La Nueva Guerra Fría 1975-1985

Las dificultades económicas del mundo occidental tras la “crisis del petróleo” de 1973 y la renuencia americana a implicarse militarmente en el exterior tras el fracaso de Vietnam animaron a Moscú a intervenir en diversas zonas del mundo. Fue un espejismo. La debilidad norteamericana era aparente. La soviética era real. El presidente Reagan volvió en los ochenta a una política de enfrentamiento con la Unión Soviética. La URSS no pudo hacer frente al nuevo desafío que venía de Washington…

La Nueva Guerra Fría 1975-1985

La debilidad económica soviética precipitó el fin de la guerra fría y el posterior derrumbamiento de la URSS. A mediados de los setenta, EEUU mostraba signos de debilidad. La crisis económica de 1973 golpeó duramente la economía de los países capitalistas desarrollados, el escándalo Watergate en 1974 forzó la renuncia del presidente Nixon y la derrota en Vietnam en 1975 extendió la convicción en la opinión pública norteamericana de que EEUU debía evitar cualquier intervención militar en el exterior.

La URSS interpretó mal la situación internacional y se lanzó a una expansión de su influencia internacional sin tener en cuenta las serias dificultades por las que pasaba su economía. El último período en la dirección soviética de Leonid Breznev fue testigo de lo que podemos denominar una engañosa expansión soviética. En Asia, Vietnam era reunificado en 1975 bajo un gobierno comunista.  En América Central, la revolución sandinista de 1979 estableció un régimen revolucionario en Nicaragua con el apoyo de Moscú y La Habana.  En África, la expansión soviética fue más espectacular. A partir de 1974, se establecieron regímenes pro-soviéticos en Etiopía, Angola y Mozambique. Envalentonados por estos éxitos, los soviéticos cometieron un grave error: intervenir militarmente en Afganistán.

Este país empobrecido, que durante el siglo XIX había sido terreno de disputa del imperialismo ruso y el inglés, volvió a convertirse en un territorio clave en las relaciones internacionales en los años setenta. El derrocamiento del rey Zaher Shah en 1973 abrió un período de inestabilidad en el que finalmente se disputaron el poder diversas facciones comunistas enfrentadas a su vez con guerrillas islámicas. Moscú decidió intervenir para imponer un gobierno que garantizase el orden y mantuviera al país en la esfera de influencia soviética. El 24 de diciembre de 1979 las tropas soviéticas invadían el país. Se iniciaba la guerra de Afganistán. La reacción mundial fue inmediata. La ONU y los Países No Alineados condenaron la invasión y EEUU decidió ayudar a las guerrillas islámicas que se enfrentaban a las tropas soviéticas. Se iniciaba una nueva guerra fría…[1]

Ver también: La respuesta americana al desafío soviético

La Factoria Historica


[1]La Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa, abierta el 3 de julio de 1973 en Helsinki y continuada en Ginebra del 18 de septiembre de 1973 al 21 de julio de 1975 ha sido clausurada en Helsinki el 1 de agosto de 1975 por los Altos Representantes de la República Federal de Alemania, la República Democrática Alemana, Austria, Bélgica, Bulgaria, Canadá, Checoslovaquia, Chipre, Dinamarca, España, los Estados Unidos de América, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Liechtenstein, Luxemburgo, Malta, Mónaco, Noruega los Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rumania, San Marino, la Santa Sede, Suecia, Suiza, Turquía, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Yugoslavia. (…) Han adoptado lo siguiente: DECLARACIONES SOBRE LOS PRINCIPIOS QUE RIGEN LAS RELACIONES ENTRE LOS ESTADOS PARTICIPANTES. Los Estados participantes, Reafirmando su dedicación a la paz, la seguridad y la justicia y al constantes desarrollo de relaciones amistosas y cooperación; Reconociendo que esta dedicación, que refleja el interés y las aspiraciones de los pueblos, constituye para cada Estado participante una responsabilidad presente y futura, fortalecida por la experiencia del pasado, Reafirmando, de conformidad con su calidad de Miembros de las Naciones Uni das y de acuerdo con los propósitos y principios de las Naciones Unidas, su pleno y activo apoyo a las Naciones Unidas y al realce de su función y efectividad para el fortalecimiento de la paz, la seguridad y la justicia internacionales, así como para el desarrollo de las relaciones amistosas y la cooperación entre los Estados; Expresando su común adhesión a los principios que a continuación se enuncian y que son conformes con la Carta de las Naciones Unidas, así como su común voluntad de actuar en la aplicación de estos principios de conformidad con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas; Declaran su determinación de respetar y poner en práctica, cada uno de ellos en sus relaciones con todos los demás Estados participantes, independientemente de sus sistemas políticos, económicos o sociales, así como de su tamaño, situación geográfica o nivel de desarrollo económico, los siguientes principios, todos ellos de significación primordial, que rigen sus relaciones mutuas: Igualdad soberana, respeto de los derechos inherentes a la soberanía (…). Abstención de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza (…). Inviolabilidad de las fronteras (…). Integridad territorial de los Estados (…). Arreglo de las controversias por medios pacíficos (…). No intervención en los asuntos internos (…). Respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, incluida la libertad de pensamiento, conciencia, religión o creencia (…). Igualdad de derechos y libre determinación de los pueblos (…). Cooperación entre los Estados. Cumplimiento de buena fe de las obligaciones contraidas según el derecho internacional (…) CUESTIONES RELATIVAS A LA PUESTA EN PRÁCTICA DE ALGUNOS DE LOS PRINCIPIOS ARRIBA ENUNCIADOS. Los Estados participantes, Reafirmando que respetarán y harán efectiva la abstención de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza y convencidos de la necesidad de hacer de ella una norma efectiva de la vida internacional; Declaran que están resueltos a respetar y a llevar a cabo en sus relaciones mutuas, entre otras, las siguientes disposiciones que están de acuerdo con la Declaración sobre los Principios que rigen las Relaciones entre los Estados participantes: Dar efecto y expresión, por todos los medios y formas que estimen oportunos, al deber de abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza en sus relaciones mutuas. Abstenerse de todo uso de fuerzas armadas incompatibles con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y las disposiciones de la Declaración sobre los Principios que rigen las Relaciones entre los Estados participantes, contra otro Estado participante y en particular de la invasión o del ataque de su territorio.  Abstenerse de cualquier manifestación de fuerza con el propósito de inducir a otro Estado participante a renunciar al pleno objeto de sus derechos soberanos. Abstenerse de cualquier acto de coerción económica encaminada a subordinar a su propio interés el ejercicio por parte de otro Estado participante de los derechos inherentes a su soberanía y conseguir así ventajas de cualquier índole. Adoptar medidas efectivas que por su alcance y por su carácter constituyan pasos encaminados al objetivo final del desarme general y completo bajo un control internacional estricto y eficaz. Promover por todos los medios que cada uno de ellos considere adecuados un clima de confianza y de respeto entre los pueblos, en consonancia con su deber de abstenerse de la propaganda en favor de guerras de agresión o de cualquier amenaza o uso de la fuerza, incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas y con la Declaración sobre los Principios que rigen las Relaciones entre los Estados participantes, contra otro Estado participante.  Realizar todos los esfuerzos para solucionar exclusivamente por medios pacíficos toda controversia entre ellos, cuya prolongación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales en Europa, y procurar, en primer lugar, una solución por los medios pacíficos estipulados en el artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas. Abstenerse de toda acción que pueda entorpecer el arreglo pacífico de controversias entre los Estados participantes. (…) Helsinki. 1 de agosto de 1975

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s