Estados Unidos, a la cabeza de la economía mundial, 1923-1929

Entre 1923 a 1929, la producción industrial norteamericana creció un 64%, con tasas aún más elevadas para el petróleo, acero y los productos químicos en una aceleración económica del país. La prosperidad, que al final resultaría perjudicial, se generalizó, y el símbolo de este crecimiento fue la proliferación de automóviles: en 1929, se fabricaron en Estados Unidos más de cinco millones de vehículos (tantos como en el próspero año 1953). [1]  El crecimiento se basó en gran parte en el incremento del consumo interno facilitado por el desarrollo del sistema de ventas a crédito que a la larga sería el causante del hundimiento económico. Se calcula en 7.000 millones de dólares el valor de los créditos concedidos en el año 1929. El 60 % de las ventas de automóviles no pudieron pagarse y el 40 % de las transacciones inmobiliarias se efectuaban entonces a plazos, que en época de crisis como la de 1929.  Entre los años 1924 y 1929, se constituyeron o se reforzaron inmensos imperios industriales: la Americana United Steel Corporation controlaba el 60 % de la producción de acero; la Ford y la General Motors que dominaban dos terceras partes de la industria del automóvil norteamericana. Estos gigantes industriales estaban unidos a poderosos bancos. El mito de la prosperidad permanente ganó terreno, y el sistema de vida americano, el sueño americano, el país de las oportunidades, fascinó al mundo [2]

 Estados Unidos, a la cabeza de la economía mundial, 1923-1929

A partir de la Gran Guerra Estados Unidos se convirtió en el gran y nuevo centro del mundo y el Plan Dawes, del que hemos hablado, convirtió a los Estados Unidos en el gran banquero del mundo. Al acabar la Primera Guerra Mundial Estados Unidos poseía la mitad del oro del mundo y entre 1913 y 1929 su renta nacional se incrementó de 33.000 a 72.000 millones de dólares, al contrario que los demás países occidentales. [3] Eso provocó que después de 1924 para satisfacer la renacida demanda, se mejorase el rendimiento de las fábricas, pero como contraprestación subieron los precios de los productos fabricados [4]. Mientras las fábricas tenían que pagar los productos adquiridos, el crédito bancario era escaso y por ello los precios en general estaban al alza. Incapaces los gobiernos de hacer frente a sus deudas se multiplicaron las emisiones de billetes, lo que favoreció la inflación y perjudicó a la mediana y pequeña empresa que no pararon de endeudarse, surgiendo por culpa de esta maniobra una acelerada economía cada vez más acusada, en la que una oferta poco diversa y lineal no tenía una clara demanda que pudiera satisfacer una oferta tan masiva [5].

La otra cara de los Estados Unidos

Enlace directo: La regularización empresarial en los años veinte

Los magnates aprovecharon la inflación para comprar a bajos precios fábricas enteras. La concentración de la producción en pocas manos, en monopolios, se aceleró y el trabajo en cadena con baja paga de salarios se convirtió en el gran negocio, siendo contraproducente a la larga para el propio estado y el propio sistema capitalista al resentirse el consumo más básico, el de la misma población. Había un desequilibrio entre los salarios y el nivel de vida. La primera guerra mundial anunció la decadencia europea, sin embargo, los problemas europeos dominaron la política exterior mundial. Entre 1919 a 1924 se instauró un nuevo orden internacional, caracterizado por la debilidad de la paz. La Sociedad de Naciones no tenía los medios necesarios para garantizar la paz ni la integridad e independencia de los países. Algunos querían la aplicación íntegra de los tratados, pero otros deseaban la revisión de los mismos. Las discrepancias anglo-francesas sobre las reparaciones no contribuyeron a relajar el ambiente. Para presionar el pago, Francia invadió el Ruhr. La presión sobre Alemania provocó su acercamiento a la Unión Soviética. El desmembramiento de Austria-Hungría dio dos estados: Austria tendía a la unión con Alemania, y Hungría deseaba rectificaciones fronterizas. Estas reivindicaciones y la restauración de los Habsburgo eran temidas por Yugoslavia, Checoslovaquia y Rumania. Estos países constituyeron un pequeño entendimiento, pero que no las protegía, de la Unión Soviética, Alemania o Italia. El periodo de 1924 hasta 1929 fue un tiempo, en principio, de estabilidad económica, propiciado por el Plan Dawes, con una reanudación de relaciones diplomáticas y regulación de reparaciones, en la que hubo una serie de pactos y acuerdos como son los acuerdos de Locarno y los Pactos de Briand-Kellog que intentaron establecer las bases sociales y económicas en tiempos de paz. Podemos entender que el crac de 1929 no se designa dentro de unos parámetros exclusivamente económicos o por lo menos que cuando hablamos de economía y sus vacilaciones cíclicas estas vienen por mucho más que una simple cuestión de números, la especulación va más allá que una simple oscilación de la Bolsa sino que se extiende dentro de todos los parámetros sociales de la propia sociedad, desde lo demográfico a lo político.

Imagen de una fábrica de Chicago a principios del siglo XX

En el caso del tema que tratamos en esta tesis hemos de mirar hacia Estados Unidos y ver que desde la perspectiva de centro dominante en el que se inició y empezó a extenderse el crac tenemos que efectuar el estudio desde dos perspectivas, una desde su política exterior, y dos, desde su política interior. Como mencionamos en el primer punto y viendo el siguiente podemos observar como la política de Estados Unidos de la presidencia de Woodrow Wilson fue incoherente con la política interior aislacionista que se aplica realmente en el país estadounidense.  Woodrow Wilson como dijimos en el primer apartado “dinamita” Europa y en años posteriores se aplicó desde los distintos gobiernos estadounidenses distintos planes económicos como fueron el Plan Dawes en el año 1924 y el Plan Young en 1929 que sirvieron para liquidar por una parte cualquier tipo de enemigo cualificado militarmente y por otra la de crear una dependencia de Europa respecto a los Estados Unidos. Aunque Estados Unidos sabía que países como Alemania nunca pagarían su deuda sí que abrió con esta nueva inyección económica un nuevo mercado con países que se hicieron totalmente dependientes de las decisiones económicas de los Estados Unidos con todo lo que entrañaba desde un aspecto positivo como a su vez negativo ya que si el país norteamericano entraba en crisis como así fue habría un efecto “contagio” en la Europa Occidental, agravado por el efecto geográfico de haber multiplicado las fronteras y las aduanas, con lo que el problema sería mucho más difícil de resolver por el posterior efecto proteccionista. Este problema hay que unirlo con el miedo que tenía Estados Unidos y el resto de Europa al movimiento bolchevique que hizo cerrar las puertas de Asia y con ello una posible solución económica ya que el pánico al comunismo y sus condiciones económicas era uno de los rasgos principales de la década de 1920 en adelante. Podríamos desmitificar ya desde este momento la política “pacifista” americana ya que desde este intento de pacificación pactada Estados Unidos buscaba una salida a la economía productiva estadounidense que necesitaba una demanda no solo interior sino también exterior y con ello unas condiciones de gastos favorables en el momento de una posible expansión industrial, Estado Unidos necesitaba que Europa hablase sus mismos códigos, los del capital, y sus mismas necesidades económicas, las de la oferta y la demanda.

Los felices años veinte: un sueño falso

Se podría mencionar entonces que Estados Unidos inyectó dinero hacía Europa produciéndose como consecuencia un desarrollo ficticio y no por una política efectiva de los países europeos sino producto asimismo de la propia política estadounidense, era otro aspecto de una especulación económica originada a partir de una política ficticia de pacificación territorial. Con respecto a su política interior aislacionista podríamos mencionar que para hablar del crac de 1929 hemos de mencionar también dos aspectos como era la cultura norteamericana de la década de 1920 y el aspecto demográfico dentro de los Estados Unidos. Desde la vertiente de la cultura estadounidense podríamos aclarar que usó por parte de los distintos gobiernos estadounidenses una política de control fascista y cómo ejemplo solo se podría analizar en cómo desarrolló el estado las relaciones entre blancos y negros. Si hay que destacar una diferencia entre el mensaje fascista y el norteamericano radica en que el mensaje norteamericano contenía un ideal o una base positivista, el sueño americano, aunque después se diferenciase dentro de unos códigos de valores de quien o que era ser un buen americano y que o quien no era ser un buen americano. El mensaje fascista contenía un mensaje en cambio  negativista que se basaba en la expulsión mientras el mensaje estadounidense se cernía dentro de los parámetros del crecimiento económico y como consecuencia también social. El control migratorio, la de la  propia emigración, y la lucha de los sindicatos que se asociaban a la lucha contra el bolchevismo desencadenó una división en la que había ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda en la que estaban no solo los negros mayormente del sur sino todos aquellos inmigrantes que se habían situado en Estados Unidos procedente de Europa, como eran los hunkies,  y que se veían que el sueño americano era imposible de alcanzar. El control autoritario de los empresarios en la industria norteamericana era cada vez mayor con una oligarquía en su jerarquía que impedía la renovación de las estructuras industriales y una rigidez en la cadena de mando que se empobrecía por la falta de innovación de ideas y que provocaría una falta de visión de renovación de mercado de los distintos productos creados, provocando la propia inmovilidad del propio mercado acentuado por la aparición de los monopolios en industrias como el sector eléctrico. Esto fue una equivocación y era contraproducente contra el propio estado norteamericano porque impedía el crecimiento social de una parte de la población estadounidense por culpa de una “congelación” de los salarios por las horas trabajadas con lo que repercutiría en la propia capacidad de consumir de una parte de la nación cuando la economía en la que se sustentaba en aquellos momentos Estados Unidos radicaba en la industria de consumo como a la hora de tributar fiscalmente con el estado por parte de una población que no ganaba salarialmente por las horas trabajadas.

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La crisis empezaba a mostrarse en la realidad de los estadounidenses

Enlace directo:  Organización científica: Control obrero en Estados Unidos

Las otras industrias, como las del acero, la minería o la propia agricultura por su parte estaban en momentos de sumisión laboral por parte de los trabajadores respecto a los empresarios con que la política económica se sustentaba a partir de los productos acabados en la que la gente del campo emigró a las ciudades cosa que provocó la subida del paro y la desigualdad civil, un proceso migratorio que ponía en duda la estabilidad de la propia economía del país norteamericano ya que cualquier tipo de eventualidad especulativa podría producir un crac en el sistema económico estadounidense como así fue, pero este problema lo hablaremos más detalladamente en el siguiente punto [6]. Otras de las equivocaciones que hemos ido mencionado fue la política proteccionista demográfica en cuanto a la inmigración por parte de los Estados Unidos. La razón estriba en que la expulsión o no aceptación de personas de otros países sin que estos hombres hubiesen podido tener la oportunidad de enriquecerse podía empobrecer más aún sus países de origen, si estas naciones no tenían colonias donde dispersar a esta nueva población se podía producir una conglomeración de personas dentro de una nación que podía estar empobrecida y ser un lastre económico a la larga no solo para el país que recogía a estas personas, muchas de ellas en edad de trabajar, sino sobre todo para los propios Estados Unidos que estaban creando una clase media poco estable en la que había una clase rica cada vez más poderosa y una clase pobre cada vez más empobrecida con una media de edad cada vez más alta [7]. Se podría decir que la política y la economía de los Estados Unidos como eje dominante del mundo durante la década de 1920 fue un compendio de errores sociales internos que combinada con una política exterior equivocada fueron los que llevaron a Estados Unidos a una política económica extrema y equivocada basada no en el sustento de la población, el equilibrio progresivo, sino en la ganancia proveniente del exceso del propio estado que produjo la especulación y el empobrecimiento y con ello uno de los desencadenantes del crac de la bolsa de Nueva York de 1929…[8]

La Factoria Historica


[1] Los años de la postguerra la electricidad revolucionó la producción. En el campo, por la lentitud de la electrificación rural, apenas si se había iniciado su aplicación. Pero, los métodos modernos de la minería del carbón fueron creados literalmente por la electricidad, pues ninguna otra fuente de energía podía llevarse tan fácilmente para arrancar y cargar el carbón o usarse con tanta eficiencia para su arrastre y subida a la superficie.  En 1914 el 30% de los equipos mecánicos estaba electrificado, en 1929 ese total llegaba a aproximadamente al 70%. En términos de caballos de fuerza esto significaba un aumento desde 8.800.000 a 35.150.000. El motor eléctrico conquistó incluso la industria pesada, como la del acero.; KIRKLAND, EDWARD C, Historia económica de Estados Unidos, Fondo de cultura económica, Mexico-Buenos Aires, 1947, p. 662

[2] Mientras en Europa se competía en la construcción de automóviles cada vez más poderosos –son los años dorados de los ocho cilindros en V que alcanzan 160 Km/ h– y lujosos, en los Estados Unidos se fabricaba el automóvil familiar y barato, apto para casi todos los bolsillos. Henry Ford rompió todos los esquemas con su producción en cadena del modelo Tin Lizzie, universalmente conocido como modelo T, un cuatro cilindros que podía adquirirse por 525 dólares e incluso por 360: era el coche más barato del mundo. El modelo T, que comenzó a fabricarse en 1907, puso en el mercado más de 15 millones de automóviles en los veinte años en que estuvo en producción. En España podía adquirirse por menos de 12.000 pesetas (en 1920, un dólar equivalía a 5,50 ptas) mientras que un gran coche americano como el La Salle de la General Motors (ocho cilindros en V, 160 Km/ h) costaba 23.700 pesetas en 1928. En 1929, los Estados Unidos produjeron 5.358.000 vehículos a motor, el resto del mundo fabricó ese año 950.000 vehículos. BAHAMONDE MAGRO, Ángel, El crac de 1929: La crisis asola el mundo, Historia Siglo XX, 1983, p. 46.

[3] En la empresa estadounidense también se produjo un cambio que ayudó al avance norteamericano. El ejecutivo o directivo de la empresa estadounidense no era un personaje nuevo en el paronama sino que aparece ya al comienzo mismo de la revolución industrial norteamericana, aunque sufigura no se consolida hasta el siglo XX. En las nuevas empresas de gestión existían autenticos batallones de mandos organizados en escalones ascendentes. Conforme se multiplicaba el número de cargos directivos en las empresas gigantescas, se confirmó también un grado considerable de especialización. Funciones como la contabilidad, finanzas y marketing ofrecían actractivas oportunidades de empleo a hombres y mujeres capaces de adquirir conocimientos profundos en estos dominios. La senda que llevaba al éxito profesional ya no se limitaba solamente a la administración o management de la producción. A su vez la especialización estimulaba la profesionalización, ya que los hombres de empresa adoptaron en gran parte proyecciones externas propias de campos como el derecho o la medicina, entre ellas la constitución de colegios y asociaciones profesionales, etc. Y la creación de escuelas de estudiosempresariales en el seno de las universidades, donde se enseñaban las modernas técnicas  de organización, gestión y dirección de empresas. En los albores del siglo XX se inició, pues, un activo movimiento tendente a impartir cursos especializados o a constituir escuelas superiores de ciencias empresariales en los colegios universitarios y en las universidades del país. PUSATERI, C.Joseph, Historia del comercio y la industria de los Estados Unidos, Editorial Juventud, Barcelona, 1987, p. 268

[4] El número de caballos de fuerza por empleado en la manufactura aumentó el 50%; en el ferrocarril el 75%, y en la agricultura y minería, más del 60%. KIRKLAND, EDWARD C, Historia económica de Estados Unidos, Fondo de cultura económica, Mexico-Buenos Aires, 1947, Pág 662

[5] En la era de la postguerra una serie de tratados fijó la cuantía de estas deudas en dólares, 11,704 millones preparando los métodos a que había de acomodarse el pago. Todas las transacciones tenían el aspecto de un ejercicio académico de matemáticas cuando la depresión de la década de los treinta dio una excusa o justificación a la falta de cumplimiento de sus prescripciones. Aunque estas sumas hipotéticas eran enormes fueron sobrepasadas por las que correspondían a las inversiones norteamericanas a largo plazo, hechas con capitales privados en el extranjero, cuyo total en 1929 era de 15.392.600 millones de dólares y quizá deberían añadirse otros 1.500 millones en préstamos a corto plazo. KIRKLAND, EDWARD C, Historia económica de Estados Unidos, Fondo de cultura económica, Mexico-Buenos Aires, 1947, Pág 613

[6] Otra de las equivocaciones fue la Ley de prohibiciones como la de la Décimo Octava Enmienda que fue otro de los errores del estado norteamericano ya que al provocar una división de clases al permitir atacar por parte de los empresarios a los sindicatos, se produjo con ello una sociedad alternativa con una economía sumergida desde la “pobreza”, muchas veces a partir del crimen organizado que estaba fuera del control del propio estado, la gente se auto organizaba en los saloons sin que el estado tuviese control político ni económico de la situación. Al intentar el estado controlar esta economía sumergida hizo aumentar el trabajo burocrático y con ello que las posibilidades de que la corrupción política aumentase como cuando la Dirección de Hacienda, incluida en el Departamento del Tesoro, constituyó la Oficina de la Prohibición, con un director e importantes atribuciones y autonomía para requisar y vender coches, barcos, aviones u otros vehículos privados que se hubieran usado para transportar licor ilegal que provocó la saturación de trabajo de la Dirección de Hacienda y la falta de fondos federales y estatales llevando a que ésta aceptara la oferta informal de Wheeler y la ASLA para aplicar la ley, momento en que la Oficina de la Prohibición comenzó a funcionar de forma corrupta. BOSCH AURORA, Historia de Estados Unidos 1776-1945, Crítica, 2005

[7] No existía solo un miedo hacia el bolchevismo sino un sentimiento de amenaza del trabajador blanco por parte de un ciudadano de raza negra que empezaba a reconocer sus derechos y demandaba una nueva ubicación social y económica en la sociedad norteamericana, habiendo muy pronto los primeros disturbios. fue la guerra la que aceleró la emigración a las ciudades del norte y creó al nuevo negro consciente de sus derechos y dispuesto a defenderlos. Hubo un enorme porcentaje de los 450.000 hombres y mujeres de raza negra que emigraron entre 1916 y 1919 que se fueron a Chicago aumentando en esos cuatro años la población negra en 50.000 personas agravando los problemas de vivienda, trabajo y política que tenía la ciudad. En el tema que nos atañe que es el trabajo, la competencia en el mundo laboral fue un motivo fundamental para estas tensiones ya que los trabajadores negros habían pasado de ser el 6 por 100 de la mano de obra al 32 por 100 y rechazados por los sindicatos y amenazados  por el desempleo en primera instancia no estaban sindicados y eran por esta razón tratados como esquiroles ya que el 90 por 100 de los trabajadores blancos estaban sindicados. Ya en el Julio de 1919, había 250.000 huelguistas en la ciudad pero la mayoría de los trabajadores negros seguían trabajando. BOSCH AURORA, Historia de Estados Unidos 1776-1945, Crítica, 2005

[8] BIBLIOGRAFIA: FAULKNER, HAROLD UNDERWOOD, Historia económica de los Estados Unidos, Nova, 1956; KIRKLAND, EDWARD C, Historia económica de Estados Unidos, Fondo de cultura económica, Mexico-Buenos Aires, 1947; BOSCH AURORA, Historia de Estados Unidos 1776-1945, Crítica, 2005; NORTH DOUGLASS C., Una nueva historia económica. Crecimiento y bienestar en el pasado de los Estados Unidos, Editorial Tecnos, 1969¸ Ángel BAHAMONDE MAGRO, El crac de 1929: La crisis asola el mundo, Historia Siglo XX, 1983; LAIDLER, H. W., Concentration in America Industries, cap. 23; MOULTON, H.G. y colaboradores, The American Transportation Problema, caps 21-31; BERLE, A.A., Jr., y MEANS, G.C., The Modern Corporation and Private Porperty, caps. 2-5.

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