Remagen: El último puente considerable

Cuando Alemania aún experimentaba el egocentrismo de su poder durante la Segunda Guerra Mundial,  entre 1939 y 1941 se dedicó a arrasar naciones y estados por doquier. Su gloria era tan grande que Joseph Goebels, ministro de Propaganda de la Alemania Nazi señaló alguna vez muy ufano: “Mientras yo sea ministro del Reich ningún avión enemigo bombardeara Alemania”. Grande fue la sorpresa para él, Hitler y todo el séquito de los nazis, cuando Churchill ordenó bombardear Berlín en plena batalla de Inglaterra. Con el transcurso de los meses, la guerra se invertiría en contra de  Alemania y para junio de 1944 los aliados abrirían un nuevo frente conocido como occidental, desde las costas de Normandía que tenía como objetivo acabar rápidamente con la guerra. Sin duda alguna, la Operación Overlord fue decisiva para derrotar a Alemania, y los rusos sentirían  por primera vez el  alivio  que durante tres largos años  estaba siendo  manteniendo todo el peso de la guerra…

Remagen: El último puente considerable

Los alemanes se defendieron como pudieron de los aliados occidentales   y pronto estos los expulsaron de Francia. Sólo Bélgica y Holanda permanecerían algún tiempo más en sus manos. Mientras desde el aire la RAF y la fuerza aérea americana devastaban toda Alemania, sean objetivos militares o sencillamente civiles. El nazismo se derrumbaba por todas partes, no era ni el remedo de lo que había sido unos cuantos meses atrás. Como estrategia de retirada, Hitler da la orden de defender cada una de las ciudades hasta el último soldado, mientras se obligaba a a los civiles alemanes, unirse al ejército y no colaborar con el invasor, pues se les categorizaba de bárbaros que vendrían a abusar de sus familias y a destruir lo que quedaba de sus hogares. Desde el cielo, una casi inexistente Luftwaffe lanzaba panfletos que animaban al pueblo a seguir combatiendo y alegando que se trabajaba en armas super-secretas y pronto tanto americanos, ingleses y rusos serían borrados de la faz de la tierra y expulsados de la madre patria.

Pero una táctica más cercana a la realidad, fue colocar filas de minas que se extendían por kilómetros, así como la de acabar con todos los puentes que atravesaban ríos y riachuelos rumbo al corazón de la madre patria alemana, el principal de estas vías fluviales, el río Rin, había sido el mejor obstáculo para el avance aliado, pues los alemanes habían acabado con todos los puentes en consideración, a excepción de uno, el llamado puente de Ludendorff, cerca de los pueblos de Remagen, donde atravesaba una línea férrea que los conectaba además del pueblo de Erpel, con colinas que rodeaban el paraje en ambas orillas, situado al sur de Bonn, la antigua capital de la Alemania Federal. Construido entre 1916 y 1919 durante la Primera Guerra Mundial, la línea férrea debía comunicar Alemania con el frente occidental de aquella contienda y en teoría representaría adecuadamente para el propósito creado, una alternativa a otras vías de la época. Sin embargo, el fin de la guerra no fue completada la vía entre Neuss y Remagen y el trabajo quedó inconcluso. A pesar de los obstáculos,  el puente se mantuvo   y hasta fue ocupado por el Tercer Ejército de los Estados Unidos. Cuando el segundo  conflicto estalló  fue terminado y reutilizado por los nazis en la ofensiva rápida que acabó con la derrota de Francia, permaneciendo en inactividad bélica, aunque sí de recursos, hasta que en 1944 los aliados contraatacaron aperturándolo otra vez. Durante meses sirvió para el transporte de suministros al frente occidental desde Alemania y fue una vía indispensable para cruzar el Rin, ya que con los crueles bombardeos aliados abastecer a las tropas se estaba convirtiendo en un terreno francamente difícil de superar. Los aliados empujaron a los alemanes hacia su madre patria en una efectiva y rápida campaña, para que a inicios de marzo de 1945 el derrumbe total de los nazis sea sólo cuestión de tiempo. El Rin es el rio principal y más famoso que atraviesa Alemania.  Tomar el otro lado de la orilla significó  todo un logro contra los alemanes, además de reducir la moral de estos de forma considerable, tras tomar el último obstáculo hacia el corazón del Reich. Tras lanzar la Operación Lumberjack, el 7 de marzo de 1945, los aliados se apresuraron al puente Luddendorf y a otro ubicado en Wesel, encontrándolos sanos y salvos para su tranquilidad, pues si bien los alemanes en repetidas situaciones intentaron demolerlos, sus intentos siempre se vieron frustrados. Alexander A. Drabik hizo historia convirtiéndose en el primer americano en cruzar el puente y el río Rin hacia Alemania, tiempo después sería condecorado. Los aliados no podían estar más contentos y satisfechos. A pesar de algunos intentos alemanes que habían intentado derrumbar el puente, como la orden que se le dio a aquellos dos ingenieros polacos que al final no la ejecutaron y algunos otros vanos intentos luego de que los primeros soldados aliados lo atraviesen. El puente y la vía estaban en situaciones precarias, pero en pie aún, y según Eisenhower, valía su peso en oro. Sólo durante las primeras 24 horas, 8 mil soldados atravesaron el Rin.

Luego de esto, Hitler pareció estallar en cólera, mandó a ejecutar a cuatro de los generales responsables de la defensa (algo quizá que no era común en él), también destituyó a Gerd von Rundstedt como responsable del frente occidental. Su ira fue tan grande que envío aviones en misiones suicidas al estilo japonés que no tuvieron éxito, tampoco el bombardeo tradicional y ni siquiera los 11 cohetes V-2 lanzados desde Hellendoorn para acabar con la construcción, pues no cayeron en el punto exacto, sino que más bien ocasionaron pérdidas humanas y en inmuebles. Finalmente,  lo que ningún alemán pudo hacer directamente lo haría los continuos daños que había recibido el puente aún antes de que lleguen los americanos y mientras los empecinados ingenieros aliados se esforzaban por reconstruir el puente y restaurarlo para su óptimo uso, pues debía soportar gran peso, el mismo colapsaría diez días después de su toma, matando al menos 28 personas e hiriendo a más de noventa.  Frente a todo esto, la cabeza de puente ya estaba establecida del otro lado y los aliados se vieron en la necesidad de construir su propio puente que culminó en pontones sencillos, totalmente propensos a los repentinos ataques aéreos.

El hecho es que al final tanto los temblores y vibraciones de los V-2, así como los bombardeos y la tierra inestable acabarían con el puente retrasando un tanto más el vigoroso avance aliado. Hitler, algo desinformado  envío sus felicitaciones a Hellendoorn pues según él gracias a los V-2 el puente había sido aparentemente destruido. Pocos días después los aliados continuaron su ofensiva mediante sus precarios puentes y los blindados y otros vehículos empezaron a atravesar el Rin rumbo a Alemania. En abril, el mes de la última batalla de la Alemania Nazi llegaría pronto,  sin embargo,  los aliados no avanzaron hacia el centro del III Reich, pues Eisenhower, no sin las protestas de Patton, le dejaría a los soviéticos la sanguinaria tarea de tomar Berlín. Sabiendo que todo esfuerzo era inútil  decidió dejarles a ellos el premio y ahorrarse las víctimas. Quizá el Rin y los múltiples puentes destruidos fueron un impedimento en la carrera hacia Berlín por parte de los aliados occidentales, que determinó que se cambie de opinión y se abandone el objetivo…[1]

La Factoria Historica


[1]Churchill, Winston S. La Segunda Guerra Mundial. Barcelona: Planeta, 2004; Artola, Ricardo. La II Guerra Mundial. De Varsovia a Berlín. Madrid: Alianza, 1995; Dear, I.C.B. The Oxford Companion to World War II. Oxford: Oxford University Press, 1995; La guerra que había que ganar. Williamson Murray & Allan R. Millett. Crítica, 2002; Leguineche, Manuel. Los años de la infamia. Crónica de la II Guerra Mundial. Temas de Hoy, 1999; Michel, Henri. La Segunda Guerra Mundial. Akal; World War II. H.P. Willmott, Robin Cross & Charles Messenger, Dorling Kindersly, 2005; Historia de la Segunda Guerra Mundial. Basil H. Liddell Hart, Caralt, 2001; Enciclopedia del arte de la guerra. Antonio Martínez Teixidó & José Romero & José Luis Calvo. Barcelona: Planeta, 2001; The Great Crusade. A New Complete History of the Second World War. H.P. Willmott, Plimlico, 1992; Un mundo en armas. La Segunda Guerra Mundial: una visión de conjunto. Gerhard L. Weinberg, Grijalbo, 1995; The Times Atlas of the Second World War. John Keegan, Times Books, 1989; Hillgruber, Andreas. La Segunda Guerra Mundial. Objetivos de guerra y estrategia de las grandes potencias. Alianza, 1995.

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