Hamlet

La denominada Hamlet, es probablemente la obra más famosa de la cultura occidental y una de las obras literarias que ha originado mayor número de traducciones, análisis, y comentarios críticos. Es el más extenso “drama” de Shakespeare, y se encuentra entre las más influyentes y principales tragedias en lengua inglesa. Durante la vida de Shakespeare, dicha obra fue uno de sus trabajos más reconocidos y aún hoy perdura entre las obras que han gozado de mayor número de representaciones; encabezando, por ejemplo, la lista de la Compañía Real de Shakespeare desde 1879. Ha inspirado a una diversidad de autores desde Goethe y Dickens a Joyce y Murdoch y ha sido descrita como la «historia más comentada del mundo tras la Cenicienta». El papel principal fue muy probablemente creado para Richard Burbage, el principal actor teatral de la época de Shakespeare. Dadas la estructura dramática de la obra, la profundidad de sus caracterizaciones, y de una línea temporal capaz de «aparentemente ilimitadas reformulaciones y adaptaciones posteriores», configuran que Hamlet pueda ser analizada, interpretada y discutida desde una amplia pluralidad de perspectivas…

Hamlet

Por ejemplo, eruditos de varias épocas han debatido sobre el inusual hecho que supone la duda de Hamlet a la hora de matar a su tío. Mientras unos lo ven simplemente como una argucia del argumento para postergar la acción, otros ven tras este proceso una compleja gama de problemas éticos y filosóficos alrededor del fratricidio, la venganza preparada y el deseo frustrado. Recientemente, teorías psicoanalíticas han examinado la obra en busca de una explicación que se funde en las determinaciones inconscientes del protagonista; así como críticos feministas han ido en busca de una revalorización y actualización de los históricamente devaluados personajes de Ofelia y Gertrudis.

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Los sepultureros exhuman el cráneo de Yorick el bufón, por Eugène Delacroix c. 1839

La obra alcanzó altos niveles de fama desde principios del siglo XVII por la aparición fantasmagórica de un muerto y por la vívida dramatización de la melancolía y la locura, dando lugar a una procesión de cortesanos desquiciados a la manera del drama de las épocas jacobina y carolina de la literatura inglesa. A pesar de que continuó siendo popular y gozando de audiencias masivas, críticos pertenecientes a la restauración inglesa de finales de siglo veían Hamlet como una obra primitiva y le echaron una grave falta de unidad dramática y decoro. Esta visión cambió drásticamente en el siglo XVIII, cuando la crítica defendió la figura de Hamlet como un héroe puro, un hombre brillante que sufre de desgracias varias. No obstante, en la mitad de dicho siglo encontramos que la llegada de la literatura gótica trae consigo nuevos puntos de vista de corte psicológico y místico a la hora de hacer una lectura de la obra; trayendo de nuevo a primer plano la figura del fantasma y el tema de la locura. No será hasta finales de este siglo cuando críticos y actores comiencen a ver Hamlet como una obra confusa e inconsistente; pues antes de ellos las interpretaciones eran radicales: o veían al protagonista como un loco, o no; o lo veían como un héroe, o no; etc. No había punto intermedio. Estos nuevos puntos de vista representan un cambio fundamental en la crítica literaria, que comenzó a enfocarse más en el personaje y menos en el argumento.

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Ophelia muestra el misterioso ahogamiento de la dama Ofelia. En la obra, los sepultureros discuten sobre si esta muerte fue un suicidio y sobre si merece o no un entierro cristiano (Artista: John Everett Millais 1852)

Ya en el siglo XIX, los comentaristas románticos dieron al protagonista de la obra valor por su conflicto interno e individual, reflejando el fuerte énfasis contemporáneo en la lucha interior y el carácter propio en general. En esta época también, la crítica comenzó a dejar de tratar el tema del retardo de la acción de Hamlet como una estrategia del autor para desarrollar la trama, antes bien la ven ahora como un rasgo propio del personaje. Este enfoque en la personalidad y el fuero interno continuará durante el siglo XX, cuando la crítica tomará diversas vías interpretativas…[1]

La Factoria Historica


[1] Hamlet ha sido a menudo recibido como un personaje filosófico, exponiendo ideas que hoy serían consideradas relativistas, existencialistas y escépticas. Por ejemplo, hace gala de un razonamiento relativista en su interpelación a Rosencrantz: «[…] porque nada hay bueno ni malo, sino en fuerza de nuestra fantasía». La idea de que nada es real a excepción de lo que se halla en la mente del individuo tiene raíces en los sofistas griegos, quienes defendían que, dado que nada puede ser percibido sin que medien los sentidos y cada individuo siente, por tanto percibe, las cosas de forma diferente, no hay verdades absolutas, sólo certeza relativa. El más claro ejemplo de existencialismo se encuentra en el famoso soliloquio del «ser o no ser», donde Hamlet utiliza «ser» para aludir tanto a la vida como a la acción y «no ser» para la muerte e inacción. La contemplación del suicidio por parte de Hamlet en esta escena es, no obstante, no tan filosófica como religiosa, dado que él cree en la continuidad de su existencia tras la muerte. Los teóricos suelen estar de acuerdo en el hecho de que Hamlet refleja el escepticismo contemporáneo que se levantaba contra el humanismo renacentista. En épocas anteriores a Shakespeare, los humanistas ya defendían que el hombre era la mayor creación divina, hecha a imagen y semejanza de Dios y capaz de elegir su propia naturaleza; idea que fue cuestionada notablemente en los Essais de Michel de Montaigne en 1590. El famoso discurso de Hamlet en que dice “¡Que admirable fábrica es la del hombre!” hace eco de multitud de ideas presentes en la obra de Montaigne, a pesar de lo cual no hay consenso entre los estudiosos sobre si Shakespeare las tomó directamente del filósofo francés o si simplemente ambos reaccionaron de forma similar al espíritu de su tiempo.

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