Cardenal Richelieu

Nacido en París en 1585, Richelieu era el cuarto de cinco hermanos y el tercer hijo varón. Su familia provenía de la nobleza de Poitou. Su padre, François du Plessis, señor de Richelieu, fue Gran Preboste de Francia; su madre, Suzanne de La Porte, era hija de un prestigioso abogado del Parlamento de París. Su padre murió cuando sólo tenía 5 años, durante las Guerras de religión de Francia, dejando a la familia en una delicada situación económica. A la edad de 9 años, el joven Richelieu fue enviado al Colegio de Navarra y más tarde ingresaría en la Academia de Pluvinel para seguir su formación como gentilhombre y militar. Por cesión de Enrique III de Francia en 1584 al Gran Preboste, la familia du Plessis disponía del obispado de Luçon. Tras la muerte del último obispo, tío abuelo de Armand-Jean, la ciudad contaba con un obispo interino en espera de que su hermano Alphonse ocupara ese puesto. Pero Alphonse, de carácter un tanto extraño, rechazó convertirse en obispo de Luçon e ingresó en un convento como cartujo. Armand-Jean tuvo que abandonar la carrera militar que tanto quería, debido a problemas de salud, consistentes en graves fiebres, para reemplazar a su hermano. Era un cambio muy brusco en el rumbo de su carrera, pero no lo dudó…

 Cardenal Richelieu

En 1606, Enrique IV nombró a Richelieu obispo de Luçon. Como aún no tenía la edad mínima requerida, fue necesario un viaje a Roma para obtener una dispensa del Papa. Una vez obtenida ésta en abril de 1607, Richelieu fue consagrado obispo. Poco después de tomar posesión efectiva de su diócesis, en 1608, Richelieu ya se mostraba como un activo obispo comprometido con las reformas propuestas por el Concilio de Trento celebrado entre 1545 y 1563. Por esta época cuando Richelieu conoció a François Leclerc du Tremblay, más conocido como “Père Joseph” o “Padre José”, un monje capuchino, el cual se convertiría en su hombre de confianza. Por esta cercanía al cardenal, así como por el color gris de sus hábitos, se le conoció con el sobrenombre de l’Éminence grise (“la eminencia gris”). Con el tiempo, el padre Joseph colaboraría con Richelieu como negociador y diplomático. En 1614, Richelieu, que resultó ser un importante defensor de los intereses y del poder político de los obispos al oponerse al cobro de impuestos a la iglesia, consiguió hacerse elegir por el clero de Poitou como diputado a los Estados Generales; además de defender las reformas introducidas en la Iglesia por el Concilio de Trento, con la oposición de la burguesía. En esta ocasión, fue elegido por María de Médicis como portavoz del clero en la sesión de clausura y su discurso le valió las simpatías de la reina madre.

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Richelieu, pintura de Philippe de Champaigne

En noviembre de 1615, Richelieu es nombrado por la madre del rey limosnero de la futura joven reina Ana de Austria, esposa de Luis XIII. En 1616 es nombrado Secretario de Estado para el Exterior y la Guerra, cargo que desempeñará sólo durante cinco meses, hasta la caída del favorito Concino Concini. Richelieu había prosperado al servicio de Concino Concini, principal ministro del reino y favorito de María de Médicis por aquel entonces. Igual que Concini, el obispo de Luçon se convirtió en uno de los más cercanos consejeros de María de Médicis. La reina madre, que había sido regente durante la minoría de edad de Luis XIII, continuó manteniendo el poder efectivo tras la coronación y la declaración de mayoría de edad de su hijo en 1614. Su política era impopular en varias regiones de Francia, provocando diversas rebeliones entre los Grandes y numerosas intrigas contra ella y contra Concini. El principal instigador de la caída de Concini fue Charles de Luynes, halconero real y favorito del joven rey. En abril de 1617, aconsejado por Luynes, Luis XIII ordenó el arresto de Concini y su asesinato si oponía resistencia, como fue el caso. Muerto Concini, María de Médicis perdió todo su poder y fue exiliada de la Corte. Con su protector muerto, Richelieu fue destituido como Secretario de Estado y expulsado de la Corte, acompañando a la reina madre en su exilio a Angulema. Debido a las sospechas del rey sobre sus intrigas para devolver a María de Médicis al poder, Richelieu fue exiliado en 1618 a Avignon, por entonces territorio papal, donde escribió un catecismo titulado L’Instruction du chrétien («La Instrucción del Cristiano»).

El cardenal Richelieu y su consejo

En 1619, estando ausente Richelieu del entorno de la reina madre, María de Médicis escapa por una ventana de su confinamiento en el Castillo de Blois y dirige una rebelión aristocrática. El rey y el duque de Luynes piensan entonces en Richelieu para aconsejar prudentemente a la reina y le encargan negociar con ella. Esta mediación cristalizó en el Tratado de Angulema en 1620, garantizando la libertad de María de Médicis, su pertenencia al Consejo Real y la paz con su hijo. Con la muerte en 1621 del duque de Luynes, Richelieu recuperó rápidamente su poder. Ese año el rey lo propuso como Cardenal al papa Gregorio XV, quien accedió el 19 de abril de 1622. Tras ser nombrado miembro del Consejo Real el 29 de abril de 1624, maniobró contra el entonces principal ministro, Charles de La Vieuville, que fue arrestado por corrupción ese mismo año en agosto, dejando a Richelieu vía libre para ejercer de principal ministro. Las diversas crisis por las que atravesaba Francia, incluyendo una revuelta hugonote, hicieron del nuevo ministro-cardenal un consejero indispensable para el rey. La política del Cardenal se centraba en dos metas: centralizar el poder en Francia y neutralizar a los Habsburgo, reinantes en España y Alemania. Para ello, se alió con las rebeldes Provincias Unidas, en guerra con España, y apoyó a los Estados protestantes alemanes que se enfrentaban a los Habsburgo en la Guerra de los Treinta Años. Asimismo buscó un acercamiento con Inglaterra, logrando acordar el matrimonio entre Enriqueta María, hermana del rey, y el futuro Carlos I de Inglaterra. Al poco de ser nombrado primer ministro, se enfrentó a la crisis de Valtelina, un valle en Lombardía, norte de Italia. Para combatir la influencia de los Habsburgo, que controlaban el Milanesado, e impedir que este estratégico valle cayera en manos españolas, Richelieu apoyó a los protestantes suizos del cantón de los Grisones, que también lo reclamaban. Richelieu desplegó tropas en Valtelina que expulsaron a las guarniciones papales. Este apoyo a una potencia protestante frente al papa le ganó numerosos enemigos en la católica Francia.

El Cardenal Richelieu en el sitio de La Rochelle

Para consolidar el poder en Francia, el Cardenal suprimió el poder de la nobleza feudal con medidas como la abolición del cargo de Condestable de Francia en 1626, o la destrucción de todas las fortalezas interiores del país, con la excepción de aquellas que se encontraban en la frontera y eran necesarias para la guerra. Esta última medida dejó a los duques y condes del país sin defensas contra el rey en una hipotética rebelión. Estas medidas le granjearon el odio de la nobleza. Otro obstáculo para la centralización del poder fue la división religiosa de Francia. Los hugonotes, una facción protestante, disponían de una importante fuerza militar y se habían rebelado con el apoyo del rey Carlos I de Inglaterra. En 1627, Richelieu ordenó al ejército real el asedio de la plaza de La Rochelle, al mando personal del Cardenal. Las expediciones de socorro comandadas por George Villiers, primer duque de Buckingham, fracasaron, capitulando la ciudad en 1628. A pesar de su derrota en La Rochelle, los hugonotes, liderados por Henri de Rohan, continuaron la lucha. En 1629 fueron derrotados de nuevo, aceptando la Paz de Alais, que permitió a los hugonotes continuar con su culto, como había sido garantizado por el Edicto de Nantes, aunque Richelieu conseguía abolir sus fueros particulares. Rohan, a diferencia de la mayoría de los líderes rebeldes que se enfrentaron a Richelieu, no fue ejecutado, pasando a ser oficial del ejército francés. Los Habsburgo españoles aprovecharon el conflicto interno francés para expandir su influencia en Italia. Para mantener ocupado al ejército francés, España financió a los rebeldes. Como respuesta, Richelieu, una vez ganada La Rochelle, lideró un ejército contra España en el norte de Francia. En ultramar, como abogado de Samuel de Champlain y de la retención de Quebec, fundó la Compañía de Nueva Francia y vio cómo Quebec, por medio del Tratado de Saint-Germain-en-Laye, volvía al poder francés bajo Champlain, después de que el asentamiento fuese capturado por los hermanos británicos Kirke en 1629. Esto permitió en parte que la colonia desarrollara lo que sería el corazón de la francofonía en América del Norte. Al año siguiente, la posición de Richelieu se vio seriamente amenazada por su antigua protectora, María de Médicis, que creía que el Cardenal le había robado su poder político, y le exigió la dimisión. Luis XIII no era, en un comienzo, contrario a este curso de los acontecimientos, dadas sus pobres relaciones con el Cardenal. A pesar de este desagrado, el ministro fue capaz de convencerle. El 11 de noviembre de 1630, María de Médicis y el hermano del rey, Gastón, duque de Orleans, apoyaron la propuesta real de dimisión. El rey, persuadido por Richelieu, pronto dio marcha atrás. Fue el único día que el rey estuvo a punto de acabar con su valido. Esta muestra de apoyo, no obstante, no acabó con el desagrado que sentía por él. Aprovechando que el rey necesitaba su apoyo, fue nombrado duque de Richelieu y Par de Francia.

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Entre tanto, María de Médicis fue exiliada a Compiègne. Cuando ella y su hijo, el duque de Orleans, volvieron a conspirar contra el Cardenal, fracasaron. La nobleza fue definitivamente debilitada. La única rebelión seria fue la de Enrique, duque de Montmorency en 1632; Richelieu, decidido a terminar con la oposición, ordenó la ejecución del duque. Esta dureza por parte de Richelieu fue aplicada con la intención, y el resultado, de intimidar a sus enemigos. El cardenal creó asimismo una red de espías para mantener la seguridad. Antes del ascenso al poder de Richelieu, la mayor parte de Europa se había visto envuelta en la Guerra de los Treinta Años. Los estados de los Habsburgo habían vencido a sus oponentes protestantes, incrementando su poder. Richelieu, alarmado por la influencia de Fernando II de Habsburgo, incitó a Suecia a intervenir. También aceptó prestar ayuda económica al rey Gustavo Adolfo II de manera encubierta, ya que Francia no estaba en guerra con el Sacro Imperio Romano Germánico. Mientras tanto, Francia y España continuaron con su enfrentamiento por el norte de Italia. Cuando en 1630, los embajadores franceses acordaron en Ratisbona la paz con los Habsburgos españoles, Richelieu se opuso y consiguió que Luis XIII no lo ratificara. El acuerdo habría prohibido las interferencias francesas en las hostilidades en Alemania. Durante el inicio de la década de 1630, los príncipes protestantes alemanes lucharon contra las fuerzas católicas imperiales, y tras una serie de derrotas, en 1635 aceptaron la Paz de Praga. Francia se opuso a dicha paz, en la que los Habsburgo salían victoriosos, por lo que declaró la guerra al Sacro Imperio. Esta abierta alianza de Francia con los protestantes hizo que Richelieu fuera denunciado como un traidor de la Iglesia Católica. La guerra fue inicialmente desfavorable a los franceses, con varias victorias a favor de España y de Austria, que tras Corbie amenazaban París. Sin embargo, no pudieron obtener una ventaja decisiva sobre los franceses, que con su contraataque sobre Italia y Cataluña hicieron replegarse a las fuerzas imperiales. La Sublevación de Cataluña dio una ventaja a los franceses, que reclamaron la soberanía sobre Cataluña. La guerra prosiguió en varios frentes hasta después de la muerte de Richelieu. Los gastos militares pusieron en peligro las finanzas reales, por lo que Richelieu creó la gabela, impuesto sobre la sal, y la taille, impuesto sobre la tierra. El clero, la nobleza y la alta burguesía evitaron el pago, así que la carga recayó en los segmentos más pobres de la población. Para facilitar el cobro de estos impuestos y luchar contra la corrupción, el Cardenal reemplazó los recaudadores locales por intendentes, funcionarios al servicio de la corona. Esta política no fue muy bien aceptada, produciéndose varias revueltas entre 1636 y 1639 que fueron violentamente sofocadas. El cardenal Richelieu llegó a ser muy impopular en los últimos años de su vida. Antes de morir, recomendó al rey a su sucesor Mazarino. A su muerte dejó unos 20 millones de libras, fue uno de los hombres más ricos de su época y seguramente el más rico de la historia de Francia, con la única excepción de su sucesor el Cardenal Mazarino. Richelieu legó un millón de libras al rey, quien murió pocos meses después, y para sus gatos dejó una casa y comida asegurada mediante una cuantiosa asignación económica, además de dos personas que se encargaran de sus cuidados.

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Firma del Cardenal Richelieu

Tras su muerte, el 4 de diciembre de 1642, el también cardenal Mazarino le sucedió en el cargo. Fue enterrado, de acuerdo con sus deseos, en la capilla de la Sorbona, en París. El 5 de diciembre de 1793, los revolucionarios saquearon la tumba colocada en la capilla de la Sorbona, a pesar de la intervención del arqueólogo Alexandre Lenoir. Los atacantes exhumaron el cuerpo del cardenal y a continuación lo degollaron. El cuerpo querían arrojarlo al Sena, pero fue situado en los sótanos de la Sorbona, en calidad de fosa común, con los de varios miembros de su familia, incluido el mariscal de Richelieu. La cabeza del cardenal fue llevada por un comerciante parisino llamado Cheval. Terminado el Terror, quizás arrepentido, ofreció con insistencia la cara del cardenal al padre Boshamp quien, a su muerte en 1805, lo legó a su vez al padre Nicolas Armez. Escondida en Saint-Brieuc, la reliquia volvió a la Sorbona el 15 de diciembre de 1866, durante una ceremonia fúnebre. En 1896, el historiador Gabriel Hanotaux tomó el cráneo para examinarlo una última vez antes de colocarlo en una caja sellada y cubierta con una capa de cemento, en un lugar secreto cerca de la tumba…[1]

La Factoria Historica

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[1] El mecenazgo es un tipo de patrocinio financiero que se otorga a artistas o científicos, a fin de permitirles desarrollar su obra sin exigir, en contrapartida créditos monetarios inmediatos, aunque con la exigencia de esa remuneración en una forma más placentera para los mecenas. También puede decirse que se trata de un apoyo, bien sea monetario o en especie, que una organización presta para el desarrollo social, cultural y científico de la sociedad, así como para la preservación medioambiental del entorno en el que se ubica. Las acciones de mecenazgo ayudan a mejorar la reputación de las organizaciones que las realizan, y llegan a convertirse en una acción de relaciones públicas. Se encargaban de proteger a los artistas y financiaban sus obras. El mecenazgo apareció en el Renacimiento y, aunque los artistas no recibían un pago por el trabajo inmediatamente, sí podían recibir comida y un lugar para vivir con el mecenas o, en ocasiones, algo de dinero. Históricamente ha representado una forma importante de sostenimiento de la producción artística, al permitir el desarrollo de obras no orientadas a su circulación mercantil. Durante el Renacimiento fue una práctica extendida, y familias como los florentinos Médici proporcionaron sustento a muchos de los artistas más importantes de su tiempo. En la actualidad, los mecenazgos son realizados por organizaciones, tanto públicas y privadas, para la realización de diversos proyectos, como a diversos deportistas de la actualidad que no cuentan con los medios económicos para realizar su actividad de forma personal. El mecenazgo no debe confundirse con el patrocinio (publicidad), si bien ambas acciones son similares, lo que se conoce como sponsor es una actitud netamente comercial y publicitaria, que se cataloga como un servicio, con fines comerciales concretos. En conclusión, un «mecenas» es una persona poderosa que brinda su apoyo espiritual y material a los literatos y artistas en cualquiera de sus obras o artesanias.

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