Batalla de Amiens, 1918

Luego de que la mayor parte de 1917 sea un año totalmente perdido y considerado un punto muerto sin mayores cambios durante la Primera Guerra Mundial, los recursos infinitos con los cuales los aliados contaban, empezaron a hacer valor de presencia en el campo de batalla. Para el año 1918, parecía que Alemania no podría soportar más el cerco que Inglaterra y Francia le habían puesto, por ende o deberían rendirse o sucumbir de hambre y a causa de otras necesidades básicas…

Batalla de Amiens, 1918

Sin embargo,  el desarrollo militar de Alemania era notorio y a veces hasta superior, sólo el trabajo conjunto de Francia e Inglaterra había podido frenar su avance, al menos durante los primeros años de la contienda. Pero tras casi cuatro años de su inicio, la guerra había llegado a un nivel de desgaste muy alto y con el apoyo de las numerosas tropas que ofreció Estados Unidos, el fin para las Potencias Centrales parecía estar muy cerca. Ahora bien, haciendo un desesperado esfuerzo en marzo del año 1918 los alemanes lanzan una vana aunque poderosa ofensiva sobre el frente occidental, quizá jugándose su última carta luego de ver que sus espaldas estaban cubiertas con el tratado de Brest-Litovsk con los bolcheviques que puso a Rusia fuera de la contienda. Todo estaba preparado para la ofensiva final de Alemania sobre el frente occidental. Con el fin de debilitar el ala derecha del ejército británico, se lanzó una ofensiva múltiple pero falló en Arras, por lo cual se decide apuntar hacia el pueblo de Amiens, el cual significaba una importante vía de unión de ferrocarriles y conexiones de transportes, pero por fortuna para los aliados, aquí los australianos contuvieron a los alemanes. Se planearon varias ofensivas más tales como Gergette, Blücher-Yorck y Gneisenau, entre otras, que si bien lograron avances, fueron casi insignificantes, y no se rompieron las líneas del frente aliado como se esperaba. ¿Qué debía hacer Alemania si había apostado ya casi todas sus fuerzas? Luego vino otra operación, llamada Marne-Rheims, que tampoco dio resultados llevando las tropas y logística germanas al límite. Lo que es más, ahora debían esperar el golpe aliado. Y eso se vio reflejado en la Segunda Batalla de Marne. Sostener la posición fue casi imposible y hubieron de retroceder desde Marne al norte.

Ahora el avance hasta alcanzar la rendición de Alemania era algo irreversible. Tras lanzar su ofensiva, el comandante aliado Foch, persiguió a los alemanes, cuya huida había empezado el 20 de julio. Así el enfrentamiento se hizo inevitable y se planeó liberar las líneas férreas a través de Amiens. Todo el resto de julio los aliados se dedicaron a planear su ofensiva, a organizar la participación de canadienses y australianos, el número de unidades de artillería, y la cantidad de tanques. Todas las operaciones a llevar a cabo, ya sea contra Amiens o cualquier otro punto, se debían hacer en el más estricto secreto. Por su parte el Alto Mando Alemán estaba muy preocupado y ya sospechaba una gigantesca ofensiva en su línea del frente, por lo cual decidió pasar totalmente a la defensiva. Sospecharon que el ataque podría concentrarse alrededor de Reims o en Flanders. En realidad aquí sólo realizaron maniobras distractoras que quiten la atención del sector de Amiens, mientras los aliados establecieron poderosa y cuantiosa artillería en todo el frente, movilizando sus tropas sólo de noche. Al este de Amiens se hallaba al mando el general alemán Georg von der Marwitz con dos divisiones inmediatas bajo su mando. Finalmente los aliados lanzan la ofensiva para evitar que los alemanes ataquen primero, como aquel susto que dieron a las líneas aliadas el 6 de agosto al norte del Somme. Dos días después en medio de una intensa niebla de la madrugada, exactamente a las 4:20 empezó la batalla siendo el III Cuerpo del IV Ejército Británicos el primero en atacar, desde el norte del Somme. Al sur de estos los australianos, y asimismo, más al sur una combinación de estos y canadienses.

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El ejército francés venía detrás y fueron ellos quienes dieron un bombardeo preliminar de 45 minutos, incluidas algunas bombas de gas. Los alemanes no se sorprendieron en nada del ataque, quizá porque los que incursionaron el 6 algo les advirtieron, y contraatacaron a los pocos minutos. Los aliados enviaron al inicio siete divisiones, los canadienses y australianos inclusive fueron apoyados por 8 batallones del Cuerpo de Tanques compuesto por poco más de 500 tanques. Unos cuantos estadounidenses atacaron al norte de Somme. Para las 7:30 de la mañana ya se había penetrado 3700 metros la posición alemana, ahora, y en casi todo el frente llegaron a sus primeros objetivos en la siguiente hora, de hecho los australianos y canadienses avanzaron tan rápido por el centro que una unidad alemana fue sorprendida desayunando. Quizá el mayor retraso se dio en el norte, a causa del empuje alemán del día 6 de agosto. Hasta ese momento iban casi 30 mil prisioneros germanos, todo un record, contra casi 9 mil bajas aliadas. No en vano el primer día de esta ofensiva aliada fue descrita por Ludendorff como “el día negro” del Ejército Alemán, al menos hasta el momento, no sólo por las bajas sino porque los germanos estaban muy desmoralizados y muchos se entregaron sin combatir. Los días posteriores al 8 de agosto el avance había sido contundente y exitoso, pero no fue así en los días sucesivos, volviéndose más lento y el frente se fue ensanchando. Poco a poco los aliados empezaron a sentir el peso de la ofensiva, es más de los tanques sólo quedaban alrededor de seis unidades…en Chipilly los alemanes volvieron a frenar el avance aliado y costó mucho tomar el pueblo. Pero las bajas enemigas compensaron el desánimo, para el 27 de agosto ya eran 50 mil los prisioneros alemanes y casi 500 armas, contra las 23 mil bajas aliadas entre muertos, heridos o desaparecidos. Con esto prácticamente se terminó la denominada guerra de trincheras y los alemanes empezaron a retroceder en el frente, el mismo que ellos habían iniciado hacía ya casi cuatro años, siempre anotándose victorias y ventajas. Pero esos años no habían pasado en vano y ahora eran ellos los que se batían en retirada. La batalla de Amiens quizá es importante porque representa el fin de una etapa y el inicio de otra en el frente occidental, marca un punto de inflexión en el cual la guerra estática acaba para llevar a Alemania hacia la derrota final de noviembre de 1918.

Como sea Amiens fue recuperada, se demostró que los tanques podían ser efectivos para acabar con las líneas del frente, y los aliados, a esta altura, ya habían aprendido mucho acerca de cómo controlar a estas máquinas. Por otra parte se percibía ya un gran desánimo entre los germanos, hartos de la guerra, pasaban hambre, frío y otras necesidades básicas. Es más, el Alto Mando Alemán ya veía la situación muy perjudicial para su país, pues las raciones a la población civil se veían cada vez más limitadas por preferir al ejército antes que a ellos. En todas partes, sus aliados disminuían y sus tropas se veían mermadas. Si bien, faltaban aún muchas mini batallas para que se rompa el frente y la guerra acabe, en Amiens quedó reflejado que el fin del ejército alemán estaba muy cerca. Fue una de las tantas batallas pérdidas por Alemania, en la denominada ofensiva de los Cien días…[1]

La Factoria Historica

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[1]Wolfgang Mommsen, La época del Imperialismo: Europa 1885–1918, Siglo Veintiuno Editores, México, 1971; Juan Lago, La Primera Guerra Mundial, ed. Akal, 1993; Paul Fussel, La Gran Guerra y la Memoria Moderna, Oxford University Press, 1992 y Turner, 2006; Barbara Tuchman, Los cañones de agosto, (Península, 2004); Michael Howard La primera guerra mundial, (Crítica, 2003); Norman Stone, Breve historia de la I Guerra Mundial, (Ariel, 2008); H. P. Willmott, La Primera Guerra Mundial (Inédita, 2004); Michael S. Neiberg La Gran Guerra, una historia global (1914-1918), (Paidós, 2006); John H. Morrow Jr., La Gran Guerra (Edhasa, 2005); Hew Strachan, La Primera Guerra Mundial (Crítica, 2004); Jesús Hernández Martínez, Todo lo que debe saber sobre la I Guerra Mundial (Nowtilus, 2007). ISBN 978-84-9763-413-7; Sebastian Haffner Los siete pecados capitales del imperio alemán en la Primera Guerra Mundial (Destino, 2006); Georges Blond, La batalla de Verdún, (Inédita, 2008).

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