Batalla de Platea

Cuando los persas se percataron que los griegos habían abandonado sus posiciones y parecían estar en retirada, Mardonio decidió salir en su persecución con la élite de la infantería persa. Mientras lo hacía, espontáneamente el resto del ejército medo también comenzó a avanzar. Los espartanos y tegeanos ya habían llegado al templo de Deméter, y la retaguardia bajo mando de Amonfrareto comenzó a retirarse del alto, bajo la presión de la caballería persa, para unirse a ellos. Pausanias envió un mensajero a los atenienses pidiéndoles unirse a los espartanos, pero estos ya habían entablado combate con la falange tebana y no pudieron asistir a Pausanias. Los espartanos y los tegeanos fueron asaltados en primer lugar por la caballería meda, mientras que la infantería persa siguió avanzando, plantó sus grandes escudos y comenzó a lanzar flechas contra los soldados griegos al tiempo que su caballería se retiraba.  Heródoto afirma que Pausanias se negó a avanzar porque no se dieron buenos augurios en los sacrificios rituales de cabras que se habían realizado. En este punto, con los hombres bajo una lluvia de flechas, los tegeanos echaron a correr hacia las formaciones persas. Ofreciendo un último sacrificio y oraciones a los cielos, Pausanias recibió finalmente buenos augurios y dio orden a los espartanos de cargar contra las líneas persas…

 Batalla de Platea

La numéricamente superior infantería persa estaba compuesta por la infantería pesada, para los estándares medos, sparabara, que sin embargo seguía siendo más ligera que la falange griega. El arma defensiva persa era un gran escudo de mimbre, a lo que unían el uso de lanzas cortas, mientras que sus contrapartes helenas, los hoplitas, portaban un escudo de bronce y una lanza mucho más larga. Tal como pasó en Maratón, había una gran diferencia entre ambas infanterías. El combate fue duradero y feroz, pues los griegos presionaron continuamente las líneas persas mientras estos intentaban partir las lanzas de los helenos y les obligaban a recurrir a sus espadas cortas. Mardonio estuvo presente en el combate, montado en su caballo blanco y rodeado por una guardia de 1000 hombres. Mientras su general estuvo allí, los persas aguantaron sus líneas. Pero los espartanos se abrieron paso hasta el comandante persa y una piedra lanzada por uno de ellos, Aeimnesto, le impactó en la cabeza y lo mató. Con Mardonio muerto, los medos comenzaron a huir, aunque su guardia personal continuó combatiendo hasta que fue aniquilada. Pronto la huida se hizo general y los persas comenzaron a volver en desorden a su campamento. El general persa Artabazo, que había comandado los asedios de Olinto y Potidea, no había estado de acuerdo con la decisión de Mardonio de atacar a los griegos y no había entrado en combate con las fuerzas bajo su mando. Con la retirada en marcha, Artabazo lideró a sus hombres, 40 000 según Heródoto, fuera del campo de batalla, hacia el camino de Tesalia, con la intención de escapar a través del Helesponto.

Batalla de Platea. Los griegos (líneas violetas) se retiran en desorden y los persas (líneas rojas) cruzan el río Asopo para atacarlos

En el otro extremo del campo de batalla los atenienses habían vencido a los tebanos en una dura lucha. El resto de griegos que luchaban para los persas combatieron deliberadamente mal, de acuerdo con Heródoto. Los tebanos se retiraron de la batalla en una dirección distinta a los persas, con lo que escaparon con menores pérdidas. Los aliados griegos, reforzados por los contingentes que no habían intervenido en la batalla, irrumpieron en el campamento persa. La empalizada del asentamiento fue bien defendida por los medos en un principio, pero los griegos acabaron por abrirse paso y masacraron a los persas allí refugiados. Sólo se respetó la vida de 3000 medos.  Heródoto cuenta que sobrevivieron a la batalla 43 000 persas. El número de sus bajas depende de cuántos intervinieron en el combate, aunque el historiador griego afirma que fueron 257 000. Esta cifra contrasta con los 159 helenos que asegura Heródoto que murieron en Platea, todos espartanos, tegeanos y atenienses pues fueron los únicos que combatiero. Plutarco, que tuvo acceso a otras fuentes, ofrece la cifra de 1360 bajas en el bando griego, mientras que tanto Éforo de Cime como Diodoro Sículo llevan el número de muertos helenos hasta más de 10 000.

Un hoplita griego y un soldado persa combatiendo en una escena de un kílix del siglo V a. C.

Heródoto asegura que la batalla naval de Mícala se libró la misma tarde que la de Platea. Una flota griega bajo mando del rey espartano Leotíquidas II había navegado hasta la isla de Samos para desafiar a lo que quedaba de las fuerzas navales persas. Los asiáticos, con barcos en muy mal estado, decidieron no correr el riesgo de combatir y encallaron sus naves en una playa a los pies del monte Mícala en Jonia. Jerjes había dejado allí un ejército de 60 000 hombres, y a ellos se unieron los tripulantes de la flota persa, tras lo que construyeron una empalizada alrededor del campamento para proteger los barcos. A pesar de ello, Leotíquidas decidió atacarlos con los hombres de su flota, una pequeña fuerza. Viendo los escasos efectivos helenos, los persas decidieron salir y combatir, pero una vez más la infantería hoplita demostró su valía y venció a los medos. Los barcos fueron incendiados por los griegos, que acabaron así con la fuerza naval de Jerjes I y dieron inicio a la hegemonía naval helena. Con las victorias de Platea y Mícala se puso fin a la segunda invasión persa de Grecia, la Segunda Guerra Médica. Además, los griegos también acabaron con la posibilidad de otra futura invasión, pues aunque su preocupación por las intenciones del imperio aqueménida no desapareció, con el tiempo se hizo evidente que el deseo persa por invadir Grecia había disminuido. Los restos del ejército persa, ahora bajo mando de Artabazo, trataron de retirarse a Asia Menor viajando a través de Tesalia, Macedonia y Tracia por el camino más corto, el que les llevó a Bizancio. Algunos ataques en Tracia, el cansancio y el hambre acabaron con más hombres.

File:1784 Map of the Battle of Plataea, Greece - Geographicus - BattleofPlataea-bocage-1784.jpg

Mapa de la batalla de Platea elaborado en 1784 por el cartógrafo Jean-Denis Barbié du Bocage

Tras la victoria en Mícala la flota aliada navegó al Helesponto para destrozar los pontones persas, pero se encontraron con que eso ya se había hecho. Los peloponesios volvieron a casa, pero los atenienses se lanzaron a atacar el Quersoneso tracio, todavía en manos de los persas. Estos y sus aliados se atrincheraron en Sestos, la ciudad mejor fortificada de la región, y allí fueron sitiados por los atenienses. Tras un largo asedio la ciudad cayó, marcando así una nueva fase en los conflictos greco-persas, la del contraataque heleno. Las historias de Heródoto finalizan tras el asedio de Sestos, pero en las siguientes tres décadas los griegos, principalmente de la Liga de Delos dominada por Atenas, expulsaron a los medos de Macedonia, Tracia, las islas del mar Egeo y Jonia. La paz con Persia llegó finalmente en el 449 a. C. con la Paz de Calias, que ponía fin a medio siglo de guerra…[1]

La Factoria Historica

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[1] Platea y Mícala son acontecimientos muy importantes de la historia antigua por ser las batallas que pusieron final a la Segunda Guerra Médica y dieron inicio a la hegemonía helena en el conjunto de las guerras médicas. Aunque impidieron que el imperio aqueménida conquistara Europa, los griegos pagaron un alto precio en vidas. La batalla de Maratón demostró que los persas podían ser vencidos y la batalla naval de Salamina salvó a Grecia de la conquista inmediata, pero fueron Platea y Mícala las victorias que alejaron definitivamente la amenaza oriental. Sin embargo, ninguna de estas dos batallas es tan recordada como Maratón, Salamina o las Termópilas, algo que es difícil de aclarar aunque sin duda se debe a las circunstancias en que se desarrollaron. La fama de las Termópilas se debe a la valentía griega ante un enemigo muy superior en número, y las de Maratón y Salamina a que ambas fueron libradas y vencidas por los griegos a pesar de su delicada situación estratégica. Por el contrario, Platea y Mícala se lucharon cuando los griegos habían conseguido cierta seguridad estratégica y tenían más posibilidades de victoria. De hecho, en ambas ocasiones fueron los helenos los que buscaron la confrontación. Militarmente la mayor lección de las batallas de Platea y Mícala es volver a insistir en la clara superioridad de los hoplitas y las falanges griegas sobre la más ligeramente armada infantería persa, algo que fue demostrado por primera vez en Maratón. Teniendo en cuenta esta primera lección, en el resto de las guerras médicas el imperio persa comenzó a reclutar y confiar en mercenarios helenos. Una acción de esos mercenarios, la Expedición de los Diez Mil que narra Jenofonte en su Anábasis, demostró además a los griegos que los persas eran militarmente vulnerables incluso en su propio territorio y allanó el camino para la invasión de todo el imperio persa por parte de Alejandro Magno algunas décadas después. En Delfos se colocó la Columna de las Serpientes, un monumento con forma de ofidios entrelazados que se fundió con el bronce las armas persas capturadas en el campamento de Platea. El monumento conmemora a todas las ciudades-estado griegas que participaron en la batalla, que aparecen listadas en la columna, y de paso confirma algunos de los datos de Heródoto. La mayor parte de esta columna se conserva en el hipódromo de Constantinopla, en la actual Estambul, a donde fue transportada por orden del emperador romano Constantino I durante la fundación de su ciudad en la colonia griega de Bizancio

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