Organización científica: Control obrero en Estados Unidos

Carter Goodrich analizó los cambios experimentados por la gestión de las minas de carbón americanas en la década de 1920 discutiendo la idea de que la modernidad o la complejidad tecnológica hacían inevitable por si mismas lo que más tarde Harry Braverman iba a llamar “la degradación del trabajo” que tuvo lugar en el siglo XX. La práctica y la teoría del control obrero tal como se desarrolló en los Estados Unidos en el primer cuarto del siglo XX supusieron poco más que una resistencia silenciosa y oscura a las demandas e innovaciones de los empresarios. Los trabajadores de los oficios cualificados lucharon por implantar normas laborales colectivas mediante las cuales regularon las relaciones humanas en el trabajo y pelearon con la crónica amenaza del desempleo. Todo esto se desarrolló en tres periodos: A finales del siglo XIX los artesanos cualificados que gozaban de una considerable autonomía en la realización de su trabajo industrial y en la dirección de sus ayudantes defendieron su código moral igualitario y opuesto al individualismo de la sociedad burguesa contemporánea. El segundo periodo corresponde a principio del siglo XX en que los empresarios trataron de reafirmar sistemáticamente su supremacía en el centro de trabajo y los obreros respondieron con una búsqueda sin precedentes, de poder social. La tercera fase que se desarrolló entre el 1930 al 1940 en el colapso de la economía destruyó las defensas de las empresas que habían construido asiduamente alrededor de sus nuevas prerrogativas gerenciales sobre todo en el decenio de 1920 por lo que el gobierno se vio obligado a intervenir en la reconfiguración de las relaciones laborales…

 Organización científica: Control obrero en Estados Unidos

Durante las dos primeras décadas del siglo XX, tanto los empresarios como los trabajadores de las grandes fábricas americanas trataron de reorganizar las relaciones humanas implicadas en la producción industrial. Los propietarios y los directivos de las grandes empresas impusieron controles más directos y sistemáticos sobre la producción de sus empresas. A partir del 1900 hubo una verdadera manía por la eficiencia, la organización y la estandarización que invadió a las empresas. El trabajo de Frederick Winslow Taylor fue la vanguardia articulada y consciente de los esfuerzos reformistas de los empresarios. Antes de 1917 menos de 30 fábricas habían sido reorganizadas totalmente pero sus propuestas fueron acogidas favorablemente en casi todas las industrias a mediados de los años veinte. Los elementos eran sencillos pero a la vez profundos basados en: La planificación y organización centralizada de las sucesivas fases de la fabricación, el análisis sistemático de cada operación, la introducción y supervisión minuciosa de cada trabajador en la realización de su tarea concreta y los salarios cuidadosamente pensados para inducir al obrero a hacer los que se le decía.

Enlace directo: La regularización empresarial en los años veinte

Todos estos elementos socavaron la autonomía tradicional de los artesanos y los tres últimos eran incompatibles con las escalas salariales y las normas laborales. La búsqueda de un control sistemático por parte de los directivos de todos los aspectos del proceso de producción, descritas por Taylor, se debió en parte a su necesidad de calcular más rigurosamente los costes de producción, de producir piezas intercambiables y de integrar los diferentes departamentos de las grandes fábricas. Esto significó la destrucción de las prácticas laborales que habían surgido en la segunda mitad del siglo XIX y gracias los cuales los trabajadores cualificados habían gozado una considerable discreción en la dirección de su propio trabajo y el de sus ayudantes. Taylor denunció el código de los artesanos calificándolo de Soldering (restricción de la producción). Los estudios de tiempo al igual que el sistema de primas se introdujeron más fácilmente en las fábricas no sindicadas, en las que se podía inducir a cada trabajador aceptar los nuevos métodos individualmente.[1]

Enlace directo: La depresión de los años 30

Enlace directo: El fin de la concordia, 1929-1933

Ver también: Wall Street

En los casos en los que los sindicatos fueron excluidos de la fábrica numerosos artesanos aceptaron los estudios de tiempos y aprendieron a desear el sistema de primas ya que era el único medio de que disponían para mejorar su renta. Este sistema de pagos estaba ligado a la organización científica del trabajo siendo uno de los temas que suscitó más controversias dentro de las nuevas prácticas gerenciales. A finales de la Primera Guerra Mundial el grupo más numeroso de trabajadores de las grandes industrias metalúrgicas (automóviles, maquinaria eléctrica, maquinaria agrícola y máquinas-herramienta) no estaba formado por artesanos sino por operarios especializados en las máquinas. En un estudio de la industria del automóvil realizado en 1923 solo el 9% de los trabajadores tenía un oficio cualificado como mecánico o matricero y menos del 9% eran peones. Casi un 18% trabajaba en cadenas de montaje y el 47% eran operarios. La “dilución” de los oficios cualificados significaba contratar tanto hombres como a mujeres casi sin formación previa para controlar las máquinas-herramienta y crear un abundante personal de supervisión para dirigir su trabajo. Había trabajadores cuyo status y ganancias mejoraban como consecuencia de la dilución de los oficios y por ello era improbable que lucharan por el restablecimiento de los viejos modelos. Para Taylor esta innovación permitía que ascendieran tanto los trabajadores cualificados que se convertían en capataces como los peones que manejaban las máquinas.[2]

Enlace directo: Fordismo

La rápida expansión de las industrias del metal fue lo que explicó tanto la conversión casi general de los peones no cualificados en operarios como la mejora de sus ganancias que representaron a menudo para ellos las nuevas posiciones antes del 1920. Durante la década de la Primera Guerra Mundial el número de mecánicos aprendices y oficiales registrado en el censo de los Estados Unidos aumentó un 8% anual pasando de 460.000 a 841.000 sin embargo en la década siguiente esto se redujo al 2% anual, un 655.000 en 1930. El número de operarios en la industria del automóvil y maquinaria agrícola aumentó casi un 40% entre 1910 al 1920 (de 26.000 a 129.000) y continuó creciendo durante la década de 1920. Este cambio no fue una consecuencia de la nueva introducción de nuevas máquinas-herramienta sino que se fraguó después de la crisis de 1907 al 1909 en el que los nuevos tornos, las máquinas barreno, las fresadoras y las taladradoras radiales no eran más fácil de manejar que las antiguas. La simplificación provenía de los calibradores y plantillas prefabricados y de la detallada instrucción y suspensión que se daba a los que repetían una y otra vez las mismas operaciones estandarizadas en esas máquinas. El proceso de conversión de los trabajadores cualificados en mecánicos ajustadores o en supervisores de tal manera que la propia producción se pudiera asignar a operarios no formados que realizaran tareas minuciosamente subdivididas, se llevó hasta sus últimas consecuencias en la fábrica Ford en Highland Park. La demanda del modelo T de la compañía fue del 90% de los 1.000 o más automóviles que salieron diariamente de sus cadenas de montaje finales que se envió, por la gran demanda, directamente a los vendedores.  Por esta razón era posible dedicar a 15.000 hombres y mujeres la fabricación de un único producto en una fábrica que se caracterizó no solo por tener grandes y pequeñas cadenas de montaje sino también miles de máquinas-herramienta diseñadas para realizar un único corte en una única parte.

Enlace directo: Modern Times

Enlace directo: El impacto del crac de 1929 en Europa

Esto hizo innecesarias los sistemas de primas por lo que todos los trabajadores de la fábrica tuvieron un salario por hora provocando asombrosas tasas de rotación del trabajo. Los responsables de la compañía descubrieron que para mantener una plantilla media de 13.000 personas durante el periodo de prosperidad comprendido entre los meses de octubre de 1912 y 1913 tuvieron que contratar 54.000 hombres con una tasa anual de rotación del 416% por ello introdujeron complicados controles de personal, un sistema de subidas salariales periódicas basadas en las recomendaciones de los capataces y un departamento de personal al que podían apilar los trabajadores si eran despedidos  con el fin de reducir esta tasa de rotación que fomentaba la degradación laboral a cambio de la producción masiva…

La Factoria Historica


[1] MONTGOMERY, David, El Control obrero en Estados Unidos: estudios sobre la historia del trabajo, la tecnología y las luchas obreras, Madrid: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Servicio de Publicaciones, DL 1985, Pág. 144

[2] MONTGOMERY, David, El Control obrero en Estados Unidos: estudios sobre la historia del trabajo, la tecnología y las luchas obreras, Madrid: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Servicio de Publicaciones, DL 1985, Pág. 148

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