La república de Weimar

Finalizada la Primera Guerra Mundial con la abdicación, en 1918, del káiser Guillermo II dio lugar a la proclamación en Alemania de la República de Weimar cuya presidencia quedó en manos del socialista Ebert. La vencida Alemania inició la experiencia de un régimen democrático en unas condiciones políticas y económicas muy adversas.  La nueva República, nacida en medio del desastre militar, tuvo que asumir la derrota y aceptar las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores en el Tratado de Versalles. Además, la crisis económica y el desorden político radicalizaron las posturas de los alemanes y, poco a poco, los fue conduciendo al nacionalsocialismo

La república de Weimar

Luego de la derrota militar y de la abdicación del emperador Guillermo II, en Alemania se intentó consolidar una república. Las fuerzas policíacas que apoyaban la constitución de una república eran el Partido Socialdemócrata que representaba a los obreros de tendencia reformista, liderado por Friedrich Ebert, el Partido Demócrata Alemán y el Partido de Centro Católico, representantes de la burguesía liberal. La república contó también con el apoyo del ejército.  A estas alianzas se opusieron otros sectores obreros de tendencia revolucionaria que organizaron la Liga Espartaquista, que intentaron tomar el poder por medio de una insurrección popular, siguiendo el ejemplo bolchevique, pero fueron derrotados por el ejército. A los pocos días del fin de la insurrección espartaquista, en febrero de 1919, se reunió una Asamblea constituyente en Weimar, que adoptó la forma republicana de gobierno, con un Presidente, F. Ebert ocupó ese cargo, y un Parlamento bicameral, el Reichstag y el Reichsrat, elegidos por sufragio universal. Pero la República de Weimar, apoyada por socialdemócratas y burgueses moderados, no logró consolidarse. No contó con el apoyo de los sectores más poderosos de la burguesía industrial cuyos intereses se veían obstaculizados por la presencia en el gobierno de representantes de los obrero5 que impulsaban reformas. Además, el gobierno republicano se propuso cumplir las obligaciones impuestas a Alemania por los tratados de paz, reparaciones y pérdidas territoriales, aun cuando la mayoría de la población no estaba de acuerdo y se oponía a ello. Entre 1919 y 1923 la crisis se profundizó. El gobierno obtuvo cada vez menos votos y los grandes capitalistas financieros impulsaron una especulación que agravó la crisis económica y la hiperinflación que desestabilizaron definitivamente a la República.

La República de Weimar, basada en una Constitución ampliamente democrática, fue incapaz de encontrar el equilibrio necesario para dar estabilidad al régimen. Los primeros años de la nueva República estuvieron marcados por diversos golpes de fuerza que, tanto desde la derecha como desde la izquierda, pretendían acabar con el régimen. En 1919, en Berlín, se produjo la insurrección de los espartaquistas, que tenía como objetivo proclamar un gobierno de consejos obreros que seguiría el modelo soviético. La revuelta fue duramente reprimida y desde entonces la República se ganó la oposición del Partido Comunista Alemán.  Sin embargo, fueron los grupos nacionalistas más radicales los que llevaron a cabo diversas tentativas de golpe de estado con el apoyo de una buena parte del ejército, nostálgico del viejo orden imperial y receloso ante las claudicaciones de Versalles. De este modo, en 1920 un sector del ejército que había sido desmovilizado ocupó Berlín y colocó en el gobierno a un alto funcionario prusiano, Kapp. Rápidamente estalló una huelga general en Berlín y en el Ruhr, que hizo fracasar la insurrección militar. Pocos años después, en 1923, Adolf Hitler protagonizó un putsch en Munich con el apoyo del general Ludendorff, pero fracasó.  La situación económica atravesaba también un momento muy difícil. El endeudamiento de guerra y las fuertes reparaciones que Alemania tenía que pagar a los vencedores originaron un aumento vertiginoso de la inflación, que fue acompañada de una espectacular caída del marco alemán. Los precios y los salarios variaban a lo largo de un mismo día como consecuencia de la inflación y de la pérdida de valor de la moneda. Las personas que vivían de capitales fijos, rentas, alquileres, etc., se arruinaron y una buena parte de las pequeñas empresas tuvieron que cerrar, lo cual provocó una subida de los índices de desempleo. La crisis llegó a su cenit en 1923, cuando los alemanes no pudieron pagar las deudas de guerra contraídas con Francia y las tropas galas ocuparon el Ruhr como garantía del cobro de las mismas, tal y como se había establecido en Versalles.

Entre 1924 y 1929 Alemania vivió un período de relativa estabilidad, pero la crisis de 1929, y más concretamente la retirada de los créditos americanos, agravaron las dificultades económicas y sumieron a Alemania en una profunda crisis. En 1932 la producción había disminuido a la mitad con respecto a la de 1929.  El desempleo creció desmesuradamente, se pasó de un millón y medio de parados en 1929 a 6 millones en 1931. Los partidos gobernantes, la llamada Coalición de Weimar, Partido Socialdemócrata Alemán, Centro Católico y Partido Demócrata, fueron perdiendo el apoyo de los asalariados y de la pequeña burguesía empobrecida. A partir de 1930 los diferentes gobiernos no tenían una mayoría coherente en el Parlamento y se apoyaban en el presidente de la República, que gobernaba por decreto. Se utilizaba con demasiada frecuencia el recurso de disolver el Parlamento y la inestabilidad ministerial, 19 gobiernos en trece años, era la prueba de la fragilidad del sistema. El desorden político hacía crecer el deseo de un gobierno fuerte y estable…[1]

La Factoria Historica


[1] Ambrosius, Gerold y Hubbard, William. Historia social y económica de Europa en el siglo XX. Madrid: Alianza, 1992. ISBN 84-206-2711-9; Díez Espinosa, José Ramón. Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1994. ISBN 84-7762-607-3;  Ferro, Marc. La Gran Guerra (1914-1918). Madrid: Alianza, 1998. ISBN 84-206-7927-5; Haffner, Sebastián. La revolución alemana de 1918-1919. Barcelona: Inédita, 2005. ISBN 84-96364-17-8; Hayek, Friedrich A. von. El nacionalismo monetario y la estabilidad internacional. Madrid: Aosta, 1996. ISBN 84-88203-01-2; Hobsbawm, Eric J. Historia del siglo XX (1914-1991). Barcelona: Crítica, 1995. ISBN 84-8432-042-1; Klein, Claude. De los espartaquistas al nazismo: La república de Weimar. Madrid: Sarpe, 1985. ISBN 84-7291-938-2; Kühnl, Reinhard. La República de Weimar: establecimiento, estructuras y destrucción de una democracia. Valencia: Alfons el Magnànim, 1991. ISBN 84-7822-028-3; Keynes, John Maynard. Las consecuencias económicas de la paz. Barcelona: Crítica, 2002. ISBN 84-8432-354-4; Mises, Ludwig von. Gobierno omnipotente: en nombre del Estado. Madrid: Unión, 2002. ISBN 84-7209-377-8; Mises, Ludwig von. El socialismo: análisis económico y sociológico. Madrid: Unión, 2003. ISBN 84-7209-385-9; Solmssen, Arthur R. G. Una Princesa en Berlín. Barcelona: Tusquets, 1980. ISBN 84-7223-739-7.

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