Los Mayas

Dentro de las grandes extensiones de América, existieron tres culturas que dejaron una profunda huella en la historia del continente, tanto por sus avances tecnológicos, arquitectónicos, religiosos y laborales, demostrando poder crear ciudades de dimensiones impresionantes bajo los dogmas de conocimientos astrológicos atemporales, dominando grandes extensiones de territorio y convirtiéndose en las culturas más prestigiosas del mundo. Estas fueron los Incas, Aztecas y Mayas…

Los Mayas

La cultura Maya se diferenció del resto de las civilizaciones, debido a diversos factores de territorio, climáticos y bélicos que influyeron notablemente en la historia de los Mayas. Es así como entonces se puede dividir la cronología Maya en dos etapas: el Período clásico temprano, también conocido como Preclásico (292-593) y el Período Clásico (593-889), el más significativo. El período Preclásico se caracterizó por el desarrollo del idioma Maya y la incorporación del stelae, columnas planas de piedra, que fueron la base de la construcción Maya, acompañado con espacios abovedados. El período Clásico, por otro lado, fue el momento en el cual se produjeron más avances, tales como la incorporación de la escritura y la construcción de hasta 90 ciudades a lo largo de todo su territorio. Las ciudades que se construyeron, eran sitios religiosos y sagrados. Allí vivía la clase sacerdotal, encargada de realizar los rituales religiosos y las ceremonias de ofrendas en los grandes templos que caracterizaron a la civilización. En cuanto al resto de los pobladores, se hallaban en las afueras de las ciudades, dado que el su asentamiento sobre zonas de bosque tropical, sur este de México, el Salvador, Honduras, Belice y Guatemala, donde las lluvias y la humedad eran los protagonistas de todos los días y dificultaban la implantación de ciudades diagramadas de manera ordenada, generando una estructura social completamente dispersa. Es así como se ha probado que no se asentaban más de 30 personas dentro de una milla cuadrada, generando un territorio disperso y desordenado.

Dentro de la cultura Maya la religión se caracterizó básicamente por el pasar de la vida alrededor de ciclos infinitos del universo. De ese modo, se podrá notar que la religión Maya  encuentra sus raíces en el tiempo, siendo este diagramado mediante diversos sistemas de calendarios basados bajo diferentes pautas, dividiendo los ciclos de vida de la cultura Maya. Los Mayas creían que el mundo había sido creado cinco veces y destruido cuatro veces, siendo esta la base de la cultura religiosa mesoamericana que se propagó desde el año 900 en adelante, siendo luego adoptada por los Toltecas. Los dioses Mayas eran en su gran mayoría reptiles, presentando dos aspectos diferentes que simbolizaban su benevolencia y maldad. En cuanto a la vida después de la muerte, este era un punto de gran importancia dentro de la religión, dado que los Mayas sostenían que existía una compleja vida post-mórtum, en la cual el paraíso solo se encontraba reservado para aquellos que habían sido sacrificados, asesinados o muertos durante la niñez. Todo el resto de las personas eran enviadas al xibal o infierno, el cual se encontraba gobernado por los Dioses de la Muerte. Hacia el centro se encontraba el tzolkin, calendario sagrado, que consistía en 260 días. El mismo se basaba en dos círculos, de los cuales uno era compuesto por 16 días numerados, y el otro por 20 días nombrados. Estos dos círculos se repetían cada 260 días. Por otro lado, también poseían el tun, un calendario ceremonial, compuesto por 360 días y 5 días adicionales de mala suerte. Otro de los calendarios más utilizados era el llamado katun, el cual se encontraba diagramado por 20 tuns. También utilizaban un calendario de Venus de 584 días, un medio-calendario lunar y ciclos de los dioses celestiales. En conjunto, todos estos sistemas de calendarios hicieron de los Mayas  una cultura minuciosamente calculadora, llegando a resultados sumamente complejos, gracias a los profundos estudios astronómicos que eran controlados bajo rituales religiosos. A diferencia de muchas otras culturas, las ceremonias religiosas contaban con una amplia variedad de actividades, todas ellas relacionadas con las ofrendas y la devoción ante sus divinidades. Es así como se podían ver competencias deportivas, espectáculos teatrales, danzas y sacrificios. Los Mayas  sostenían que los dioses necesitaban alimentos para poder obrar a su favor y entre las ofrendas más preciadas, se encontraban los sacrificios humanos. Estas solían ser ofrendas de sangre producidas por el corte de diversas partes del cuerpo humano, generalmente de los sacerdotes. Usualmente se solía sacrificar la lengua, los labios o las orejas y cuanta más sangre se derramara, mayor sería la voluntad de los dioses, siendo también directamente proporcional el tamaño de la ofrenda con la posición de jerarquía del sacrificado. Incluso algunas ceremonias demandaban el corazón vivo del sacrificado, siendo luego quemado para agasajar a los dioses. Los griegos de la América prehispánica. Así se los llama con cierta razón a los Mayas, pues los pueblos mayas fueron capaces de trascender las necesidades inmediatas desarrollando habilidades y conocimientos cuyo nivel sorprende aún.

Los más valiosos campos de este saber se hallan en las matemáticas y la astronomía. Gracias al perfeccionamiento de un sistema calendárico exacto, tanto en la medición del ciclo solar como del lunar, los mayas alcanzaron lo que se puede considerar el mayor grado de desarrollo astronómico y científico de toda la América precolombina. Para entender la trayectoria de los astros, los sacerdotes se sentaban cada día en lo más alto del templo y fijaban la vista durante largo rato en el horizonte. Con este método, y utilizando un simple palo perpendicular al suelo, lograron definir el paso del Sol por el cenit, pues al encontrarse el astro en su punto más alto, el palo no proyectaba sombra. Que el Sol se sitúe exactamente sobre nuestras cabezas es un caso excepcional que sólo ocurre en determinados lapsos del año, y dependiendo de la zona. Para la península de Yucatán el suceso transcurre dos veces: entre el 15/16 de mayo y entre el 25/26 de julio. Por su fuerte presencia, el paso cenital era de gran interés para los antiguos mayas de la península, y marcaba fechas determinantes. Esto no es un dato menor: el calendario en las civilizaciones antiguas fijaba las actividades de la sociedad, basadas en la agricultura y las estaciones del año. De él dependía la vida cotidiana de toda la población. Específicamente, los mayas establecieron un ciclo solar de 365 días, y otro lunar, de 295 días, lo que no constituye una gran diferencia con el calendario gregoriano. Su precisión se basa en una serie de días continuos que parten de una fecha inicial precisa (día cero): el 12 de agosto de 3113 a.C.

La matemática fue una importante herramienta para el sistema celandárico. En sus calendarios, las anotaciones numéricas se escribían mezclando números con glifos. Los números iban del 0 al 19 y se representaban utilizando una concha (para el 0); puntos o círculos para los números del 1 al 4; y barras, que representaban períodos de 5 días. De esta forma, los mayas escribían números. Pero la genialidad de la matemática maya, además de la sencillez de su sistema numérico vigésimal, residió en la creación del cero, concepto que por varios siglos desconocido por otras culturas y que, en el área de las ciencias exactas, colocó a los científicos mayas en la vanguardia intelectual del mundo prehispánico. Por otro lado, el invento del calendario maya no hubiera sido posible sin el estudio de los cielos. A ello se abocaron el grupo de élite sacerdotal, formada por verdaderos astrónomos que observaban el cielo con nada más que sus ojos. Venus fue uno de los astros más importantes para los mayas, y de la posición de este planeta dependieron muchas de las guerras y sacrificios del período Posclásico. Los mayas también veneraron lo que nosotros llamamos Vía Láctea, conocida por ellos como el Arbol del Mundo, y representada por un gran árbol floreciente, la ceiba, de la cual provenía toda la manifestación de vida, en una metáfora no muy diferente al “camino de leche” de los griegos.

Pero la atención de los astrónomos mayas volvía una y otra vez hacia el Sol, lo que los llevó a rastrear el camino de la estrella a lo largo del cielo. En el arte maya, el recorrido del Sol por la elíptica aparece marcado en las constelaciones de estrellas fijas como una Serpiente de Dos Cabezas. Y es el día de hoy que, en las ruinas de Chichén Itzá, aún puede verse perfectamente, durante el ocaso del equinoccio, cómo una enorme y asombrosa serpiente de luz desciende del templo para bendecir la tierra fértil y anunciar un nuevo ciclo…[1]

La Factoria Historica


[1] Acosta García, María Alejandra, et al (2004). Atlas de México Educación Primaria. pp. 68, 70, 106 y 122. Segunda reimpresión. México: Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito. ISBN 970-18-8906-1; Andrews, George F.. Arquitectura Mexicana. Arqueología Mexicana, Vol. 2, Num. 11, I-II-1995, p. 4-12. México: Editorial Raíces; Campillo Cuautli, Héctor (1988). Diccionario Quintana Roo Enciclopedia Regional. pp.17-18. México: Fernández Editores; – (1988). Diccionario Yucatán Enciclopedia Regional. pp. 13-15 y 27. México: Fernández Editores; De la Garza, Mercedes & Ilia Nájera Coronado, Marta (2002). Religión maya. Colección: Enciclopedia Iberoamericana de Religiones nº 2. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 978-84-8164-555-2; Fernández Tejedo, Isabel. El Ppolom, mercaderillo o regatón. Arqueología Mexicana. Vol. V, Num. 20, XI-XII-1998, p. 46-53. México: Editorial Raíces; Grube, Nikolai (ed.) (2006). Los mayas. Una civilización milenaria. Tandem Verlag GmbH: Ullmann & Könemann. ISBN 978-3-8331-1959-0; Hernández García, José Arturo (2001). Maya-México.com. pp. 14, 15, 36, 45-54, 57-61, 69, 70 y 74. México; León Cázares, María del Carmen. Hombres de maíz en tierra de pavos y venados. Arqueología Mexicana, Vol. V, Num. 28, Xi-XII-1997, p. 30-37. México: Editorial Raíces; Manrique Castañeda, Leonardo, et al (1988). Atlas Cultural de México, Lingüística. p. 56 y 139. México: SEP, INAH y Grupo Editorial Planeta; Nalda, Enrique & Balanzario, Sandra. La casa maya. Arqueología Mexicana, Vol. V, Num. 28, XI-XII-1997, p.6-13. México: Editorial Raíces;  Reents-Budet, Dorie. Cerámica maya. Vol. V, Num. 28, XI-XII-1997, p. 20-29. México: Editorial Raíces; Rivera Dorado, Miguel (2006). El pensamiento religioso de los antiguos mayas. Colección: Paradigmas. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 978-84-8164-871-3;  Roo, Quintana (1992). El libro de mi tierra. pp. 47-48. México. ISBN; Tiesler Blos, Vera. El aspecto físico de los mayas. Arqueología Mexicana, Vol. V, Num. 28, XI-XII-1997, p. 14-19. México: Editorial Raíces; Turok, Marta. Xiuhquilitl, nocheztli y tixinda. Arqueología Mexicana, Vol. III, Num. 17, I-II-1996, p. 26-33. México: Editorial Raíces; VV. AA. (2002). 100 años de historia y de cuentos Lecturas para niños y jóvenes Antología. tomo 1. Pp. 114, 115, 117. México: Editorial Offset. ISBN 970-18-8147-8 (Obra completa), ISBN 970-18-8148-6 SEP; VV. AA. (2005). Planilla Monografía: Cultura maya quiché. No.1163. México: Editorial RAF.

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