Género fantástico

Según Jacobino, los orígenes del género podrían remontarse a los mitos clásicos, las leyendas y al arte carnavalesco. Su estudio también ubica la forma moderna del fantasy en la literatura gótica. Las primeras muestras de elementos fantásticos pueden encontrarse, en efecto, en antiguas narraciones con fuerte presencia de elementos folklóricos, arraigadas en el imaginario colectivo. El Poema de Hidalgamente, composición sumeria del 2000 a. C., sería uno de los primeros textos que incorporaron elementos como gigantes, dioses e intervenciones sobrenaturales. La Odisea, otro poema homérico, incluyó numerosos episodios en los cuales intervenían los dioses olímpicos con sus prodigiosos poderos así como criaturas de asombrosas habilidades. Otras obras de autores como Apuleyo con El asno de oro o el fabulista griego Esopo también se constituyen como prototipos de ficciones correspondientes al género de lo maravilloso por el tipo de elementos que se halan en su centro….

Género fantástico

Además de las grandes composiciones poéticas, la gran cantidad de mitos y leyendas circulantes en las culturas mesopotámica, griega y romana también presentaba constantes elementos metafísicos. Así, la canción de la diosa sumeria Inanna, las criaturas a las que se enfrentaron los héroes Jasón y Teseo o las metamorfosis que luego describió Ovidio en su obra constituyen el muestrario de intrusiones de la magia y lo sobrenatural en lo relatos de difusión oral. Durante el medioevo prosiguió la difusión del elemento maravilloso a través de la épica y del conjunto de relatos contados por el pueblo; ambos tuvieron como denominador común a la mitología como eje de irrupción de lo sobrenatural. Diferentes ciclos mitológicos como el céltico o el escandinavo tuvieron su auge durante este período gracias a los constantes movimientos demográficos.  La mitología céltica tuvo importante impacto en el ciclo de leyendas artúricas, que a su vez resultó una vital influencia para una de las corriente literarias que incorporó por primera vez elementos maravillosos bajo la firma de un autor: la novela de caballerías. Este género, conocido en inglés como romance, no sólo recuperó mitos y leyendas sino que también creó sus propios espacios y leyes de funcionamiento.

Algunos de los grandes poemas del período, los sajones Beowulf y el Cantar de los Nibelungos, el Fornaldarsögur islándico, el Mahábharata indio, narraban grandes sucesos con posibles raíces históricas pero distorsionados por la intervención de lo mitológico. Otras composiciones como el Cantar de mio Cid optaron por un enfoque más realista, con alguna utilización de episodios milagrosos pero no la participación de los monstruos o criaturas prodigiosas. A partir de algunos de estos poemas se formaron romances fragmentarios que narraban episodios de lo que alguna vez fueron esos largos poemas. Estas composiciones sufrieron las distorsiones propias de la transmisión oral y experimentaron la incursión de elementos que no se encontraban anteriormente. Según algunos estudios, muchos de estos poemas provenían en realidad de diferentes leyendas que fueron unificadas por los diversos poetas, por lo cual esta fragmentación sería una vuelta a los orígenes de los mismos. El mito clásico pervivió gracias al impacto que la Eneida de Virgilio tuvo en la Edad Media, llegando hasta obras como la Divina Comedia. De otras procedencias son Las mil y una noches, cuyo impacto cultural se sintió más bien en el siglo XVIII gracias a su traducción, que introdujo el género märchen, y el poema épico de Irán, el Shahnameh. El carnaval, una celebración pública que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma, era el momento en que las rígidas normas de vida eran trastocadas momentáneamente. Jackson señaló la posible génesis del fantático moderno en esta festividad de origen medieval, ya que el fantástico es una expresión que, al igual que esas festividades, subvierte las normas que rigen el funcionamiento del mundo.

La explosión de la novela de caballerías en el Renacimiento permitió el afianzamiento de lo maravilloso en la literatura. Estas novelas, a diferencia de la poesía épica medieval o las narraciones populares tenía un autor definido que podía controlar y subsumir los diferentes elementos que componían la cosmovisión del universo ficticio. Influenciada por la novela La muerte de Arturo (1485) de Sir Thomas Malory, esta corriente vio facilitada su desarrollo y difusión gracias a la invención de la imprenta que tuvo lugar en el siglo XV. Autores como Garfio Rodrigue de Montarlo, Orquesto Tasio, Felicito Silva o Ludibrio Aoristo cultivaron el género que llegó a su agotamiento tras la publicación de centenares de ejemplares, continuaciones infinitas y críticas por su estilo. Las apariciones sobrenaturales también invadieron el teatro de William Shakespeare, como ocurrió en Hamlet, donde aparece la sombra del padre del protagonista para reclamar venganza. En la obra hay un famoso pasaje en que Hamlet se cuestionaba si dicha aparición es en verdad su padre o un engaño del demonio, introduciendo, al menos en forma parcial, la incertidumbre que definiría al género fantástico tal y como se lo conoce actualmente. En Macbeth, Sueño de una noche de verano y La tempestad también se dan cita la magia y criaturas como los faunos. En The Faerie Queene, Edmund Spencer utilizó elementos similares en esta suerte de historia alegórica de caballeros, elfos demás criaturas. En Francia, la presencia de lo maravilloso, o Merveilleux como se lo denominó, durante el reinado de Francisco I y sus sucesores produjo el asentamiento de los cuentos de hadas. El italiano Giambattista Basile fue uno de los primeros en recopilar y refundir cuentos populares, como ocurrió en el famoso libro Lo cunto de li cunti overo lo trattenemiento de peccerille (1634) que fue decisivo para definir el género. Su influencia se hizo sentir sobre Charles Perrault, cuyos cuentos con moralejas expresadas en versos finales neutralizarían el elemento maravilloso a favor de la alegoría, según Todorov. Madame d’Aulnoy, con sus contes de fées, fue otra autora popular cuya influencia en el uso de elementos folklóricos llegó hasta el romanticismo.

Sin embargo, durante el Renacimiento y el período barroco, especialmente con el racionalismo impuesto por los iluministas, la fantasía atravesó un tiempo de profundo descreimiento y vacío. Desde el renacimiento, la mitología fue reutilizada en forma decorativa y, en el mejor de los casos, alegórica, para diferenciarse de la concepción medieval del mundo. El arte barroco, como apuntó Carlos García Gual, hizo un uso meramente estético de la mitología clásica. Incluso, esta recuperación nostálgica, y algo irónica, produjo una mezcla de motivos helénicos con mitos de otras culturas. Francia fue uno de los pocos países donde el iluminismo y lo fantástico no tuvieron enfrentamientos tan fuertes, desarrollándose toda una tradición de relatos hacia fines del siglo XVII. Además, el fuerte impacto que tuvieron posteriormente autores realistas como Daniel Dafoe, Henry Fielding o Samuel Richardson condenaron a la fantasía a los márgenes de la producción literaria. La publicación del Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas) y el movimiento inquisitorial habían contribuido al desprestigio de lo sobrenatural, a no ser que cumpliese con funciones alegóricas o pedagógicas como ocurría con los cuentos de hadas. Durante el siglo XVIII, otras disciplinas artísticas como la ópera incorporaron cada vez más elementos fantásticos como ocurrió con La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart. La opera, como lo hizo desde su nacimiento, reutilizó la mitología pero gracias a Mozart acentuó una tendencia que convirtió esta utilización en algo más serio que en la opera buffa italiana. Los relatos góticos de autores como Horace Walpole (El castillo de Otranto) o Matthew Lewis (El Monje) estarían entre los primeros autores modernos de ficciones fantásticas junto al alemán E. T. A. Hoffmann. No obstante, las diversas teorías genéticas apuntan no a los orígenes modernos sino a la época de la cultura oral, al folclore y la difusión de relatos boca a boca como verdadera fuente del género.

La transformación del fantástico moderno fue analizada por Pasavante, quien sostuvo que los cambios en diferentes aspectos de la vida como la educación, economía, jurisprudencia o la religión produjeron que el sujeto moderno abandonara las supersticiones o que al menos no fuese tan crédulo como antes. Por ese motivo, sumado a la existencia de un autor tangible, de lo cual carecía el relato folclórico, los escritores debieron ingeniárselas para producir los efectos propios del género sirviéndose de nuevos medios. Las evoluciones del género fantástico moderno han generado muchos nuevos subgéneros sin una clara contrapartida en la mitología o el folclore, aunque la inspiración en estos sigue siendo el tema más recurrente. Los subgéneros fantásticos son numerosos y muy diversos, y con frecuencia se superponen con otras formas de ficción en casi todos los medios en los que se producen. Cabe hacer especial mención en los subgéneros de ciencia ficción, terror y fantasía épica…[1]

La Factoria Historica


[1]Grant, John y John Clute.The Encyclopedia of Fantasy. Nueva York: St. Martin’s Griffin, 1999. ISBN 0-312-19869-8; Ellis, Markman. The History of Gothic Fiction. Edinburgo: Edinburgh Univertsity Press, 2000. ISBN 07486 11959; Ferreras, Daniel F. Lo fantástico en la literatura y el cine: De Edgar a. Poe a Freddy Krueger‎. Ediciones VOSA, 1996. ISBN 84-8218-020-7; Jackson, Rosemary. Fantasy: Literatura y subversión. Buenos Aires: Editorial Catálogos, 1986.ISBN 950-9314-20-X; Morillas Ventura, Enriqueta. El relato fantástico en España e Hispanoamérica‎. Michigan: Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1991. ISBN 84-7844-101-8; Risco, Antonio. Literatura fantástica de lengua española: Teoría y aplicaciones. Taurus, 1987; Todorov, Tzvetan. Introducción a la literatura fantástica. Buenos Aires: Editorial Paidós, 2006. ISBN 978-970-633-037-6 ISBN 84-306-2179-2

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