Asesinato de Abraham Lincoln

Al inicio de la Guerra de Secesión, el gobierno federal rechazó toda negociación con el Sur sobre posibles intercambios de prisioneros, al considerar que un Estado no podía proceder a este tipo de transacción más que con otro Estado y el Sur no era más que una región en rebelión; sin embargo, en 1862, los generales de ambos bandos acordaron modalidades de intercambio que tuvieron lugar, a menudo, inmediatamente después de cada batalla, sin encontrar mayores problemas antes de 1863. A partir de este momento, el Norte se tornó más reticente, por razones estratégicas y también porque los confederados se negaron a liberar a los prisioneros afroamericanos. Luego, cuando Ulysses S. Grant se convirtió en comandante en jefe de los ejércitos de la Unión, en marzo de 1864, suspendió todo intercambio de prisioneros de guerra, con lo cual una fuente de refuerzo en hombres, de la cual tenía gran necesidad el Sur, fue eliminada. Fue entonces que John Wilkes Booth elaboró un plan de secuestro del presidente Lincoln, pues imaginó que, al llevarlo al Sur como rehén, forzaría al Norte a volver a su política de intercambio de prisioneros. Para este propósito, Booth inició un círculo de conspiradores, en el cual reclutó a Samuel Arnold, George Atzerodt, David Herold, Michael O’Laughlen, Lewis Powell y John Surratt. La madre de este último, Mary Surratt, abandonó su taberna en Surrattsville en Maryland y abrió una pensión en Washington D. C., donde Booth la visitó varias veces. Los investigadores descubrieron además que esta mudanza sirvió para su plan, porque este necesitaba una base de operaciones en la capital federal…

 Asesinato de Abraham Lincoln

John Surratt, entonces agente de los servicios secretos confederados, fue presentado a John Wilkes Booth por el doctor Samuel Mudd, el 23 de diciembre de 1864 en Washington. A su vez, Surrat presentó a Atzerodt, Powell y Herold a Booth. Atzerodt había ayudado a los agentes confederados a cruzar el río Potomac durante la guerra. Se reencontró con John Surratt con ocasión de uno de estos cruces clandestinos y este último lo invitó a la pensión que mantenía su madre Mary en Washington, donde fue reclutado por Booth. Lewis Powell era un soldado confederado muy joven, quien fue herido en la Batalla de Gettysburg, capturado por el ejército del Norte y curado en un hospital militar. Logró escarparse a Virginia, donde integró un regimiento de caballería confederada; luego, fue reclutado por los servicios secretos del Sur. Fue presentado a John Suratt por el agente secreto David Parr. David Herold era un camarada de John Surratt de la academia militar de Charlotte Hall. Finalmente, Michael O’Laughlen y Samuel Arnold eran amigos y antiguos condiscípulos de Booth.

Fotografía de la investidura de Abraham Lincoln para su segundo mandato, tomada por Alexander Gardner

Booth asistió a la ceremonia de investidura del segundo mandato de Lincoln, el 4 de marzo de 1865, como invitado de Lucy Hale, con quien se comprometió en secreto. Lucy era la hija del senador John Parker Hale, quien se convirtió más tarde en embajador de Estados Unidos en España. Booth escribió luego: «Qué magnífica ocasión era, si hubiera querido matar al presidente al momento de su investidura». El 17 de marzo de 1865, Booth informó a sus cómplices que Lincoln asistiría a una representación de Still Waters Run Deep en el Hospital militar Campbell. Reunió al grupo de conspiradores en un restaurante. Los hombres tenían por consigna unirse a él a fin de tender una emboscada al presidente en el camino de retorno del hospital. Booth se informó sobre el desarrollo de la actividad y regresó con la noticia de que el presidente había cambiado de idea. Había ido al National Hotel a una ceremonia organizada por los oficiales del 142nd Indiana. La ironía del caso radica en que Booth se alojaba entonces en ese mismo establecimiento. El 11 de abril de 1865, Booth estuvo presente cuando Lincoln pronunció un discurso frente a la Casa Blanca. El presidente mostró su apoyo a la idea de otorgar el derecho a sufragio a los negros. Furioso por esta posibilidad, Booth abandonó su plan de secuestro y optó por un asesinato. Escribió: «Ahora, ¡por Dios! Voy a liquidarlo. Es el último discurso que hará».

Última fotografía oficial de Abraham Lincoln, tomada el 5 de febrero o el 10 de abril de 1865 por Alexander Gardner

Poco después del fracaso del intento de secuestro, la Confederación estaba retrocediendo en el terreno militar. El 3 de abril, Richmond, la capital de los confederados, fue capturada por el ejército de la Unión. El 9 de abril, el ejército de Virginia del Norte, principal fuerza confederada, se rindió al ejército de Potomac después de la batalla de Appomattox. El presidente confederado Jefferson Davis y su gobierno huyeron. Si bien varios confederados habían perdido toda esperanza, Booth continuó creyendo en la causa y escribió en su diario: «Estando nuestra causa casi perdida, debe emprenderse alguna cosa grande y decisiva.» Cuando se enteró que Lee se había rendido, Booth decidió asesinar al presidente y a algunos miembros del gobierno a fin de enlutar las celebraciones de la victoria del norte y desorganizar la administración federal. El 14 de abril, en torno al mediodía, cuando se encontraba en el Teatro Ford a fin de retirar su correo, Booth se enteró de que el presidente y el general Grant asistirían a la representación de Our American Cousin esa misma tarde. Era la ocasión que había estado esperando: conocía perfectamente los lugares debido a que había trabajado en ellos varias veces, siendo la última en marzo de 1865. Estaba convencido de que si él y sus cómplices mataban simultáneamente al presidente, al general Grant, al vicepresidente Andrew Johnson y al secretario de Estado William Seward, el gobierno de la Unión se paralizaría el tiempo suficiente para que la Confederación renaciera de sus cenizas. Por la tarde, Booth se presentó en la pensión de Mary Surratt, a quien le pidió que enviara un paquete a su taberna de Surrattsville en Maryland y que dijera al gerente de ese establecimiento que preparase las armas y municiones que había dispuesto. A las siete de la tarde, Booth se encontró con sus cómplices. Allí, ordenó a Powell matar a Seward, a Atzerodt asesinar a Johnson y a David E. Herold conducir a Powell a la casa de Seward, para luego llevarlo fuera de la ciudad y reencontrarse en Maryland. Booth tenía pensado disparar contra Lincoln con su Philadelphia Deringer calibre.41, una pistola pequeña y luego apuñalar al general Grant.

El palco presidencial del Teatro Ford, dos días después de los hechos. Fotografía de Mathew B. Brady

Abraham Lincoln y su esposa Mary Todd Lincoln se prepararon para asistir a la representación de la pieza teatral Our American Cousin de Tom Taylor. Contrariamente a las informaciones que Booth había leído en los periódicos, el general Grant y su esposa habían declinado la invitación de los Lincoln. Habían sido invitadas varias otras personalidades y, finalmente, acudieron el mayor Henry Rathbone y su novia Clara Harris, hija del senador Ira Harris, quienes se unieron a la pareja presidencial. El presidente y la primera dama llegaron al Teatro Ford cuando la representación ya había iniciado, pues habían quedado retenidos en la Casa Blanca por el senador de Misuri John B. Henderson quien había ido a rogar por una gracia presidencial a favor de George S. E. Vaughn, acusado de espionaje a favor de los confederados y condenado a muerte. La concesión de esta gracia fue el último acto oficial de Lincoln. Los esposos Lincoln llegaron al palco presidencial y el espectáculo se interrumpió brevemente para marcar su llegada que fue aplaudida por los espectadores. Hacia las nueve de la noche del 14 de abril de 1865, Booth llegó a la entrada de los artistas, donde entregó las riendas de su caballo a un maquinista llamado Edmund Spangler. Spangler estaba ocupado, por lo que pidió a Joseph Burrough qus se ocupara de la montura. Conocido por los empleados del teatro y conocedor de los espacios, Booth accedió a la antecámara del palco presidencial y bloqueó la puerta. Para entonces, Mary Todd Lincoln murmuró a su esposo, quien le cogió la mano: «¿Qué va a pensar la señorita Harris que le tome así la mano?» El presidente le respondió: «No pensará nada en absoluto.» Estas fueron las últimas palabras que pronunció Abraham Lincoln. Eran alrededor de las diez y cuarto de la noche.

La pistola Philadelphia Deringer calibre .41 de Booth expuesta en el museo del Teatro Ford

Booth conocía bien la pieza que se representaba en escena y esperó el momento, en la segunda escena del tercer acto, en que el actor Harry Hawk, que interpretaba el rol del pueblerino Asa Trenchard, dijo su destino a la altanera señorita Mountchessington: el hablar franco de Asa Trenchard, su fuerte acento popular y muy estadounidense desencadenaban siempre la hilaridad del público, cuyo ruido encubriría el sonido de la detonación. Llegado el momento, Booth se precipitó y disparó su pistola a la cabeza del presidente. Lincoln se desplomó en su sitio, inconsciente. Rahbone se levantó y saltó para impedir que Booth escapara, pero este le dio un fuerte golpe de puñal en el brazo. Rathbone se recuperó rápidamente e intentó agarrar a Booth quien se preparaba a franquear la balaustrada del palco. Booth le asestó un nuevo golpe e intentó saltar al escenario. Su espuela se enganchó en la bandera que adornaba el balcón y, en lugar de aterrizar correctamente sobre el proscenio, se estrelló sobre la primera, quedando suspendido por el pie izquierdo, lo que le ocasionó una fractura del peroné hasta encima del tobillo. Logró levantarse y, blandiendo su cuchillo, gritó: «¡Sic semper tyrannis!», el lema latino de Virginia que significa «¡Así siempre a los tiranos!». Según otras versiones, añadió: «¡El Sur ha sido vengado!» Enseguida, corrió por el escenario hasta alcanzar la puerta por la cual había entrado al teatro y donde lo esperaba su caballo. Algunos espectadores se lanzaron en su persecución, pero no lograron atraparlo. Booth golpeó a Joseph Burroughs con el mango de su puñal, saltó sobre su montura y huyó. Galopó hasta el puente Navy Yard que atravesaba el río Anacostia hacia su encuentro con Herold y Powell.

Frederick Seward luchando con Lewis Powell

Booth confió el asesinato del secretario de Estado William H. Seward a Lewis Powell. Seward se encontraba convaleciente en su casa debido a un grave accidente que sufrió el 5 de abril cuando cayó de su cabalgadura y sufrió un traumatismo craneal, una doble fractura de mandíbula y un brazo roto. Los médicos improvisaron una férula para reparar su mandíbula e insistieron que guardara cama en su domicilio en el Parque Lafayette, cerca de la Casa Blanca. Herold condujo a Powell hasta la residencia de Seward. Powell estaba armado con un revólver Whitney, modelo 1858, arma muy común para la época, y de un cuchillo Bowie, temible arma de caza. Powell golpéo la puerta principal poco después de las diez de la noche; William Bell, el mayordomo de Seward, le abrió. Powell le dijo que llevaba un medicamento para Seward de parte del doctor Verdi y que debía entregárselo en sus propias manos a fin de enseñarle cómo tomarlo. Powell fue invitado a ingresar y subió las escaleras hacia la habitación de Seward situada en el tercer nivel. En la parte superior de la escalera, fue recibido por el hijo del herido, el Assistant Secretary of State Frederick W. Seward. Powell repitió su historia, pero Seward desconfió de este intruso y lo despidió afirmando que su padre estaba dormido. En ese preciso momento, la hija de Seward, Fanny, habiendo escuchado su conversación, salió de la habitación de su padre y dijo: «Fred, nuestro padre está despierto ahora», luego retornó, revelando así a Powell donde se encontraba Seward. Powell descendió la escalera para volverla a subir enseguida siempre a la carrera, blandiendo su revólver que apuntó a la cabeza de Frederick. Apretó el gatillo, pero el tiro no se disparó, por lo que golpeó con su arma a Frederick en la cabeza varias veces hasta que este último se desplomó. Fanny abrió nuevamente la puerta a causa del ruido y vio a su hermano sangrando en el suelo. Powell arremetió contra ella, la sobrepasó y se dirigió hacia Seward en cama, a quien apuñaló en la cara y el cuello. Alcanzó a darle en la mejilla, pero la férula salvó la vida de Seward al detener el cuchillo antes de que llegara a la vena yugular. El sargento George P. Robinson, que se encontraba cerca del herido como enfermero, y Augustus Seward, otro de los hijos del secretario de Estado, que dormía en su habitación y fue despertado por los gritos de su hermana, intentaron aprehender a Powell. Afuera, Herold, quien también había escuchado los gritos de Fanny, se dio a la fuga y dejó abandonado a Powell.

Retrato de David Herold

William H. Seward rodó de su cama hacia el suelo, lejos de Powell, que estaba apuñalando a Robinson, Augustus y Fanny. Cuando Augustus, todavía indemne, regresó con su pistola, Powell bajó rápidamente las escaleras y corrió hacia la puerta. Cuando la abrió, cayó sobre un mensajero, Emerick Hansell, quien había llegado con un telegrama para Seward. Powell, lo apuñaló a su vez y se precipitó hacia fuera gritando: «¡Estoy loco! ¡Estoy loco!». Luego, desamarró a su caballo del árbol en que Herold lo había dejado y partió al galope, solo. Fanny Seward gritó «¡Oh, por Dios, padre está muerto!». El sargento Robinson alzó al secretario de Estado y lo colocó en su cama. Seward escupió sangre y dijo: «¡No estoy muerto; llamen a un médico y a la policía! ¡Cierren las puertas !». Sus heridas eran graves, pero los golpes de Powell no habían tocado ningún órgano vital. Booth encargó a George Atzerodt asesinar al vicepresidente Andrew Johnson quien se encontraba en el Hotel Kirkwood de Washington. Atzerodt debía presentarse en su habitación a las 10:15 y dispararle. El 14 de abril, Azterodt reservó la habitación número 126, que se encontraba justo al lado de la de Johnson. Llegó al hotel y se dirigió al bar. Partió tras una larga conversación con el barman, ebrio, errante por las calles de Washington. Nervioso, arrojó su cuchillo en la calle. Llegó al hotel Casa Pennsylvania dos horas después y allí alquiló una habitación. De esta manera, quedó frustrada la tentativa de asesinar al vicepresidente y toda esperanza de desestabilizar el régimen. Más tarde, durante la jornada, Booth se detuvo en el Hotel Kirkwood y dejó un mensaje para Andrew Johnson: «No quiero alarmarle. ¿Se encuentra usted en casa?[firmado] J. Wilkes Booth.». Después del atentado, este mensaje fue interpretado de numerosas maneras. Una de las teorías afirmaba que Booth, temeroso de que Atzerodt fallase o de que simplemente él mismo no tuviese el coraje de asesinarlo, había querido implicar al vicepresidente en la conspiración con este mensaje falso.

El teatro Ford en la época del asesinato

El llanto de Mary Lincoln y de Clara Harris y el grito de Rathbone «¡Detengan a ese hombre!» hicieron ver al público que la agitación no era parte del espectáculo. Charles Leale, joven cirujano militar de licencia que asistía al teatro, atravesó a la multitud en dirección al palco presidencial. La puerta no se abrió y Rathbone se dio cuenta que estaba bloqueada por un pedazo de madera. Retiró la tranca y le abrió a Leale. Leale ingresó al palco y descubrió que Rathbone sangraba en abundancia por una herida profunda a todo lo largo de su antebrazo. No se detuvo en él y avanzó directamente hacia Lincoln, desplomado en su asiento y sujeto por Mary. El Presidente ya no tenía pulso y Leale lo dio por muerto y lo recostó en el piso. Un segundo médico que también estaba entre el público, Charles Sabin Taft, llegó a la escena trepando por encima de la barandilla del palco. Taft y Leale le cortaron el cuello de la camisa de Lincoln y se la abrieron; luego, Leale lo palpó y descubrió la herida dejada en la parte posterior del cráneo, cerca de la oreja izquierda. Retiró un coágulo, con lo cual el herido volvió a respirar. No obstante, Leale sabía que esta recuperación solo era provisoria y exclamó: «Su herida es mortal. Será imposible de curar».

Lincoln en su lecho de muerte

Leale, Taft y otro médico llamado Albert King se pusieron rápidamente de acuerdo y decidieron que el Presidente no podía ser llevado a la Casa Blanca debido a los tumbos de los carruajes. Después de considerar conducirlo al cercano saloon de Peter Taltavull, decidieron llevarlo a una casa en frente del teatro, conocida como la Pensión Petersen. Los tres médicos y algunos soldados que asistían al espectáculo llevaron al Presidente hasta la entrada. Del otro lado de la calle, un hombre sostenía una linterna y les dijo: «¡Tráiganlo aquí!, ¡tráiganlo aquí!» Se trataba de Henry Safford, residente de la casa de William Petersen (la pensión Petersen) que estaba frente al teatro. Los hombres cargan a Lincoln a la pensión y lo colocan sobre la cama de una habitación en el segundo piso. La vigilia del herido se llevó a cabo en la pensión Petersen. Los tres médicos fueron acompañados por el cirujano general del Ejército de Estados Unidos Joseph K. Barnes, el Dr. Charles Henry Crane, el Dr. Anderson Ruffin Abbott y el Dr. Robert K. Stone. Crane era el asistente de Barnes y Stone, el médico personal de Lincoln. Los hijos del Presidente, Robert y Thomas Lincoln, se unieron a ellos, al igual que el secretario de la Armada Gideon Welles y el secretario de Guerra Edwin M. Stanton. Mientras Mary Lincoln lloraba en uno de los salones, Stanton se instalaba en otro y tomaba el mando del gobierno de Estados Unidos, enviando y recibiendo telegramas, leyendo las declaraciones de los testigos y organizando la persecución de Booth. Nada más se pudo hacer por el herido: a las 7:22 de la mañana del 15 de abril, Lincoln falleció a la edad de 56 años, 2 meses y 3 días. Todos se arrodillaron en torno a la cama y rezaron. Cuando se levantaron, Stanton declaró: «Now he belongs to the ages.» (Ahora pertenece a la eternidad.) Existe un debate entre los historiadores en cuanto a las palabras pronunciadas por Stanton en este momento. Todos están de acuerdo con el inicio: «Now he belongs to the…», pero algunos afirman que terminó por «ages» (la eternidad), mientras que otros piensan que su frase acababa con «angels» (los ángeles)…[1]

La Factoria Historica


[1] Booth saltó sobre su caballo y partió a todo galope. En media hora, llegó al puente Navy Yard y dejó la ciudad por la de Maryland. Herold pasó por el mismo punto menos de una hora más tarde y se reunió con Booth. Tras haber tomado las armas y las provisiones que los esperaban en Surattsville, Herold y Booth acudieron a la casa del doctor Samuel Mudd, médico que le diagnosticó una fractura de pierna a Booth, le fijó una férula y le dio un par de muletas. Los dos fugitivos pasaron un día en la casa de Mudd y luego pidieron a un hombre que los llevara a la casa del coronel Samuel Cox, un simpatizante de la causa confederada. Cox los escondió en su granja de Rich Hill y organizó su huida hacia Virginia. El 21 de abril, Thomas A. Jones, hermano de leche del coronel, proporcionó una pequeña embarcación a los fugitivos para que atravesaran el Potomac. Booth y Herold siguieron fugitivos hasta el 26 de abril, cuando el ejército los descubrió en la granja de un hombre llamado Richard Garrett. Los Garrett habían encerrado a Booth y a Herold en su granero. Herold se rindió a la llegada de los soldados, pero Booth se negó a salir. La tropa hizo fuego sobre el edificio. El soldado Boston Corbett se coló por detrás y le disparó a Booth en la garganta, quien colapsó. Una vez fuera del granero, un soldado le dio un trago de agua y Booth le dijo: «¡Dile a mi madre que morí por mi patria!» Booth murió tirado en el pórtico de la granja de los Garrett, dos horas después de haber sido recibido el disparo. Sus últimas palabras fueron: «Useless! — useless!» (¡Inútil!, ¡inútil!). Powell no conocía muy bien Washington y, sin la ayuda de su guía David Herold, vagó por las calles durante tres días antes de encontrar la casa de Surratt el 17 de abril, cuando ya estaba ocupada por detectives. Afirmó haber sido embaucado por Mary Surratt, pero esta negó conocerlo. Ambos fueron arrestados. Atzerodt se escondió en una granja en Georgetown, pero fue capturado el 20 de abril. Los otros conspiradores, con excepción de John Surratt, fueron aprehendidos antes de fin de mes. Este último logró huir a Europa y, luego, a África, antes de ser finalmente capturado en noviembre de 1866. De inmediato, Surratt fue juzgado por el asesinato de Lincoln, pero un testigo afirmó haberlo visto el día del atentado en Elmira en el estado de Nueva York. El jurado no pudo alcanzar un veredicto y Surratt fue absuelto y vivió en libertad hasta su muerte en 1916

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