El impacto del crac de 1929 en Europa

Entre 1919 a 1929 Estados Unidos ascendió sus inversiones a largo plazo a casi 9.000 millones de dólares en Europa. Esto se manifestó en el Plan Dawes en septiembre de 1924 donde se vislumbró las debilidades subyacentes de la situación de pagos de los países aliados y sobre todo de Alemania que acabó siendo el país más afectado después de los tratados de paz firmados al finalizar la Primera Guerra Mundial que solo enmascaró por los masivos prestamos extranjeros. Alemania tomó prestados 28.000 millones de marcos en el extranjero entre los años 1924 a 1930 pagando en reparaciones que ascendían a 10.300 millones. La crisis sobrevino cuando los préstamos que venían de Estados Unidos fueron cortados por la crisis de 1929. Alemania había acumulado grandes pasivos extranjeros en forma de deudas a corto plazos con la exigencia de un reembolso inmediato, unos 16.000 millones de marcos que venían de Estados Unidos, Gran Bretaña y Países Bajos. Alemania no acabó pagando la totalidad de la deuda y los debates historiográficos se debaten en si Alemania quiso en alguna ocasión pagar la totalidad de la deuda. En conjunto Alemania pagó solo una fracción de la factura original de las reparaciones que eran de 33.000 millones de dólares. Los acuerdos sobre las deudas entre las potencias aliadas no fueron mucho más satisfactorios. La cuenta final de los préstamos ascendía a 23.000 millones de dólares siendo Estados Unidos el máximo acreedor, con la mitad en total del pago prestado a Gran Bretaña, Francia e Italia. Gran Bretaña fue el segundo máximo acreedor con reclamaciones contra otros países que excedían con mucho las deudas con norte américa siendo los máximos deudores Francia, Bélgica y Italia. Ante la crisis de 1929 Estados Unidos insistió en cobrar la totalidad de los préstamos con lo que las potencias aliadas solo pudieron a su vez reclamar para cobrar sus propias deudas concluyéndose finalmente este conflicto económico con acuerdos bilaterales con los distintos países con los términos de pago de liberalización escalonando el pago de las deudas considerablemente. Pero esto no solucionó el problema. El pago de las deudas de guerra provocó dificultades presupuestarias  y de transferencia que la crisis de 1929 en Estados Unidos agudizó en sobremanera. Las diversas reacciones a la crisis económica mundial, la practica totalidad de los países fue en general aplicar el principio de las tradicionales estrategias liberales de superación de crisis de la política de austeridad deflacionista. La estabilidad monetaria y la nivelación del presupuesto, los recortes de los salarios y los precios fueron los medios con los que se hizo frente al descenso de la producción y al cada vez mayor desempleo. Solo cuando se puso de manifiesto que no se trataba de una recesión coyuntural normal, se recurrió a nuevos métodos e instrumentos cuya característica común era un aumento del intervencionismo estatal…

 El impacto del crac de 1929 en Europa

En Alemania la ruptura más radical con la política económica anterior se produjo en el Imperio Alemán, y no se trató únicamente de una modificación de la política económica, sino de una reforma de todo el sistema económico. En cualquier caso esta ruptura no se llevó a cabo hasta que los nacionalsocialistas tomaron el poder hasta comienzos del 1933. Hasta entonces se había reaccionado frente a la crisis de forma casi clásicamente deflacionista. El banco central alemán se atuvo a las reglas del patrón oro, en las que tuvo que ejercer una política financiera restrictiva con alto tipos de interés en contra de las exigencias políticas coyunturales para hacer frente al flujo de oro y divisas hacia el extranjero. Las medidas de política fiscal y social del gobierno, de todos modos, tenían una orientación anticíclica como fueron el incremento de los ingresos y disminución del gasto público para poder equilibrar el presupuesto, recortes de las prestaciones sociales o disminución de los salarios. Las transformaciones de la política de ordenación económica que se impusieron después de 1932 bajo el dominio nacionalsocialista. En el ámbito empresarial se produjo una derogación de los derechos de los trabajadores. En la agricultura, la artesanía y la industria o el comercio surgió una forma organizativa en la que, aunque se esperaba en lo fundamental la autonomía de cada unidad empresarial, se reforzaba el poder de los grandes monopolios o grupos monopolísticos dentro de las asociaciones y el poder de las asociaciones como tales. Surgió un orden particular, cuyos términos de comparación más cercanos serían las formas corporativas del fascismo italiano, pero sobre todo del sindicalismo español.

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Largas colas fueron la seña de identidad de aquellos años

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No era importante el orden como tal sino la tarea que debía cumplir el orden económico reformado. Las actividades concretas de política económica del régimen nacionalsocialista comenzaron inmediatamente después de la toma del poder, en la primavera de 1933, con la congelación de salarios y la supervisión de los precios, y prosiguieron con medidas de empleo que en el último término era la continuación de los intentos anticíclico de los dos gobiernos precedentes. Las medidas de empleo a medio plazo beneficiaron sobre todo a la construcción. La introducción del servicio militar general, la transformación del servicio social, originalmente voluntario, en obligatorio, la propaganda intensa en contra de la actividad laboral de la mujer y sobre todo un rearme cada vez más importante tuvieron como consecuencia que en 1936 se lograra una especie de pleno empleo. En Italia hasta 1934 no se empezó a llevar a efecto un carácter reformador del sistema, con la fundación de autenticas corporaciones, el sistema corporativo al que se aspiraba. Tales corporaciones estaban integradas paritariamente por empresarios y asalariados representantes del partido y de los ministerios afectados, y debían regular las relaciones laborales e intervenir directamente en la producción y comercialización mediante el establecimiento de cuotas y la determinación de los precios. El corporativismo no llegó a completarse, pero el reparto de tareas y competencias de las corporaciones nunca se definió claramente. En lugar de esto, las burocracias ministeriales y las asociaciones empresariales colaboraron estrechamente, como en Alemania, y eran ellas quienes determinaban en ultima instancia los salarios, los precios y las cuotas de producción. En la política monetaria y financiera se renunció definitivamente a la política deflacionista seguida hasta entonces. Se intensificaron los controles de divisas y se amplió el sistema de cuotas a la importación. La supresión de facto de la cobertura en oro de la lira en 1935 fue seguida en 1936 del abandono de iure del patrón oro. Se redujeron los intereses y se amplió el margen de crédito. El rearme se condujeron a partir de 1936 a una política presupuestaria expansionista que también como en Alemania fue financiada mediante el endeudamiento. La estrecha interrelación entre el capital industrial y el financiero condujo a que el estado en sus acciones de apoyo a los bancos amenazados por la bancarrota, se hiciera cargo al mismo tiempo de sus participaciones en las industrias. Estas fueron reunidas en el Instituto per la Reconstruzione Industriale (IRI) que surgió en 1933 y que llegó a poseer de este modo más del 20 %  del capital de todas las sociedades anónimas italiana, aunque a través de participaciones controlaba en realidad el 42%. Gran Bretaña en su política económica siguió dos trayectorias contrapuestas como respuesta a la crisis de 1929. La política financiera siguió presa de las concepciones ortodoxas. No se llegó ni a una financiación del déficit orientada a combatir los ciclos ni a medidas especiales de efectos expansivos en el marco de la política presupuestaria tradicional. La política monetaria, por el contrario facilitó la recuperación. Ya en 1932  se produjo el abandono de la paridad oro sobrevalorada, los tipos de interés bajaron, se limitó la concesión de créditos a extranjeros y se incrementó la cantidad de dinero y la liquidez bancaria. Además, con ayuda de un fondo de compensación monetario especial se estabilizaron los tipos de cambio, en si mismos flexibles. El gobierno británico intentó con un paquete de medidas concretas apoyar determinados sectores y ramas de la economía y potenciar la restructuración regional y sectorial. Se trataba de una política de intervencionismo puntual, pero no de dirigismo. La economía recibió apoyo estatal, sin que se la forzara a la modernización estructural a la que se aspiraba. Este apoyo logró en parte lo contrario de lo que se pretendía conseguir: se reforzaron los procesos monopolísticos y se consolidaron estructuras envejecidas. En conjunto la política británica contribuyó poco a la recuperación económica que se inició a partir de mediados de los años treinta. Las medidas más adecuadas fueron las referentes al dinero y a la política monetaria. En cualquier caso el intervencionismo puntual para apoyar sectores económicos concretos fue fundamentalmente distinto a otras políticas europeas como la sueca orientada de forma global a la expansión y a la lucha contra los ciclos. Por su parte en Francia las reservas de oro en su política monetaria la colocaron en una posición independiente ante la crisis. Entre 1931 a 1936 el gobierno francés emprendió inútilmente un intento a través de una política deflacionaria de reducir costes y precios en la medida de la revaluación o sobrevaluación del franco.[1]

El fracaso del Fordismo fue evidente

Enlace directo: La depresión de los años 30

Enlace directo: El fin de la concordia, 1929-1933

Ver también: Wall Street

A pesar de esta política la situación empeoró. Cayeron en bancarrotas las pequeñas y medianas empresas además de los bancos, grandes empresas de transportes y consorcios industriales. El estado salvó a las empresas que consideró importantes y logró una influencia decisiva a través de la adquisición de acciones. Con el gobierno socialista y comunista en 1936 se intentó imitar al new deal americano adoptándose medidas expansivas como el abandono del patrón oro, un aumento de los salarios entre el 7% y el 15%, medidas de empleo públicas, introducción de la semana de cuarenta horas y de vacaciones anuales pagadas. En la agricultura los ingresos fueron respaldados transfiriendo el monopolio sobre los cereales a una nueva instancia, la Office du Blé, cuya tarea era la de fijar precios y en comprar excedentes. En la industria se organizaron carteles bajo la dirección del estado. Se llevaron a cabo nacionalizaciones como en los ferrocarriles o en la industria alimentaria. Esta política económica no fue exitosa ya que actuó en un periodo demasiado corto o por la situación internacional en los años 1937 y 1938 con tendencias recesivas. La estructura económica francesa a pesar del impulso modernizador de estos años mostraba aún déficits considerables, no pudiendo alcanzar altos rendimientos y competitividad internacional. Bélgica y los Países Bajos reaccionaron de forma parecida a como lo hizo Francia. El mantenimiento del Patrón oro con una moneda sobrevalorada condujo, también aquí, a una política deflacionaria o de acomodación. De todos modos la política monetaria de dinero y crédito se configuró de forma expansiva. Las contradicciones resultantes se superaron en parte cuando en 1935 y 1936 se renunció al patrón oro.  No se aplicó sin embargo una política verdaderamente expansiva a pesar de que llegaron al poder los social demócratas en un país y los socialistas en el otro. En cualquier caso se reforzó la influencia estatal en la economía en la que en la segunda mitad de los años treinta eran reconocibles los inicios de una activa política estructural y de empleo. En la Europa Escandinava, en zonas como Suecia,  y con limitaciones Noruega o Dinamarca fueron los países que encontraron la respuesta más moderna a la crisis el marco de un sistema liberal-democrático. La política de los socialdemócratas suecos a partir de 1932 estuvo influida de forma esencial por una corriente dentro de la ciencia económica, la denominada Escuela de Estocolmo, que al igual que Keynes, había desarrollado un esquema de interpretación anticíclico y orientado a la demanda que confería al estado una cierta responsabilidad en la reconquista de la estabilidad económica. Al menos una parte de las medidas concretas de política económica intentó trasladar la teoría a la praxis  ya que en el ámbito del crédito y el dinero, se rebajaron los tipos de interés y se amplió la liquidez bancaria. Se devaluó la corona. Se incrementó el gasto público y se produjo una financiación limitada del déficit, es decir, el endeudamiento estatal creció levemente a partir de 1932. Se llevaron a cabo medidas de empleo públicas, y se apoyó con subvenciones a diversos sectores económicos. La demanda privada fue estimulada mediante la mejora de la legislación social. A partir de 1935, después de que se hubiera superado el punto culminante de la crisis, se anularon algunas de estas medidas, se redujo el endeudamiento y se eliminó el déficit presupuestario. En la Europa del este reaccionó a la crisis a excepción de Polonia con una política comercial y aduanera extremadamente restrictiva y con un amplio control sobre las divisas. También se produjo una limitación del margen monetario y crediticio, disminución del nivel de los salarios y precios, recortes en el volumen presupuestario y nivelación del presupuesto. El estado intervino cada vez más en la economía. El control se extendió al comercio con productos agrarios.  Los gobiernos con ciertas medidas como subvenciones, facilidades fiscales, el fomento de ciertas estructuras y otras medidas trataron de impulsar la industrialización en el sentido de sustituir las importaciones.

El desorden invadió el mercado

Enlace directo: Los virajes hacia la guerra, 1933-1939

Ver también:  La crisis estructural del capitalismo

El estado trató de dirigir directamente el proceso productivo. La crisis provocó a salvar por parte del estado a ciertas empresas  que pasaron en parte o de manera total a estar en manos del mismo estado.  Se hizo cargo de las empresas extranjeras con el objetivo de reducir la influencia extranjera dominante en la industria y poner en manos del estado las empresas claves.  En el sector industrial el capital fluyó sobre todo a la industria textil, alimentaria y ligera, es decir, a sectores económicos que difícilmente podían constituir la base de un proceso de crecimiento industrial extenso. Los medios financieros públicos eran limitados, y no pudieron sustituir la retracción de las importaciones de capital extranjero. La política de nacionalización introdujo la disensión, pues no atraía precisamente a los inversores extranjeros a destinar más capital a estos países. En vista del limitado mercado de capitales, el capital interior apenas pudo movilizarse. El intento de los regímenes semifascistas surorientales de impulsar un proceso de industrialización que sustituyera a las importaciones cayó por todo ello en conflictos de difícil solución…

Enlace directo: La regularización empresarial en los años veinte

La Factoria Historica


[1] Se aumentaron los tipos de interés y se limitó la cantidad de dinero, se redujeron los sueldos y los salarios en un 10%, cayeron los precios del comercio a gran escala en un 25 %, el presupuesto estatal sufrió recortes radicales, en especial mediante la reducción de las rentas, pensiones y sueldos de los funcionarios. Simultáneamente siguieron elevándose los aranceles y se extendieron las restricciones al comercio mediante prohibiciones de importación o la imposición de cuotas de importación. Los precios mínimos y las subvenciones, las prohibiciones de producción a las empresas extranjeras y otras intervenciones en los mecanismos de mercado formaron parte de la política económica francesa, al igual que las medidas para descongestionar el mercado de trabajo: se expulsó del mercado de trabajo a las mujeres casadas, se repatrió a los inmigrantes y se redujo la edad de jubilación para los hombres. AMBROSIUS, Gerold y HUBBARD, William H., Historia social y económica de Europa en el siglo XX, Alianza Universidad, 1992, Madrid, p. 322

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