La Guerra Anglo-Americana de 1812

La Guerra de 1812 enfrentó a los Estados Unidos de América y a Gran Bretaña. Pese a que en inglés se suele hacer referencia a ella como “War of 1812”, en español la conocemos por la Guerra Anglo-Americana de 1812, o Segunda Guerra Anglo-Americana, pues la primera fue la de la Independencia. La causa de la guerra hay que buscar en el deseo estadounidense en defender su presumible derecho de comercial libremente con cualquier nación, incluso en épocas de guerra. Las guerras entre Gran Bretaña y Francia durante la época napoleónica resultaron en un embargo británico al comercio americano con Francia, que acabó derivando en guerra abierta…

La Guerra Anglo-Americana de 1812

Ese camino hacia la guerra comenzó en 1794, cuando la marina británica secuestró más de 250 mercantes americanos que se dirigían las Indias Francesas. Aunque los franceses también atacaron a los americanos, éstos entraron en cólera por la mayor cantidad de barcos perdidos a manos de Gran Bretaña, y por la costumbre de los ingleses de secuestrar también a la tripulación de los mismos. Muchos americanos, de hecho, abogaron desde ese momento por declarar la guerra a Gran Bretaña, recordando las heridas aun no cerradas de la Guerra de la Independencia. Para intentar arreglar el entuerto, el Presidente George Washington envió a Londres a John Jay, con el fin de cerrar un acuerdo que contentara a todas las partes. El Tratado de Jay, como se le llamó, previno la guerra, pero no hizo mucho por proteger los intereses norteamericanos. La facción jeffersoniana, la más intransigente con los británicos, se opuso directamente al acuerdo. La situación se mantuvo más o menos controlada hasta 1807. Entonces, el bloqueo ordenado por Napoleón hacia las Islas Británicas volvió e tensar las relaciones. Gran Bretaña prohibió igualmente cualquier comercio con los franceses, y pronto surgieron graves disputas, sobre todo cuando el HMS Leopard capturó cinco supuestos desertores del USS Chesapeake. Como medida para evitar la guerra, el ya Presidente Thomas Jefferson decretó el embargo a todos los productos ingleses y franceses, con las esperanza de que ambos países suavizaran sus mutuas posturas.

El embargo tuvo consecuencias desastrosas, y además de no conseguir sus objetivos en política exterior, desencadenó una fuerte depresión económica que dejó a muchos granjeros, necesitados de importaciones, fuera del mercado.  La gravedad de la situación preocupaba cada vez más a la nación, que en 1810 eligió para el Congreso a un fiero grupo de expansionistas, casi todos de los estados del oeste. Estos “halcones de la guerra”, como a sí mismos se llamaban, presionaron por la conquista de la Canadá británica para contrarrestar las políticas de Londres. Siguiendo el empuje de éstos, el Presidente James Madison declaró la guerra a Gran Bretaña el 1 de Junio de 1812, declaración que aprobó el Congreso tras acalorados debates. De hecho, la situación del Congreso era fiel reflejo del sentir de la nación, profundamente dividida por los diferentes intereses económicos en liza. En el plano militar, la guerra comenzó mal para los americanos. La invasión de Canadá resultó en una humillante derrota, y las tropas británicas no sólo repelieron a las estadounidenses, sino que las persiguieron y llegaron a ocupar Washington D.C, quemando el Capitolio, la Casa Blanca y otros edificios del gobierno. Por fortuna para ellos, la guerra naval sí resultó algo más exitosa, incluyendo algunas victorias importantes.

Finalmente, los británicos fueron derrotados en el Lago Champlain y el Fuerte McHenry, en Baltimore, cuya supervivencia tras duros y largos bombardeos enervaron el ánimo nacional. En cualquier caso, la guerra fue un desastre económico para ambas naciones, y desembocó en la mayor subida de impuestos de la historia de los Estados Unidos. Subida que no pudo solventar los males de la guerra, y que llevó a la nación a una práctica bancarrota de la que sólo salió por el final de las hostilidades franco-británicas de 1815, así como por el inicio de la expansión hacia el Oeste. Como consecuencias positivas, hay que mencionar el enorme impulso que le dio al espíritu nacional, y al fortalecimiento del nacionalismo americano. Figuras como Andrew Jackson ascendieron a la categoría de héroes, y los valores del coraje y el patriotismo americanos echaron raíces entre una población orgullosa de sus tropas…[1]

La Factoria Historica


[1]Biddle, Julian (2001) (en inglés). What Was Hot!: Five Decades of Pop Culture in America. Nueva York: Citadel. ISBN 0-8065-2311-5; Blackburn, Robin (1998) (en inglés). The Making of New World Slavery: From the Baroque to the Modern, 1492–1800. Londres: Verso. ISBN 1-85984-195-3; Bloom, Harold (1999) (en inglés). Emily Dickinson. Broomall, Pensilvania: Chelsea House Publishers. ISBN 0-7910-5106-4; Daniels, Les (1998) (en inglés). Superman: The Complete History (1ª edición). Titan Books. ISBN 1-85286-988-7; De Rosa, Marshall L (1997) (en inglés). The Politics of Dissolution: The Quest for a National Identity and the American Civil War. Edison, Nueva Jersey: Transaction. ISBN 1-56000-349-9; Dicker, Susan J. (2003) (en inglés). Languages in America: A Pluralist View. Clevedon: Multilingual Matters. ISBN 1853596515; Dull, Jonathan R (2003). «A Companion to the American Revolution». En Jack P. Greene y J. R. Pole (en inglés). Diplomacy of the Revolution, to 1783. Maiden, Massachussetts: Blackwell. ISBN 1-4051-1674-9; Fiorina, Morris P.; Paul E. Peterson (2000) (en inglés). The New American Democracy. Londres: Longman. ISBN 0-321-07058-5; Foner, Eric; John A. Garraty (1991) (en inglés). The Reader’s Companion to American History. Nueva York: Houghton Mifflin. ISBN 0-395-51372-3; Gutfield, Amon (2002) (en inglés). American Exceptionalism: The Effects of Plenty on the American Experience. Brighton: Sussex Academic Press. ISBN 1903900085; Levenstein, Harvey (2003) (en inglés). Revolution at the Table: The Transformation of the American Diet. Berkeley: University of California Press. ISBN 0-520-23439-1; Holloway, Joseph E (2005) (en inglés). Africanisms in American Culture (2ª edición). Bloomington, Indiana: Indiana University Press. ISBN 0-253-34479-4; Johnson, Fern L (1999) (en inglés). Speaking Culturally: Language Diversity in the United States. Thousand Oaks, California: Sage. ISBN 0-8039-5912-5; Kennedy, Paul (1989) (en inglés). The Rise and Fall of the Great Powers. Nueva York: Vintage. ISBN 0670728197; McDuffie, Jerome; Gary Wayne Piggrem y Steven E. Woodworth (2005) (en inglés). U.S. History Super Review. Piscataway, Nueva Jersey: Research & Education Association. ISBN 0-7386-0070-9; Meyers, Jeffrey (1999) (en inglés). Hemingway: A Biography. Nueva York: Da Capo. ISBN 0-306-80890-0; Morrison, Michael A (1999) (en inglés). Slavery and the American West: The Eclipse of Manifest Destiny and the Coming of the Civil War. Chapel Hill: University of North Carolina Press. ISBN 0-8078-4796-8; Raskin, James B (2003) (en inglés). Overruling Democracy: The Supreme Court Vs. the American People. Londres: Routledge. ISBN 0-415-93439-7; Russell, David Lee (2005) (en inglés). The American Revolution in the Southern Colonies. Jefferson, Carolina del Norte: McFarland. ISBN 0-7864-0783-2; Scheb, John M; John M. Scheb II (2002) (en inglés). An Introduction to the American Legal System. Florence, Kentucky: Delmar. ISBN 0-7668-2759-3; Schlosser, Eric (2002) (en inglés). Fast Food Nation. Nueva York: Perennial. ISBN 0060938455; Smith, Andrew F (2004) (en inglés). The Oxford Encyclopedia of Food and Drink in America. Nueva York; Oxford University Press. ISBN 0-19-515437-1; Wright, Gavin; Jesse Czelusta (2007). «Resource-Based Growth Past and Present». En Daniel Lederman y William Maloney (en inglés). Natural Resources: Neither Curse Nor Destiny. World Bank Press. ISBN 0821365452.

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