Simón el Cananeo

Para conocer a Simón hay que conocer bien su apodo: los evangelios le llaman «el cananeo» según Marcos y Mateo, o el «celota» como en Lucas y también en los Hechos. Durante mucho tiempo se pensó que Marcos y Mateo se referían a su procedencia de Caná de Galilea, el pueblo donde Jesús de Nazaret realizó su primer milagro. Alguna fuente antigua había incluso pensado que Simón era el esposo de aquella boda. Posteriores investigaciones sobre el significado de ese apelativo colocaron las cosas en su lugar. Cananeo, en efecto, proviene del arameo qen’ana’, que quiere decir celoso o tal vez celota. Por tanto, respecto a la figura de Simón los tres sinópticos concuerdan: era un apóstol celoso de la ley de las tradiciones judías. Pero alguno propone también otra hipótesis: esa definición ¿no se refiere tal vez a la pertenencia de Simón al movimiento celota?..

Simón el Cananeo

El historiador judío Flavio Josefo, que vivió a finales del siglo primero, habla extensamente de ellos. Dice que eran los exponentes de una cuarta filosofía, después de la de los Esenios, los Saduceos y los Fariseos. Como estos últimos, los celotas tenían un ideal nacional-teocrático; pero, a diferencia de los Fariseos, eran tenaces en la aplicación política de sus ideales. Tenían una antigua tradición, tanto que Matatías, el padre de los Macabeos, había recomendado a sus hijos ser «los Celadores de la Torá». En efecto, sus cinco hijos fueron todos asesinados en el altar de la causa nacional-religiosa.

Una intransigencia que estaba todavía viva en los tiempos de Jesús. De hecho, cuando el hijo de María tenía 13-14 años, Judea fue encendida por una revuelta guiada por Judas de Gamala, contra el censo impuesto por los romanos. La revuelta fue sofocada, pero la fama de Judas de Gamala se consolidó. No sólo eso: después de la derrota los celotas afinaron su táctica y pasaron a atacar objetivos concretos, armados con un pequeño puñal que los romanos llamaban “sica”. Por eso los celotas eran llamados también sicarios, y el significado de “Iscariote”, el apelativo de Judas, deriva precisamente del latín «sicarius». La aversión hacia los romanos era bien conocida por Jesús: se respiraba en el aire y era un sentimiento extendido también entre los discípulos. Tampoco Pedro era inmune, como ha recordado Antonio Socci en un artículo reciente (Il giornale,15 de enero de 2000): «Se ha llegado a esta hipótesis precisamente releyendo el pasaje fundamental del evangelio en el que Jesús concede a Pedro la investidura: “Dichoso tú, Simón, bar Yonah… tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…”. Durante siglos se ha interpretado ese “bar Yonah” (o “Barion”) como un patronímico, traduciendo “Simón, hijo de Jonás”. Pero después de los estudios del Dalman sobre el antiguo léxico hebreo, muchos exegetas consideran ese vocablo derivado de la lengua acadia con el significado de “terrorista”, sobrenombre que encajaría con el temperamento fogoso de Pedro y con su instintivo recurso a las armas en el momento del peligro como cuando Jesús fue arrestado. Por tanto, Simón el cananeo provenía de ese grupo de incorruptibles rebeldes contra el poder romano. Sabiendo esto, se puede apuntar cuál fue la atracción ejercida por Jesús: Simón, como los demás probables celotas, tuvo que asumir primero la curación del siervo del centurión romano en Cafarnaún y luego la elección de Mateo, el odioso recaudador de impuestos de los romanos, para formar parte de los doce.

Simón tiene otra característica: Mateo y Marcos lo cuentan entre los hermanos de Jesús, junto a Santiago el Menor, Judas Tadeo y uno llamado José. ¿Cómo se explica esta referencia? Giuseppe Ricciotti, en su Vida de Jesucristo, aporta una posible solución: «La designación de este amplio tropel de parentesco corresponde a las costumbres de Oriente donde los vínculos de sangre se siguen incluso en los antepasados lejanos y su débiles ramificaciones (…) ya en la Biblia hebrea los nombres de “ah” (hermano) y “ahoth” (hermana), designan parientes de grado mucho más lejano que el de hermano y hermana carnal». En efecto, en el antiguo hebreo no se encuentra un término específico para definir a los primos. Simón era, con toda probabilidad, un primo de Jesús. De él, en los años posteriores, se sabe muy poco. Hay quien lo ha identificado con el Simeón, equivalente de Simón, también hermano de Jesús, que tomó el lugar de Santiago el Menor en la dirección de la Iglesia de Jerusalén, después del año 62, muriendo mártir en el año 107 bajo el emperador Trajano. El breviario romano, en cambio, dice que estuvo en Egipto y Mesopotamia con el otro apóstol Judas. De su martirio habla un texto muy antiguo, la Passio Simonis et Judae. No se sabe, por tanto, dónde fue enterrado, aunque sus reliquias se veneran bajo el Altar de la Crucifixión en San Pedro…[1]

La Factoria Historica


[1] La Biblia; ASIMOV, Isaac, Guía de la Biblia: Nuevo Testamento. ISBN 978-84-01-45083-9 y Guía de la Biblia: Antiguo Testamento. ISBN 978-84-01-45082-2. Ambas por Plaza & Janés Editores, S.A; Dos mil años de Cristianismo. Madrid: Ediciones Sedmay, 09/1980. ISBN 84-7380-398-1 e ISBN 978-84-7380-398-4; Diálogo interreligioso. Diez volúmenes. Colección “Cátedra de teología contemporánea”. Boadilla del Monte: Ediciones SM. ISBN 84-348-5226-8 e 978-84-348-5226-6; BARDY, Gustavo. La conversión al cristianismo en los primeros siglos. “Colección Ensayos, 57″. Madrid: Encuentro Ediciones, 02/1990. ISBN 84-7490-240-1 e ISBN 978-84-7490-240-2; BELLET, Maurice. El sentido actual del cristianismo. Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer, 01/1970. ISBN 84-330-0299-6 e ISBN 978-84-330-0299-0; BERGUA, Juan B. Historia de las Religiones: El Cristianismo. Colección “Tesoro literario”. Madrid: Ediciones Ibéricas, 11/1977. ISBN 84-7083-081-3 e ISBN 978-84-7083-081-5; BERNARD, R.P. Pláticas sobre la esencia del cristianismo. Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer, 01/1960. ISBN 84-330-0175-2 e ISBN 978-84-330-0175-7; ORLANDIS Rovira, José (2000). Historia breve del cristianismo. Ediciones Rialp. ISBN 9788432131615; RUSE, Michael. ¿Puede un darwinista ser cristiano?: la relación entre Ciencia y Religión. Madrid: Siglo XXI, 2007. ISBN 978-84-323-1283-0

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