La batalla de Gaugamela

La batalla de Gaugamela en el año 331 a.C. fue la batalla decisiva que destruyó al ejército persa definitivamente. Darío planeó cuidadosamente una maniobra envolvente completa influenciado, sin duda, por el fracaso de Issos. Pero Darío no era un táctico, sino un timorato estratega y no supo darse cuenta de una verdad evidente: en Issos había fracasado porque había elegido mal el terreno. Esa era la razón principal, pero él, con su mente limitada y sobrepasada por los acontecimientos, realizó una lectura errónea de la situación táctica. Entre Darío y Alejandro Magno había todo un mundo de distancia en cuanto a inteligencia y eso se notó en esta batalla más que en ninguna otra…

La batalla de Gaugamela

Los relatos de los autores antiguos tienen muchos puntos oscuros, lo cual es bueno para los que estudiamos todo esto porque así nos entretenemos más. Para mí es muy improbable que Alejandro, ante un ejército tan móvil como el de Darío, compuesto casi exclusivamente por caballería, dejara el tren de bagaje en el campamento fortificado que podría ser atacado por una fuerza de caballería e infantería ligera mientras él combatía al grueso persa. La mentalidad del macedonio no era estática como la de la mayoría de sus biógrafos a los que se les llena la boca hablando de su genialidad sin verla realmente, por ello lo más probable es que el avance de su ejército incluyera también el tren de bagaje, con todos los hombres disponibles aprestados para el combate, una típica táctica griega que en este caso era la más adecuada con un ejército tan poderoso tácticamente como el macedonio. Pensemos en Alejandro: Si él era derrotado ¿qué más daba que su tren de bagaje se salvara? y además, si Alejandro era derrotado ¿cuántos minutos tardaría Darío en lanzarse sobre su campamento? Alejandro nunca dejó puntos débiles tras de sí. Jamás. Su meta estaba siempre en el horizonte, y no detrás de su espalda.

Darío por su parte pensaba rodear la formación macedonia casi en su totalidad, pero cometió un grave error como fue que una línea tan enorme no puede contener elementos de suficiente profundidad para llevar a cabo una ruptura táctica en profundidad. Y aun pudiendo llevarla a cabo ¿con qué tropas mantendría la brecha abierta? tendría que distraer a las unidades cercanas, pero eso dejaría huecos fácilmente aprovechables por la infantería enemiga, como de hecho ocurrió. Uno se puede imaginar a Alejandro contemplando sonriente el orden de combate persa, recto, uniforme, como sacado de un manual. Si Darío pensaba frenarle, seguro que no sería de esa forma. La batalla de Gaugamela volvió a ser una batalla de caballería ¡pero sólo donde Alejandro tenía a su caballería! porque la caballería de carga no puede romper una formación como la falange griega y mucho menos la falange macedonia. Darío pensaba que sus carros, había preparado el terreno para que se pudieran mover con facilidad, desbaratarían las formaciones enemigas. Lo mismo pensó Farnaces al ver acercarse a las legiones de Julio César trescientos años después. La caballería es muy efectiva contra tropas sin disciplina o contra generales incompetentes como Craso, pero completamente ineficaz contra buenos generales al mando de buenos soldados y tanto lo uno como los otros sobraban en el ejército macedonio

Una carga contra el punto de unión de dos unidades de la falange que quedó excesivamente abierto posibilitó que un número indeterminado de jinetes persas traspasara el cordón defensivo de Alejandro lanzándose contra el tren de bagaje, pero Alejandro en su orden táctico ya había previsto esta posibilidad y la rápida reacción de la infantería que se cerró como un candado sobre los incursores anuló esta amenaza, en un pequeño espacio en el que los jinetes persas quedaron encerrados y pasados a cuchillo. Aníbal, gran conocedor de esta campaña, jamás lanzó a sus jinetes contra la infantería romana salvo cuando la caballería enemiga había sido vencida y puesta en franca huida, y nunca lanzó a su caballería contra el grueso de las legiones, sino contra su retaguardia, pero Darío no era ni Aníbal ni mucho menos Alejandro.  Gaugamela ha quedado eclipsada por Issos de manera desacertada en el tiempo, ya que es de esta batalla, la de Gaugamela, de la que más conclusiones tanto tácticas pero también estratégicas podemos sacar. Os invito a pensar en ellas. Aníbal y César lo hicieron acertadamente….[1]

Ver también: Alejandro Magno y el asedio de Tiro

La Factoria Historica


[1]Fuller, J.E.C (1963). Batallas decisivas del mundo occidental y su influencia en la historia. Barcelona, Luis de Caralt;  National Geographic Society (1967). «Lands of the Bible Today». National Geographic Magazine 1967 (12); Kinder y Hilgemann (1972). Atlas histórico mundial. Madrid. Ediciones Istmo.

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