Escuela de Economía de Chicago

La denominada Escuela de Economía de Chicago es una escuela de pensamiento económico partidaria del libre mercado, aunque dentro de un régimen monetario estricto, definido por el gobierno, que se originó en los departamentos de Economía y en la escuela de negocios Booth de la Universidad de Chicago a mediados del siglo XX. Fue liderada históricamente por George Stigler que fue Premio Nobel de Economía en 1982, y Milton Friedman, Premio Nobel de Economía en 1976. Dentro de la economía de mercado el pensamiento económico de esta escuela se encuentra en contradicción a las teorías de la síntesis clásico-keynesiana. En la metodología, sus estudios suelen estar más basados en el uso de estadística antes que en la teoría. La teoría macroeconómica de Chicago rechazó el Keynesianismo a favor de monetarismo hasta mediados de la década de 1970, cuando se convirtió en nueva macroeconomía clásica en gran medida basado en la Teoría de las expectativas racionales Economistas de Chicago aplicaron esa asunción a otras áreas de la economía, tales como finanzas, lo que produjo la influyente Hipótesis de eficiencia de los mercados…

Escuela de Economía de Chicago

La escuela esta caracterizada por tratar una amplia gama de temas, entre los que se encuentran las regulaciones del matrimonio civil, la esclavitud o aspectos demográficos. El nombre fue acuñado en la década de 1950 para referirse a los economistas que dictaban clase en el Departamento de Economía de la Universidad de Chicago, generalmente ligados a la Escuela de Negocios a la prestigiosa University of Chicago Booth School of Business y a la de Derecho. En esos años, se solían encontrar en intensas discusiones que ayudaron a crear un grupo enfocado en la problemática económica, basada en la teoría de precios. Por esos mismos años, se vio la mayor popularidad de la Escuela económica keynesiana, lo que ocasionó que los economistas de Chicago fuesen ignorados. En 1976 Milton Friedman gana el Premio Nobel de Economía por su aporte a Teoría Monetaria y a partir de entonces la Escuela de Chicago comienza a tener renombre por los aportes de sus economistas.

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Escuela de Economía de Chicago

No todos los economistas del Departamento de Economía comparten las ideas de la Escuela de Chicago, de hecho, menos de la mitad de los profesores de la institución se consideran parte de la ella. Las teorías de la Escuela de Chicago están detrás de muchas de las políticas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional; instituciones que se caracterizan por su apoyo al llamado Consenso de Washington. Aparte de instituciones internacionales, muchos países también comenzaron a tomar en cuenta esa posición económica a partir de los años 1980, siendo la década de los 1990 el periodo de mayor auge de sus teorías en buena parte del mundo…[1]

La Factoria Historica


[1] En finanzas la hipótesis de eficiencia de los mercados afirma que un mercado de valores es “informacionalmente eficiente” cuando la competencia entre los distintos participantes que intervienen en el mismo, conduce a una situación de equilibrio en la que el precio de mercado de un título constituye una buena estimación de su precio teórico o intrínseco. Expresado de otra forma, los precios de los títulos de crédito (como las acciones) que se negocian en un mercado financiero eficiente reflejan toda la información existente y se ajustan total y rápidamente a los nuevos datos que puedan surgir. Si todos los títulos están perfectamente valorados, los inversores obtendrán un rendimiento sobre su inversión que será el apropiado para el nivel de riesgo asumido, sin importar cuáles sean los títulos adquiridos. Es decir, en un mercado eficiente todos los títulos estarán perfectamente valorados, por lo que no existirán títulos sobre o infravalorados. El precio de los activos negociados en los mercados financieros refleja, en esa situación, toda la información conocida por los miembros del mercado y todas las creencias de los inversores sobre el futuro. Esta hipótesis implica que no es posible superar de forma consistente los resultados del mercado excepto a través de la suerte o de la información privilegiada y que el tiempo, el dinero y el esfuerzo gastados en el análisis del valor intrínseco de los títulos será inútil. Sugiere también que el flujo futuro de noticias que determinará el precio de las acciones es aleatorio y que no es posible conocerlo por adelantado. La hipótesis de eficiencia de los mercados es una pieza central de la teoría de los mercados eficientes. Esta teoría no implica que los inversores se comportan racionalmente. La hipótesis permite que algunos inversores sobrerreaccionen ante las noticias y que otros infrarreaccionen. Lo único que exige es que las reacciones de los inversores sean lo suficientemente aleatorias para que no sea posible obtener un beneficio que supere al mercado. Es posible, por lo tanto que el mercado se comporte irracionalmente durante un largo período. Crash, burbujas y depresiones son compatibles con la hipótesis siempre que esta conducta no sea predecible. Según esta teoría, en cualquier momento hay miles, incluso millones de personas en búsqueda de una pequeña información que les permita pronosticar con precisión los futuros precios de las acciones. Respondiendo a cualquier información que parezca útil, intentan comprar a precios bajos y vender a precios más altos. El resultado es que toda información disponible públicamente, utilizable para pronosticar los precios de las acciones, será tomada en cuenta por aquellos que tienen acceso a la información, conocimiento y capacidad de procesarla sin perder oportunidad de rentabilidad previsible. Debido a que son miles los individuos involucrados, este proceso ocurre con mucha rapidez; de hecho, existe la evidencia que toda la información que llega al mercado es incorporada completamente en los precios de las acciones en menos de un minuto desde su llegada. Es por esta razón, que los precios de las acciones siguen una trayectoria incierta, es decir, el mejor pronóstico que existe para el precio de mañana es el precio de hoy. Esto es lo que se denomina “Teoría del paseo aleatorio”. Lo único que puede predecirse acerca de la magnitud de eventuales cambios en los precios de las acciones, es que los grandes cambios no predecibles son menos frecuentes que los pequeños. Según la teoría del paseo aleatorio, no existen tendencias predecibles en los precios de las acciones o títulos valores que puedan utilizarse para “enriquecerse rápidamente”.

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