Revuelta de los Ciompi

En Florencia de fines del medioevo, los ciompi (cardadores de lana) eran un grupo de trabajadores de la industria textil no representados por gremio alguno. Los ciompi estaban entre los más radicales grupos de los sectores más humildes; muchos autores identifican con este término a todos los oficios menores del textil e incluso a grupos populares que incluían, entre otros, a los vendedores de hortalizas y de loza o vajilla. En concreto, los ciompi estaban resentidos contra el poderoso control que ejercían en el Arte della lana los establecimientos manufactureros textiles más poderosos, que constituían el motor de la prosperidad florentina. En 1378 estalla la revuelta de los ciompi, que conoció brevemente el éxito y permaneció traumáticamente en la memoria de los principales gremios, contribuyendo a la ayuda que, mucho después, darían a los Médicis como restauradores del orden florentino. La revuelta llevó a lograr brevemente un grado de democracia sin precedentes, enseguida derrotada por los elementos más conservadores de la sociedad, en la que los maestros de los gremios grandes y pequeños cerraron filas para restablecer el antiguo orden…

 Revuelta de los Ciompi

En esta contrarrevolución jugó un papel preponderante el caballero Salvestro de Médicis, que se presentó como defensor de los intereses populares en un momento de crisis económica y de fuerte presión fiscal por la reciente guerra sostenida por Florencia contra el Papado. Una típica controversia entre facciones de los “grassi” (gordos) desató el levantamiento. Los miembros de los sectores más pobres, llamados por Salvestro a participar en la lucha política a finales de junio de 1378, tomaron el problema en sus propias manos en el mes de julio. Presentaron una serie de peticiones al cuerpo gobernante, la Signoria, demandando mayor equidad en las políticas fiscales, y el precioso derecho de agremiarse para aquellos grupos todavía no organizados. Luego, el 22 de julio, las clases bajas forzaron la toma del poder, colocando al cardador de lana Michele di Lando en el cargo ejecutivo de gonfaloniere de justicia, e izando su bandera frente al palacio de la signoría.

En 1378: estalla la revuelta de los ciompi

Los revolucionarios fueron apoyados por miembros radicales de los gremios menores, usualmente poco poderosos, los “arti minori”, que extendieron el privilegio de agremiación a los ciompi, y por primera vez, aunque brevemente, un gobierno europeo representó a todos. Pero los ciompi se desilusionaron en el término de unas pocas semanas aquel verano, cuando el nuevo gobierno falló en implementar todas sus utópicas demandas. Además, la inseguridad y la resistencia de los dueños de los talleres y negocios principales extendieron el desabastecimiento y el paro. Se hicieron evidentes los conflictos de intereses entre los ciompi y los gremios menores. El 31 de agosto un gran grupo que había ocupado la Piazza de la Signoría y desafiaba abiertamente el gobierno de Lando fue fácilmente derrotado por las fuerzas combinadas de los gremios mayores y menores.

Revuelta de los Ciompi

En reacción a este episodio, el nuevo gremio ciompi fue abolido, y por cuatro años se restauró el dominio de los gremios principales. Los principales protagonistas de la revuelta fueron ejecutados o desterrados. La Historia florentina de Nicolás Maquiavelo describe la revuelta con una serie de debates inventados y diálogos que reflejan las posiciones de los protagonistas, desde el punto de vista de un adalid posterior de la estabilidad cívica. Luego de la Peste negra, existieron levantamientos similares en la segunda mitad del siglo XIV, en los que las clases más bajas demandaron mejores condiciones de vida. Estas revueltas produjeron importantes disturbios en la política europea, y fueron vistos por la Iglesia y por los nobles como contrarias al orden natural de Dios[1]

La Factoria Historica

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[1] Por definición lingüística, se denomina gremio al conjunto de individuos que tienen alguna circunstancia en común. Etimológicamente tiene el sentido de regazo o seno, de ahí su uso para denominar la unión de los fieles de la iglesia cristiana. En las universidades, a su vez, designa el cuerpo de doctores y catedráticos. En el campo laboral define la corporación formada por los maestros, oficiales y aprendices de una misma ocupación. A partir de los siglos X al XI aparece en las ciudades medievales europeas un tipo de corporación, el gremio, que reunía a los artesanos de un mismo oficio. Tuvo como objetivo conseguir un equilibrio entre la demanda de obras y el número de talleres activos, garantizando el trabajo a sus miembros, así como su bienestar económico y los sistemas de aprendizaje. En cierto sentido, fueron un precedente de los, más recientes, sindicatos y colegios profesionales. La escala laboral del gremio se estructuraba en tres niveles básicos: aprendices, oficiales y maestros. Asimismo, era cometido del gremio regular los aspectos, tanto materiales como espirituales, de la vida de los artesanos, así: Su formación y escala laboral: contratos de aprendizaje, división categórica y distribución del trabajo. El funcionamiento del taller: suministro de materiales, control de la producción y vigilancia de precios del producto. También regulaba la vida espiritual de sus miembros y gestionaba obras de beneficencia, fundando hospitales bajo la advocación del santo patrón, asumiendo las exequias de sus miembros y la protección de viudas y huérfanos, además de otras dotes y ayudas económicas. Los gremios consiguieron equilibrar la oferta y la demanda a través de la anulación de la competencia. En un mercado libre, los ofertantes compiten por satisfacer la demanda básicamente a través de dos armas: el precio y la calidad. El precio depende del volumen de la oferta (que vendrá dado a su vez por la mano de obra y la materia prima empleada) y por los costes de producción (que son función de la tecnología). La calidad depende de la pericia del artesano, del material usado y de los procedimientos de fabricación. El precio se consiguió fijar controlando el volumen de la producción (número fijo de talleres y de artesanos) y controlando los costes de producción a través de regulaciones que afectaban al proceso de fabricación y a los salarios. La calidad se controlaba con la formación de la mano de obra, la selección del material y en gran medida gracias a los veedores que, a modo de auditores medievales, velaban por la bondad del producto. Este sistema funcionó hasta la edad moderna

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