La educación en Esparta

Una de las polis griegas más importantes de la antigüedad junto con Atenas y Tebas, fue la diferente Esparta, conocida por su férrea disciplina y cuyo nombre ha dejado huella en nuestra lengua, que recoge el adjetivo “espartano” como sinónimo de austero y firme…

La educación en Esparta

Por Vir Covi

La conquista de Mesenia a finales del siglo VII a.C. fue posible no gracias a los ricos aristócratas, que cabalgaban sobre imponentes caballos sino al valor de los campesinos y soldados cuyo poco dinero solo les permitía comprar una lanza, lo que descubrió la necesidad de preparar a los ciudadanos para la guerra. Éste fue el motivo que llevó a Licurgo, legendario legislador de cuya vida apenas tenemos datos, a elaborar la Constitución de Esparta, con tal compromiso hacia sus leyes que tras hacer jurar a los espartanos que las cumplirían hasta su regreso a la ciudad, se fue y se suicidó, queriendo asegurar así la permanencia de este ordenamiento, cuyo capítulo más importante era el dedicado a la educación desde el mismo instante del parto.

Nada más nacer, una comisión de ancianos examinaba al niño. Si consideraban que era débil era arrojado por un barranco para no tener que alimentar una boca inútil pero si superaba la prueba recibía una parcela de tierra que conservaría toda su vida, comenzando su rígida formación y una infancia llena de privaciones pues como decía Epicuro: “Todo niño debe ser formado desde un principio para ser parte de la élite espartana, así que nada de pañales, nada de lloriqueos, nada de zapatos“. Los niños pasaban con sus padres los primeros años de su vida pero no había lugar para el cariño ni se permitía ningún capricho, además se les acostumbraba a estar solos y no tener miedo a la oscuridad, hasta que a los 7 años y durante 13 el estado asumía su tutela, pasando a vivir en unidades militares infantiles donde aunque aprendían a leer y escribir, lo principal de su formación era la lucha, el atletismo, el manejo de las armas y la obediencia ciega a sus superiores.

Dormían en lechos de cañas trenzadas por ellos mismos, caminaban habitualmente descalzos y la mayor parte del tiempo iban desnudos, sucios y con el pelo rapado hasta los 15 años, cuando se dejaban el cabello largo propio de los soldados pues en opinión de Licurgo la melena larga hacía a los guapos más apuestos y a los feos más temibles. Además no recibían más alimento que sopa de tocino hervido con sal y vinagre para que viéndose obligados a robar para no pasar hambre desarrollaran el sigilo, la cautela y el espíritu de supervivencia. Uno de los entrenamientos físicos más despiadados se llevaba a cabo en el bosque donde un joven elegido aleatoriamente se abrazaba a un árbol mientras 4 compañeros le sujetaban y apaleaban hasta que tuviera el cuerpo completamente desgarrado. La finalidad para el apaleado era aprender a soportar el dolor, y para sus compañeros no vacilar en la agresión pese a sentir su terrible sufrimiento. En cuanto a las niñas, también el estado gestionaba su educación, basada en la gimnasia y la lucha para engendrar niños sanos y fuertes, por lo que a la misma edad que los chicos ingresaban en las comunas hasta que a los 12 años se convertían en ciudadanas espartanas preparadas para ser madres.

En cambio los chicos continuaban su formación hasta los 20 años pero antes de recibir la túnica roja que les identificaba como ciudadanos debían superar una última prueba: ir más allá de los límites de la ciudad con una lanza y regresar con el cadáver de un enemigo. Ahora sí. Ahora eran verdaderos guerreros espartanos, preparados para dedicar las siguientes 4 décadas de su vida a la actividad militar. Esparta representa en la Historia el modelo de sociedad que a fuerza de sobrevalorar su pasado, sacrificó su futuro pues aunque alardeaban de la inamovilidad de sus leyes y su fortaleza física, la falta de desarrollo cultural y su deficiente economía le llevaron a la decadencia 3 siglos después. Hoy día en el lugar exacto donde estuvo ubicada la antigua Esparta existe un municipio con el mismo nombre que alberga entre otros vestigios el Museo Arqueológico, el altar de Licurgo o la tumba de uno de sus más grandes ciudadanos, Leónidas I de Esparta.[1]

La Factoria Historica


[1]Lane Fox, Robin (2005): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma. – Crítica, Barcelona, 2007, p. 113. ISBN 978-84-8432-898-8; Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana (Espasa-Calpe). Tomo 20.

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