Primer Imperio francés

El camino que condujo a Bonaparte hasta el trono imperial comenzó con la jornada del 18 de Brumario y la nueva Constitución del Año VIII en 1799, que convertía al general Bonaparte en Primer Cónsul tras su retorno de la campaña de Egipto, y después de la enmienda de 1802, la cual, fundamentada en el sufragio a favor del 99% de los votantes, volvía a este cargo vitalicio con facultad de designar a su sucesor. Paulatinamente, el Primer Cónsul ganó apoyos y empezó así la reconstrucción de una Francia afectada tras años de guerras internas y externas. Gradualmente, el Primer Cónsul fue diluyendo a las distintas facciones y los sentimientos revolucionarios, estableciendo una sólida administración, vías constitucionales y múltiples instituciones civiles. La decisión del Senado el 24 de mayo de 1804, le otorgaba el título de “Emperador de los franceses“…

Primer Imperio francés

Se dice que Napoleón estaba íntimamente unido a los franceses, a quienes a menudo llamaba “mis hijos”. Napoleón defendió el derecho de propiedad, promulgó la ley de perdón a los emigrados, creó y promovió la laicidad brindando la libertad de culto a todos los credos, restableciendo el catolicismo en Francia, dando un estatuto legal a los protestantes, liberando a los judíos de los ghettos y dándoles un estatuto civil que nunca habían tenido, etc. Más tarde, aboliría el vasallaje. Por primera vez los franceses tenían acceso formalmente a la igualdad ante la ley y el impuesto, y el derecho al libre ascenso social. La prestigiosa Legión de Honor, creada en 1802, recompensaba los méritos civiles y militares de todo ciudadano sin distinción de clase y, novedad sin precedentes en la historia de las condecoraciones, era otorgada a su recipiendario así fuera éste noble o plebeyo. Además de las obras de infraestructuras (caminos, puentes, puertos etc.), las instituciones civiles creadas por Napoleón con el Código Napoleónico, la Universidad, los liceos, la Banca de Francia, el Tribunal de Comercio, los prefectos, etc., y muy pronto, la economía francesa sería la más poderosa y su industria una de las más activas del continente.

Esta explosión política, industrial, agrícola y cultural no se detendría durante todo el periodo imperial a pesar de las permanentes guerras de coalición montadas por Inglaterra. La Consagración y Coronación del Emperador se llevaron a cabo el 2 de diciembre de 1804, presididas por el Papa Clemente VII en persona, en la catedral de Nuestra Señora de París engalanada a pesar de los terribles daños ocasionados por los revolucionarios. Durante el periodo imperial se sucederian varios cambios trascendentales, materializados esencialmente en el Código Napoleónico en 1804, la reforma aduanera y agrícola, la división de poderes en el estado, etc. Durante el régimen napoleónico se elaboraron políticas de desarrollo y protección social, primer ensayo de seguridad social, de grandes reformas agrícolas, de mejoras de salud y obras públicas, primer servicio de ambulancia, escuela veterinaria, fuentes, puentes y canales, etc., de fomento industrial y artístico, y se extendió el concepto de la enseñanza pública gratuita. He aquí lo que el Primer Cónsul Emperador dijo en una ocasión al Consejo de Estado, registrado en sus archivos el 4 de mayo de 1802: « Francia no aceptará nunca el gobierno del sable. A la larga, el sable siempre es vencido por el espíritu (…) No es como general como gobierno, sino porque la nación cree que tengo las cualidades civiles propias al gobierno ». En el ámbito económico, Francia se enfrentaba a una sangría económica. En esas condiciones, además del fuerte impulso dado a la agricultura y a la industria, la producción del Imperio se centraba igualmente en el esfuerzo de la producción armamentística, puesto que Francia precisaba de barreras o “glacis” defensivos que le permitieran detener las constantes embestidas de los aliados. Por otro lado, el Bloqueo Continental resultó gravoso para Francia, disparando el contrabando, que escapaba del control de la hacienda pública. Durante el periodo del primer Imperio Napoleónico, hubo muchas reformas en Francia que no solo conservaban lo económico sino también lo político y lo social. En lo económico hubo: La creación del Banco de Francia. Una política proteccionista hacia la agricultura. Creación de un libre comercio. Emisión de billetes y monedas.

El Bloqueo Continental, fue uno de los vértices en la política exterior de Napoleón en su intento de asfixiar la economía británica. Napoleón era un genio militar, sin embargo, falto de recursos y de personal cualificado, fue imposible hacer frente a la Royal Navy. Los planes para ello se frustraron definitivamente con la Batalla de Trafalgar, en 1805. Como resultado de la Revolución industrial, Gran Bretaña fue una potencia emergente en Europa en fabricación manufacturera, y era por ello vulnerable a un embargo comercial. El Bloqueo Continental fue justamente eso: un embargo. En noviembre de 1806, tras haber vencido a los ejércitos agresores y logrado ventajosas alianzas con todas las mayores potencias de la Europa Continental, Napoleón publicó el Decreto de Berlín, prohibiendo a sus aliados y al resto de naciones conquistadas comerciar con el Reino Unido. En 1807, trató de fortalecer este bloqueo en un esfuerzo de destruir el comercio inglés publicando el Decreto de Milán. En último término, el embargo fue un fracaso, aun cuando Inglaterra estuvo a punto de sucumbir a la terrible presión económica, pero la exclusividad napoleónica sobre los puertos no podía detener a los británicos. Inglaterra, por medio de las “Órdenes en Consejo” (Orders in Council) de 1807, prohibieron a sus socios comerciales el comercio con Francia. El Congreso de los Estados Unidos decretó el Acta de Embargo de 1807, por el que los puertos americanos quedaban cerrados al comercio británico, y estos hechos les condujeron a la guerra con Gran Bretaña en 1812. Portugal fue el único país europeo que rehusó abiertamente unirse al Bloqueo Continental. Tras el Tratado de julio de 1807, y después de múltiples instancias a entrar en razón quedadas sin respuesta, Napoleón trató de capturar a la flota portuguesa, así como ocupar los puertos portugueses y expulsar a los ingleses de suelo portugués. La reinante casa de Braganza no dudó en abandonar a su pueblo huyendo a Brasil escoltada por la Royal Navy. Aun así el proyecto napoleónico fracasó. La población portuguesa bullía en revueltas contra los invasores franceses, y el ejército británico de Wellington intervino, dando inicio a la Guerra Peninsular en 1808. De hecho, falto del tiempo necesario a su éxito, el Bloqueo Continental causó a la larga más daños colaterales a las naciones del Gran Imperio de lo que hizo en Gran Bretaña, generando un descontento popular. Rusia, en particular, no podía soportar más el embargo, y en 1812 reabrió el comercio con Inglaterra. Tras la amenaza de una agresión rusa a Polonia, aliada de Francia, Napoleón se ve en la necesidad de intervenir y prepara la Grande Armée, una fuerza de más de medio millón de hombres de todas partes de Europa, y con este “Ejército de las Naciones” parte hacia Rusia. La larga y sangrienta retirada de miles de kilómetros, perseguido por los ejércitos rusos, el duro invierno ruso, y una serie de derrotas en Leipzig y la campaña de los Seis Días, donde, a pesar de obtener victorias, lo hacía al elevado coste de perder paulatinamente a su ejército, precipitó la caída del imperio. Aprovechando la débil situación militar y económica de Francia, y contando con la ayuda interna de personas como Talleyrand o Fouché, los aliados, finalmente, entraron en París y mediante el tratado de Fontainebleau terminaron con el dominio francés sobre Europa, exiliando a Napoleón a la Isla de Elba.

El regreso de Napoleón a Francia, llegando a las Tullerías con apoyo popular, y recuperando el trono pacíficamente, fue seguido por el periodo conocido como los Cien Días. Este periodo de reinstauración imperial, aunque breve, mostró el apoyo que el pueblo francés aun tenía a “su Emperador”. La primera acción de Napoleón fue ofrecer la paz a las potencias europeas. Éstas, sin embargo, montaron una nueva ofensiva contra Francia. En esas condiciones, Napoleón se vio forzado a poner en pie un nuevo ejército defensivo, pero sus fuerzas menguadas fueron neutralizadas por las potencias aliadas durante la campaña de Bélgica de 1815, que se terminó con la histórica batalla de Waterloo. Aunque aún contaba con recursos, Napoleón, de cara a las traiciones múltiples y poco apoyo de las cámaras, y queriendo evitar que se derramara la sangre del pueblo suscitando una nueva guerra civil, prefiere abdicar nuevamente. Siendo enviado nuevamente al exilio a la Isla de Santa Elena…[1]

La Factoria Historica


[1] Goubert, Pierre. The Course of French History (1991), standard French textbook excerpt and text search; also complete text online; Haine, W. Scott. The History of France (2000), 280 pp. textbook. and text search; also online edition; Jones, Colin, and Emmanuel Le Roy Ladurie. The Cambridge Illustrated History of France (1999) excerpt and text search; Popkin, Jeremy D. A History of Modern France (2005), 384pp; textbook coverage from 1750s; excerpt and text search; Price, Roger. A Concise History of France (1993) excerpt and text search; Raymond, Gino. Historical Dictionary of France (2nd ed. 2008) 528pp

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