El Éxodo

El Éxodo es el segundo libro de la Biblia y de la Torá, el Pentateuco, la Ley, del Tanaj, la Biblia hebrea, y del Antiguo Testamento cristiano. En él se habla de la salida de la esclavitud de Egipto y la huida del pueblo de Israel, por donde tuvieron que cruzar por el Mar rojo en búsqueda de la tierra prometida. El principal propósito del Éxodo es mantener vivo en la memoria del pueblo hebreo el relato fundacional de sí mismo como nación: la salida de Egipto y la consiguiente liberación de la esclavitud. A través de su huida y la búsqueda de la Tierra Prometida, el judío adquiere conciencia de su unidad étnica, filosófica, cultural y religiosa por primera vez. El Éxodo establece también las bases de la liturgia y el culto, y está dominado en toda su extensión por la figura del legislador y conductor, el patriarca Moisés

 El Éxodo

Como en muchos otros libros históricos la historia que se narra aquí está muy lejos de la definición científica moderna, pues se trata de una historia religiosa y cultural antes que bélica, diplomática o política. Es una historia popular, que se esfuerza por convertir la posible expulsión de Egipto en una gran epopeya nacional, despreocupándose del todo por los aspectos fácticos y académicos. El alfabeto hebreo apareció finales del siglo VIII a. C. Después de siglos de tradición oral, los relatos pasan a la forma escrita, sufriendo las lógicas modificaciones y mitificación. Teniendo en cuenta los hallazgos arqueológicos y los abundantes documentos egipcios de la supuesta época del éxodo, se llega a la conclusión de que no hay evidencias suficientes que el éxodo sucediera de la manera como la Biblia narra.

Moisés

Ante la ausencia de pruebas arqueológicas sobre el éxodo, los especialistas que están a favor de que su tradición está basada en residuos de hechos reales, han planteado la posibilidad de que hayan ocurrido más de un salida de poblaciones semíticas desde Egipto hacia Canaán. Un hecho histórico candidato a ser el primer residuo tradicional de tal épopeya es la llamada Expulsión de los Hicsos, sin embargo al no explicar por si mismo la interconexión religiosa de una civilización politeísta, los hicsos, en relación con los proto hebreos (monoteístas), además de no existir evidencia de escritura proto-hebraica sino hasta muchos siglos después,ya que se cuenta con evidencia que los Hicsos sí conocían la escritura; existe otra época en que tal vacío podría encajar mejor: Durante fines del reinado y caída de Amenhotep IV (Akenatón), pues son varios los autores que apuntan a tal posibilidad, entre ellos el psicólogo Sigmund Freud (Moisés y el monoteísmo), el argentino Patricio Colombo Murua (Tras las Huellas de Moisés) y el boliviano Ariel Villazón (¿Dioses? o Impostores), quienes creen que la conexión monoteísta entre Akenatón y Moisés es muy sugerente y podría ser una buena solución al enigma. Por otra parte, si bien existen muchas teorías sobre el tema, y se ha hablado de varias oleadas de éxodos, parece más plausible creer que la Teoría de los dos éxodos se podría aproximar mejor a la verdad, es decir: dos residuos tradicionales entremezclados y fusionados por el paso del tiempo.

Poussin Interpreta El Exodo De Los Israelies

El arqueólogo israelí Israel Finkelstein y el historiador Neil Asher Silberman en su obra La Biblia Desenterrada son los principales especialistas modernos que plantean la inexistencia de un éxodo hebreo. “El éxodo no existió” afirmó fehacientemente Finkelstein el año 2006, pues bajo la lupa de las indagaciones arqueológicas no hay pruebas en absoluto del éxodo; décadas de búsquedas en Kadesh de Barnea sin arrojar ningún resultado, la inexistencia de evidencias egipcias y sobre todo porque la arqueología contradice en el tema tácitamente a La Biblia, pues hay evidencias de asentamientos proto-israelíes en Canaán desde mucho antes que las fechas probables del Éxodo. En otras palabras Finkesltein propone una invasión pacífica de Canaán por parte de elementos nómadas originarios durante el declive de las ciudades estado cananitas, no así por la supuesta conquista comandada por Josué. El libro ha sido atribuido tradicionalmente por judíos y cristianos al legislador Moisés, como los demás libros del Pentateuco. Se narra la historia del pueblo de Israel. Según la hipótesis documentaria, los principales autores de este trabajo habrían sido yavistas, elohístas, sacerdotes y la llamada tradición deuteronómica. Además, se estima que la poética Canción del mar y el Código del pacto escrito en prosa, son trabajos originalmente independientes de autores asociados a los grupos antes indicados. En esta hipótesis, los elohístas son identificados como únicos responsables del episodio del Becerro de oro, y la tradición sacerdotal como autores de las instrucciones para crear el Tabernáculo, las vestimentas, los objetos rituales, y la descripción de su creación. Los tres autores o equipos de escritores principales son también directamente responsables de cada una de las partes del código de la ley: los elohístas del Pacto, los sacerdotes del Decálogo ético, y los yavistas del Decálogo de rituales.

Moisés en el Sinaí

Se estima que las otras partes del libro fueron construidas con versiones entremezcladas de yavistas, elohístas y sacerdotes. La reconstrucción de las historias en esas fuentes, aplicando esta hipótesis, permite identificar las variaciones entre las historias. Por ejemplo, la tradición sacerdotal nunca advierte al faraón acerca de las plagas, pero en su lugar presenta a las plagas como una prueba de sus magos, y siempre involucra a Aarón. En cambio, en la tradición elohísta se da una advertencia al faraón, que la desoye. Se describe al faraón como alguien que duda en ceder, pero finalmente se aferra a su decisión cuando Moisés amenaza con las plagas. Estos autores difícilmente dan una opinión positiva acerca de Aarón. Si se narran dos éxodos que suceden en distintas épocas, posteriormente refundidos, el primero o yavista se correspondería con la expulsión de los hicsos por Amosis I, y el episodio del paso del mar Rojo, un recurso literario cuyo precedente se encuentra en el Papiro Westcar, donde un mago egipcio “separaba” las aguas de un lago…[1]

La Factoria Historica

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[1] En el relato bíblico se expone que, después de atravesar el Mar Rojo, los hebreos se adentraron en el desierto de Shur o Etam y tres días después llegaron a Mara. En este lugar, la unidad del pueblo hebreo empezó a resentirse y murmuraban a pesar de los hechos que habían visto de Dios y se oponían contra Moisés (Éxodo 15:24). Desde Mara se trasladaron a Elim, un oasis de doce fuentes de agua, desde este lugar se adentraron el desierto de Sin en dirección al monte Sinaí orillando el Mar Rojo; ya habían transcurrido dos meses desde la partida de Egipto. Aquí se verifica el evento del maná proporcionado por Yahweh. Ya el desierto de Sin, la congregación se trasladó desde locaciones como Dofca, Alús y en Refidim en Horeben el desierto de Parán, un lugar sin agua, allí combatieron por primera vez como un pueblo a los Amalequitas venciéndoles (Éxodo 17:13). En este lugar, Moisés golpea una roca con su vara y brota agua potable. Desde Refidim, el pueblo hebreo entró al desierto del Sinaí y acamparon en el contorno del monte Sinaí o monte Horeb a los 90 días de haber salido de Egipto, y es el lugar donde Moisés recibió los Diez Mandamientos o Decálogo, además se constituyó el Sacerdocio de Aarón o levítico, las primeras leyes civiles y religiosas en el pueblo judío, adicionalmente se construyó el primer Tabernáculo, el Arca de la Alianza. (Éxodo 25:10). En este lugar permanecieron dos años y dos meses y al salir del Sinaí, el pueblo judío estaba regido en todo aspecto legal, civíl, moral y religioso. (Éxodo 10:11). Desde Sinaí partieron al desierto de Parán y habitaron en Kibrot-hataava (Éxodo 11:35) para trasladarse a Hazerot en pleno desierto. Desde este lugar, Moisés asigna a doce espías para reconocer la tierra de Canaán (Éxodo 13) desde el monte Neguev en el desierto del mismo nombre. Mientras tanto, la congregación avanza a Ritma y de allí a Rimón-peres. La tierra de Canaán reconocida estaba habitada por jebuseos, anacitas, Amalequitas, amorreos y cananeos. La información conseguida en cuarenta días, fue mal recibida por la congregación, dado que diez de los doce espías incitaron a murmuraciones en contra de sus líderes, lo que provocó una funesta rebelión en el pueblo en contra de Yahweh debido a que pensaban que Dios los estaba llevando a la muerte ante gente aparentemente más poderosa que los mismos israelitas (Números 14) y muchos pugnaron por volver a Egipto. Yahweh, maldice a los diez espías quienes fallecen de plaga (Números 14:36) y además condena al pueblo de Israel a cuarenta años en el desierto del Neguev. Sólo son autorizados a salir del desierto, Caleb y Josué (Números 14:30) y adentrarse en Canaán. Israel intenta rebelarse ante la condena en el desierto pero son derrotados por los amorreos liderados por el rey de Edom y los obligan a permanecer entre Cades, el desierto de Moab y el Neguev y allí permanecen casi 40 años. Aaron fallece en el monte Hor (Núm.20:22-29), Cuando se cumplieron los 40 años, y hubo fallecido toda la generación adulta, la generación precedente pudo por fin entrar a Canaán teniendo como líder a Josué (Deuteronomio 2: 14 -24). Moisés no es autorizado a entrar a Canaán y sólo se le permite observar la tierra de la herencia desde el Monte Pisga o Nebo (Deut. 3:27/ Deut. 32: 48-52) para fallecer en este mismo lugar y ser enterrado en Moab.

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