La Mita y otros sistemas de trabajo obligatorio en el

A diferencia de otras colonizaciones, los españoles, tanto en el caso azteca como en el incaico, se encontraron con potentes estados bien organizados y jerarquizados, que muy poco tenían que envidiar de los estados europeos. En el inicio de la nueva sociedad colonial hubo pocos nobles y caballeros españoles, así que la clase dirigente se hizo sobre la base del conquistador encomendero y el antiguo caciquismo local. En los primeros años de colonización del virreinato de Perú, miles de hombres llegaron a América deseosos de obtener su encomienda para ejercitar el liderazgo local y entrar a formar parte de los caballeros municipales, cosa que creó múltiples problemas, no solo con la población autóctona, sino con la propia corona. En este contexto, el virrey Francisco de Toledo sentó las bases del virreinato peruano pues logró lo que parecía imposible: la ordenación administrativa y política de todo el amplio territorio del Perú. Entre la que cabe destacar el ordenamiento de los sistemas de trabajo obligatorio –casi esclavo- a los que fueron sometidos los indios por parte de los conquistadores. A partir de su obra, los virreyes que siguieron lograron hacer del Perú el más importante virreinato de América…

La Mita y otros sistemas de trabajo obligatorio en el

Virreinato de Perú

Los primeros sistemas de trabajo obligatorio fueron la encomienda y las reducciones. La encomienda, institución característica de la colonización española en América, jurídicamente, era un derecho otorgado por el monarca en favor de un súbdito español (encomendero) con el objeto de que éste percibiera los tributos o los trabajos que los súbditos indios debían pagar a la monarquía, y, a cambio, el encomendero debía cuidar del bienestar de los indígenas en lo espiritual y en lo terrenal, asegurando su mantenimiento y su protección, así como su adoctrinamiento cristiano. Supuso una manera de recompensar a aquellos que se habían distinguido por sus servicios y de asegurar el establecimiento de una población española en las tierras recién descubiertas y conquistadas. La encomienda de indios procedía de una vieja institución medieval implantada por la necesidad de protección de los pobladores de la frontera peninsular en tiempos de la reconquista. En América, esta institución debió adaptarse a una situación muy diferente y planteó problemas que no tuvo antes en España. El establecimiento legal de las encomiendas o de los repartimientos de indios surgió de una Real Provisión de 20 de diciembre de 1503, en la que se establecía la libertad de los indios, su obligación de convivir con los españoles y la de trabajar para ellos a cambio de salario y manutención, junto con la obligación de los encomenderos de educar a los naturales en la fe cristiana. Este documento, elaborado con el consejo de expertos letrados, juristas y teólogos, pretendía garantizar la mano de obra necesaria para explotar las minas y asegurar el asiento de una población castellana que afianzara la colonia recién descubierta. Mostraba, asimismo, la intención monárquica de legitimar sus decisiones y de que sus actuaciones fueran “conformes a derecho humano y divino”.

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Imagen de la ciudad de Potosí durante el Virreinato del Perú

El virrey Toledo sugirió en sus ordenanzas que se debería cambiar las encomiendas que eran duramente criticadas por el abuso a los indios por las reducciones que al igual que todos los sistemas administrativos de aquella época, aseguraban la mano de obra prácticamente gratuita a favor de la colonia. Así pues, las reducciones eran concentraciones de la población indígena en pueblos de indios para facilitar la evangelización, controlar su producción y permitir el control fiscal. La política de concentración indígena en ámbitos rurales se inicia a comienzos del siglo XVI en las Antillas. Esta experiencia aislada se generaliza de una forma organizada a partir de 1540, como consecuencia de los numerosos abusos ejercidos por los encomenderos sobre la población indígena, tras los informes presentados por el obispo Francisco Marroquín ante Carlos V. En muchas ocasiones estas agrupaciones se llevaron a cabo sin tener en cuenta la procedencia específica de sus miembros, que podían pertenecer a diferentes grupos lingüísticos y étnicos, con lo que se destruían las estructuras internas de las comunidades y se aceleraba la pérdida de su identidad cultural. Para su organización se contó con la colaboración de los misioneros y los caciques locales indígenas, que participaron activamente, y se evitó al máximo el contacto con españoles, regulando su relación con estas poblaciones, a las que tenían muy limitado el acceso. El órgano de gobierno fue el cabildo, que utilizó el mismo esquema que en Castilla, con autoridades elegidas entre los vecinos. Los cargos siempre fueron ocupados por los miembros de las elites indígenas, que actuaban como gobernadores, desempeñando las funciones de jueces y alcaldes o regidores. Estos caciques accedían al cargo por herencia o por designación, lo que permitió que parte de la clase dirigente prehispánica se incorporara al esquema de poder colonial. Su economía estaba basada en una producción orientada al abastecimiento de las ciudades, a través de explotaciones agrarias y ganaderas fundamentalmente. Los barrios indígenas establecidos en la periferia de las grandes ciudades como México o Cuzco, con sus propias autoridades y dispuestos en torno a sus parroquias, tenían una organización muy semejante a la de las reducciones. A medida que la colonización española avanzaba y se afianzaba en el territorio surgieron nuevas formas de trabajo obligatorio, ya fueran antiguas formas incaicas adaptadas o instituciones traídas de castilla. Así aparecieron, o mejor dicho, reaparecieron el porteo, el repartimiento y la mita. El porteo al que eran obligados los indios constituía otra forma de trabajo obligatorio, ya en el transporte de mercaderías y el ámbito de la economía regular o en las exploraciones de conquista y descubrimiento, como la expedición de Almagro a Chile en 1535 o la expedición de Pérez de Quesada en busca de Eldorado en 1541. Esta última movilizó nada menos que 5000 indios de carga. Por suerte los indios de carga empezaron a desaparecer con el desarrollo de la cría de mulas de carga, que a la larga los substituyeron completamente.

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Entrada del Virrey a Lima

El repartimiento fue uno de los sistemas más importantes de trabajo indígena. Bajo el pretexto de que el trabajo era necesario para la salud y la prevención de vicios, y que los indios se conformaban con los 80-100 días de trabajo agrícola necesario para su subsistencia, consistía en atribuir contingentes de indios a los colonos para desempeñar diversos trabajos durante un período de tiempo limitado. Cada comunidad se veía obligada a proporcionar trabajadores. Este sistema era menos perjudicial que la encomienda, ya que la atribución de trabajadores era temporal, se llevaba a cabo por agentes reales, se llevaba un cierto control y el trabajo era pagado, con un escaso salario, eso sí. No obstante este trabajo fue origen de todo tipo de abusos, largamente denunciados por religiosos. La mita durante la época incaica se llevaba a cabo en beneficio de las autoridades incas y durante el periodo colonial se hacía en beneficio del virreinato del Perú. El sistema de la mita (`turno’, en lengua quechua) existente en el incanato movilizaba grandes cantidades de mano de obra en beneficio del Estado, con ella, éste ejecutaba grandes obras públicas, tales como canales de irrigación, calzadas y grandes construcciones como el Machu Picchu o Sacsahuamán. El inca, por su autoridad, tenía derecho a pedir mano de obra a los ayllus (comunidades familiares similares a un clan) y disponer de ella en las labores que se consideraran convenientes, a cambio devolvía estos servicios con fiestas y bienes que repartía en determinadas ocasiones. La mita inca no implicaba un sueldo, pero los mitayos eran mantenidos por el Estado mientras trabajaban para él y siempre el inca devolvía en servicios o bienes para todo el ayllus los esfuerzos de sus mitayos. Las necesidades de la minería española, hicieron que estos se sirvieran de la antigua institución incaica de la mita. Durante la época de la existencia del virreinato del Perú, la mita adquirió otro sentido, pues los españoles intentaron ocupar el lugar del Estado pero sin que tuviera lugar el reparto de bienes ni las fiestas de la época inca, así como tampoco se asumió la manutención del mitayo. Bajo la lógica occidental española, los gobernantes coloniales devolvían los servicios de la mita con un sueldo, pero éste era muy bajo y no permitía el mantenimiento del mitayo, así los indígenas sentían que la mita se había transformado y les resultaba sumamente doloroso. La mita fue utilizada, en el virreinato del Perú, desde la segunda mitad del siglo XVI, como una forma de garantizar mano de obra barata y fija para el desarrollo de diversas actividades, especialmente en la minería, donde destacaron las minas de Potosí y Huancavelica. Existían diversos tipos de mita: agraria (en haciendas), urbana (para la construcción de los edificios de las ciudades), de tambo (en las posadas de los caminos), obrajera (en los talleres textiles), entre otras. El gobierno español dispuso que tributaran todos los indios sin impedimento físico (minusválidos, disminuidos psíquicos, etc.) de dieciocho a cincuenta años de edad y aún los menores de dieciocho si eran casados. Las mujeres no tributaban. El porcentaje de los tributarios con relación a un repartimiento era de 1 a5, o sea que en una población, el 20 % estaba obligada a tributar. Cuando en 1545 los españoles comenzaron a explotar las minas potosinas, la mano de obra era voluntaria. Los encomenderos tenían prohibido enviar indios a sus propias minas; sin embargo, se dieron modos para enviarlos a las minas ajenas haciendo un intercambio ilegal de mano de obra que dio inicio a lo que poco después sería el alquiler de mitayos. Por entonces, los propietarios de las minas estimaron que necesitarían unos 4500 trabajadores. Así se dispusieron 13.500 indios para trabajar en tres turnos, de una semana de trabajo por dos de descanso. El sistema de reducciones que aglutinaba a los indios en poblados específicos para ellos fue de gran ayuda para la correcta organización y funcionamiento de la mita. Los indios percibieron esta determinación y cambiaron de domicilio, iniciándose una progresiva despoblación y el desquiciamiento del sistema. A finales del siglo XVI se percibe un declive en la cantidad de mitayos presentados para trabajar al disminuir la población en las áreas sometidas a estas prestaciones. Las guerras, epidemia y en general, la desorganización de su economía, sociedad y de las ideologías, junto con el abandono de las comunidades para escapar de la mita y el empleo ilícito que de su propia gente hacían los curacas, podrían ser las causas de este descenso de los indios reclutados para la minería. Observando la mortalidad en los dieciséis distritos mitayos de Potosí se observa que el número de defunciones pasa de 81.000 defunciones en1574 a 40.115 en 1633, 16.000 en 1662 y 10.683 en1683. A menos muertes, menos vivos para morir hay en esa región.

Francisco de Toledo

El primer repartimiento mitayo tuvo lugar en 1573 con 3.733 indios, o sea 11.199 indios reclutados. En 1578 se redondearon los números y fueron reclutados los 13.500 indios antes mencionados, que se enrolaron provenientes de 16 provincias tributarias para trabajar cuatro meses y luego regresar a sus casas. El trabajo de los indios era extenuante. Debía comenzar una hora y media después del amanecer hasta la puesta de sol. Para almorzar se descansaba una hora y el trabajo era cotidiano, excepto los días de fiesta de la Iglesiay los domingos. Los indios dormían en las mismas minas, o muy cerca de ellas, en condiciones atroces. Debían extraer de 20 a25 cestos de unos 50 kilos diariamente para cada minero. Los indios de carga, sudados, eran atacados por el gélido aire de los Andes a 4000 ó 5000 metrosde altitud. Los molinos también eran una dura prueba. Los trabajadores respiraban el polvo de mineral triturado y había frecuentes accidentes laborales. Según Luís Capoche “normalmente se les baja muertos, y a otros con las piernas y las cabezas rotas, y todos los días hay heridos en los molinos…Podría decirse que hay mas sangre que mineral”. Además, los pagos recibidos por el trabajo mitayo (estipulados por Toledo) no eran suficientes para vivir: Un indio que recibía dos pesos y medio semanalmente ganaba cuatro reales al día por cinco días laborales, o sea, veinte reales a la semana. Para tener una idea de su salario podemos decir que 4 reales diarios le alcanzaban al indio para comprar aproximadamente 3 panes de una libra. Con dos pesos y medio semanales, el indio de mita no podía alimentarse tres días, el resto de la semana apelaba a sus propios recursos traídos de su pueblo: charque, chuño, maíz y coca, esta última para adormecer su estómago. Aún así, no tenían más remedio que buscar trabajo las semanas en los que estaban libres de mita. La mita del virrey Toledo permaneció oficialmente como la fuente de mano de obra más importante para la minería de Potosí. A finales del siglo XVI aparece espontáneamente una variedad de sistema de trabajo contratado, para dar respuesta a la demanda de mano de obra. Estas nuevas modalidades se dan conjuntamente con la mita y en cierto grado, reemplazándola, pero coexistiendo prácticamente des del principio. No toda la plata la sacaron los mitayos, una parte fue extraída por trabajadores voluntarios que cobraban un salario. Desde mediados del siglo XVI, cuando la política tiende a sustituir encomiendas por corregimientos, aparecen una serie de oficiales relacionados con la mita. Los corregidores de indios, oficiales españoles de distrito encargados del reclutamiento de mitayos en las áreas de contribuyentes y su envío a Potosí, una vez aquí la autoridad suprema era el corregidor de esta ciudad, con amplios poderes ejecutivos; el control último estaba en manos del virrey del Perú. Los corregidores de distrito delegaban la tarea de reclutar en manos de las autoridades indias locales. Esta labor de organización la realizaron los curacas, que actuaban como funcionarios indígenas locales responsables de su cumplimiento. Con el paso de los años, los indios se negaban a asistir a la mita minera, en primer lugar por el riesgo del trabajo, en segundo por tener que abandonar sus tierras y finalmente por lo caro que les resultaba el traslado a Potosí, donde debido a lo ínfimo del salario debían buscar otros trabajos para poder sobrevivir. La Corona española dio una serie de leyes de protección del trabajo indígena, que establecían un periodo de siete años para cada prestación, entre otras medidas, pero fueron incumplidas de forma sistemática, hasta el punto de que a comienzos del siglo XVII estos turnos podían repetirse cada dos años. Por ello el ausentismo en la mita minera fue muy fuerte en el siglo XVII. La mita fue un gran abuso para los indios, la mano de obra no era esclava, pero estaba esclavizada a un sistema impuesto por los colonizadores cuyo único fin era el beneficio económico, y que a la larga comportó la destrucción de gran parte del legado incaico que se habían encontrado. Fueron tantos los abusos y maltratos padecidos por los mitayos que el virrey Pedro Fernández de Castro, el Conde de Lemos, le solicitó a la corona de Carlos II su eliminación ya en el s. XVII.

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Guerra de Independencia española (1808-1814)

En el siglo XVIII, Túpac Amaru II tomo como bandera de su rebelión la eliminación de mita, pero no consiguió su objetivo debido a que fue derrotado y su rebelión sofocada. Durante las reformas liberales dela Guerra de Independencia española (1808-1814) se eliminó legalmente la mita conla Constitución de Cádiz, pero casi no se aplicó, y no fue hasta que los países sudamericanos consiguieron la independencia que desapareció completamente la mita colonial…[1]

Por Jordi Galofré Diví

La Factoria Historica

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[1] Jorge Luis Valdez Morgan y Gonzalo Villamonte Duffo. Educared Perú. El Virreinato del Perú; Clarence H. Haring. El Imperio Hispánico En América(I PARTE); Guevara Espinoza, Antonio. Historia del Perú. (T III); Castillo Morales, Juan. Historia del Perú. (T. III); Chaunu, Pierre. Historia de América Latina; Fisher, John. Gobierno y Sociedad en el Perú Colonial. Régimen de las Intendencias; Levene, Ricardo. Historia de América; Marban Escobar, Edilberto. Historia de América; Ots capdequi, José María. El Estado Español en las Indias; Roel Pineda, Virgilio. Esquema de la Evolución Económica; Roel Pineda, Virgilio. Historia Social y Económica de la Colonia; Sempat Assadourian, Carlos. El Sistema Económico Colonial. Regiones y Espacios Económicos; Silva Santisteban, Fernando. Historia del Perú. (T. II); Vargas Ugarte, Rubén. Historia General del Perú. (Tomo III, IV, V); Zarate, Agustín. Historia de la Conquista del Perú; Vicens Vives, Jaime. Historia Social y Económica de España y América.

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