La tumba de Alejandro Magno‏

Situada entre la Puerta de Isthar y los Jardines Colgantes de Babilonia se encontraba el Palacio Real de Nabucodonosor II, donde casi 3 siglos después de su construcción falleció a falta de un mes para cumplir 33 años y tras 12 días de convalecencia, Alejandro Magno. A mediados de mayo se había dirigido a los pantanos del oeste para mejorar el sistema de canales en medio de un calor sofocante y con la zona infestada de mosquitos. Aquí pudo contraer la malaria, con la que coincidían sus síntomas, aunque más tarde surgió el rumor del envenenamiento…

La tumba de Alejandro Magno‏

Por Vir Covi

A su vuelta a la ciudad y mientras comenzaba los preparativos para una expedición a Arabia cayó enfermo con golpes de fiebre recurrentes que por el día descendían súbitamente, pero pronto los episodios febriles se hicieron más intensos. A principio de junio su vida estaba claramente en peligro, por lo que el día 9 (o 12) se despidió de sus hombres uno a uno tendido en su camastro y con signos de reconocimiento con los ojos y las manos pues había perdido la voz. Al día siguiente falleció, comenzando inmediatamente las disputas sucesorias. La infantería era partidaria de la proclamación como rey de Filipo Arrideo, el hermanastro de Alejandro del que se decía era retrasado, mientras que la caballería lo era del hijo póstumo de Alejandro y Roxana, con la esperanza de que fuera un varón, por lo que llegaron al acuerdo de que si era así ambos serían proclamados reyes.

Mientras, el general Pérdicas se proclamó regente, comenzando los enfrentamientos con los sátrapas o gobernadores (pues a su muerte sus generales se habían repartido el Imperio), recelosos de su autoritarismo mientras él realizaba los preparativos para el traslado de su cuerpo embalsamado a Egipto, como había sido el deseo de Alejandro. El general Ptolomeo era el gobernador de Egipto, quien consciente de que hacerse con todo el Imperio era imposible se encargó de asegurar sus territorios como sátrapa mientras que por otro lado Olimpia reclamaba el cadáver de su hijo desde Macedonia por lo que Pérdicas queriendo contar con su apoyo, obligó a un vidente a decir que la nación que custodiara el cadáver del Alejandro jamás sería conquistada, por lo que el ejército macedónico acordó enviarlo a Macedonia. Casi un año después estaba listo su magnífico carruaje funerario donde se acomodó su cuerpo embalsamado dentro de un sarcófago de oro y su armadura iniciando el viaje, pero de camino a Macedonia, Arriedo, que se había aliado con Ptlomeo, desvió el cortejo a Menfis, noticia que llegó a Pérdicas una semana después.

Furioso atacó Egipto en la primavera del 321 a.C. con tantas pérdidas entre sus hombres, arrastrados por el Nilo o devorados por los cocodrilos, que sus propios oficiales le asesinaron y aliaron con Ptolomeo. Se cree que Ptolomeo se apropió de una tumba preparada para el faraón Nectanebo II pero que había huido a Etiopía unos años antes durante la invasión persa a Egipto, una capilla en un templo subterráneo a 12 metros de profundidad, pero años después su hijo Ptolomeo II trasladó el sarcófago a la nueva capital, Alejandría, y esta primera tumba alejandrina sería reemplazada por un magnífico mausoleo en el centro de la ciudad en el año 215 a.C., cuando Ptolomeo IV la instaló en un enorme recinto sagrado llamado Soma (o “cuerpo” en griego), santuario más famoso del mundo antiguo pues Alejandro era adorado como un dios. En el año 89 a.C. Ptolomeo XI ordenó fundir su sarcófago de oro para pagar a los mercenarios sustituyéndolo por otro de alabastro, tras lo que su muerte ahogado se consideró un castigo de los dioses. Julio César lloró ante su tumba y Octavio tras vencer a Cleopatra y pedir que sacaran su momia del sarcófago para rendirle honores, en un descuido le rompió la nariz.

Se sabe también que Calígula ordenó su asalto para ponerse su coraza y que el último emperador en rendirle honores fue Caracalla y aunque sobrevivió a varios saqueos y un gran terremoto y tsunami, de los que al parecer su cadáver resultó ileso, se perdió definitivamente su pista durante el turbulento ascenso del cristianismo a finales del siglo IV como religión oficial del estado, lo que convirtió el paganismo en herejía y por lo tanto perseguible. Algunos creen que en este momento su momia fue arrojada a los perros. Pero un cuerpo momificado proveniente de Alejandría en la época en que el cristianismo se alzaba sobre el paganismo, fue sacado de la ciudad rumbo a Venecia, donde descansa en una cripta dentro de la Basílica de San Marcos. Para algunos son los restos de San Marcos, el evangelista, el fundador de la comunidad cristiana de Alejandría, aunque antiguos escritos aseguran que su cuerpo fue quemado por los paganos, y para otros se trata del cadáver embalsamado de Alejandro, misterio que solo analizando los restos se podría resolver, conociendo al fin de qué murió y cómo era…[1]

La Factoria Historica

 


[1]Fuller, J.E.C (1963). Batallas decisivas del mundo occidental y su influencia en la historia. Barcelona, Luis de Caralt;  National Geographic Society (1967). «Lands of the Bible Today». National Geographic Magazine 1967 (12); Kinder y Hilgemann (1972). Atlas histórico mundial. Madrid. Ediciones Istmo. Bosworth, A. B. (2005). Alejandro Magno. Madrid: Akal Cambridge. ISBN 978-84-460-2308-1; Caratini, Roger. Alejandro Magno; Cosmelli Ibáñez, José (1983). Historia Antigua y Medieval. [37ª Edición]. Argentina: Editorial Troquel. ISBN 950-16-6348-5; De Santis, Marc G. (2001). At The Crossroads of Conquest. Military Heritage. Volumen 3, No. 3: 46-55, 97 (Alexander the Great, his military, his strategy at the Battle of Gaugamela and his defeat of Darius making Alexander the King of Kings); Guzmán Guerra, Antonio & Gómez Espelosín, Francisco Javier (2004). Alejandro Magno. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-5865-0; Hammond, N. G. L. (1992). Alejandro Magno. Rey, general y estadista. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-2723-2; Lane Fox, Robin (2007). Alejandro Magno. Conquistador del mundo. Traducción de Maite Solana. Colección El Acantilado 155. 960 páginas. Barcelona: El Acantilado. ISBN 978-84-96834-25-5; Renault, Mary. The Nature of Alexander; VV.AA. (1999). Nacimiento, hazañas y muerte de Alejandro de Macedonia: contenido de su vida, sus guerras, sus proezas. Introducción Carlos García Gual, traducción Carlos R. Méndez. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 84-249-2000-7.

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