Ateísmo

Probablemente el ateísmo haya existido desde el origen de las creencias teístas, ya que es difícil que la totalidad de los miembros de una sociedad compartan su pensamiento religioso. A lo largo de la historia, las opiniones teístas ligadas a la religión han tenido generalmente una posición predominante en las sociedades. Los oponentes de estas posturas no han tenido siempre la oportunidad de expresar sus puntos de vista en público debido a fenómenos de “caza de brujas” o la terrible Inquisición en la Europa cristiana. Por eso en distintos momentos históricos, es raro encontrar puntos de vista ateístas en manuscritos u otros referentes históricos. Tiene relevancia la escuela Chárvaka, por el nombre de su fundador, una escuela surgida en la India en torno al siglo VI a. e. c., que defendía una interpretación filosóficamente ateísta y materialista del mundo, y cuya interpretación del origen de la religión y del papel del clero se parece a la del ateísmo occidental moderno. Enfrentada con posturas religiosas fuertemente organizadas, sus escritos fueron destruidos de manera sistemática y solo han sobrevivido fragmentos especialmente del Barjaspatiá sutra, enmarcados en textos hostiles…

Ateísmo

En la antigua Grecia vivieron filósofos supuestamente ateos o, más bien, agnósticos, que no aprobaban la religión que dominaba su sociedad. La mayoría tenía una postura materialista, según la cual todas las cosas son esencialmente materiales; incluso los fenómenos «espirituales» tendrían una base material, por lo que no sería necesario ningún dios. En el siglo V a. e. c., el término «ateo» adquirió un significado adicional, expresando una falta total de relación con los dioses; esto es, ‘negador de los dioses, incrédulo, irreligioso, antirreligioso, sacrílego’, con una connotación más parecida a nuestro término actual ‘impío’. Un término menos peyorativo en esa época era asebēs. Los primeros filósofos en negar la existencia de los dioses tradicionales fueron algunos sofistas griegos, siendo el primero  Protágoras, quien fue exiliado de Atenas por ateísta, aunque en realidad su posición era escéptica o agnóstica respecto al tema religioso; también Diágoras de Melos y Critias. Otros filósofos griegos tuvieron un enfoque más práctico del ateísmo. Demócrito, que fue el primero en pensar que la realidad estaba compuesta por átomos y vacío, pensaba que la inexistencia de los dioses se seguía de la existencia de mejores explicaciones para el mundo real, postulando su visión de un universo compuesto por átomos; en realidad, admitía la existencia de dioses “atómicos”, lo cual se prueba porque tenemos imágenes de ellos y sólo tenemos imágenes de lo que hemos experimentado a nivel sensible. Hubo otros materialistas como Epicuro y su seguidor romano Lucrecio, que aunque no negaban explícitamente la existencia de las divinidades, sostenían que no tendrían ninguna interacción con las actividades humanas.

Como sustantivo abstracto, existía también atheotēs (‘ateísmo’). El escritor y político romano Cicerón transcribió atheós al latín atheus, palabra que tomó un significado ambivalente en el Imperio romano, en las discusiones entre cristianos y «paganos» desde el siglo II de nuestra era; cada grupo atribuía el término athéoi al otro. Durante la Edad Media en Europa el ateísmo filosófico o teórico, otra cosa es el indiferentismo práctico, fue un fenómeno socialmente minoritario limitado a personas singulares o a algunos grupos filosóficos. La metafísica, la religión y la teología habían sido añadidas al quadrivium como materias de enseñanza predominantes, y la enseñanza quedaba al cargo de la iglesia católica bajo la autoridad de los obispos. El cristianismo deja de ser perseguido a partir del siglo IV, con el Edicto de Milán, y en los tres últimos siglos de la Edad Media se produce una clericalización de la sociedad, en la que la iglesia organiza y fortalece todo el aparato administrativo, fiscal, judicial e intelectual. La Inquisición oficiaba para castigar y erradicar las herejías y la blasfemia (y la brujería), términos que incluían toda desviación del dogma que pudiera conllevar críticas o escepticismo frente a los preceptos religiosos dominantes, así como la creencia en otras doctrinas como el catarismo o religiones como el judaismo y el islam. Casi no se empleaba aún el término atheo o atheísta, quedando éstos difuminados entre las numerosas herejías que se extendieron por Europa occidental en ese periodo. El materialismo y la resistencia a la iglesia católica fue la marca del humanismo renacentista entre 1400 y 1500, que promovía la libertad de pensamiento y el desarrollo del escepticismo. La visión ateísta reaparece recién en algunos filósofos renacentistas, como Pietro Pomponazzi. Leonardo da Vinci se enfrentaba a las autoridades religiosas al sostener que la explicación sólo puede proceder de la experimentación. Otros pensadores como Nicolás MaquiaveloFrançois Rabelais formularon críticas hacia la religión y la Iglesia, y el pensamiento de Raimundo de Sabunde, traducido al francés y alabado por el filósofo Michel de Montaigne, marcó un paso decisivo en la vía del escepticismo. Las palabras ateo y ateísmo empezaron a emplearse en francés a partir del siglo XVI, pero se hablaba entonces sobre todo de increencia. Durante la era de la Ilustración, en el siglo XVIII, el ateísmo tuvo una promoción importante entre 1688 y 1789, con el barón Paul d’Holbach y Julien Offray de La Mettrie. La situación empezó a liberalizarse hacia 1700. Entre otros, el filósofo y enciclopedista Denis Diderot afirmó que el mundo se podía explicar sin ninguna hipótesis divina. Los desarrollos de la física y la matemática condujeron también a abrir un debate acerca del determinismo, postura que en su momento fue considerada proateísta, como la del matemático Laplace.

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Epicuro

El ateísmo aumentó sustancialmente en el siglo XIX, paralelamente al conocimiento del mundo natural y a la filosofía positivista. En este sentido cobró importancia la teoría de la evolución por selección natural de Charles Darwin, quien era un agnóstico, en cuanto a que ofreció una explicación del orden en la Naturaleza basada en un mecanismo natural e iba dejando menos parcela a la creencia. En esta época se desarrollaron los regímenes liberales, surgidos de los ideales de la Revolución francesa, que empezaron a garantizar la libertad de conciencia, dejando progresivamente de ser las posiciones ateístas, o simplemente heterodoxas, objeto de persecución. El ateísmo fue desarrollado por filósofos de la izquierda  hegeliana como Ludwig Feuerbach y se convirtió en un aspecto básico del materialismo dialéctico de los filósofos alemanes Karl MarxFriedrich Engels quienes fundaron su opinión materialista en las de Demócrito y Epicuro, así como en el  positivismo de Auguste Comte y el materialismo científico-natural de Félix Le Dantec. La defensa más radical del ateísmo fue desarrollada por los fundadores del anarquismo, más en concreto por Mijaíl Bakunin, que llamaba a la “destrucción” de la idea de “dios” en su obra Dios y el Estado:

Amantes y envidiosos de la libertad humana, y considerándola como la condición absoluta de todo lo que adoramos y respetamos en la humanidad, doy vuelta la frase de Voltaire y digo: si dios existiese realmente, habría que hacerlo desaparecer.

Max Stirner, seudónimo de Johann Kaspar Schmidt, contemporáneo de Marx, publica en 1844 El único y su propiedad, obra que será idolatrada y odiada, en la cual, con un ateísmo sin medias tintas critica a Feuerbach, Bauer y a los comunistas, hace tabla rasa de toda la filosofía precedente y de los fantasmas de la irracionalidad, propugnando un extremo individualismo y adoptando incluso el propio término egoísmo. Friedrich Nietzsche, importante filósofo nihilista, y gran crítico del cristianismo, estaba atraído a la obra de Stirner, tanto que temía ser acusado de plagio; en sus obras La gaya ciencia y Así habló Zaratustra hace explícita la frase ‘Dios ha muerto‘ y en la obra El Anticristo expone la perversión que ha sufrido el cristianismo. También fue notable el pensamiento de Arthur Schopenhauer, que algunos definen como «el ateísmo de la desesperación». Debe señalarse la importancia que el libro El origen de las especies de Charles Darwin y la aceptación generalizada de la teoría de la evolución van a suponer para el cuestionamiento de la creación divina del hombre y de las distintas especies animales, una de las razones que justificaba satisfactoriamente la existencia de un dios, y el consecuente reforzamiento de posiciones tanto ateas o ateístas como agnósticas. Con el surgimiento de los estados socialistas, nacidos de la Revolución de octubre, el ateísmo pasó de ser una postura minoritaria a ser una política de Estado (ateísmo de estado). Principalmente en la Unión Soviética, y en los países firmantes del Pacto de Varsovia, el afán del estado por imponer el ateísmo materialista derivado del marxismo fue causa de persecución para las diversas religiones practicadas en esos países. Contrapuestos a estos estados, la mayoría del resto de los países del mundo institucionalizaron la separación de la Iglesia y el Estado, declarando el estado laico, siendo los países árabes la principal excepción.

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Richard Dawkins

El siglo XX también vio enormes avances en la ciencia, y el ateísmo o el escepticismo se convirtieron en las posiciones más comunes entre los científicos y gente cultivada. Notables pensadores ateístas del siglo XX son el novelista Albert Camus, la filósofa y novelista Ayn Rand, el filósofo Jean-Paul Sartre y el matemático y filósofo Bertrand Russell. Con la caída del bloque socialista en los años 90 del siglo XX, las religiones en los antiguos países socialistas retomaron parte de su antigua importancia, si bien el ateísmo continúa siendo muy extendido en estos países. Entre los siglos XX y XXI personas como Richard Dawkins, Peter Atkins, Sam Harris, Christopher Hitchens, Piergiorgio Odifreddi, Michel Onfray, Pat Condell, Gustavo Bueno y Fernando Savater entre muchos otros, mantienen posiciones ateas más o menos activas, en defensa de la ciencia y el humanismo vitalista, frente a la intervención e influencia de las distintas iglesias y en defensa de los derechos de los ateos que consideran menoscabados…[1]

La Factoria Historica


[1] Armstrong, K. (1999): A history of God. Londres: Vintage. ISBN 0-09-927367-5; Berman, D. (1990): A history of atheism in Britain: from Hobbes to Russell. Londres: Routledge. ISBN 0-415-04727-7; Buckley, M. J. (1987): At the origins of modern atheism. Nueva Haven (EE. UU.): Yale University Press; Drachmann, A. B.: Atheism in pagan antiquity [1922]. Chicago: Ares Publishers, 1977 (reimpresión de la edición de 1922). ISBN 0-89005-201-8; McGrath, A. (2005): The twilight of atheism : the rise and fall of disbelief in the modern world. ISBN 0-385-50062-9; Thrower, James (1971): A short history of western atheism. Londres: Pemberton. ISBN 1-57392-756-2.

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