La visión burguesa del progreso

En el siglo XIX, el triunfo de la burguesía en el plano económico fue acompañado por la difusión en la sociedad europea de los valores burgueses. Estos valores tuvieron más importancia en Inglaterra y en Francia.  La doble revolución, la Revolución Industrial y la Revolución Francesa, provocó la ruptura de la sociedad feudal tradicional. La idea de una sociedad inmutable y jerarquizada creada por Dios, fue reemplazada por la convicción burguesa de que los hombres eran los únicos responsables de su destino. Esta nueva visión del mundo estaba basada en un fuerte optimismo, en una poderosa fe en el progreso material que prometía la industrialización. Los burgueses de este siglo tenían la seguridad de que la iniciativa y la ambición individuales eran las únicas garantías para lograr el bienestar económico y social. Creían que con el fin de la sociedad feudal y con el triunfo de la burguesía en las revoluciones de 1830 y de 1848 se habían abierto las posibilidades para que los hombres progresaran socialmente….

La visión burguesa del progreso

¿Qué era para un burgués del siglo XIX el ascenso social? Significaba llegar a ser alguien que valía, que había alcanzado un cierto bienestar eco­nómico que le permitía vivir sin penurias a él y a su familia. Significaba que la sociedad lo reconocería por lo que había alcanzado; que sería alguien respetable ante los demás. El mundo burgués ofrecía tres caminos para ascender socialmente: los negocios, la educación y el ejército. Los negocios se presentaron al burgués de esta época como la mejor oportunidad para lograr el progreso individual.

En una economía que crecía con tanta rapidez como la capitalista, los negocios como eran las industrias, bancos, o el comercio eran cada vez mayores. La educación era otra alternativa para ser alguien en esta nueva sociedad. Era un medio para llegar a tener una profesión o para obtener un cargo en la administración del Estado. Tener en la familia un abogado, un profe­sor o un médico era honroso para el burgués. Significaba también el triunfo del esfuerzo individual y la victoria sobre la importancia del apellido y el parentesco aristocrático.

También la carrera militar fue muy importante, sobre todo en la Francia revolucionaria y napoleónica. El modelo a imitar fue, sin duda, Napoleón Bonaparte, un burgués que a través de una brillante carrera en el ejército logró la fama y el prestigio social. Que un hijo fuera militar también era un orgullo para un padre burgués. Pero ni los negocios ni los estudios ni la carrera militar eran caminos abiertos para todos los hombres del siglo XIX. Existían límites para el ascenso social. Sin poseer algún recurso económico resultaba casi imposible emprender alguno de esos caminos. Y ésa era la realidad de la mayor parte de la sociedad de esta época. Los trabajadores asalariados que vivían pobremente en las ciudades y en los campos eran la otra cara del progreso capitalista.[1]

Ver también: La formación del movimiento obrero

La Factoria Historica


[1]Michel Beaud (1986). Historia del capitalismo: de 1500 a nuestros días. traducción de Manuel Serrat. Barcelona: Ariel; Daniel Bell (2006). Las contradicciones culturales del capitalismo. Alianza Editorial. ISBN 978-84-206-2195-1; Eugen von Böhm-Bawerk (1978). Capital e interés. D.F.: Fondo de Cultura Económica; Fernand Braudel (1986). La dinámica del capitalismo. traducción de Rafael Tusón Calatayud. México: Fondo de Cultura Económica; John Chamberlain (1994). Las raíces del capitalismo. Madrid: Unión Editorial; Joaquín Estefanía (1997). Aquí no puede ocurrir. El nuevo espíritu del capitalismo. Madrid: Taurus; Milton Friedman (1966). Capitalismo y libertad. Madrid: Rialp; John Kenneth Galbraith (1968). El capitalismo americano. traducción de Jaume Berenguer Amenós. Barcelona: Ariel; Anthony Giddens (1977). El capitalismo y la moderna teoría social. traducción de Aurelio Boix Duch. Barcelona: Labor; Jack Goody (2005). Capitalismo y modernidad. traducción de Cecilia Belza. Barcelona: Crítica; Friedrich Hayek, Thomas Ashton, Louis Hacker, Ronald Hartwell, Bertrand de Jouvenel y William Hutt (1997). El capitalismo y los historiadores. Madrid: Unión Editorial; Rodney Hilton (1987). La transición del feudalismo al capitalismo. traducción de Doménec Bergada. Barcelona: Crítica; Joseph Lajugie (1960). Los sistemas económicos. Buenos Aires: Eudeba; Henri Lepage (1979). Mañana, el capitalismo. Madrid: Alianza Editorial.

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