Batalla de Salamina: significación histórica

La llamada batalla de Salamina marcó un punto de inflexión en las Guerras Médicas. Tras este combate naval, el Peloponeso, y por extensión Grecia como una entidad, se salvaron de la invasión. Los persas, por su parte, sufrieron un duro golpe a su prestigio y moral, además de grandes pérdidas materiales y humanas. Tras las posteriores batallas de Platea y Mícala desapareció para los griegos la amenaza de invasión, y los aliados pudieron pasar a la contraofensiva. La victoria helena permitió que Macedonia se rebelara contra el dominio persa, y en las tres décadas siguientes, Tracia, las islas del Egeo y, finalmente, Jonia, fueron liberadas del dominio del imperio aqueménida por los aliados o por la Liga de Delos. Salamina inició un giro decisivo en el balance de fuerzas a favor de los griegos que culminó en su victoria final y en una reducción considerable del poder persa en el mar Egeo…

 Batalla de Salamina: significación histórica

Al igual que las batallas de Maratón y las Termópilas, Salamina se ha convertido en una «leyenda», a diferencia de la todavía más decisiva batalla de Platea, quizás debido a las desesperadas circunstancias y las posibilidades improbables. Muchos historiadores sitúan Salamina como uno de los combates más decisivos de la historia de la humanidad, al igual que el combate de Maratón. Más aún, algunos estudiosos argumentan que si los griegos hubieran sido derrotados en Salamina, la consiguiente conquista persa de Grecia habría acabado con el desarrollo de la «civilización occidental» tal y como la conocemos. Este punto de vista se basa en la premisa de que muchos pilares de la sociedad occidental actual, como la filosofía, la ciencia, las libertades personales o la democracia, tienen sus raíces en el legado de la Antigua Grecia. Por lo tanto, esta escuela de pensamiento sostiene que, dado el dominio del mundo occidental en la historia moderna, la conquista persa del mundo heleno habría cambiado el curso de la Historia. Sin embargo, también es posible argumentar lo contrario, pues los jonios, sometidos al poder persa, conservaron su propia cultura, aunque no tenían democracia y carecían de numerosas características por las que es celebrada la cultura ateniense, como las libertades personales y la democracia.

File:Kaulbach, Wilhelm von - Die Seeschlacht bei Salamis - 1868.JPG

La batalla de Salamina, óleo sobre tela pintado en 1868 por Wilhelm von Kaulbach

También vale la pena mencionar que el florecimiento de la admirada e influyente cultura ateniense se produjo sólo después de la victoria sobre los persas. Militarmente es difícil extraer lecciones de Salamina, sobre todo por la incertidumbre de conocer lo que realmente sucedió. Una vez más los aliados eligieron el escenario a fin de minimizar el peso de la superioridad numérica del enemigo, pero esta vez, y a diferencia de las Termópilas, tuvo que producirse el innecesario ataque persa a su posición para que fuera efectivo. Por ello, la lección militar más destacada fue el uso de la desinformación y el engaño por parte de Temístocles para provocar la deseada respuesta del enemigo…[1]

La Factoria Historica


[1] La fuente principal de información para las Guerras Médicas es el historiador griego Heródoto. Llamado «El padre de la Historia»,Heródoto nació el 484 a. C. en la ciudad de Halicarnaso, Asia Menor, entonces bajo dominio persa. Escribió las Historias entre el 440-430 a. C. con la intención de averiguar los orígenes de las guerras greco-persas, que entonces eran historia reciente (el conflicto finalizó en el 449 a. C.). Su enfoque fue tan novedoso que, en lo que a occidente se refiere, fundó la Historiografía tal como la conocemos. Como el historiador Tom Holland ha dicho: «Por primera vez un cronista se dedicó a rastrear los orígenes de un conflicto, pero no en un pasado lejano plagado de fábulas, caprichos y deseos de dioses, por petición del pueblo o por un destino manifiesto, sino con explicaciones que podía verificar él mismo.»Algunos historiadores posteriores, a pesar de seguir sus pasos, criticaron a Heródoto. El primero fue Tucídides, a pesar de lo cual decidió comenzar su Historia donde la dejó Heródoto, en el asedio de Sestos, por lo que parece evidente que estaba de acuerdo con lo que había escrito Heródoto y no necesitaba ser rescrito. Plutarco criticó a Heródoto en su ensayo «Sobre la malicia de Heródoto», en el que lo describía como «Philobarbaros» («amante de los bárbaros») por no ser lo suficientemente progriego. Sin embargo, esta crítica sugiere que Heródoto pudo hacer un trabajo razonablemente imparcial. La visión negativa de Heródoto llegó hasta el Renacimiento europeo, aunque siguió siendo muy leído. Fue a partir del siglo XIX cuando su reputación fue plenamente restablecida por diversos hallazgos arqueológicos que confirmaron repetidamente la veracidad de sus datos. En la actualidad se considera que Heródoto hizo un gran trabajo en sus Historias, pero que algunos detalles específicos, como número de tropas y fechas, deben ser contemplados con escepticismo. El historiador siciliano Diodoro Sículo escribió en el siglo I d. C. su Biblioteca histórica, donde también se habla de las Guerras Médicas por influencia de los escritos de Éforo de Cime. Este relato es bastante consecuente con el de Heródoto. La batalla también es descrita, aunque con menor detalle, por diversos escritores de la antigüedad como Plutarco y Ctesias, y aludida por otros autores como el dramaturgo Esquilo. Las evidencias arqueológicas, como la Columna de las Serpientes, también confirman algunas de las afirmaciones de Heródoto.

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