Dark Crystal

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La película comienza cuando se han cumplido mil años desde la rotura del cristal y sólo quedan diez miembros de cada raza dominante. Según una profecía, cuando se produzca una conjunción de los tres soles de este mundo, un Gelflin completaría el Cristal Oscuro, reparando así la caótica sociedad reinante. Por eso los Skekses exterminaron a todos los Gelflins. Al principio de la película se revela que queda un solo Gelflin, Jen, que fue adoptado por los Místicos, quienes le enseñaron toda su sabiduría, y al que encargan la tarea de juntar el cristal. Éste es el complicado argumento, salido de la imaginación de Jim Henson, que consigue envolvernos en un fantástico cuento de aventuras y acción. En cierto modo tiene reminiscencias de otras historias semejantes, como la de El Señor de los Anillos. Tardaron cinco años en completar los decorados y las marionetas de la película. Toda la película está hecha con marionetas, y absolutamente todos los escenarios son móviles. Plantas, árboles, rocas… todo está vivo, y consigue sorprendernos en cada fotograma. Una historia quizá demasiado complicada para que fuese un éxito. Es la película más incomprendida del maestro Henson; estrictamente, a pesar de utilizar marionetas, no es una película dirigida a niños, se trata más bien de una película adulta, que a un niño le costaría entender en toda su plenitud.

The Dark Crystal

Enlace directo: Fraggle Rock

Una película oscura, tétrica, con repulsivos monstruos, los Skekses parecen buitres putrefactos y sus actos son totalmente tiránicos, el protagonista pasa por continuos peligros, lo que ha convertido a Cristal Oscuro en un título de culto dentro del cine fantástico. Una secuela, titulada The Power of the Dark Crystal (El poder del cristal oscuro), se esperaba para el año 2011…[1]

La Factoria Historica


[1] El uso de los muñecos o títeres era conocido entre los griegos, que las llamaban neurospasta, palabra que significa objeto puesto en movimiento por cuerdecitas y la cual expresaba la naturaleza de la cosa. Aristóteles habla de ellos cuando dice que si aquellos  que hacen mover figuritas de madera tiran el hilo que corresponde a éste o al otro de sus miembros, éste obedece al momento. Se ve, continúa, cómo mueven la cabeza, los ojos, las manos; en una palabra, parece una persona viva y animada. Tales eran los títeres o figuritas de que se servían los romanos para divertir y entretener al público y de los cuales habla Horacio. Figuras que, sin duda, habían tomado los romanos de los griegos. Los profesionales de las actuaciones con marionetas se llamaron desde un principio titiriteros, porque manejaban el títere. Los titiriteros actuaban por lo general al aire libre, en corrales, o en los interiores de los mesones. En el Siglo de Oro español (de mediados del siglo XVI a mediados del siglo XVII) la palabra titiritero amplió su campo semántico y empezó a aludir no sólo a los artistas de marionetas sino a los saltimbanquis, acróbatas, prestidigitadores y volantineros. Ser titiritero en esta época implicaba cualquiera de estas actividades. En los siglos XVIII y XIX la palabra títere incluye una nueva diversión: espectáculos realizados con la linterna mágica. Paralelo a estas actividades de los titiriteros, surge una serie de connotaciones negativas para la palabra pues se relaciona en muchos casos a estas personas con aquellos que viven en los caminos y se sustentan tan sólo de las acrobacias. También se les confundía o asimilaba en muchos casos con el charlatán. La figura del charlatán del siglo XVIII es un falso médico, con remedios falsos que lo curan todo. Encandilaban con su charla a los espectadores, tanto en espacios abiertos como en los salones donde eran invitados; estas personas tenían a gala el desprecio de los conocimientos antiguos y aseguraban que los suyos, más modernos, eran los que tenían valor. Eran profesionales de la palabra y con ella embaucaban y deslumbraban a su público. Hasta tal punto se apoderaron de la palabra títere que con ellos surgió la titeretería, el arte o la ciencia de los charlatanes. El arte de actuar con las marionetas o títeres cobró una gran importancia desde fines del siglo XVIII y todo el XIX, importancia que seguiría también en los siglos siguientes. Escritores y músicos prestaron especial atención a este mundo de fantasía y le dedicaron su tiempo y su trabajo. La fascinación y el entusiasmo por aquellos muñecos y sus movimientos fueron en aumento. El poeta y dramaturgo alemán Goethe (1749-1832), publicó 3 dramas con el título genérico Teatro moral y de marionetas recién abierto. Los músicos Gluck (1714-1787) y Franz Joseph Haydn (1732-1809), compusieron en Austria varias obras para estos teatrillos. En el año 1846, la escritora francesa George Sand (Amandine Aurore Lucie Dupin, baronesa Dudevant, 1804-1876), ayudada de su hijo Maurice, creó su propio teatro de marionetas en el castillo de Nohant, en Francia (donde había pasado su infancia). Entre los dos fabricaban los muñecos, Maurice esculpía las cabezas y la escritora confeccionaba los vestidos. Llegaron a tener más de 200. Colaboraron en este entretenimiento los distintos artistas Delacroix (pintor, 1798-1863), Honoré de Balzac (escritor, 1799-1850), y los músicos Georges Bizet (1838-1875), Musset y Liszt. Poco a poco fueron surgiendo locales minoritarios de los que quedan algunos documentados como los del barrio de Montmartre en París, Le Chat Noir (donde trabajaban con sombras chinescas ) y Petit-Théatre (con marionetas de hilos). Las obras que se daban aquí eran de los autores Shakespeare, Aristófanes y Cervantes. Se denomina teatrillo o teatrino al espacio de representación dentro de o sobre el cual los títeres realizan la representación de sus historias. Generalmente, el teatrino cumple la función de representar el ambiente escénico de la historia. Muchas veces sirve también para ocultar a los titiriteros, a fin de fortalecer la ilusión de que los títeres tienen vida propia. Al principio de comenzar las representaciones, el teatrillo tomó el nombre de castillo o castillejo, en recuerdo de las primeras representaciones que se hicieron, que consistieron en historias guerreras medievales de las tomas de los castillos. En el siglo XVII apareció el nombre de retablo para referirse a los castillos anteriores. Tomó el nombre de retablo (palabra de procedencia eclesial) porque las gentes de la Baja Edad Media estaban acostumbrados a entender las historias sagradas de religión mediante las imágenes y pinturas que se exhibían en los retablos de las iglesias, y este modo de presentación fue copiado para que el público siguiera de la misma manera las historias que las marionetas les presentaban. En el capítulo XXV de Don Quijote Cervantes describe muy bien uno de estos retablos, el de Maese Pedro: Obedeciéronle don Quijote y Sancho, y vinieron donde ya estaba el retablo puesto y descubierto, lleno por todas partes de candelillas de cera encendidas que le hacían vistoso y resplandeciente. En llegando, se metió maese Pedro dentro dél, que era el que había de manejar las figuras del artificio, y fuera se puso un muchacho, criado del maese Pedro, para servir de intérprete y declarador de los misterios del tal retablo: tenía una varilla en la mano, con que señalaba las figuras que salían.

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