Invasiones de Britania

Julio César  efectuó dos expediciones a la isla en los años 55 a. C. y 54 a. C., venciendo al rey Casivellauno, pero sin llegar a consolidar la incursión y sin terminar de dominar a los isleños, pues las revueltas en las Galias y las presiones de Pompeyo y Craso le obligaron a regresar al continente. Los britanos se comprometieron a jurar fidelidad al Imperio de Roma y a pagar tributo…

Invasiones de Britania

Fue casi un siglo después, en el año 43, cuando el emperador Claudio organizó una invasión con su general Aulo Plaucio al frente de la fuerza invasora, la cual contaba con cuatro legiones. Los historiadores discrepan acerca de los motivos que impulsaron al emperador a emprender la conquista aunque muchos afirman que le llevó el deseo de obtener fama y buena reputación entre los romanos ya que sus deficiencias como emperador eran evidentes. La excusa formal para iniciar la conquista estaba en el hecho de que Britania tenía grandes vínculos de entendimiento y comercio con los belgas de la Galia a través del Canal de la Mancha, por lo que Claudio y sus consejeros pensaron que la Galia no estaría nunca segura sin la anexión de Britania. El propio Claudio asistió a la campaña durante algún tiempo y, entusiasmado por el éxito obtenido, quiso perpetuarlo dando el nombre de Británico a su hijo.

Los enfrentamientos fueron duros. Tras el desembarco en Richborough, los hijos de Cimbelino, líder de la confederación de las tribus de los catuvellani y los trinovantes, Carataco y Togodumno ofrecieron una gran resistencia, pero, tomados por sorpresa por la invasión, fueron derrotados. Plaucio acampó a la espera del emperador, a cuya llegada, procedieron a tomar la capital de Cimbelino, Camulodunum, actual Colchester, lo que provocó que numerosas tribus britanas entre ellas los atrébates, icenos y brigantes aceptasen la soberanía romana. Sin embargo, Carataco logró huir en el intervalo y organizar la facción antirromana, haciéndose fuerte en los valles y montañas galesas. Los cuatro años siguientes fueron utilizados por los romanos para consolidar sus posiciones en el sudeste, sudoeste y en los Midlands. Para el año 47, la frontera provincial estaba constituida por una línea imaginaria que iba de Exeter a Lincoln. Chichester se convirtió en el principal centro romano de la isla. Ese año, Plautius fue sucedido por Ostorius Scapula, quien inició el ataque contra las tribus rebeldes de Gales, los siluros y los ordovicos, al mando de Caractacus, que fueron derrotados en el año 49. Caractacus huyó y buscó refugio entre los brigantes, tribu que ocupaba el norte de la actual Inglaterra, pero fue entregado por su reina, Cartimandua, a los romanos. Paralelamente, en el año 49, se creaba la colonia romana de Camulodunum. La derrota de Caractacus, sin embargo, no trajo consigo la conquista de Gales, cosa que ocurriría definitivamente casi diez años después, bajo el mando del procónsul romano Cayo Suetonio Paulino. Paralelamente, los romanos apoyaban a la facción prorromana de los brigantes, encabezada por la reina Cartimandua, que mantuvo una política prorromana frente a la facción antirromana liderada por su marido, finalmente, en el año 71, el reino de los brigantes sería anexionado por Roma. Sin embargo, entre los años 60 y 61, estalló la rebelión de los icenios, al mando de su reina Boadicea, descontentos por la anexión de sus territorios efectuada por los romanos. Apoyada por otras tribus, incluida la de los trinovantes, luchó con gran dureza y consiguió incluso expulsar de la ciudad de Londinium, el actual Londres, al procónsul romano Cayo Suetonio Paulino aunque finalmente éste aplastó la rebelión en la Batalla de Watling Street. Tras esta revuelta, comenzó un periodo más tranquilo, aunque no exento de nuevas rebeliones, que facilitó el comienzo de la romanización.

Con la conquista de Claudio, Britania pasó a ser otra provincia romana regida por un gobernador. Desde sus comienzos como nueva provincia presentó para Roma una gran inseguridad por lo que hubo necesidad de una constante presencia militar, sobre todo al norte y al este de la línea formada por la calzada de Exeter a Lincoln. Hubo continuas revueltas y sublevaciones, por lo que fue necesaria la ejecución de una gran infraestructura para facilitar el paso de las legiones hacia el norte. Una de estas obras fue la construcción de un puente sobre el río Támesis, en un lugar donde no afectara las mareas. En el año 78 el gobernador Cneo Julio Agrícola se vio obligado a dirigir una nueva expedición militar para someter a la tribu celta de los ordovicos, ubicada en lo que hoy es Gales, en el que dos años después llegó hasta Caledonia actual Escocia donde las tribus de los pictos conservaban su independencia. En el 84, seis años después, se dio la batalla de Monte Graupio, en el norte, en la que las tropas romanas derrotaron decisivamente a la confederación caledonia, Tácito cita 10.000 muertes entre los caledonios, nombre que los romanos asignaban a los pictos. Sin embargo, debido a necesidades del Imperio en otros territorios, las legiones fueron retiradas a la línea del istmo Forth-Clyde, por eso estas derrotas no se tradujeron en un total dominio romano sobre la isla. No existen fuentes históricas que describan las décadas posteriores a la partida de Agrícola. Incluso el nombre de su sucesor al mando de la provincia continua siendo una incógnita. La arqueología ha mostrado que algunos fuertes romanos al sur del istmo Forth-Clyde fueron reconstruidos y ampliados, aunque otros parecen haber sido abandonados.

En el año 115, los nativos se sublevaron contra sus conquistadores y aniquilaron a las guarniciones romanas de Eburacum. Como resultado, el emperador romano Adriano llegó a Britania en 122 y comenzó la construcción de una muralla de 117 km conocida como muralla de Adriano a la altura del golfo de Solway, como límite norte del dominio de Roma. Años más tarde, su sucesor, Antonio Pío, mandó levantar otra 50 km al norte. Sin embargo, estas nuevas posiciones defensivas fueron abandonadas tras su muerte en 161, pasando a ser de nuevo la muralla de Adriano la frontera romana durante los siguientes doscientos años, un periodo de paz relativa. Septimio Severo, en el declive de su vida tuvo que organizar una nueva incursión militar para detener las revueltas de los britanos. Murió en una de esas campañas. En el 410, Roma cedió ante el empuje de los sajones que ocuparon casi toda la isla después de haber hecho numerosas incursiones a lo largo del siglo IV. Los habitantes de Britania nunca se sintieron ciudadanos romanos y apenas participaron en la vida política de Roma. Por otro lado ni el trigo que producían, ni los minerales que ofrecían sus minas cubrían los enormes costos debidos a la ocupación. Hubo en Britania una notable romanización a tener en cuenta aunque no llegó a ser nunca como la de Hispania o de Galia.

Se calcula en 1 millón de habitantes de la provincia en el siglo I; con la paz interna bajo el dominio romano llegó a 4 millones; en el siglo V, cuando fue abandonada al llegar las invasiones bárbaras, la población cae a menos de un millón. Como ocurrió con el resto de Europa, las invasiones bárbaras afectaron también a Britania. Desde las costas de la península de Jutlandia llegaron los pueblos germánicos de los jutos que se establecieron en Kent y en la isla de Wight, el denominado reino de Kent, junto con los anglos que colonizaron Northumbria, situado en el actual condado de Northumberland, Anglia Oriental y Mercia en la región central y los sajones que se adueñaron de Londinium y fueron estableciéndose en pequeños reinos que iban formando. Al principio estos pueblos se limitaron al saqueo pero pasado el tiempo hubo una invasión en toda regla. En el año 418 acudieron soldados mercenarios romanos para la defensa de puntos importantes como Londinium. Sin embargo, las legiones romanas estaban muy ocupadas en resistir las invasiones de los bárbaros en Roma. A partir de estos acontecimientos Britania no se recuperó nunca como provincia romana, siendo gobernada por pequeños reyezuelos locales que pretendieron seguir las costumbres romanas; algunos fueron capaces de resistir la acometida sajona en el sureste de la isla…[1]

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La Factoria Historica


[1]Allen, Stephen (2007). Lords of Battle: The World of the Celtic Warrior. Osprey Publishing. ISBN 1841769487; Collingwood, Robin George (1998). Roman Britain and the English Settlements. Biblo & Tannen Publishers. ISBN 0819611603; Davies, Norman (2000). The Isles a History. Macmillan. ISBN 0333692837; Hewitt, Virginia. “Britannia (fl. 1st–21st cent.)”, Oxford Dictionary of National Biography, online edition 2007, accessed 28 Aug 2011; Snyder, Christopher (2003). The Britons. Blackwell Publishing. ISBN 0-631-22260-X.; M. Dresser (ed.), ‘Britannia’, Patriotism: the making and unmaking of British national identity, vol. 3; R. Samuel, National fictions (1989), pp. 26–49; Britannia depicta: quality, value and security, National Postal Museum (1993); H. Mattingly, Nerva to Hadrian, reprint (1976), vol. 3 of Coins of the Roman empire in the British Museum; J. M. C. Toynbee, The Hadrianic school: a chapter in the history of Greek art (1974); M. Henig, ‘Britannia’, Lexicon Iconographicum Mythologiae Classicae, 3/1 (1983), pp. 167–69; K. T. Erim, ‘A new relief showing Claudius and Britannia from Aphrodisias’, Britannia, 13 (1982), pp. 277–81; H. Peacham, Minerva Britannia, or, A garden of heroical devises (1612), J. Thomson, Britannia: a poem (1729), R. Strong, Gloriana, the portraits of Queen Elizabeth I (1987), H. A. Atherton, Political prints in the age of Hogarth. A study of the ideographic representation of politics (1974)

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