El Paleolítico

El Paleolítico es una etapa que significa etimológicamente Edad antigua de la piedra, término creado por el arqueólogo John Lubbock en 1865 en contraposición al de Neolítico, Edad moderna de la piedra. Es el período más largo de la historia del ser humano, de hecho abarca un 99% de la misma, y se extiende desde hace unos 2,8 millones años en África hasta hace unos 10.000 años. Constituye, junto con el Mesolítico/Epipaleolítico y el Neolítico, la llamada Edad de Piedra, denominada así porque la elaboración de utensilios líticos ha servido a los arqueólogos para caracterizarla, en oposición a la posterior Edad de los Metales…

El Paleolítico

Tradicionalmente el Paleolítico se ha dividido en tres períodos: Paleolítico Inferior, hasta hace 127.000 años y abarcando los Pleistocenos Inferior y Medio; Paleolítico Medio, hasta los 40.000-30.000 años antes del presente, lo que supone casi todo el Pleistoceno Superior; Paleolítico Superior, hasta alrededor del 10.000 a. C. Además habría que añadir un período de transición con el Neolítico, denominado Mesolítico o Epipaleolítico en función de las escuelas de investigadores y de las circunstancias en que se desarrolla. Aunque esta etapa de la prehistoria se identifica con el uso de útiles de piedra tallada, también se usaron otras materias primas orgánicas para construir diversos artefactos: hueso, asta, madera, cuero, fibras vegetales, etc. Durante la mayor parte del Paleolítico Inferior las herramientas líticas eran gruesas, pesadas, toscas y difíciles de manejar, pero a lo largo del tiempo fueron haciéndose cada vez más ligeras, pequeñas y eficientes. El hombre del Paleolítico era nómada, es decir, se establecía en un lugar y se quedaba en él hasta agotar los recursos naturales. No tenían plena capacidad constructora. Por diversas razones, variaciones en la inclinación del eje de rotación de la Tierra, cambios en la órbita terrestre, ciclos polares…, el clima del mundo ha ido variando, hasta donde sabemos, desde el Precámbrico. Entre estos cambios las denominadas glaciaciones del Cuaternario son los mejor conocidos. Hasta hace pocos años se suponía que en Europa, Norteamérica y Asia Central había habido largos períodos en los que el clima se parecía al que hay ahora en Siberia, Groenlandia o Alaska, es decir, una temperatura media 10 ó 12 grados más baja (glaciaciones), durante los cuales se vivía en condiciones similares a las actuales de los lapones o de los esquimales. Estos momentos se alternaban con los interglaciares en los que el clima era tan templado como el actual. Esta visión está sujeta actualmente a revisión. Una de las razones es que son episodios que no están bien datados; otra, es que son regionales, de escala amplia, pero que no afectaron a todo el planeta. Bien es cierto que se ha intentado una correlación entre los períodos glaciares de los diferentes continentes, sobre todo entre las glaciaciones clásicas de Centroeuropa, Mediterráneo y Atlántico, pero sigue siendo un tanto arriesgada.

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Además, la noción misma de las glaciaciones como unos largos períodos fríos que se alternaban con otros largos episodios cálidos de manera estable está siendo muy cuestionada. Actualmente se da por seguro que lo que hubo fueron una serie de estadios isotópicos muy numerosos y de corta duración, a los que se refieren los científicos con numeraciones pares para las fases frías e impares para las templadas. A pesar de lo cual sigue manteniéndose la terminología relacionada con las glaciaciones como referencia a la hora de fechar los acontecimientos del Paleolítico. En el Hemisferio Norte, el casquete polar permanente superaba el paralelo 50 en los períodos de máximo glaciar. Se sabe que las glaciaciones afectaron también a los Andes y que la Patagonia se cubrió de una capa permanente de hielo. También hay glaciares extintos de época pleistocena en las montañas más altas de África central, Nueva Zelanda y otras zonas de Oceanía. En las zonas donde no hubo episodios glaciares, al menos en África, al tiempo que tenían lugar las glaciaciones, se sucedieron períodos de mayor humedad llamados pluviaciones; sin embargo son muy mal conocidos. A pesar de todo, es posible encontrar un sistema más preciso para medir las variaciones climáticas a nivel global, al menos desde hace unos 700 000 años, gracias a las llamadas Curvas de paleotemperaturas de isótopos de oxígeno. Según este sistema, el oxígeno de los océanos, concretamente algunos de sus isótopos (16O y 18O), varían su proporción. Dado que tales isótopos quedan atrapados en las conchas de animales marinos (foraminíferos), es posible calcular las variaciones por medio de sondeos estratigráficos submarinos. El más utilizado es el V28-238 del Pacífico, pero también lo hay en el Mediterráneo. Similares medidas pueden tomarse, también por medio de los isótopos de deuterio (δD), que también refleja la cantidad de 18O en las conchas de foraminíferos, pero esta vez en sondeos practicados en los casquetes polares. La economía era cazadora-recolectora muy sencilla, con ella conseguían comida, leña y materiales para sus herramientas, ropa o cabañas. La caza era escasamente importante al principio del Paleolítico, predominando la recolección y el carroñeo. A medida que el ser humano progresa física y culturalmente la caza va ganando importancia:

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Los primeros homínidos apenas sabían cazar, especialmente los australopitecos y Homo habilis. Vivían de la recolección de vegetales comestibles, tubérculos, raíces, cortezas y brotes tiernos, frutas y semillas; de capturar pequeños animales, insectos, reptiles, roedores, polluelos, huevos.., y de animales muertos o enfermos que encontraban, carroña, sobre todo. Eran muy oportunistas. Los arcántropos ya cazaban, pero su verdadera base alimenticia siguió siendo la recolección y la carroña o las capturas oportunistas y con trampas. De hecho, los grandes yacimientos de Torralba y Ambrona, provincia de Soria, España, donde los humanos despiezaban enormes elefantes de hasta 20 tn de peso, no eran cazaderos, sino lugares de carroñeo. Los verdaderos homínidos cazadores son los neandertales y los humanos modernos que, sin embargo, nunca dejaron de comer vegetales, pequeños animales o carroña. La caza casi siempre se hacía por medio de trampas. El Hombre de Neandertal y el hombre moderno también aprendieron a pescar por medio de arpones, redes o anzuelos. Sin embargo, nunca se llegaba a romper el equilibrio del ecosistema, pues los cazadores y recolectores del Paleolítico no eran agresivos con el medio natural; no lo expoliaban ni acumulaban alimento innecesariamente. Al contrario, a menudo actuaban como un regulador, eliminando animales viejos, enfermos o extraviados, incluso, reciclando la carroña. La presión poblacional era escasísima, la naturaleza proporcionaba lo suficiente. No se trata de idealizar este modo de vida, como acertadamente indica Luis Vitale, sino de que nos demos cuenta de que el ser humano ha vivido en este planeta sin dañarlo el 99% de su existencia, y en sólo el 1% restante lo está destruyendo. En esencia, las técnicas de fabricación de utensilios no cambian demasiado a lo largo del Paleolítico, a pesar de la multitud de culturas que han llegado a diferenciarse; lo que sí ocurre es que se perfecciona mucho y se llega a un nivel de destreza asombroso. Para fabricar estas herramietas golpeaban la piedra cuidadosamente hasta obtener la forma deseada. Existieron útiles de hueso como los punzones, las azagayas o puntas de lanza, los arpones para pescar, propulsores, agujas de coser, anzuelos, bastones perforados, a menudo llamados “bastones de mando”. Sin embargo los útiles de hueso sólo son abundantes con la aparición de los humanos modernos, en el denominado Paleolítico Superior.

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Los útiles de piedra también evolucionan, por supuesto; pero, siempre se fabricaron por medio de diversas técnicas de talla, sobre todo la percusión, es decir, se golpeaba el núcleo de una roca de rotura concoidea: cuarzo, cuarcita, sílex, obsidiana con un percutor de piedra, percutor duro, o de cuerna de cérvido, percutor blando o elástico, para dar forma a las herramientas líticas, como un escultor. En el Paleolítico superior se llega a tallar la piedra no sólo por percusión, sino también por presión, consiguiendo un mayor control sobre el resultado. En cualquier caso, obtenían filos cortantes o, bien, esquirlas afiladas llamadas lascas. Al principio se fabricaban herramientas de piedra muy simples, los cantos tallados, después aparecieron los bifaces o hachas de mano, que servían para hacer de todo: cortar, cavar, romper, perforar… Más adelante, los útiles se especializaron, apareciendo las raederas para curtir pieles, los cuchillos (para desollar animales), las puntas de lanza de piedra, Tradicionalmente se divide el Paleolítico en tres fases, aunque esto depende un poco de la región del mundo en la que estemos. Podríamos distinguir las siguientes etapas en la talla de la piedra: El Paleolítico Inferior Arcaico: predomina la llamada Cultura de los Cantos Tallados o, más conocida con los apelativos anglosajones: Olduvayense y Pebble Culture. Los humanos de estas fases obtenían unos 10 cm de filo cortante de un kilogramo de roca. El Achelense, es una cultura con bifaces, y sus culturas hermanas sin bifaces de Asia, Pre-Soaniense-Soaniense, en India-China, y Padjitaniense en Japón, todas del Paleolítico Inferior, desarrolla unas técnicas de talla bifacial que permiten obtener hasta 40 cm de filo de un kilogramo de roca, para ello daban entre 25 y 70 golpes. El Musteriense y otras culturas musteroides del denominado Paleolítico Medio hacen al hombre capaz de obtener hasta dos metros de filo cortante de un kilogramo de roca, dando más de 70 golpes. Los humanos modernos, Paleolítico Superior, llegaron a tal perfección que de un kilogramo de roca sacaban más de 26 m de filo cortante, aunque tenían que dar más de 250 golpes

No debía existir división del trabajo ni especialización, salvo para casos que requerían habilidades especiales, el chamán, el artesano… Cada miembro del grupo era capaz de hacer de todo para sobrevivir, al margen de las capacidades individuales, mayores en unos individuos que en otros. Dado el dimorfismo sexual, es posible que hubiese cierta división del trabajo entre hombres y mujeres, en aquellos casos en los que la potencia física fuese esencial o se produjese un embarazo. También debió existir división del trabajo en función de las edades. Aunque esto, sin duda, favoreció la productividad, no implica necesariamente una jerarquización social. El hecho de que los hombres fuesen más fuertes que los niños, las mujeres o los ancianos no implica que ellos fuesen privilegiados o jefes. Es seguro que hubo culturas patrilineales, matrilineales y multilineales. Pero el liderazgo no implicaba privilegios, ni era vitalicio o hereditario. La igualdad social es la única opción en una economía en la que no existen los excedentes, en la que no se puede acumular riqueza. Por la misma razón, es ilógico el robo, la guerra o la conquista. Los datos arqueológicos parecen corroborarlo. No hay señales de conflictos bélicos, tampoco había motivos, ya que la densidad de población era mínima. Se estima que el máximo poblacional era de 10 millones de seres humanos en todo el globo. La integración en la naturaleza era sólo posible gracias a la cohesión de un grupo igualitario en el que todos trabajan, no por propio beneficio, o por obligación, sino voluntad, por convencimiento. La espiritualidad quizá aparece con los arcántropos: los de la Sima de los Huesos, uno de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, pues podría ser un santuario en el que, tal vez, fueron depositados los cadáveres, en vez de abandonarlos en el campo. Más tarde, los neandertales enterraban a sus muertos con ofrendas para el más allá, una de cuyas manifestaciones es el arte paleolítico, que nació hace 30 000 años. Las obras de arte paleolítico están pintadas o esculpidas en las paredes de las cuevas (arte parietal) o decorando objetos de uso cotidiano (arte mobiliar): sobre todo, de hueso, como arpones, puntas de lanza, bastones, etc. Todavía no se sabe para qué servían las obras de arte paleolítico, pero es seguro que tenían una finalidad mágica o religiosa.

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La religión era, a menudo, apotropaica (protectora) o tal vez se trataba de magia simpática, las Venus, figuras que aparecen en el registro arqueológico del Paleolítico Superior, proporcionan un indicio, ya que podrían haberse utilizado para asegurar el éxito en la caza o para lograr la fertilidad de la tierra y mujeres. Las Venus paleolíticas del Paleolítico superior Venus figuritas se han explicado a veces como representaciones de la Madre Tierra, similar a la diosa Gea, además, se han descrito por James Harrod como representante de las mujeres (y hombres) chamánico procesos de transformación espiritual…[1]

La Factoria Historica


[1] Sala, R. (2005a). «Las principales secuencias pliocuaternarias». En Carbonell, E.. Homínidos: las primeras ocupaciones de los continentes. Barcelona: Editorial Ariel. pp. 135-160. ISBN 84-344-6789-5; Arsuaga, Juan Luis (2004). El collar del Neandertal. En busca de los primeros pensadores. (tercera edición). Random House Mondadori. pp. 96-97. ISBN 84-9759-298-0; Fullola, Josep Mª; Nadal, Jordi (2005). Introducción a la prehistoria. La evolución de la cultura humana (primera edición). Ed. UOC. p. 44. ISBN 84-9788-153-2; Gamble, Clive (1990). El poblamiento Paleolítico de Europa. Barcelona: Editorial Crítica. ISBN 84-7423-445-X; Santonja, Manuel; López Martínez, Nieves y Pérez-González, Alfredo (1980). Ocupaciones Achelense en el valle del Jarama (Arganda, madrid). Madrid: Diputación provincial de Madrid. ISBN 84-500-3554-6; Biberson, Pierre (1964). Torralba et Ambrona. Notes sur deus stations acheuléennes de chasseurs d’eléphans de la Vieille Castille. Barcelona: Diputación Provincial de Barcelona; Ortega Martínez, Aba Isabel (1994). La industria lítica de Torralba del Moral (Soria). Valladolid: Universidad de Valladolid. ISBN 84-7762-400-3; Vitale, Luis (1991). Historia de nuestra América. Los pueblos originarios. Centro de Estudios Latinoamericanos, Santiago de Chile: Ediciones CELA. ISBN 9567172012 – Versión en PDF.; Benito del Rey, L y Benito Álvarez, J. M. (1998). Métodos y Materias Instrumentales de la Edad de la Piedra Tallada más Antigua. Salamanca: Librería Cervantes. ISBN 84-95195-03-8. – Resumen del libro; Piel-Desruisseaux, J.-L. (1986). Outils préhistoriques, forme, fabrication, utilisation. París: Masson. ISBN 2-225-80847-3; Leroi-Gourhan, André (1985). Los cazadores de la Prehistoria. Barcelona: Ediciones Orbis. ISBN 84-7634-460-0; Discusión: Magia versus Religión; McClellan (2006). Science and Technology in World History: An Introduction. Baltimore, Maryland: JHU Press. ISBN 0-8018-8360-1. Page 8-12; Christopher L. C. E. Witcombe, “Women in the Stone Age,” in the essay “The Venus of Willendorf” (accessed March 13, 2008); Upper Paleolithic Art, Religion, Symbols, Mind By James Harrod; Brézillon, Michel (1969). Dictionnaire de la Préhistoire. París: Librairie Larousse. ISBN 2-03-075437-4; Burillo, Francisco (coordinador) (1994). Arqueología espacial. Tomo 2. Estudio diacrónico y Paleolítico. Teruel: Colegio Universitario. ISBN 84-600-3657-X para toda la obra; ISBN 978-84-600-3657-9 para el tomo 2; Chaline, Jean (1982). El Cuaternario. La historia humana y su entorno. Madrid: Akal Editor. ISBN 84-7339-624-3; González Echegaray, joaquín y Freeman, Leslie G. (1998). Le Paléolithique inférieur et moyen en Espagne. Aubenas d’Ardèche: Imprimerie Lienhart. ISBN X640721183; Inizan, Marie-Louise; Reduron, Michèle; Roche, Hélène; Tixier, Jacques (1995). Technologie de la pierre taillée. Meudon: CREP. ISBN 2-903516-04-9; Gómez-Tabanera, J. M. (1988). Las Culturas Africanas. Madrid: Historia 16. ISBN 84-7679-101-1; Grageb, Abdelrrazak y Mtimet, Alí (1989). La Préhistoire en Tunisie et au Magreb. Túnez: Les Guides Alif. ISBN 9973-716-10-8; Leroi-Gourhan, Adré (1980). La Prehistoria. Barcelona: Editorial Labor. ISBN 84-335-9309-9.

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