El imperio ruso

El control moscovita de la nación naciente continuó después de la intervención polaca bajo la dinastía subsiguiente de Románov, empezando con el Zar Miguel I de Rusia en 1613. Pedro I el Grande, quien gobernó el Zarato Ruso, derrotó al Imperio sueco durante la Gran Guerra del Norte, forzándolo a ceder Karelia Occidental e Ingria, dos regiones perdidas por Rusia en el Tiempo de Dificultades, y de Livonia, actuales Estonia meridional y Letonia septentrional. Esto aseguró el acceso del Imperio ruso al mar y el comercio marítimo, en Ingria. Fundó en 1703 una nueva capital, San Petersburgo y fue, en gran parte, responsable de llevar la cultura de Europa Occidental a Rusia, a raíz de sus reformas…

El imperio ruso

Luego de dichas reformas, Rusia obtuvo poder en Europa. Catalina la Grande, que gobernó entre 1762 a 1796, continuó los esfuerzos de Pedro I ubicando a Rusia como uno de los grandes poderes europeos. Como ejemplos de la participación europea en el siglo XVIII, se destacan la Guerra de Sucesión Polaca y la Guerra de los Siete Años. Tras la división de Polonia, Rusia adquirió los significativos territorios del oeste, los cuales se encontraban poblados principalmente por personas de religión ortodoxa. A consecuencia de las guerras contra el Imperio otomano, Rusia aumentó sus fronteras hasta el mar Negro teniendo como objetivo la protección de la región cristiana de los Balcanes contra los turcos. En 1783, Rusia y el Reino Georgiano, que fue devastado casi totalmente por las invasiones persas y por los turcos, firmaron el tratado de Georgievsk según el cual Georgia (Kartl-Kakheti) recibió la protección de Rusia. En 1812, habiendo reunido casi medio millón de soldados franceses y provenientes de sus otros estados conquistados en Europa, Napoleón invadió Rusia. Sin embargo, luego de tomar Moscú, fue forzado a retirarse hacia Francia. Casi el 90% de las fuerzas invasoras perecieron en las batallas con el ejército ruso, a causa de los guerrilleros, y el crudo invierno. Los ejércitos rusos terminaron la persecución del enemigo tomando su capital, París. Los oficiales de las guerras napoleónicas llevaron a Rusia las ideas del liberalismo e incluso procuraron reducir los poderes del zar durante la rebelión abortada de los dekabristas en 1825, la cual fue seguida por varias décadas de represión política.

Otro de los resultados de las guerras napoleónicas, fue la constitución de Besarabia, y de Finlandia en el Imperio ruso, y la creación del Congreso Polonia. La permanencia de la servidumbre y las políticas conservadoras de Nicolás I de Rusia estorbaron el desarrollo del Imperio ruso a mediados del siglo XIX. Como resultado, el país fue derrotado en la Guerra de Crimea (1853–1856) por una alianza de poderes europeos mayores que incluían a Gran Bretaña, Francia, el Imperio Otomano y Piamonte-Cerdeña. El sucesor de Nicolás I de Rusia, Alejandro II (1855–1881) fue forzado a emprender una serie de reformas completas y publicó un decreto aboliendo la servidumbre, en 1861. Las grandes reformas del reinado de Alejandro II dirigieron cada vez más rápido el desarrollo y las tentativas del capitalista Sergéi Witte hacia la industrialización. Una atmósfera de eslavofilia estaba en aumento, encabezada por la victoria de Rusia en la Guerra Ruso-Turca, la cual forzó al Imperio Otomano a reconocer la independencia de Rumanía, de Serbia y Montenegro, y la autonomía de Bulgaria. El fracaso de las reformas y la supresión de lo agrario a consecuencia del crecimiento de la intelectualidad liberal, fomentó la continuidad de los problemas. En la víspera de Primera Guerra Mundial, la posición del Zar Nicolás II y su dinastía pareció precaria. El gobierno ruso no quiso participar en la Primera Guerra Mundial, pero sentía que la única alternativa era la aceptación de la dominación alemana de Europa. Rusos de clase alta y burgueses ayudaron en el esfuerzo de guerra del régimen. Campesinos y trabajadores, en cambio participaron con mucho menos entusiasmo ante la situación. Alemania tenía un ejército que llevaba la delantera en Europa y un enorme poder industrial, teniendo además a Austria y el Imperio Otomano como sus aliados en la guerra. Consecuentemente, Rusia fue forzada a luchar en otras tres guerras y en la guerra inglesa simultáneamente. Bajo estas circunstancias el esfuerzo ruso en la guerra fue impresionante. Habiendo ganado varias grandes batallas en 1916, el ejército guardó distancia cuando estalló la Revolución rusa de 1917, en parte por razones económicas, pero principalmente porque la desconfianza pública ya existente hacia el régimen se profundizó por la corrupción y la traición. Muchas historias fueron inventadas o enormemente exageradas, tal como la creencia que un místico, Grigori Rasputín, tuvo gran influencia política dentro del gobierno. Lo que importó, sin embargo, fue que se creyeron los rumores. Después de que un poder bolchevique asumió en julio de 1917, su líder, Vladímir Ilich Lenin, nacido Vladímir Ilich Uliánov, huyó a Finlandia por seguridad. Allí escribió “El Estado y la Revolución”, llamando a una nueva forma de gobierno basado en consejos de los trabajadores o soviets, e instituyendo al poder soviético elegido, como revocable en todo momento por los trabajadores. Él volvió a Petrogrado en octubre, inspirando la Revolución de octubre con el lema “¡Todo el poder para los soviets!”. Lenin dirigió el derrocamiento del Gobierno Provisional del Instituto de Smolny, desde el 6 al 8 de noviembre de 1917. Al final de la Revolución rusa de 1917, una facción política marxista llamó a los bolcheviques a tomar el poder en Petrogrado y Moscú bajo el liderazgo de Lenin. Los bolcheviques cambiaron su nombre a Partido Comunista. El asalto y la capitulación del Palacio de Invierno en la noche del 7 al 8 de noviembre marcaron el principio del gobierno soviético.

El Zar Nicolás II y familia real fue asesinada y con ello terminó la última dinastía rusa. Durante un tiempo se creyó en el rumor de que la hija menor de la familia, la princesa Anastasia, había sobrevivido, cosa que nunca llegó a confirmarse e investigaciones recientes han terminado por abogar por el contrario…[1]

La Factoria Historica


[1]Diccionario enciclopédico Brocgaus y Efron: 1890; Identidad Nacional en la cultura rusa: Introducción; El libro rojo de la gente del Imperio ruso: Margus Kolga Ígor Tõnurist Lembit Vaba Jüri Vikberg; Historia; Marc Lvovich, Slonim Teatro ruso del Imperio a los Soviets, 1965; Voltaire, François. Historia del Imperio ruso bajo Pedro el Grande; Zorrilla, José. Álbum de un loco, 2005; Soloviev, Sergéi. Rusia desde tiempos antiguos, 1855; Brower, Daniel. El destino del Imperio ruso y el Turquestán; W.E.D. Allen. Embajadas rusas hacia los reyes Georgianos, 1589–1605. Prensa de la universidad de Cambridge, Sociedad Hakluyt, 1970, 2 vols; J.E.O. Screen, Suomalaiset tarkk’ampujat, Suomen vanha sotaväki 1881–1901; J.E.O. Screen, El ejército finés, 1881–1901, Entrenamiento de batallones francotiradores; J.T. Antónov The Code of Principal Laws of the Russian Empire (Свод Основных Государственных Законов), 1906; troyat, Henry. Catalina la Grande Ediciones B – México; Davies, Norman, White Eagle, Red Star: the Polish-Soviet War, 1919-20, Pimlico, 2003. (Primera edición: St. Martin’s Press, inc., New York, 1972)

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