La guerra entre Güelfos y Gibelinos

Los términos güelfos y gibelinos proceden de los términos italianos guelfi y ghibellini, con los que se denominaban las dos facciones que desde el siglo XII apoyaron en Alemania respectivamente a la casa de Baviera, los Welfen, pronunciado Güelfen, y de ahí la palabra «güelfo», y a la casa de los Hohenstaufen de Suabia, señores del castillo de Waiblingen, y de ahí la palabra «gibelino». La lucha entre ambas facciones tuvo lugar también en Italia desde la segunda mitad del siglo. Su contexto histórico era el conflicto secular entre el Pontificado, que pasaría a estar apoyado por los güelfos, y el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, apoyado por los gibelinos, esto es, los dos poderes universales que se disputaban el Dominium mundi

La guerra entre Güelfos y Gibelinos

Estas dos facciones se enfrentaban por la sucesión a la corona imperial después de morir el emperador Enrique V en 1125 sin dejar heredero. Los güelfos sostenían una línea política de autonomía en contra de cualquier intromisión externa y en contra de los privilegios nobiliarios, apoyando a la Iglesia en contraposición al Imperio, en una actitud cercana al independentismo. Los gibelinos, por el contrario, se oponían al poder del pontífice afirmando la supremacía de la institución imperial. Muerto Enrique V, por lo tanto, los primeros presentaron al trono de Alemania a Lotario, duque de Baviera y protegido del Pontífice, mientras que los gibelinos propusieron a Conrado, duque de Franconia, al cual el papa Honorio II no dudó en excomulgar. Con la elección a rey de Alemania de Federico I Hohenstaufen llamado el Barbarroja en 1152 y su posterior coronación en 1155, la facción gibelina triunfó en el territorio imperial. Dado que Federico deseaba reafirmar en Italia la supremacía imperial que las comunidades habían sustraído al imperio con el apoyo del papado, bajo su reinado entre los años 1152 y 1190 se verificó un desplazamiento de los términos güelfo y gibelino desde la zona alemana a la italiana, donde pasaron a denominar respectivamente a los partidarios del partido papal y a los defensores de la causa imperial. En Italia, por lo tanto, hubo ciudades como Florencia, Milán y Mantua que abrazaron la causa güelfa, mientras que otras como Forlí, Pisa, Siena y Lucca se unieron a la causa imperial.

La elección tenía varias motivaciones: en primer lugar, la búsqueda de la autonomía impulsaba a ciudades bajo el control del Imperio a buscar la alianza con el Papa como pasaba en el caso de Milán mientras que las ciudades bajo la influencia del papado buscaban la ayuda del Imperio como era el caso de Forlí; en segundo lugar, se elegía un partido simplemente por oposición al partido a favor del cual se había declarado la ciudad rival ya que si Milán era güelfa, Pavía tenía que ser gibelina; si Forlí era gibelina, Faenza sería güelfa. Siguiendo el viejo principio de que «los enemigos de mis enemigos son mis amigos». En el interior de la ciudad se mantuvo la dicotomía de estos dos términos, pero superándose el significado tradicional de lucha política entre papado e imperio, y pasando a denominar también la lucha entre dos facciones por el control de la ciudad. Para acrecentar su fuerza tanto unos como otros se reunieron en ligas opuestas, y así, desde la segunda mitad del siglo XIII la güelfa Florencia presentó batalla a la liga gibelina de las otras ciudades toscanas como Arezzo, Siena, Pistoia, Lucca y Pisa, en un largo conflicto que tuvo como máximo exponente las batallas de Montaperti en 1260 y la de Altopascio en 1325.

Durante el siglo XIV, los partidos güelfo y gibelino se dividieron en facciones internas como los güelfos «blancos» contra los güelfos «negros», perdiéndose la fuerza y la combatividad original. Los dos términos sobrevivieron en los siglos sucesivos para denominar las líneas políticas favorables y contrarias a la Iglesia, pero el escenario histórico en el que se habían forjado inicialmente estaba desapareciendo ya que divididas por los intereses particulares y las luchas civiles, la realidad de las comunidades cedía el paso a una nueva unidad de dimensión regional y ciudadana como fueron las señorías.Las principales ciudades gibelinas fueron Arezzo, Forlì, Módena, Osimo, Pisa, Pistoia, Siena, Spoleto y Todi, mientras que las principales ciudades güelfas fueron Bolonia, Brescia, Crema, Cremona, Génova, Lodi, Mantua, Orvieto, Rímini, Perugia y Florencia. Hubo también ciudades que mantuvieron una adscripción variable a uno u otro partido, como Bérgamo, Ferrara, Florencia, Lucca, Milán, Padua, Parma, Piacenza, Treviso, Verona o Vicenza…[1] 

La Factoria Historica


[1]La naissance de l’esprit laïque au déclin du Moyen Āge, 2da. ed., París-Lovaina, 1970 (Lagarde, G.); Histoire du christianisme, volumen VI. Un temps d’épreuves (1274-1449), París, 1990 (Congourdeau, M.H.). ISBN 2-213-02629-7; Historia del pensamiento político en la Edad media, Barcelona, 1992 (Ullmann, W.). ISBN 0-14-055102-6; El Papado. Breve historia del pontificado, Saldes, 2003 (Kalyan); La Edad Media, tomo X de la Colección de Historia Universal Salvat, 2005

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