Carlos I de España

En el siglo XVI, la monarquía española alcanzó su máximo esplendor y poderío. Bajo el reinado de Carlos V, heredero de extensos territorios, resurgió en occidente la idea de un imperio universal.  La “diplomacia matrimonial” llevada a cabo durante los siglos XV y XVI ofreció mayores ventajas que las que muchas veces otorgaban las guerras de conquista. Así, Maximiliano I de Habsburgo recibió, en el año 1493, una sustanciosa herencia como era Austria Hungría, el sur de Alemania y el derecho a ser emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.  Por su esposa, María de Borgoña, Maximiliano obtuvo también los Países Bajos actuales Bélgica y Holanda, cuyo dominio trasmitió luego a su hijo Felipe el Hermoso. Envió, entonces, emisarios diplomáticos por toda Europa, en busca de casamientos ventajosos para sus hijos…

Carlos I de España

España que se hallaba en proceso de unificación y había incorporado recientemente las tierras americanas, resultaba un vínculo sumamente atractivo para el emperador, quien concertó con los Reyes Católicos el casamiento de Felipe con la princesa Juana de Casalla y de su hija Margarita con Juan de Aragón, único hijo varón de los reyes españoles. Se estableció, así, una sólida alianza entre el Sacro Imperio en manos de la casa de Austria o Habsburgo y los soberanos españoles. Juan de Aragón murió al poco tiempo sin herederos, Sin embargo, del matrimonio de Felipe con Juana nacieron seis hijos. Carlos, el primogénito, fue el heredero de los extensos territorios de sus abuelos maternos y paternos, acumulando en sus manos el mayor poder de Europa.  De sus abuelos maternos, los Reyes Católicos, Carlos I heredó los reinos de Castilla y Aragón, con los territorios americanos, que correspondían a la corona de Castilla, y los italianos como Cerdeña, Nápoles y Sicilia, anexados a la de Aragón. Fue coronado con el nombre de Carlos I. De su abuela paterna, María de Borgoña, Carlos I recibió Luxemburgo, los Países Bajos y el Franco Condado. De su abuelo paterno, el emperador Maximiliano de Austria, heredó los territorios del archiducado de Austria, uno de los principales estados que integraban el Imperio alemán.

La muerte de Maximiliano dejó vacante el trono imperial. Carlos I de España aspiró a él. De acuerdo con la Bula de Oro de 1356, la dignidad imperial era electiva y la designación era decidida por siete príncipes electores. Los príncipes alemanes debieron elegir emperador entre tres candidatos como eran Enrique VIII de lnglaterra, Francisco I de Francia y Carlos I de España. La noticia de que los príncipes estaban dispuestos a vender sus votos a quien mejor los pagase preocupó a Carlos, ya que las arcas española estaban vacías en ese momento. Recurrió entonces a la ayuda de los Fugger, una importante familia de banqueros alemanes, quienes, a cambio de su apoyo económico, pidieron que se les otorgase los derechos sobre Amberes, el principal puerto de los Países Bajos. Carlos I aceptó el acuerdo y, en el año 1519, los príncipes alemanes reunidos en Franckfurt lo eligieron emperador con el nombre de Carlos V.

A pesar de la pluralidad de lenguas, tradiciones y costumbres de sus territorios, Carlos quiso construir un imperio universal. Su propósito no prosperó y debió luchar en tres frentes: contra los protestantes de Alemania, contra Francia y contra los turcos.  Carlos I debió enfrentar a la Reforma protestante, que dividió a la Europa cristiana y se convirtió en un problema político. El nombramiento imperial de Carlos I fue resistido por las otras potencias europeas, Francia e Inglaterra, temerosas de la preponderancia del emperador alemán. La más afectada fue Francia ya que su territorio estaba cercado por los dominios de Carlos. Las tensiones entre el emperador y el rey francés, Francisco I de Valois, desembocaron en una guerra entre ambos. El principal motivo de la guerra fue la posesión del Milanesado, en Italia. Finalmente, en la batalla de Pavía, el rey de Francia fue derrotado y hecho prisionero por Carlos  I.  Carlos I tuvo además que frenar el avance de los turcos sobre Europa. Si bien evitó que conquistaran Viena, no pudo impedir un dominio sobre el mar Mediterráneo.

Durante su reinado, Carlos I tuvo que enfrentar graves conflictos sociales en el interior de España. El de mayor gravedad estalló entre los años 1520 y 1521 cuando se produjo la revuelta de los “comuneros” de Castilla, quienes exigieron a la corona el respeto de las libertades tradicionales de las ciudades o comunas. Considerada por muchos historiadores un anticipo de las futuras revoluciones burguesas, la rebelión fue aplastada. Esta situación fortaleció el poder de los nobles y, al mismo tiempo, impidió el desarrollo de la burguesía española. Así, cuando Carlos y renunció a sus posesiones y al trono imperial, la economía española, sobre todo la de Castilla, se hallaba al borde de la quiebra.[1]

La Factoria Histoica


[1]Fernández Álvarez, Manuel (2003). Carlos V, el César y el Hombre. Espasa Calpe. ISBN 84-239-9752-9; Belenguer, Ernest (1995). El Imperio Hispánico 1479–1665. Grijalbo Mondadori. ISBN 84-253-2861-6; De Francisco Olmos, José María. Estudio documental de la moneda castellana de Carlos I fabricada en los Países Bajos (1517). Universidad Complutense de Madrid; De Casanova Todolí, Ubaldo. Las primeras Cortes Catalanas de Carlos I (Barcelona 1519–1520). Universitat de les Illes Balears; Solano Camón, Enrique. Aragón en la administración de guerra de la monarquía hispánica durante el siglo XVI. Universidad de Alicante; De Foronda y Aguilera, Manuel. Estancias y viajes del emperador Carlos V. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes; De Viciana, Martín. Libro quarto de la Cronica de la inclita y coronada ciudad de Valencia y de su reino. Universidad de Valencia; (en inglés) Charles V of the Holy Roman Empire en la Classic Encyclopedia, basada en la Encyclopædia Britannica (edición de 1911); María-José Redondo Cantera, Miguel-Ángel Zalama Rodríguez, Carlos V y las artes. Promoción artística y familia imperial, Valladolid, 2000, ISBN 978-84-8448-015-0, Publicaciones de la Universidad de Valladolid; John Lynch Carlos V y su tiempo. Editorial Crítica 2000 ISBN 84-8432-065-0.

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