Nilo

El Nilo fue un elemento fundamental para el florecimiento de la civilización del Antiguo Egipto. La mayor parte de sus ciudades se encontraban en el valle del Nilo y el Delta, al norte de Asuán. El Nilo fue vital para la cultura egipcia desde la Edad de Piedra. El cambio del clima y la desertización desecaron las tierras de caza y pastoreo del África septentrional para conformar el desierto del Sáhara, en torno al 8000 a. C.; entonces, muchos habitantes migraron y se asentaron junto al río Nilo, en donde desarrollaron una economía agrícola y una sociedad centralizada. Además se sabe que el río Nilo se congeló en dos ocasiones a lo largo de la historia, en 829 y en 1010. Se estima que el actual río Nilo es, al menos, el quinto río que ha fluido hacia el norte desde las tierras altas etíopes. Las imágenes de satélite usadas para identificar cursos de agua secos en el desierto al oeste de Nilo, nos muestran un cañón, Eonilo, ahora relleno por el flujo superficial. Esto representa un antiguo Nilo llamado Eonilo que fluyó durante el Mioceno (De 23 a 5,3 millones de años antes del presente). El Eonilo transportó sedimentos hasta el Mediterráneo, y varios campos de gas han sido descubiertos dentro de estos sedimentos. Durante el Mioceno tardío se produjo la Crisis salina del Mesiniense, cuando el Mar Mediterráneo quedó aislado y se evaporó, y el Nilo bajó su curso a un nuevo nivel que estaba cientos de metros bajo el nivel del océano en Asuán y 2.400 metros por debajo de El Cairo. Este enorme cañón que se formó está ahora repleto de sedimentos….

Nilo

Hay dos teorías en relación a la edad del Nilo integrado. La primera es que el drenaje integrado del Nilo es de edad joven, que la cuenca del Nilo se rompió en una serie de cuencas separadas y sólo la cuenca de más al norte tuvo un río siguiendo el curso actual del Nilo en Egipto. Otra teoría propuesta es que el drenaje de Etiopía a través de ríos como el Nilo Azul o el Atbarah/Takazze fluyó al mar Mediterráneo a través del Nilo egipcio desde la Era Terciaria. Salama, en 1987, sugirió que durante el Terciario hubo una serie de cuencas continentales separadas, cada cuenca ocupando uno de las principales grietas sudanesas: la grieta Mellut, la grieta del Nilo Blanco, la grieta del Nilo Azul, la grieta del Atbara y la grieta Sag El Naam. La cuenca de la grieta de Mellut es de casi 12 kilómetros de profundidad en su parte central y posiblemente todavía está activa. El sistema de la grieta del Nilo Blanco, aunque es más bajo que el Bahr El Arab, es aproximadamente de 9 kilómetros de profundidad. La exploración geofísica del sistema de la grieta del Nilo Azul estimó la profundidad de los sedimentos aproximadamente entre los 5 y los 9 kilómetros. Estas cuencas no fueron interconectadas hasta después de que cesara su hundimiento y la acumulación de sedimentos fuese suficiente para rellenar las cuencas a tal nivel que permitiera la conexión. Al llenarse las depresiones se conectaron el Nilo egipcio y el sudanés que captaba las aguas etíopes y ecuatoriales durante las últimas etapas de las actividades tectónicas. El río Atbara se desbordó y cerró su cuenca durante los períodos húmedos, hace entre 100.000 y 120.000 años. El Nilo Azul se conectó al Nilo principal hace entre 70.000 y 80.000 años. La conexión del Nilo Victoria se produjo aproximadamente hace 12.500 años.

File:Lure of Mother Egypt NGM-v31-p272.jpg

El Nilo en la revista National Geographic, número 31 de 1917.

El sustento jugó un papel crucial en la fundación de civilización egipcia y el Nilo fue una fuente inagotable de dicho sustento. El Nilo hacia que sus riberas fuesen sumamente fértiles cuando se desbordaba cada año. Los egipcios fueron capaces de cultivar trigo, cebada y lino, además de aportar el río abundante pescado y papiro, lo cual proporcionaba alimento suficiente para toda la población que eran recursos muy importantes, sobre todo para evitar posibles hambrunas que eran frecuentes en el Próximo Oriente, debido a una producción irregular. También, el agua del Nilo atrajo al búfalo de agua y después de que los persas los introdujeron en el siglo VII a. C., a camellos. Estos animales podían ser matados para la carne, podrían ser capturados, domesticados, usados para arar o para viajar en el caso de los camellos. El Nilo era también una vía eficiente y cómoda de transporte para mercancías y para la población, que lo utilizaban como vía fluvial para transporte comercial o recreativo. Gracias a la obtención de lino y trigo, Egipto tuvo una buena relación diplomática con otros países, y a menudo contribuía a la estabilidad económica del país. Además, proporcionaba los recursos necesarios como el alimento o el dinero para poseer un ejército. La leyenda dice que el faraón era el responsable de la inundación del Nilo, y a cambio del agua y las cosechas los campesinos debían cultivar el suelo fértil enviando después una parte de sus recursos al propio faraón que se encargaba de usarlo en el bien de la sociedad. El Nilo era también una fuente espiritual ya que crearon un dios dedicado al bienestar de la inundación anual, el dios Hapy que controlaba junto al faraón la crecida. Además se consideró al río como una calzada de la vida hasta la muerte. El historiador griego, Heródoto, escribió que «Egipto era el regalo del Nilo». Sin la irrigacion de las aguas del Nilo, la civilización egipcia probablemente habría sido efímera. El Nilo proporcionó los elementos que hicieron una gran civilización que perduró tres mil años. El comercio ha sido continuo en el Nilo desde hace miles de años, como podemos ver en el Hueso de Ishango, posiblemente la prueba más conocida de la multiplicación por duplicación egipcia que fue descubierto cerca del lago Eduardo, en el noreste del Congo que fue datado hacia el año 20000 a. C. A pesar de los intentos de griegos y romanos que fueron incapaces de atravesar el Sudd, el curso alto del Nilo permaneció inexplorado en su mayor parte. Varias expediciones habían fracasado en sus intentos por determinar la fuente del Nilo, lo que motivó las representaciones helenística y romana del río como un dios masculino con la cabeza y la cara ocultas por telas. Agatharcides registró que en tiempos de Ptolomeo II una expedición militar había remontado lo suficientemente el curso del Nilo Azul como para determinar que la causa de las inundaciones veraniegas eran las fuertes lluvias estacionales en el Macizo Etíope; sin embargo no se cree que ningún europeo de la Antigüedad alcanzara el lago Tana ni que siguiera los pasos de esta expedición más allá de Meroe. Los europeos prácticamente no consiguieron nuevos datos sobre los orígenes del Nilo hasta los siglos XV y XVI, cuando viajeros por Etiopía visitaron el lago Tana e incluso la fuente del Nilo Azul en las montañas al Sur del lago. A pesar de que James Bruce declaró haber sido el primer europeo en visitar esa fuente, escritores modernos con mejores conocimientos le dan el crédito al jesuita español Pedro Páez. La descripción de Páez de la fuente del Nilo (Historia de Etiopía, c. 1622) no fue publicado íntegramente hasta comienzos del siglo XX. Este texto es una larga y vívida descripción de Etiopía. Sin embargo el relato aparece reflejado en varios escritos contemporáneos a su composición, como la Historia geral da Ethiopia a Alta (Balthazar Telles, 1660), Mundus Subterraneus (Athanasius Kircher, 1664) o El Estado Actual de Egipto (Johann Michael Vansleb, 1678). Los europeos habían vivido en el país desde finales del siglo XV, y es posible que alguno de ellos hubiera visitado la fuente anteriormente, pero fuera incapaz de enviar un relato con sus descubrimientos fuera de Etiopía. El portugués Jerónimo Lobo también describe la fuente del Nilo Azul, habiéndola visitado poco después de Pedro Páez. Su relato también aparece en la obra de Balthazar Telles.

File:Blue Nile Falls 01.jpg

Cataratas en Etiopía.

El Nilo Blanco era incluso más misterioso e incomprendido, y en la Antigüedad se pensaba, equivocadamente, que el río Níger era en realidad el curso alto del Nilo Blanco; así Plinio el Viejo escribió que el Nilo tenía sus orígenes «en una montaña de la Baja Mauritania», discurría por la superficie durante una distancia de «muchos días», luego se volvía subterráneo, reaparecía como un gran lago en territorio de los Masaesyles, luego volvía a desaparecer bajo el suelo del desierto, por donde discurría «por una distancia de veinte días de viaje hasta alcanzar a los etíopes más cercanos». Un mercader llamado Diógenes relató que las aguas del Nilo atraían animales como el búfalo de agua o los camellos (tras su introducción por los persas en el siglo VII a. C.). El lago Victoria fue contemplado por europeos por primera vez en 1858, cuando el explorador británico John Hanning Speke alcanzó su orilla Sur durante su viaje de exploración por el África central con Richard Francis Burton y cuyo objetivo era localizar los Grandes Lagos. Creyendo haber encontrado la fuente del Nilo al ver por vez primera esta «gran extensión de aguas abiertas», Speke le dio el nombre de la soberana del Reino Unido de entonces. Burton, que se había estado recuperando de una enfermedad descansando algo más al Sur, en las esquinas del lago Tanganica, montó en cólera al saber que Speke había dado por demostrado que su descubrimiento era la auténtica fuente del Nilo, cuando Burton lo consideraba aún como algo sin certificar. Lo que siguió fue una gran pelea pública, que no sólo originó un intenso debate dentro de la comunidad científica de la época, sino que incitó a muchos otros exploradores a confirmar o refutar el descubrimiento de Speke. El conocido explorador y misionero británico David Livingstone fracasó en su intento de confirmar las aseveraciones de Speke al desplazarse demasiado al Oeste y entrar en la cuenca del Congo. Finalmente fue el explorador galés Henry Morton Stanley quien confirmó la veracidad del descubrimiento de Speke al circunnavegar el lago Victoria y describir la gran salida de agua de las Cataratas Ripon en la orilla Norte. Fue durante este viaje en el que se supone que Stanley saludó al explorador británico con las palabras «¿El doctor Livingstone, supongo?» al encontrar al escocés enfermo y abatido en su campamento a la orilla del lago Tanganica. La expedición al Nilo Blanco, que conducía el sudafricano Hendri Coetzee, fue la primera que consiguió navegar la longitud entera del río Nilo. La expedición salió desde el nacimiento del Nilo en Uganda el 17 de enero de 2004 y llegó al mar Mediterráneo exactamente en Rosetta, 4 meses y 2 semanas más tarde. National Geographic produjo una película sobre esta expedición hacia finales de 2005 y la tituló El río más largo.

File:Agilkia.jpg

El Nilo visto desde el templo de Isis. Su actual emplazamiento es la isla Agilkia.

El 28 de abril de 2004, el geólogo Pasquale Scaturro y su compañero, el practicante de kayak y cineasta documental Gordon Brown fueron los primeros en navegar el Nilo Azul, desde el lago Tana en Etiopía a las playas de Alejandría sobre el mar Mediterráneo. Aunque su expedición incluyó a varios componentes estos dos fueron los únicos que permanecieron el viaje completo. Filmaron su aventura con una cámara IMAX y la emitieron en una película denominada El Misterio del Nilo además de escribir un libro con el mismo título. El 30 de abril de 2005, un equipo conducido por los sudafricanos Peter Meredith y Hendri Coetzee, fueron los primeros en navegar la parte más remota del río Nilo, el río Akagera que comienza en Rukarara en el bosque Nyungwe en Ruanda. El 31 de marzo de 2006, tres exploradores de Gran Bretaña y Nueva Zelanda, liderados por Neil McGrigor reclamaron haber sido los primeros en viajar por el río desde una nueva fuente en la selva tropical de Nyungwe en Ruanda, descubriendo que el Nilo es 107 kilómetros más largo que lo que estaba previsto anteriormente…[1]

Enlace directo: Las pirámides de Egipto

La Factoria Historica

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[1] Gardiner, Alan (1994). El Egipto de los faraones. Laertes. ISBN 84-7584-266-6. Grimal, Nicolas. Historia del Antiguo Egipto. Akal. ISBN 84-460-0621-9; McDermott, Bridget (2006). La guerra en el antiguo Egipto. Barcelona. ISBN 84-8432-727-2; Padró, Josep (2005). El Egipto del Imperio antiguo. Madrid. ISBN 84-95921-97-9; – (1999). Historia del Egipto faraónico. Alianza. ISBN 84-206-8190-3; Shaw, Ian (2007). Historia del Antiguo Egipto. original: Oxford University Press. Traducción del inglés a cargo de José Miguel Parra Ortiz. Madrid: La Esfera de los Libros. ISBN 978-84-9734-623-8; Trigger, B. G. & Kemp, B. J. & O’Connor, D. & Lloyd, A. B.. Historia del Egipto antiguo. Crítica. ISBN 84-7423-838-2.

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