Batalla de Aquisgrán

La denominada batalla de Aquisgrán fue una de las batallas de la Segunda Guerra Mundial, con una duración de seis semanas hasta el 21 de octubre de 1944, en la ciudad alemana de Aquisgrán. El General Courtney Hodges había avanzado hacia la Línea Sigfrido y atacó el sector de Aquisgrán fuertemente fortificado, defendido por el General Friedrich Koechling. El 16 de septiembre de 1944, las tropas estadounidenses llegaron ante la ciudad de Aquisgrán, en la que vivían todavía aproximadamente unos 20.000 civiles, frente a unos 160.000 a principios de la guerra, en 1939, y que estaba fuertemente defendida por 5.000 soldados alemanes al mando del coronel Gerhard Wilck. Durante la noche del 1 al 2 de octubre, la artillería estadounidense bombardeó la ciudad, y al alba el I Ejército de los Estados Unidos, al mando del general Hodges, rompió la línea Sigfrido. A pesar de los intentos de diversas unidades Panzer, los estadounidenses lograron mantener abierta la brecha y, tras varios días de violentos combates, los alemanes se vieron rodeados por tropas aliadas. La guarnición rechazó la rendición y lanzó un contraataque para intentar romper el cerco formado por los estadounidenses, pero el intento fracasó…

 Batalla de Aquisgrán

En efecto, Aquisgrán es una ciudad simbólica en la Historia de Alemania y se trataba igualmente de la primera gran ciudad en territorio alemán alcanzada por los aliados en el frente occidental; todo ello llevó a Hitler a ordenar su defensa a cualquier precio. El mando estadounidense decidió entonces contentarse con el asedio de la ciudad y de su aislamiento de las vías de aprovisionamiento y comunicación.

Columna de prisioneros de guerra alemanes atravesando las ruinas de Aquisgrán en octubre de 1944

Pero el IX Ejército de los Estados Unidos, desplegado al norte y al sur de la ciudad, consideraba que la bolsa podía suponer una amenaza, y el mando decidió la conquista inmediata de la ciudad. Los estadounidenses tuvieron entonces que enfrentarse al enemigo en combates callejeros encarnizados, que otorgaban la ventaja a los alemanes que estaban en su terreno y conocían bien el lugar. Durante la fase más difícil de la batalla, los estadounidenses desplegaron en la ciudad el 2º y el 3º Batallón del 26º Regimiento de Infantería, así como el 745º Batallón Blindado, al tiempo que la 30ª División atacaba Aquisgrán por el norte. Pero tras sólo unos pocos días, esta división había sufrido ya más de 2.000 bajas, por lo que la 29ª División fue enviada como refuerzo. El 16 de octubre, los estadounidenses lograron por fin cercar por completo la ciudad.

File:GI machine gun crew in Aachen.jpg

Soldados estadounidenses en las calles de Aquisgrán el 15 de octubre de 1944

Finalmente, el 21 de octubre de 1944, los restos de la guarnición, que contaba todavía con 300 soldados que sólo resistían en algunas pocas calles, capituló ante el bunker de la Rütscherstraße, y el coronel Wilck firmó la rendición de sus tropas. El balance de la batalla era de 5.000 muertos en ambos bandos, además de 5.600 soldados alemanes hechos prisioneros…[1]

La Factoria Historica


[1] En agosto de 1944 los norteamericanos llegaron a la Línea Sigfrido. Inmediatamente se libraron combates a lo largo de toda la estructura, especialmente en Hürtgenwald en el área de Eifel, 20 km al sureste de Aquisgrán. La batalla del Bosque de Hürtgen se libró en áreas boscosas y se caracterizó por la confusión que reinó en el bando aliado. Se estima que los aliados perdieron unos 30.000 soldados y los alemanes otros 12.000. Poco a poco los búnkeres fueron siendo tomados, pero los soldados alemanes no se rendían, ya que temían una orden del Alto Mando Alemán que prohibía la rendición bajo pena de muerte. De esta manera se explica que para la primavera de 1945 algunos búnkeres seguían resistiendo. Hitler sí ordenó la construcción del Muro del Oeste como una línea defensiva seria, si bien desesperado recurrió a ella al revertirse el curso de la guerra. El objetivo original de la línea era de propaganda. De esta manera, los alemanes veían a la Línea Sigfrido como una afirmación de que la política exterior de Alemania era defensiva, además de que se sentían seguros ante una inminente invasión francesa, como clamaban los nazis. Al iniciarse la guerra, los aliados permanecieron detrás de sus líneas defensivas al mismo tiempo que vigilaban la línea defensiva enemiga, permitiendo a los alemanes ocupar completamente Polonia y Checoslovaquia. Al finalizar los combates, los aliados perdieron mucho tiempo desmantelando la línea, distrayéndose de los preparativos que emprendían los alemanes para una nueva ofensiva, posteriormente llamada la Batalla de las Ardenas. Se puede afirmar entonces que en términos de propaganda, el Muro del Oeste fue un éxito, si bien en términos militares fue tan inútil como la Línea Maginot francesa. El general estadounidense George Patton comentó acerca de la Línea Sigfrido: Las fortificaciones fijas son monumentos a la estupidez de la humanidad. Por su parte, el general alemán Erwin Rommel jamás confió en el Muro del Oeste como una posibilidad seria de repeler a los aliados. Por el contrario, puso todas sus esperanzas en evitar el desembarco aliado en Europa.

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