Corona de espinas

La denominada corona de espinas es un símbolo cristiano que recuerda la Pasión de Jesús que es la denominación convencional utilizada para englobar los episodios evangélicos que narran los sucesos protagonizados por Jesucristo entre la última cena y su crucifixión y muerte, el ciclo narrativo puede detenerse ahí, comprendiendo aproximadamente una noche y el día siguiente, o continuarse con su entierro y resurrección, al tercer día, el cómputo cronológico ha sido históricamente objeto de debate. También es el tema más utilizado en el arte cristiano. La palabra castellana “pasión” proviene de la latina passĭo, -ōnis, siendo esta un calco de la griega πάθος (pathos). Hace referencia a los sufrimientos de Cristo. La corona de espinas se menciona dentro de la pasión en los evangelios de Juan (19:2, 5), Marcos (15:17) y Mateo (27:29)…

Corona de espinas

Según los evangelios, los soldados romanos se la colocaron a Jesús durante su pasión. Tenía una doble función: humillar a Jesús coronándolo como rey de los judíos, en tono de burla, y provocarle daño y dolor. La corona se convirtió en una reliquia muy preciada. Fragmentándose considerablemente, incluso apareciendo espinas falsas, llegando a sumar actualmente más de setecientas, veneradas en numerosas iglesias. Existen referencias de su presencia en Jerusalén desde el siglo V, con las cartas de Paulino de Nola. Según las versiones, se trasladó después a Bizancio con testimonios del siglo XII o a Francia con testimonios de Luis IX de Francia. Por encontrarse fragmentada, cada espina se considera como una reliquia de tercera clase en la que las de primera son trozos del cuerpo de santos o reliquias de Jesús enteras y las de segunda instrumentos propios de los santos.

La coronación de espinas de Van Herp

Enlace directo: Cristianismo primitivo

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En la Catedral de Barcelona se conserva una supuesta espina de la corona. También se encuentra una de las espinas en La Santa Espina, en Valladolid en España…[1]

La Factoria Historica


[1] En la Iglesia católica, se llaman reliquias a los restos de los santos después de su muerte. En un sentido más amplio, una reliquia constituye el cuerpo entero o cada una de las partes en que se haya dividido, aunque sean muy pequeñas. Las reliquias también designan a los ropajes y objetos que pudieran haber pertenecido al santo en cuestión o haber estado en contacto con él, considerados dignos de veneración. Durante los primeros siglos del cristianismo, y como consecuencia de las persecuciones, comenzaron a conservarse y a tenerse en gran estima los objetos relacionados con los que habían muerto por la fe. Eran consideradas reliquias el aceite de las lámparas que se encendían delante de los cuerpos de santos, así como las sábanas dispuestas sobre las tumbas, incluso el polvo recogido en los “loculi” (lugar de enterramiento en las catacumbas). También ropajes y cualquier otro objeto propiedad del mártir, incluso hilos extraídos del tejido de una prenda. En ocasiones estos objetos fueron tenidos como milagrosos en vida de sus propietarios. Las cadenas con que habían sido atados en el calabozo los mártires y otros objetos de tortura eran reliquias muy preciadas. La cruz y los clavos del mártir que moría crucificado eran muy venerados. San Ambrosio (Siglo IV) recogió estos objetos después de la muerte de los santos Vital y Agrícola en su patíbulo en Bolonia y los llevó a la iglesia de Santa Juliana de Florencia. Agustín de Hipona da noticia en sus escritos sobre una de las piedras que lapidaron a Esteban y Pedro, primeros mártires de la Cristiandad, que fue llevada a Ancône (Francia) y que contribuyó a extender el culto y la devoción hacia este santo. En los Museos Vaticanos se conservan muchas reliquias de este tipo. Los lugares en que los mártires habitaban fueron tenidos como reliquia, y en muchas ocasiones se construyeron basílicas allí mismo. Pero sobre todo, el lugar preferido para levantar templos fue el sitio donde había tenido lugar la muerte de los santos. El culto a las reliquias se remonta a los comienzos del cristianismo. Los primeros restos recogidos de los que se tiene noticia fueron los de San Esteban (primer mártir de la Iglesia Católica), y de ellos se conservan bastantes documentos acreditativos a través de los siglos. El culto a las reliquias ha sido siempre un fenómeno de gran importancia social, económica y cultural.

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