Un conflicto devastador: Jutlandia

Europa parecía hundirse en una terrible depresión moral hacia 1914, pues la guerra que parecía iba a acabar en un par de meses se estaba prolongando y no parecía tener un final cercano, lo que es más, nunca nadie en el mundo había conocido un conflicto tan terriblemente devastador como fue la Primera Guerra Mundial. Ahora bien, es cierto que los principales combates se llevaron a cabo en tierra, pero así como Europa no fue el único escenario, los ejércitos no fueron aquellos que pelearon batallas decisivas. Los aviadores de hecho entraban a tallar ya desde esta guerra en adelante si queremos citar un ejemplo novedoso, sin embargo, por cuestiones de la época no fue tan decisiva…

Un conflicto devastador: Jutlandia

Desde que Prusia inició aquella campaña que la llevaría a convertirse en una de las primeras potencias del mundo, en muy poco tiempo empezó a construir una armada que a fin de cuentas parecía querer destronar a los ingleses como reyes del mar. Estos por supuesto, no se lo tomaron para nada bien. La otra cuestión era la de las colonias, motivo por el cual, ambos estados chocaron una vez más debido a intereses. Alemania había llegado tarde al reparto colonial y eso generó que se produzcan disputas y exigencias que ni Inglaterra ni Francia estaban dispuestas a ceder. Por ello, la joven pero valiente y poderosa marina alemana, debía estar dispuesta ante cualquier enfrentamiento que se genere en el futuro y, además claro, defender las escasas colonias que poseían en ultramar. Todas estas diferencias llevaron a que ni Francia ni Inglaterra simpaticen nunca por Alemania y se establezcan las alianzas que desembocaron en los bandos que combatieron durante la primera gran guerra.

Ahora bien, Inglaterra era la potencia naval más grande del mundo, su tonelaje superaba tranquilamente a la francesa hasta en el doble, por ello podía desplegar una fuerza considerable de barcos en cualquier punto de la tierra sin mayores problemas. Estallada la contienda, los alemanes sabían que no eran superiores a los ingleses, por ende, aplicaron la llamada guerra submarina, pero tampoco hay que menospreciar a sus embarcaciones, las cuales, llegado el tercer año de guerra, 1916, demostrarían que estaban dispuestas a dar hasta lo último posible en defensa de su patria, cuando las batallas navales aún dependían de acorazados que se formaban en líneas  y la comunicación era por banderas y señales de luz antes que por radio. Para 1916 los alemanes habían sufrido muchas bajas y contaban con 18 acorazados de primera clase frente a los 28 británicos. Se generó un plan para superar esta situación: se atraería a los barcos británicos mediante unidades pequeñas, llevándolos hasta zonas donde los esperarían el grueso de la marina alemana y así  poder destruirlos. No era tan sencillo pero era lo único que realmente quedaba como opción. Para mala fortuna de los alemanes,  los ingleses descifraban casi todos sus códigos  por lo que  nunca caían en las trampas. Para mayo de 1916 los alemanes creyeron que podían apostar un ingente número de submarinos para atraer a los británicos desde sus bases. Se trataba de la escuadra de acorazados que serían conducidos gracias a los submarinos hasta el punto elegido para que la flota alemana les atacase con todo, eso sin contar que existiría un campo minado. Para el 28 de mayo los ingleses habían interceptado el código alemán. Todos los barcos destinados a una hipotética operación fueron desplegados esta vez, el día 30. Conforme pasaban los días las comunicaciones siguieron interceptándose razón por la que  los británicos se familiarizaron tanto con la operación a tal punto de que  estuvieron muy confiados antes del combate. La flota fue dividida en dos, una parte partió de Scapa Flow con 24 dreadnoughts , un nuevo tipo de acorazado que marcaba la diferencia con respecto a la anterior generación por tener 10 cañones de 305mm en lugar de los cuatro convencionales, inventado por el británico sir Fischer, su forma, blindaje y cantidad de cañones variaba según el país que los construyese pero la esencia era la misma,  y 3 cruceros, además, otros 8 cruceros blindados, 12 ligeros, 50 destructores y 1 minador, bajo las órdenes del almirante John Jellicoe, antes del 30 de mayo día en que Hipper, uno de los almirantes alemanes a cargo, partiera.

Mientras tanto, Beatty, el otro almirante inglés, partió de Firth Of Forth  llevando  4 dreadnoughts y 6 cruceros de batalla, además tenía otros 6 dreadnoughts obsoletos. A esto se le sumaban unos 14 cruceros ligeros, 27 destructores y un porta hidroaviones; ambas fuerzas británicas llegarían a ubicarse cerca del estrecho de Skagerrak, que separa el sur de Noruega de la península de Jutlandia, el punto donde esperaban que se realice la batalla. Los germanos también decidieron dividir su flota en una fuera principal y otra de reconocimiento y apoyo. La primera al mando del almirante Scheer compuesta por 16 acorazados, 6 dreadnoughts obsoletos, 6 cruceros ligeros y 31 torpederos; el segundo grupo iba comandados por Franz Hipper compuesto por 5 cruceros pesados, otros 5 ligeros y 30 torpederos. Los altibajos alemanes en cuanto a cantidad de armas y buques podían verse compensadas con el blindaje de sus buques, mucho más resistente a los torpedos, además de que su división era más sencilla, peleaban cerca de sus bases y los proyectiles germanos eran más poderosos, pues perforaban con mayor efectividad. Todo estaba preparado para que se lleve a cabo la batalla naval más grande de toda la Primera Guerra Mundial, y probablemente de todos los tiempos. Poco a poco los británicos se fueron acercando al destino, obviamente,  habían apostado una fuerza mucho mayor teniendo en cuenta que sus enemigos no estaban preparados para resistir, por lo demás, habían fingido caer en algunas de las trampas, cuando en realidad se estaban adelantando a la acción alemana. En un principio los submarinos alemanes trataron de hundir los barcos británicos para ocasionarles la mayor cantidad de bajas antes de llegar al centro de batalla, pero no fueron eficaces y la tecnología y estrategia británicas los evadieron a todo momento. Aproximadamente a las 2 y media de la tarde se producen los primeros intercambios de disparos y hacia las 3 los ingleses enviaron hidroaviones de reconocimiento, acaso los primeros en ser usados como tales en una guerra, con el fin de encontrar el grueso de la flota germana, una media hora después localizó algunos cruceros ligeros pero no pudo dar información pues la radio falló. Finalmente,  a las 15:48 aproximadamente el escuadrón de Beatty reconoce a los alemanes a unos 14 kilómetros al este, se trataba del grupo de Hipper contra quien abre fuego. Esta parte de la batalla lleva el apodo de “carrera al sur” pues ambas filas de buques se dispararon mutuamente mientras se dirigían al sur, los alemanes llevaban la ventaja pues gracias al humo y la neblina pudieron salvarse de ser impactados, mientras los británicos no se daban por vencidos en perseguirlos ante lo dificultoso de su situación. Los germanos aprovecharon su ventaja y fueron los primeros en asestar golpes a la Armada Británica, algo desesperada. Hipper, el almirante alemán se mostraba confiado, pero con la llegada de la  fuerza del 5 Escuadrón de Thomas,  los barcos alemanes debían lidiar con una amenaza de cuatro barcos en su retaguardia y cinco restantes de Beatty en su lateral.

Sin embargo,  los germanos fueron escurridizos y el Queen Mary británico fue golpeado otra vez por la artillería de estos. Hacia este momento, los alemanes llevaban la ventaja y ante esto, los británicos deciden dar un giro de 180 grados y ponen rumbo al norte. Esta vez serían  ellos los perseguidos, mientras la flota alemana de Scheer se sumaba a la de Hipper en esta acción. La 5 escuadra británica tuvo problemas de señalización por lo que se coloca a la retaguardia de Beatty cubriéndolo y recibiendo la mayor parte del fuego del  ejército alemán. Sin embargo,  aunque resulte paradójico, en su huida los acorazados británicos, mucho mejores en varios aspectos a los barcos alemanes, consiguen anotarle con más precisión varios golpes a la armada del II Reich, mientras el contralmirante Hood se acerca con el 3 Escuadrón de Batalla. A  esto  se le sumó la flota de Jellicoe que llegaron por el norte bloqueando la persecución de los alemanes. Hood especialmente se adelantó por el este al  cercar a los alemanes. Entonces tenemos a Betty y Evan Thomas por el oeste, a Jellicoe por el norte y Hood por el este, quienes formaron un semicírculo que buscaba aniquilar a los alemanes. Con la superioridad numérica y la visibilidad a su favor los barcos británicos, hacia las 18:15, empiezan con el  intercambio de proyectiles. Si bien los alemanes salen  airosos en un inicio deciden dar media vuelta con la llegada de   Jellicoe  quien traía al grueso de la flota. Eran casi las 18:33. A continuación se produce una persecución de película en la que los alemanes son torturados. Con la situación fuera de su alcance, sus respuestas se hacen cada vez más leves. Este combate se prolongaría  hasta las 20:30 de la noche. A continuación,  durante la noche,  los británicos continúan  la persecución, pero los alemanes demostrando estar mejor preparados y entrenados  acaban con  5 acorazados y muchos cruceros más. 5 horas después de la medianoche se prolongaron las batallas, con bajas crecientes para ambas, si bien los británicos se llevaron la mejor parte a pesar de sus pérdidas. Scheer llegó a buen puerto poco después de las cinco de la madrugada.

Al final de la jornada,  el panorama increíblemente  favorecía  a los alemanes quienes lograron hundir 115 mil toneladas, contra las 62 mil de sus adversarios a ellos. De vidas humanas se perdieron 6094 inglesas contra 2551 alemanas. Lamentablemente, aunque los números eran favorables a los teutones, los británicos podían recuperar sus pérdidas y continuaron con el dominio del Mar del Norte, sus bajas tanto humanas como materiales estaban compensadas para noviembre, mientras que los alemanes, lamentablemente no tenían con qué y fallaron en su tentativa de aniquilar la flota real. Esta batalla es considerada como el más grande enfrentamiento entre acorazados de dicha guerra y una de las batallas más gloriosas por antonomasia de toda la historia naval y de acorazados.  Así,  resultó ser una de las batallas navales más importantes de todos los tiempos, aunque Jellicoe se quedó con el gusto amargo de no haber repetido otro Trafalgar y llevarse una victoria sin dudas a casa…[1]

La Factoria Historica


[1]Wolfgang Mommsen, La época del Imperialismo: Europa 1885–1918, Siglo Veintiuno Editores, México, 1971; Juan Lago, La Primera Guerra Mundial, ed. Akal, 1993; Paul Fussel, La Gran Guerra y la Memoria Moderna, Oxford University Press, 1992 y Turner, 2006; Barbara Tuchman, Los cañones de agosto, (Península, 2004); Michael Howard La primera guerra mundial, (Crítica, 2003); Norman Stone, Breve historia de la I Guerra Mundial, (Ariel, 2008); H. P. Willmott, La Primera Guerra Mundial (Inédita, 2004); Michael S. Neiberg La Gran Guerra, una historia global (1914-1918), (Paidós, 2006); John H. Morrow Jr., La Gran Guerra (Edhasa, 2005); Hew Strachan, La Primera Guerra Mundial (Crítica, 2004); Jesús Hernández Martínez, Todo lo que debe saber sobre la I Guerra Mundial (Nowtilus, 2007). ISBN 978-84-9763-413-7; Sebastian Haffner Los siete pecados capitales del imperio alemán en la Primera Guerra Mundial (Destino, 2006); Georges Blond, La batalla de Verdún, (Inédita, 2008).

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