Saladino y la tercera cruzada, parte III

Al enterarse de estas trágicas noticias, el Papa Urbano III llamó a Europa a las armas para recuperar el Santo Sepulcro, en manos ahora de Saladino. La respuesta no se hizo esperar, destacando los reyes Federico I del Sacro Imperio Romano Germánico, el rey francés Felipe II Augusto, el duque Leopoldo de Austria y el monarca inglés Ricardo I “Corazón de León”. El emperador Federico I inició su viaje por tierra, mientras que Ricardo y Felipe los iniciaron por mar con el objetivo de ayudar a Guido de Lusignan, que estaba siendo asediado por Saladino. Afortunadamente para Saladino, Federico I murió ahogado en un río de Anatolia, y su ejército se disgregó y regresó a su país. Sin embargo, los ejércitos de Felipe y Ricardo I Corazón de León llegaron a su destino, provocando la retirada de Saladino…

Saladino y la tercera cruzada

Parte III

Nuevamente la fortuna le sonreía a Saladino, pues los cruzados pronto discutirían entre sí. El rey de Francia abandonó la cruzada después de que el orgulloso Ricardo se quedara con el mejor palacio y no lo tratara como igual, y el duque de Austria tras ver ofendido su estandarte por Ricardo, que lo arrojó de un baluarte, además del reconocimiento de Ricardo por la mayor parte del ejército como líder Supremo. A partir de ese momento Ricardo, comenzó a conquistar todas las plazas fuertes hasta que pudo dirigirse hacia Jaffa a través de la costa. Al poco la caballería de Saladino empezó a hostigar su avance, siendo repelida sin muchas bajas por parte de los cruzados. Este acoso continuó durante días hasta que los cruzados consiguieron llegar hasta Jaffa donde se instaló un campamento a través del que recibían las provisiones de la flota que avanzaba por la costa. El 7 de septiembre de 1191 el campamento fue levantado y se cruzó el río Racheteille al amanecer, encontrándose con el ejército de Saladino que bloqueaba su avance.

Saladino dirigió su ejército hacia el flanco izquierdo del ejército cruzado, provocando que Ricardo organizará su ejército en 5 divisiones. Pese a esta organización, la caballería apoyada por lanceros y arqueros continuó atacando, pero Ricardo aguantó sabiendo que las monturas se cansarían. Hacía la media tarde, los caballeros hospitalarios y franceses se lanzaron contra el ala derecha de Saladino, donde estaba formada la caballería. Ante el éxito de ese ataque, Ricardo decidió enviar a los templarios, bretones y angevinos a una segunda carga sobre el flanco izquierdo. Saladino viendo que su ejército era sorprendido por el contraataque cruzado se vio obligado a enviar a su guardia personal, los cruzados consiguieron aguantar el empuje y continuaron atacando, provocando la derrota de buena parte de las tropas de Saladino, mientras el resto se dispersó por las colinas de Arsuf. Saladino tuvo cerca de 7.000 bajas.

Esta victoria permitió a Ricardo alcanzar Jaffa en tres días e iniciar la marcha sobre Jerusalén, llegando hasta 20 km. de la ciudad. Sin embargo, Ricardo ordenó la retirada hacía Ascalón debido a las fuertes defensas de la ciudad, la proximidad del ejército de Saladino en la retaguardia y al mal tiempo que había. Por fin, cuando el rey de Inglaterra oyó noticias de la situación de su país, no tuvo más remedio que aceptar la paz, que, aunque no les devolvía Jerusalén, les aseguraba la costa entre Tiro y Jaffa. Los cruzados no volvieron a conquistar Jerusalén, pero gracias al armisticio de cinco años que firmaron Saladino y Ricardo, los cruzados tuvieron libre peregrinaje por Jerusalén, aparte de poder reconstruir el reino paleocristiano de la franja palestino-siria, aunque este reino sería más reducido que el primero y mucho más débil a nivel militar y políticamente que el primero, sin embargo, conseguiría aguantar un siglo más. Saladino murió en 1193 en Damasco y fue enterrado en un mausoleo en el exterior de la Mezquita Omeya de Damasco. El emperador alemán Guillermo II donó un sarcófago en mármol, en la que sin embargo no descansa su cuerpo. En su tumba se exhiben la original, de madera, en la que está el cuerpo y la de mármol vacía. Le sucedió su hijo Al-Afdal en el trono de Siria, dando comienzo así la dinastía ayubí[1]

Ver también: Saladino, el protector del Islam

La Factoria Historica


[1]Chauvel, Genevieve (2001). Saladino – El Unificador del islam. Edhasa. ISBN 8435016544;  Tariq Ali (2000). El Libro de Saladino. Edhasa. ISBN 8435006808. Runciman, Steven. A History of the Crusades: Volume 2, The Kingdom of Jerusalem and the Frankish East. Cambridge University Press. ISBN 014013704; Shahnaz, Husain (1998). Muslim Heroes of the Crusades. ISBN 1-8979-4071-8; Mohring, Hannes. Saladin: the Sultan and His Times. Baltimore, Maryland: The Johns Hopkins University Press, 2008; Maalouf, Amin. The Crusades Through Arab Eyes. London: Al Saqi Books, 1984; Holt, P.M.. The Age of the Crusades: the Near East from the eleventh century to 1517. 1 ed. A History of the Near East. 2, The Age of the Crusades: the Near East from the eleventh century to 1517. P.M. Holt. New York: Longman Group, 1986; Izz al-Din Ibn al-Athir. The chronicle of Ibn al-Athir for the crusading period a través de al-Kamil fi’l-tarikh; Baha al-Din Yusuf ibn Rafi ibn Shaddad, A Rare and Excellent History of Saladin. D.S. Richards. Burlington: Ashgate, 2001; Lev, Yaacov. Saladin in Egypt. The Medieval Mediterranean Peoples, Economies, and Cultures, 400-1453. Vol. 21, Michael Whitby. Boston: Koninklijke Brill NV Leiden, 1998.

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