El jainismo

En el siglo VI a. C., la India era una región de fuertes contrastes en los ámbitos político, social y religioso. En el reino de Magadha, que se había afianzado en la llanura de la oriental del Ganges, surgieron dos nuevas religiones, el jainismo y el budismo, como reacción frente a los abusos de la religión imperante, el brahmanismo, que había permitido a los sacerdotes dominar todos los aspectos de la vida social…

El jainismo

Mucho más tarde, durante los primeros siglos de la era cristiana, que asistiría al auge del hinduismo en la India, una rama avanzada del brahmanismo que, con el tiempo, ha permanecido como la religión dominante en este país. El brahmanismo, que nació de la fusión del vedismo y de las religiones prearias, se había convertido hacia el siglo VI a. C. en una revisión formalista, centrada en ritos cada vez más complejos. Por ejemplo, la costosísima ceremonia del caballo, que duraba varios meses y debían cumplir los reyes para legitimar su poder, representaba una sangría para las arcas reales. Sin embargo, hacía esta época, se dio lugar a un reformismo religioso a través de nuevas corrientes de pensamiento.

El jainismo y el budismo coincidían en muchos aspectos. Predicaban la no violencia y una vida ascética como medio para encontrar la salvación; se oponían a los sacrificios humanos y animales, y cuestionaban el sistema de castas que, favorecido por el brahmanismo, había fortalecido su rígida estructura con la especialización de los oficios y abierto un foso insalvable entre ricos y pobres. El movimiento jainista contaba con una larga historia antes de la aparición de su profeta Mahavira o Vardhamana, que significa “el que crece”. Según la tradición jainista, cuando Mahavira apareció sobre la tierra se habían pasado antes por ella 23 profetas. Sus adeptos iniciaron el cómputo del tiempo el año de su muerte y lo llamaron Jina, “el victorioso”, el hombre que había dominado sus dos anteriores y alcanzado otro superior. Su doctrina, luego denominada jainismo, era una religión moralista. Defendía la idea de un mundo eterno que no está dirigido por un dios alguno, sino por leyes naturales y morales.

Aunque en una gran existencia de un ser o seres trascendentes, el jainismo  considera que la intervención directa de lo sobrenatural y de los dioses no afecta la vida del hombre. Éste se perfecciona por los actos que realiza lo largo de su vida y su destino está sujeto al karma, los resultados de su conducta. A su muerte, el individuo renace en otro cuerpo, hasta que tras sucesivas vidas, alcanza la perfección y se disuelve en lo absoluto. El jainismo ha llegado a nuestros días sin apenas variaciones doctrinales desde el cisma ocurrido a principios de la era cristiana, motivado por las diferentes interpretaciones que se dieron sobre la desnudez absoluta. De ahí surgieron dos tendencias monásticas: los digambara, que adoptaron como el que indumentaria “ya el aire”, y los swatambara, que visten de blanco…[1]

La Factoria Historica

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[1]Díez de Velasco, Francisco (1995/2002 (tercera edición revisada y aumentada). Introducción a la historia de las religiones. Madrid: Trotta. ISBN 978-84-8164-564-4; Flood, Gavin (1998/2003). El hinduismo. Madrid: Akal Cambridge. ISBN 978-84-8323-032-9; Pániker, Agustín (2001). El jainismo: historia, sociedad, filosofía y práctica. Barcelona: Kairós. ISBN 978-84-7245-484-2.

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