El racismo biológico seudocientífico

A partir del siglo XIX y de la mano con la generalización del colonialismo europeo en todo el mundo, la cultura occidental desarrolló una ideología abiertamente racista y ampliamente aceptada, a la que Ernst Nolte llegó a definir como una «rama del pensamiento europeo», y George Mosse como “el lado oscuro de la Ilustración“. A mediados del siglo XX, L’Encyclopedia Universalis incluyó un artículo denominado “Razas”, escrito por De Coppet que finaliza con la siguiente conclusión:

A fines del siglo XIX, la Europa ilustrada es consciente que el género humano se divide en razas superiores e inferiores.

El racismo europeo recurrió a la ciencia y en especial a la biología para justificar la superioridad de los propios europeos, o de algunas de sus etnias, germanos, anglosajones, celtas, etc. sobre el resto de los seres humanos, así como la necesidad de que éstos fueran gobernados por aquellos. Este modelo de racismo seudocientífico fue luego repetido también en algunos países extraeuropeos como Estados Unidos para imponer el dominio anglosajón, Japón para colonizar Corea, China y otros pueblos del sudeste asiático, Australia para impedir la inmigración asiática, y en América Latina con las políticas implementadas para “reducir el factor negro“, a través del mestizaje y otros mecanismos de “limpieza” étnica…

El racismo biológico seudocientífico

El filósofo y diplomático francés Joseph Arthur de Gobineau, que decretó la superioridad de los nórdicos levantando una teoría de la superioridad de los mismos, ha sido considerado como el fundador de la filosofía racista, con su obra Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas entre 1853 y 1855. Gobineau comienza su libro destacando el hecho de que las civilizaciones mueren y preguntándose por las causas, para concluir que las diez que se destacaron, lo hicieron debido a la presencia homogénea y dominante de la raza blanca, mientras que su “degeneración” provino de las mezclas raciales («melanges»). Para Gobineau, las razas negra y amarilla son “variedades inferiores de nuestra especie”, sobre las que se impone “la superioridad del tipo blanco y, dentro de este tipo, de la familia aria”, poseedora del “monopolio de la belleza, de la inteligencia y de la fuerza“. Termina sosteniendo que si la civilización occidental pretende subsistir, resulta esencial evitar a los extranjeros y en especial la mezcla racial de sus habitantes, preservando pura la sangre aria, algo que, a su criterio, solo los germanos habían logrado.

Las ideas de Gobineau y la de otros pensadores racistas del siglo XIX y XX, provienen a su vez de las obras antropológicas de clasificación del género humano a partir de los conceptos biológicos de “especie” y “raza”, desarrollados por los científicos desde el siglo XVIII. También tuvieron gran influencia los estudios que afirmaron la existencia de una supuesta raza aria. La teoría proviene de los descubrimientos realizados por la linguística del siglo XIX, al identificar los idiomas asiáticos avéstico de la antigua Persia y sánscrito del Valle del Indo, como antecesores de las principales lenguas europeas incluyendo el latín, el griego, todas las lenguas germánicas y célticas. Sin mayor rigor, el lingüista alemán Friedrich Schlegel, dedujo que si había un lenguaje originario común, debió haber también un antiguo pueblo originario, al que denominó “ario” y le atribuyó ser el origen de todos los pueblos europeos. En 1885 el antropólogo haitiano Anténor Firmin publicó su tratado De la igualdad de las razas humanas, en respuesta al famoso libro de Gobineau y al colonialismo, en momentos en que los europeos se repartían África en la Conferencia de Berlín, ignorando a sus habitantes. Precursor del pensamiento antirracista y de la antropología moderna, la obra de Firmin sería ignorada por los académicos europeos durante décadas, hasta que el colapso moral del Holocausto, obligara a las potencias del mundo a asumir una posición pública contraria al racismo.

A toda esa falange altanera que proclama que el hombre negro está destinado a servir de estribo a la potencia del hombre blanco, a esta antropología mentirosa, yo tendré derecho a decirle: ¡”No, no eres una ciencia”!

Anténor Firmin

Pese a las voces aisladas, como la de Firmin, que denunciaban la naturaleza anticientífica y violatoria de los derechos humanos de las teorías racistas, el pensamiento occidental profundizó el desarrollo de la filosofía racista en las últimas décadas del siglo XIX. Para ello jugó un papel decisivo la antropología social, realizando una aplicación simplista de las teorías de la «lucha por la vida» y «supervivencia del más apto» de Charles Darwin al campo de las ciencias sociales, dando origen al darwinismo social. En este sentido se ha sostenido que “el racismo fue una ideología fruto de la biologización de las teorías sociológicas“. De estos sucesos se comprende que la comunidad racista ha utilizado instrumentos de la razón, como la ciencia, en un intento por lograr que sus ideales y sus acciones sean justificables, lógicos y propios del raciocinio.

El racismo también se arraigó en el arte europeo del siglo XIX, especialmente en las ideas antisemitas de Richard Wagner y su adhesión entusiasta al racismo de Gobineau, del que fue difusor en Alemania, que se manifestó en varias de sus obras, como la ópera El anillo del nibelungo. Varios autores han señalado también la relación entre el positivismo y el racismo, al punto de considerar que sin esa corriente filosófica, que gozó de gran predicamento en la segunda mitad del siglo XIX, los pensadores racistas hubieran resultado expresiones aisladas. De este modo, el positivismo proporcionó al racismo un sistema de pensamiento que favoreció su aceptación general[1]

La Factoria Historica


[1]Deegan, Heather (2001). The politics of the new South Africa: apartheid and after. Pearson Education. p. 194. ISBN 978-0-582-38227-5.De Gobineau, Joseph Arthur (1853-1855). Essai sur l’inégalité des races humaines. Paris : Éditions Pierre Belfond [1967]; De Gobineau, Joseph Arthur (1853-1855). Essai sur l’inégalité des races humaines. Paris : Éditions Pierre Belfond [1967], Livre I, Chapitre XVI, p. 199; De Gobineau, Joseph Arthur (1853-1855). Essai sur l’inégalité des races humaines. Paris : Éditions Pierre Belfond [1967], Livre 6, Conclusion générale, p. 322; De Gobineau, Joseph Arthur (1853-1855). Essai sur l’inégalité des races humaines. Paris : Éditions Pierre Belfond [1967], Livre I, Chapitre XVI, p. 195; De Gobineau, Joseph Arthur (1853-1855). Essai sur l’inégalité des races humaines. Paris : Éditions Pierre Belfond [1967], Livre I, Chapitre XVI, p. 198; De Gobineau, Joseph Arthur (1853-1855). Essai sur l’inégalité des races humaines. Paris : Éditions Pierre Belfond [1967], Livre I, Chapitre XVI, p. 201.

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