H. G. Wells

H. G. Wells nació en la Casa Atlas, High Street número 47, en Bromley, Kent, el 21 de septiembre de 1866, como el tercer hijo varón de Joseph Wells y su esposa Sarah Neal. La familia, de la empobrecida clase media-baja de la época, lo llamaba Bertie. Tenían una tienda nada próspera comprada gracias a una herencia, en la que vendían productos deportivos y loza fina. En 1874 el joven Herbert George Wells vivió un hecho que tendría notables repercusiones en su futuro: sufrió un accidente que lo dejó en cama con una pierna quebrada. Para matar el tiempo, empezó a leer libros de la biblioteca local que le traía su padre. Se aficionó a la lectura y comenzó a desear escribir. Ese mismo año entró en una academia comercial llamada Thomas Morley’s Commercial Academy, en la que continuó hasta 1880. En 1877 su padre sufrió un accidente que le impidió ganarse la vida como lo había hecho hasta entonces. Ello condujo a que Herbert y sus hermanos comenzaran a emplearse en diversos oficios. Fue así como, entre 1881 y 1883, llegó a ser aprendiz de una tienda de textiles llamada Southsea Drapery Emporium: Hyde’s, experiencia que se ve reflejada en sus novelas The Wheels of Chance en 1896 y Kipps: The Story of a Simple Soul en el año 1905 cuyo protagonista es aprendiz textil. En 1883 se enroló en la escuela de gramática Midhurst de Sussex Occidental como alumno y tutor, donde continuó su avidez por la lectura. En 1884 obtuvo una beca para estudiar Biología en el Royal College of Science de Londres, donde tuvo como profesor a Thomas Henry Huxley

 H. G. Wells

Estudió allí hasta 1887. Wells mismo, recordando esa época, habla de haber sufrido hambre constantemente. En este período también ingresa a un club de debate de la escuela llamado Debating Society, donde expresa su interés por transformar la sociedad. Formó parte de los fundadores de The Science School Journal, una revista en la que dio a conocer sus postulados en literatura y en temas sociales. Fue en ella que vio la luz por primera vez su novela La máquina del tiempo, pero con el título original: The Chronic Argonauts, es decir Los Argonautas Crónicos. Al suspender el examen de geología en 1887, perdió la beca. Por eso no fue sino hasta 1890 que recibió el título de grado en zoología del Programa Externo de la Universidad de Londres. Sin la beca, es decir, sin ingresos, se fue a vivir a casa de una pariente llamada Mary, prima de su padre, donde se interesó por la hija de ésta, Isabel. Entre 1889 y 1890 fue profesor de la Henley House School. Fue uno de los fundadores de la Royal College of Science Association, siendo su primer presidente en 1909. Su relación con Rebecca West, que duró diez años, dio por fruto un hijo, Anthony West, nacido en 1914.

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H. G. Wells

Al contraer tuberculosis, abandonó todo para dedicarse a escribir; llegó a completar más de cien obras. Se le considera uno de los precursores de la ciencia-ficción y sus primeras obras tuvieron ya por tema la fantasía científica, descripciones proféticas de los triunfos de la tecnología y comentarios sobre los horrores de las guerras del siglo XX: La máquina del tiempo, su primera novela, de éxito inmediato, en la que se entrelazaban la ciencia, la aventura y la política; El hombre invisible, La guerra de los mundos y Los primeros hombres en la luna. Muchas de ellas dieron origen a varias películas. A la vez se interesó por la realidad sociológica del momento, especialmente por la de las clases medias, defendiendo los derechos de los marginados y luchando contra la hipocresía imperante, que dibujó con cariño, compasión y sentido del humor en novelas como Love and Mr. Lewisham en el 1900, Kipps, the Story of a Simple Soul de 1905 y Mr. Polly del 1910, novela de extenso retrato de los personajes en la que, como en Kipps, describe con fina ironía el fracaso de las aspiraciones sociales de sus protagonistas. La gran mayoría de sus restantes libros pueden clasificarse como novelas sociales. Entre ellas se encuentran Ana Verónica (Ann Veronica 1909), en la que defiende los derechos de las mujeres, Tono Bungay en el año 1909, un ataque al capitalismo irresponsable, y Mr. Britling va hasta el fondo en el 1916, que describe la reacción del inglés medio ante la guerra. Después de la Primera Guerra Mundial, redactó la historia de la humanidad en tres partes, Outline of History del año 1920, en la que colaboró Julian Huxley.

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H. G. Wells mientras estudiaba en Londres (circa 1890)

A lo largo de toda su vida, Wells se preocupó, y dejó amplia constancia de ello, de la supervivencia de la sociedad contemporánea. Durante un breve período, fue miembro de la Sociedad Fabiana. Aunque creyó firmemente en la utopía según la cual las vastas y terroríficas fuerzas materiales puestas a disposición del ser humano podían ser controladas por la razón y utilizadas para el progreso y la igualdad entre los habitantes del mundo, poco a poco fue volviéndose más pesimista y cesó su pertenencia a dicha sociedad. Así dedicó su obra 42 to 44 del 1944 a la crítica de muchos de los líderes mundiales del momento. Por otro lado, en El destino del homo sapiens en el año 1945 expresaba dudas acerca de la posibilidad de supervivencia de la raza humana. Escribió asimismo Experimento en autobiografía en el 1934 antes de su muerte acaecida el 13 de agosto de 1946 en Londres[1]

La Factoria Historica


[1] H.G. Wells fue toda su vida un izquierdista convencido. De hecho, su primera novela, La máquina del tiempo (1895), trataba fundamentalmente la lucha de clases. Los hermosos Eloi eran descendiente de los antiguos capitalistas, y los Morlocks de los proletarios, enterrados junto con las máquinas y la industria y que, en la novela, acaban por dominar a sus antiguos opresores. Convencido de la necesidad de un sistema social más justo, se uniría a la Sociedad Fabiana, cuyo objetivo era instaurar el socialismo de forma pacífica, si bien diferencias con ciertos miembros (por ejemplo Bernard Shaw) acabaron por distanciarlo del grupo. Wells criticó también la hipocresía y la rigidez de la época victoriana, así como el imperialismo británico y en su novela Ana Verónica (1909) se adelanta a lo que serían los movimientos de liberación femeninos. Wells estaba convencido de que la especie humana podría ser mejorada gracias a la ciencia y a la educación. Sin embargo, no cayó en la ingenuidad de muchos de sus contemporáneos y fue uno de los primeros pensadores que advirtió del peligro de confiar ciegamente en las máquinas. Siempre postuló que era el hombre quien debería dominar a las máquinas, y no al revés. Durante la última época de su vida, Wells asumió la tarea de defender en escritos y conferencias todo aquello que considerara positivo para el progreso, así como en criticar los grandes conflictos bélicos que asolaron Europa.

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